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28 febrero 2006

Deus Caritas est 1 (desde la fe de Qohélet)

El amor es el corazón de la fe

Klimt
Usemos ‘corazón’ como San Agustín usaba esta palabra: como pensamiento, propósito, intención. Si aceptamos ese uso, entonces Deus Caritas est dice que el amor es el propósito de la fe; que la fe no tiene otra razón de ser que amar.

Formulación sintética de la existencia cristiana: creer en el amor

A esta formulación, Benedicto la llama también “la opción fundamental”, con lo que subraya la naturaleza de la creencia. Esta es, en efecto, una opción. Pero no se trata de una elección irracional, aunque algo de apuesta tenga. Tampoco es una decisión motivada únicamente por el intelecto, sino por un acontecimiento que involucra a la persona en su integridad. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”

Un acontecimiento que otorga sentido

¿Qué es un acontecimiento? Es un suceso, es algo que ocurre; pero que tiene que ser de alguna manera reconocido para que acontezca como tal.

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27 febrero 2006

Aviso doméstico

Se acabaron las glosas a pasajes del Nuevo Testamento que tenía escritas desde hace unos meses atrás y que he venido publicando aquí. Las llamaremos Ciclo Kandinski, porque estaban acompañadas de cuadros de ese pintor y porque pienso producir más glosas más adelante.

A partir de ahora, comentaré en entregas sucesivas la encíclica Deus Caritas est. No he concluido el comentario, así es que espero darme tiempo para que las entregas puedan ser en lo posible diarias, de aquí hasta la primera o segunda semana de clases, sin grandes interrupciones. Ojalá reciba comentarios de amigos y detractores.

27 febrero 2006

Mt 19:3-12

Kandinski
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?” El respondió: “¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer, y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.” Le replicaron: “Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?” Él les dijo: “Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio.” Los discípulos le dijeron: “Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse.” Y él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!.”

Los temas tratados en este pasaje despiertan mucha controversia en nuestros días. Hoy llama particularmente la atención un versículo, que la versión castellana que he transcrito aquí traduce así: “Algunos [...] nacieron impotentes del seno de su madre.” El uso de ‘impotentes’ para traducir ‘eunuchoi’ es muy cuestionable. La Biblia de Jerusalén, por ejemplo, ofrece otra traducción: “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno.” Esta manera de traducir sin traducir es más generosa con los lectores, porque deja ver que hay diversas maneras de entender lo que Jesús quiere decir cuando se refiere a los eunucos.

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26 febrero 2006

Lc 16: 1-8

Kandinski

Decía también a los discípulos: "Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'. El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'. Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'. 'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate enseguida, y anota diez'. Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'. Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz."


Esta no es una parábola tan difícil de interpretar como aparenta ser. La clave me parece que está en la distinción final entre hijos de este mundo e hijos de la luz. Si mantenemos en mente esa distinción, entonces no cometeremos el error de tratar esta parábola como tratamos las demás, es decir, buscando identificarnos inmediatamente con alguno de sus personajes. Aquí no se trata de eso, sino de captar más bien la lógica de la acción, o mejor dicho, la racionalidad práctica de los hijos de este mundo, para luego trasladarla a la misión encomendada a los hijos de la luz.

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25 febrero 2006

Lc 14: 25-33

Kandinski
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”

¿Qué tono usa Jesús en esta escena? Me parece que el contexto nos puede ayudar a adivinarlo. Hay un gran gentío siguiéndolo. Los discípulos están confundidos y uno de ellos le pregunta a Jesús si todas esas personas también deben ser consideradas sus discípulos. Imaginemos que Jesús y sus discípulos están todos observando al gentío, y entonces, tras oir esa pregunta, Jesús, “dándose vuelta”, es decir, dirigiéndose a los discípulos y no a la multitud, los tranquiliza diciéndoles lo que se lee a continuación (aquí me voy a permitir hacer una paráfrasis, que tal vez revele el posible tono con el que habla Jesús en esta escena).

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24 febrero 2006

Mt 22: 1-14

Kandinski
Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas.’ Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren.’ Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. ‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’ El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.’ Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.”

EL REINO DE LOS CIELOS: No es un reino de este mundo (Jn 18: 36), lo que significa que para entrar en él, en cierto modo, hay que pasar a otro mundo. Si entendemos el ‘pasar a otro mundo’ como morir, es fácil separar el Reino de los Cielos de la vida en este mundo en términos de señalar que es el Reino de la Vida Eterna. Pero el problema es que, según Juan Bautista (Mt 3: 2) y el propio Jesús (Mt 4: 17), también es verdad que el Reino de los Cielos ha llegado ya, y que ha llegado sin dejarse sentir (Lc 17: 20).

