Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: "Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres." Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.
Al señalar que los discípulos al instante siguieron a Jesús, este pasaje hace manifiesto el poder del amor. El amor no sólo logra que ciertos seres humanos lo sigan al instante, es decir, que lo adopten como primer principio de todas sus acciones, sino que se muestra en su naturaleza de una manera transparente. En la metáfora de la pesca de seres humanos se ve que el amor es la capacidad de atrapar a ciertas personas a través de la acción de otras personas sobre ellas.
El hecho de que sean hermanos los captados por Jesús es también esclarecedor de la naturaleza del amor. Ser hermanos significa que hay que estar ya de alguna manera predispuestos al amor para ser captados por él, es decir, hay que estar ya hermanados para poder picar ese anzuelo. Me parece que es esa predisposición la que luego la teología trabajará bajo el concepto de la gracia dicina.
En este pasaje está claro que la hermandad supone ya la
metánoia, es decir, la conversión de la mente de quienes son realmente hermanos. En la medida en que la hermandad de los hermanos induzca al abandono de su actividad habitual, que es -en la metáfora- pescar peces en la barca y arreglar las redes, en esa misma medida ya hay en ellos una conversión. Más aún, este pasaje nos hace ver que la
metánoia implica la disposición a abandonar los vínculos más fuertes que se dan en la condición natural, como son el vínculo paterno y la tendencia a poner el trabajo para el sustento propio como primer principio de la acción.