Fragmentos de filosofía y religión - 8

De ese modo, el Dios cristiano fue convertido en una sustancia eterna, immutable e inmóvil, que como acto puro tiene un conocimiento completo y necesario de su objeto propio. Desde luego, este objeto tenía que ser su creación y no únicamente él mismo. Pronto, el concepto de perfección hace su entrada en escena para subsumir en una sola representación a todos los atributos divinos, asegurándolos como un todo, incluido el atributo (!) de la existencia. Claro que lo que parecía un gran logro de la razón del creyente no fue mucho más que una victoria pírrica, porque a partir de estas concesiones metafísicas los teólogos se vieron enfrentados a un sinnúmero de nuevos problemas, antes completamente inexistentes, que nunca fueron capaces de resolver dentro de esos parámetros.
Los problemas mencionados surgen en última instancia de la tendencia excluyente del concepto de un Dios perfecto. Privilegiando al ‘logos’, el concepto griego de perfección tiende a dejar de lado los aspectos claramente mutables del ‘ethos’ y el ‘pathos’, que sin embargo desempeñan un papel fundamental en el pensamiento religioso tradicional acerca de Dios.