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23 febrero 2006

Carlos Castillo M. sobre Qohélet (4/4)

Caspar David Friedrich
9. El papel del libro de Qohelet es abrir una pista nueva en torno a la cual reunir otra vez al pueblo que esta siendo desperdigado aceleradamente por una casta sacerdotal helenizada que no valora a Dios sino a través de la composición Ley-sabiduría presuntuosa griega. Con esto conduce al lector a una purga de ilusiones y a centrarse en dos cosas: Dios y lo mejor de la vida cotidiana, simbolizado en “comer y beber” como tarea impostergable. Comer y beber que no es el “comamos y bebamos que mañana moriremos” sino que es el comer y beber que será retomado por Jesús en la Eucaristía dos siglos después, el comer y beber del despectivamente llamado “borracho y comelón amigo de publicanos y pecadores”. Y como bien termina esa frase “pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras”, es decir, la nueva sabiduría de Jesús que coincide con la búsqueda de una nueva sabiduría en Qohelet.

10. La sabiduría que presenta Qohelet pues es al revés de la que presenta el conservador libro del Eclesiástico que no cuestiona las viejas costumbres a pesar de que todo se está desdibujando. Mientras que el Eclesiástico es nostálgico del pasado y terco en reafirmar las leyes del pasado en el presente desdibujado, Qohelet solo afirma el principio Dios, y las formas nuevas y positivas las retoma para vivir en ese mundo desdibujado, sin nostalgia y con reconocimiento de lo nuevo que nace. Por ello resulta interesante que Qohelet esté más bajo el signo de la búsqueda y que tenga un enorme sentido de lo nuevo. Entre esas cosas nuevas están las de los pobres, a diferencia de lo que piensan muchos teólogos liberadores que lo consideran un pequeño burgués y lo separan de Job. Job en efecto es radical cuestionador de la opresora teología de la retribución del periodo persa. Qohelet es el buscador de una teología que positivamente pueda reunir al pueblo en dispersión para darle vida y encontrar anticipadamente lo que hará Jesús.

22 febrero 2006

Carlos Castillo M. sobre Qohélet (3/4)

Caspar David Friedrich
7. Parece que Qohelet opta por el polo de la vivencia del momento, y en parte es verdad, pero no para llegar a la disolución sino para encontrar en los hechos “episódicos” las verdades escondidas por ese Dios que sí lo abarca todo, pero que esta en su misterio. La relación entre “comer y beber” como la tarea central contra el afán, y el considerarla “don de Dios”, es la vivencia del momento que permite encontrar significativamente en ese concreto momento a Dios. Esto supone entre todos esos kairos, uno privilegiado que es el comer y beber, porque reúne sencillamente al pueblo disperso. Pero este solamente es un motivo para narrar otra vez la experiencia de los momentos a lo largo de todo el libro, contando experiencias diversas que atraviesan la vida de Israel, y que examinadas con el principio de encontrar verdades escondida, conduce a diferenciar lo absurdo y estúpido de los humanos, y lo interesante. Es lo divino transparentado en las cosas verdaderamente sabias. El libro por ello es una joya de anécdotas que retratan bien el periodo Ptolomeo que introdujo una conmoción de compra-venta (incluso de la tierra santa) por parte de una especie de liberalismo económico que convivía con las costumbres de los ritos religiosos y de la Ley, sin hacer caso a la vivencia de la gente.

8. Véase el texto del c. 9. Allí Qohelet valora un “acierto” que ocurre bajo el sol, la opinión de un hombre viejo y sabio que pudo haber salvado a una ciudad invadida por un ejercito. Esa es la sabiduría que él propugna, en rechazo a lo que realmente ocurrió, que nadie le hizo caso a aquel viejo, y realiza un sentencia. “Más vale sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa todo a perder”. Como se ve no excluye cosas significativas “bajo el sol” pero que son obras que vienen del cielo, que bajo el sol se devalúan.

20 febrero 2006

Carlos Castillo M. sobre Qohélet (2/4)

Caspar David Friedrich
4. Qohelet comienza colocándose identificado con los reyes en Israel (Fui rey en Israel, y grande), y narra el callejón sin salida en que está. Por una parte intenta vivir según la sabiduría que le enseñan sus maestros los sacerdotes y descubre que ella y todo, absolutamente todo es nada, vacío, vano, vacuo, estúpido, basura (la palabra ebel, para decir lo que pasa admite todas estas expresiones y muchas más. Tamez traduce “basura de basuras todo es basura”). Por otra parte como no le resulta la sabiduría que le enseñan prueba con la disolución de la vida, y da rienda suelta a sus deseos (hace todo lo que le piden sus ojos), y ve que también esto es ebel. No parece haber salidas entre sabiduría y vida disoluta, ambos son ebel. Lo dice de otro modo, todo es “atrapar vientos”, es decir, absurdo.

5. Esto le plantea la pregunta sobre qué hacer ante este callejón sin salida, para que su vida tenga consistencia. Me parece que inventa un estribillo de sabiduría: “comer y beber que eso es don de Dios”. Para ello se ha situado de otro modo a como lo arroja la situación Ptolomea. En el capitulo 3 dice que más allá del sol existe el cielo, y que bajo el cielo todo tiene “su” tiempo, es decir, no existe el vacío del tiempo Ptolomeo que es lineal sino que existe el “lleno” y la “densidad” de los tiempos (los kairos), que permiten al ser humano vivir con hondura, a pesar de la aparente desazón del cronos Ptolomeo. Qohelet dirá que hay que vivir la densidad de esos tiempos bajo el cielo, sin la pretensión omniabarcante de los sabios israelitas que con su Ley y su complicidad ideológica con los griegos pretenden abarcar el misterio total de la realidad, ya que con ello desnaturalizan la cadencia de los tiempos y les imponen un ritmo falso que no tienen. “Qué gana el hombre que se fatiga en comprenderlo todo bajo el sol”. Dios ha hecho las cosas apropiadas a su tiempo y a la vez ha puesto el conjunto del tiempo en sus corazones (como una intuición del conjunto), pero no puede desarrollar un pensamiento que descubra de principio a fin la obra que Dios ha hecho.

6. Este tema de Qohelet empalma con la problemática griega que esta detrás del texto de Génesis 3 del pecado original, la pretensión de una sabiduría que posea los principios de la existencia y los manipule a su gusto. El afán y la fatiga por conquistar y dominar con la sabiduría lo inconquistable y lo inmanipulable.

19 febrero 2006

Carlos Castillo M. sobre Qohélet (1/4)

Caspar David Friedrich
Nota.- Las cuatro entregas que siguen contienen diez tesis de mi amigo Carlos Castillo Mattasoglio sobre Qohélet. El texto ha sido ligeramente editado por mí para que pueda aparecer en el blog en entregas sucesivas.

Tesis de Carlos Castillo M.

1. El Qohelet surge históricamente como una respuesta crítica a la sabiduría tradicional de los sadoquitas. Los sadoquitas que se implantaron en Israel después del exilio, conformaron una ideología religiosa coherente basada en la doctrina de la retribución y en la implantación de la Torah, levantaron la figura de Moisés, expulsaron a los samaritanos que quedaban, impusieron la pureza de raza y sobre todo se ataron en una especie de tregua “apolítica” a las ordenes primero del poder político persa y luego al poder político griego.

2. La crítica de Qohelet se dirige a romper las enseñanzas de sabiduría implantadas por los sadoquitas, ya que ellas han tenido enorme repercusión en la vida del pueblo: Lo han dividido, lo han atomizado en grupos dispersos y esto debido a su maridaje con el poder de los griegos Ptolomeos. Por eso el libro insiste en dos cosas: reunir al pueblo en Qahal es decir en asamblea (no hay que olvidar que Israel se llamaba la Qahal Yahveh, es decir el Pueblo de Dios en asamblea) y denunciar la decadencia de la vida en el contexto del sucederse de los “soles” (que según Elsa Tamez es un símbolo para designar a los Ptolomeos que gobernaron durante 100 años en el primer periodo griego desde Egipto adoptando la identidad con Osiris).

3. Qohelet por ello no es un libro sobre el escepticismo en general sino sobre el desarrollo de un escepticismo crítico contra la sinrazón de los Ptolomeos. No hay nada nuevo bajo el sol es lo mismo que decir que bajo los Ptolomeos todo es lo mismo y la vida pierde su riqueza a causa de los soles que dominan el panorama social, político, y sobre todo económico y cultural.

18 febrero 2006

Lc 9: 28-36

Kandinski
Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.” Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

“Jesús subió a la montaña para orar.” En este pasaje se describe una forma clásica de oración, compuesta de meditaciones intensas que concluyen en intuiciones deslumbrantes.

Una meditación es un conjunto más o menos ordenado, más o menos hilvanado de razonamientos. Pero ¿qué es una intuición? La intuición es como un vistazo. Es el impacto final que deja en la mente el develamiento de aquello a lo que conducían los razonamientos de la fase meditativa. Cuando por fin uno ‘ve de qué se trata’ es porque lo ha intuido. El recurso metafórico al sentido de la vista para explicar la intuición permite distinguirla del razonamiento, porque la intuición no suele presentarse en un soporte conceptual, articulado, como la meditación, sino en imágenes.

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17 febrero 2006

Mt 15: 21-28

Kandisnski
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.” Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.” Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.” Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!” Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.” Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!” Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grade es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” Y en ese momento su hija quedó curada.

Los versículos claves de este pasaje podrían parafrasearse de este modo:

VERSÍCULO: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.”
PARÁFRASIS: Yo he sido enviado solamente a los miembros del pueblo elegido de Dios, es decir, a los que ya están predispuestos a oír la Palabra y a ser sanados por ella, aunque aún no la acepten porque no la comprenden (es decir, a las mujeres y los hombres de buena voluntad).

VERSÍCULO: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.”
PARÁFRASIS: El mensaje de salud espiritual (pan), que ha de ser explicado a los hombres de buena voluntad (hijos), no deber ser explicado a quienes no tienen ninguna voluntad de escucharlo (cachorros), porque esto simplemente es un desperdicio.

VERSÍCULO: “¡Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”
PARÁFRASIS: Pero hay momentos, Señor, en que quienes nunca están dispuestos a escuchar el mensaje que los salva, sin embargo, lo escuchan.

VERSÍCULO: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”
PARÁFRASIS: Mujer, tu creencia en el mensaje es tal que te lleva a cambiar tu modo habitual de pensar y de ser en un solo acto libre de tu corazón (metánoia). Esto hará que sane tu espíritu y el de tu hija.

Quisiera llamar la atención sobre la supuesta discriminación que podría verse en este pasaje. En realidad, no es Jesús quien discrimina, sino las personas mismas quienes se discriminan al hacerse impermeables al mensaje del amor, de modo que, aun cuando les sea predicado, el efecto sobre sus espíritus es equivalente al producido por una clase de matemática en el cerebro de un gato. ¿Tiene sentido dar esa clase? Por supuesto que no, a no ser que se quiera confundir al gato. Jesús recomienda no hacer cosas así, tan poco razonables, porque “no está bien tomar el pan de los hijos” para desperdiciarlo en los perros. Pero, claro, es sólo una recomendación.

Ahora bien, la mujer nos recuerda a todos, incluido Jesús, que en la vida espiritual no se trata de perros ni gatos, o de personas mal dispuestas o bien dispuestas, sino de personas sin más. Lo que significa que, sin importar lo cerrado que se hallen algunos corazones, siempre es posible que se produzca en ellos un milagro.

16 febrero 2006

Mt 9: 32-33

Kandinski
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".




Seguimos explorando qué significan los milagros para una fe como la de Qohélet.

Tomemos ahora, como punto de partida para la interpretación de este pasaje, una famosa frase de Heidegger: “El lenguaje es la casa del Ser.” Lo que en la filosofía de Heidegger se llama el Ser bien podría hacerse equivalente a Dios en el cristianismo. Hecha esta ecuación, de ella se sigue que el lenguaje es la casa de Dios. Esto significa que Dios habita en el lenguaje, que el lenguaje es su morada. Es más, en el cristianismo el Ser está tan identificado con su casa que Él mismo es Logos, Verbum, Palabra.

Recordemos que, bajo esta ecuación, Dios es el Ser, pero no es un ente. Dios crea los entes con su Palabra, que es Él mismo. Dios mismo es su Decir y por eso Él se revela (se de-vela) en su Hablar.

Ahora tomemos como ejemplo del Habla divina este versículo: “Le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar.”

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15 febrero 2006

Mt 9: 18-26

Kandinski
Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá.” Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: “Con sólo tocar su manto, quedaré curada.” Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado.” Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: “Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme.” Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquélla región.

Ser escéptico no significa sostener que no es posible conocer la verdad. Esa es la representación común del escepticismo, que deberíamos llamar vulgar, y está basada en un malentendido frecuente. Ser escéptico es algo muy diferente. Significa preguntar de manera constante si hay razones para creer lo que uno cree. Esto implica que el escéptico, aunque se tome su tiempo para creer, finalmente cree.

Tener una creencia escéptica no es, pues, algo contradictorio. ¿Hay alguna razón para que un escéptico crea en milagros? Si la encuentra, ¿por qué no? El escepticismo no puede cerrar dogmáticamente ninguna posibilidad sin caer en una contradicción performativa.

Basta ya de filosofía. ¿Cuántos milagros hay en este pasaje de Mateo?

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14 febrero 2006

Mt 16: 13-19

Kandinski
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?” Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

Dependiendo de cómo queramos entender ‘Iglesia’ y ‘Cielo’, este diálogo podría tener este sentido:

JESUS: —Mi nombre es ben ‘adam. ¿Qué dice la gente de eso?

DISCIPULOS: —Dicen tal, tal y tal.

J: —Y ustedes, ¿qué dicen?

PEDRO: —Yo digo que tu nombre significa Hijo de Dios vivo.

J: —Muy bien. Pero has de saber que esa verdad no la has adquirido por ti mismo, sino que te la ha revelado el Padre, que está ‘en este amor que nos une como hermanos’. ¿Me entiendes?

P: —Entiendo.

J: —Muy bien. Entonces, ahora me toca a mí. Tu nombre es Pedro, ¿no?

P: —Bueno, ya nadie me dice Simón.

J: —Pues yo digo que tu nombre significa la piedra sobre la que construiré mi ‘asamblea’, que nada podrá destruir. Yo te daré la clave del amor que nos une como hermanos, y todo lo que tú vincules entre los demás hombres mediante ese amor quedará vinculado con nosotros, y todo lo que por ese mismo amor desvincules entre los hombres quedará desvinculado de nosotros.

12 febrero 2006

Mt 8: 18-22

Kandinski
Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré a donde vayas”. Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. Otro de sus discípulos le dijo: “Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le respondió: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos”.

El primer diálogo de este pasaje me parece que se podría parafrasear así:

ESCRIBA: —Maestro, veo que tú y tus amigos ya se están retirando, porque están cruzando a la otra orilla. No obstante, quiero que sepas que tus enseñanzas me atraen tanto que estoy dispuesto a seguirte incluso, si fuera necesario, hasta tu propia casa.
JESÚS: —Escriba, hasta los animales tienen una casa donde descansar, pero yo no. El Hijo de Hombre (ben ‘adam), con el que soñó Daniel, está siempre a la intemperie.

Con lo que Jesús le estaría diciendo al escriba, entre otras cosas, que no se preocupe, que siempre podrá encontrarlo, porque, propiamente hablando, él no va a ningún lugar privado. Siempre estará disponible para uno, en las calles o en el desierto. Pero, eso sí, hay que saber buscarlo para hallarlo.

Lo que nos lleva a la segunda parte del famoso pasaje de Mateo. Allí, el diálogo podría parafrasearse así:

DISCÍPULO: —¡Bien, Maestro! Me encanta lo que le has dicho al escriba, yo también te seguiré; pero antes tengo que atender un asunto personal, muy urgente y grave. Ahora mismo los alcanzo.
JESÚS: —¡Ven de una vez! No hay asunto más grave ni más urgente que éste.

Con lo que Jesús da a entender que si no se ve que seguir al ben 'adam es lo primero, es decir, si no se ve que eso es el principio de todo lo demás, es porque aún no se sabe qué se está buscando. Y quien no sabe qué busca, tampoco lo hallará.

11 febrero 2006

Mt 8: 1-4

Kandinski
Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. Y al instante quedó purificado de su lepra. Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio”.

En este breve relato hay algo que no parece cuadrar del todo. ¿Qué hace un leproso en medio de la multitud? Hasta donde tengo entendido, los leprosos en la Antigüedad (como ocurría también en la Edad Media) vivían estrictamente segregados del resto. Si alguno osaba abandonar su confinamiento y acercarse a un grupo de personas sanas, simplemente era apedreado.

Si eso es así, entonces, las posibilidades de interpretar el encuentro que se narra en este pasaje son las siguientes:

Posibilidad 1. El individuo enfermo venía recubierto por una túnica y nadie se dio cuenta de que era un leproso hasta que se descubrió ante Jesús.

Posibilidad 2. En tiempos de Jesús se llamaba ‘lepra’ (en hebreo ‘tzaraat’) a muchas cosas, todas ellas referidas a alguna afección cutánea más o menos grave (desde el acné, pasando por la soriasis, hasta la lepra propiamente tal). Lo importante es que cualquier afección visible siempre sugería algún grado de impureza moral. Pudo tratarse, entonces, de un individuo impuro en lo moral, pero aparentemente no contagioso, que se le acercó a Jesús a vista y preocupación de todos los demás.

Si elegimos la primera opción, difícilmente podremos evitar ver el milagro como lo ponen algunas películas de Hollywood (que ahora, con las técnicas nuevas, pueden mostrar sin corte de escena a un individuo monstruoso que se transforma y queda limpio con sólo ser tocado por Jesús). Pero si elegimos la segunda posibilidad, convendremos en que no había allí propiamente lepra, en el sentido clínico, sino lepra en el sentido moral. La lepra moral era el rechazo y la discriminación social basados en la ignorancia de la gente y en el hecho de que el hombre cargaba con algún estigma en la piel. Y este tipo de males morales es lo que el amor de Jesús definitivamente cura.

De esta segunda posibilidad de interpretación surge otro tema en este pasaje, que suele pasar desapercibido. Si se leen las prescripciones de Moisés a las que hace referencia aquí Jesús, se verá que quienes tenían autoridad para curar a los leprosos eran los sacerdotes. Pero, ¿qué significaba en ese tiempo curar a un leproso, si la lepra propiamente tal recién se ha podido curar en el siglo XX? Obviamente, en ese contexto no puede tomarse la expresión en un sentido clínico, sino religioso. Curar a un leproso era algo que un sacerdote en la Antigüedad hacía al examinar la llaga y detectar si era contagiosa o no. Después de ese examen, muchas personas eran confinadas a las cuevas, ya porque de hecho contagiaban, ya por simple voluntad del sacerdote. Otras, en cambio, eran purificadas (es decir, declaradas no contagiosas) y por ende, si cumplían con el ritual exigido, podían deambular libremente. Esto les permitía recibir una mayor aceptación social, aunque siempre restringida por el temor que causaban las marcas visibles en la piel.

Si se mira bien, se verá, pues, que en este pasaje, al darle Jesús la razón al estigmatizado que le dice ‘tú me puedes curar’ y tomar en sus manos la purificación, está, como de costumbre, desafiando a los sacerdotes. Para comprender la magnitud del desafío, hay que comparar este acto tan simple de Jesús, de solo tocar a la persona, con el complejísimo y, sobre todo, carísimo rito de purificación descrito en el capítulo 14 del Levítico. Eso nos permite suponer que quizás ese hombre no tenía los recursos económicos suficientes para costearse una purificación y por eso busca a Jesús.

¿Cuál es entonces el milagro? Para mi fe escéptica es nuevamente una liberación del pueblo hecha mediante la autoridad del amor. ¿De qué se le libera? Del yugo del ritual y de los crueles prejuicios sociales que ese yugo genera.

10 febrero 2006

Mt 7: 6, 12-14

Kandinski
No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.


Modelo para armar

• ‘Las cosas sagradas’ son para nosotros hoy las personas.

• ‘Las perlas’ son las personas más vulnerables, los pobres, los desvalidos, los que no tienen recursos de ninguna índole para defenderse por sí mismos.

• ‘Perros y cerdos’ son las personas poderosas y altaneras que no respetan la dignidad de la persona humana y llegan a grados extremos de atropello.

• ‘Pisotear y destrozar’ son las formas más flagrantes del trato indigno.

• ‘Volverse contra uno para destrozarlo’ es un efecto siempre posible que puede sufrir quien colabora con ese trato indigno.

Aceptados estos elementos, la pregunta ante este pasaje es qué significa ‘dar’ las cosas sagradas y las perlas a perros y cerdos. Porque ese es el primer mandato de Jesús: No den. Aquí surgen varias alternativas, desde las más claramente indecentes como, por ejemplo, ‘entregar a las personas’ a quienes sabemos que les harán daño, hasta las más solapadamente inmorales, como ‘no defenderlas suficientemente’ de los atropellos que sufren a diario. Pero, al hablar de perros y cerdos, el pasaje nos coloca frente a casos extremos de atropello a la dignidad de la persona humana, como aquellos narrados, por ejemplo, por la Comisión de la Verdad. Es claro, sin embargo, que en la aplicación tropológica del mensaje se puede descender en la gravedad del maltrato, desde los casos brutales hasta los casos más cotidianos, en los que se suele incurrir incluso de manera inadvertida.

El segundo mandato: “Todo lo que deseen que los demás hagan...” confirma que el pasaje entero se ocupa del trato que merecen las personas. En otras palabras, según Jesús, la Ley y los Profetas revelan la dignidad otorgada por Dios a los seres humanos.

Lo tercero: “Entren por la puerta estrecha...” significa que son muy pocos los seres humanos que pueden sostener consistentemente esta conducta ética. Muy pocos entienden, para empezar, que toda persona, por insignificante que parezca, es sagrada. Y son todavía menos aun los que son capaces de actuar en consonancia con ello. Debido a esta suerte de constatación empírica que está detrás de la metáfora de la puerta estrecha, los pensadores cristianos consideron indispensable el concurso de la gracia divina para que el ser humano pueda efectivamente hacer el bien.

09 febrero 2006

Lc 9: 11-17

Pero la multitud se dio cuenta y lo siguió. El los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados. Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: “Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto”. Él les respondió: “Denles de comer ustedes mismos”. Pero ellos dijeron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente”. Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: “Háganlos sentar en grupos de cincuenta”. Y ellos hicieron sentar a todos. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

La fe de Qohélet ante este milagro podría hacernos imaginar el siguiente diálogo entre Jesús y uno de sus discípulos.

JESÚS: —Denles de comer ustedes mismos (no quiero decir ‘Hagan las veces del Estado benefactor’ sino más bien ‘Enséñenles cómo es que siempre podemos comer todos hasta saciarnos’).

DISCÍPULO: —Pero, ¿cómo? Nosotros, que somos trece (tú incluido), no tenemos más que cinco panes y dos pescados.

J: —Pero si partimos los cinco panes y los dos pescados, y los repartimos entre trece, nos alcanzará hasta saciarnos e incluso sobrará.

D: —Es verdad.

J: —Entonces, hagamos lo siguiente: Partamos y repartamos delante de la multitud lo poco que tenemos, y en lugar de comernos enseguida la parte que nos toca, cada uno de nosotros ofrézcala a un grupo de la multitud. Al vernos hacer esto, que es la repartición simbólica del pan, ellos comprenderán qué es lo que tienen que hacer.

D: —¡Ajá! Ya entendí.

En efecto, al ver cómo Jesús y sus discípulos bendijeron sus alimentos mediante ese ofrecimiento simbólico, la multitud comprendió el mensaje e hizo lo mismo: Cada uno compartió lo poco que había traído consigo con las personas que tenía al lado, y final incluso sobró.

Por cierto, no parece razonable suponer que en las alforjas de cinco mil personas no hubiera más de cinco panes y dos pescados.

PEDRO (dirigiéndose a la multitud en tono irónico): —Escuchen, ¿nadie ha traído ni siquiera un pedazo de biscocho seco?

Si en verdad eran cinco mil individuos, sólo en el rubro ‘dátiles’ debió haber una cantidad suficiente como para poner un negocio.

Por tanto, desde la fe escéptica, el milagro no fue que sobraran doce canastas, sino que gente desconocida compartiera lo suyo en medio del desierto.

07 febrero 2006

Mc 12: 35-37

Kandinski
Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.’ Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Oráculo del Señor a mi Señor es la traducción de dijo el Señor a mi Señor según L.A. Schökel (cuya versión de la Biblia es la que, según tengo entendido, usan los rabinos de lengua castellana). Según eso, Jesús interpreta el primer ‘Señor’ como Yahvé y el segundo ‘Señor’ como el Mesías.

La lógica implicada en este pasaje se puede analizar así: (1) Jesús presupone que no se puede decir que el Mesías sea hijo de David. (2) No está claro a primera vista porqué Jesús presupone esto; pero, según Jesús, el rey David sí lo tenía claro. (3) Por eso David llamó ‘Señor’ y no ‘hijo mío’ al Mesías.

Queda una pregunta abierta: ¿Porqué escuchaba esto la multitud “con agrado”?

El texto no dice ‘con júbilo’. Creo que el júbilo estaría reservado para enemigos más claramente opresores del pueblo, y sobre todo traidores a la causa de Israel, cosa que no eran los escribas ni los fariseos, sino los saduceos, es decir, la casta sacerdotal aliada de Roma y en control del poder político.

En este pasaje Jesús se enfrenta a la ideología de los escribas. ¿Quiénes son los escribas? ¿Porqué querían sostener la filiación davídica del Mesías? ¿No hay acaso una contradicción con las genealogías evangélicas que señalan a Jesús precisamente como descendiente de David?

Hasta donde sé, escribas y fariseos son, antes que cualquier otra cosa, enemigos mortales de los saduceos. Si eso es así, ellos representan, a pesar de sus diferencias, un bloque aliado contra el entreguismo sacerdotal, y eso los ponía del lado de la tradición de los reyes y de los jueces, que siempre le disputaron el poder a los sacerdotes. Ambas tradiciones anti-sacerdotales vieron en Jesús a una figura revolucionaria que venía a reforzar sus esfuerzos por liberar al judaísmo del yugo extranjero.

Pero Jesús los defrauda. En este pasaje les dice: ‘El Mesías no es, como ustedes quieren presentarlo, un miembro de su partido. Lo siento, pero no es el hijo de David.’ Esta toma de distancia de Jesús encoleriza a escribas y fariseos, quienes, al final, por ello mismo, toleran que saduceos y romanos decidan matarlo.

Cuando muchas décadas después, los cristianos (ya no los judíos nazarenos) optan por consolidar la tendencia a hacer del propio Jesús el Mesías, se ven en la necesidad de garantizar su descendencia davídica, y de allí la elaboración de su genealogía, muy a contrapelo de lo que en este pasaje sostiene Jesús. Esta inconsistencia sólo puede explicarse, a mi juicio, tomando en cuenta que, quienes hicieron la reinvención del Mesías, la plantearon, paradójicamente, bajo una fuerte influencia del pensamiento de los escribas. Hay que recordar, por lo demás, que Pablo fue originalmente educado en la escuela de Gamaliel, que, hasta donde entiendo, pertenece en esa tradición.

06 febrero 2006

Jn 6: 52-59

Kandinski
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”. Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.

Carne traduce el hebreo basar. Los estudiosos convienen en señalar que basar tiene cuatro grandes significados: (1) La carne que se come, como la de pescado o la de res. (2) La parte visible del cuerpo humano, pero fuertemente personalizada: el rostro, la postura, la actitud, incluida la personalidad, es suma: su aspecto físico-psicológico-espiritual y no sólo su cuerpo. (3) El parentesco, las relaciones de sangre. (4) La debilidad, caducidad y vulnerabilidad de la vida humana.

La Septuaginta tradujo basar con sarx. La Vulgata eligió caro, que es de donde viene nuestro término carne. Aquí es interesante notar que la Septuaginta y la Vulgata no traducen basar por cuerpo (en griego soma, en latín corpus) ni en el Nuevo Testamento ni en el Antiguo Testamento.

Ahora bien, en el caso de los pasajes de la institución de la Eucaristía, tanto en Mateo, Marcos y Lucas sí se usa soma (cuerpo). Allí, como bien sabemos, no hay texto ni hebreo ni arameo de base, así es que no podemos saber directamente qué término usó Jesús. Pero es muy significativo que Juan, que tiene un relato distinto de la última cena (Jn 13: 2 ss.), diga en Jn 6: 52 carne, fuera del contexto de la cena, mucho antes de la Pascua y no a un público cerrado, como el de sus discípulos, sino a un público abierto de judíos que, al parecer, no le entiende.

Aunque bien podríamos prescindir por completo de este tipo de consideraciones, opino sin embargo que es razonable suponer aquí lo siguiente:

1. Que Juan, que conoció y habló con Jesús, sí sabía qué palabra aramea usaba Jesús para hablar de la carne, y su elección es carne y no cuerpo porque Jesús usaba el equivalente arameo de basar. Por eso es que Juan, que escribe en griego, usa sarx y no soma.

2. Que los Evangelios sinópticos siguen el relato oral de la última cena, que como se sabe se propaló en griego durante varias décadas. Si ya los judíos de la época de Jesús no entendían lo que Jesús quería decirles, es comprensible que los cristianos de habla griega de las generaciones siguientes se hayan sentido igualmente confundidos. Por ello, es razonable suponer que en la tradición oral de la última cena, que se propagó en griego koiné, se haya sustituido una palabra tan poco espiritual para la cultura helénica como sarx (que tiene la connotación de lo que se pudre, de donde viene, por ejemplo, sarcófago) por una palabra mucho más digna, aunque no menos problemática, en esa cultura como soma (recuérdese la trayectoria de soma en las escuelas filosóficas).

3. Que nosotros, que no somos griegos, hacemos bien en interpretar los relatos de la Eucaristía como comer su carne = comer su persona (es decir, poniendo en juego todas las acepciones y todo el tramado simbólico de comer y de carne) y no simplemente como comer su cuerpo, que por desgracia tiende a hacernos concentrar demasiado la atención en el acto físico.


05 febrero 2006

Encíclica de Benedicto XVI

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

Ir a texto completo: Deus Caritas est


05 febrero 2006

Lc 24: 13-35

Kandinski
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?” Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!” “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron”. Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!” Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Invito a ensayar una interpretación de la resurrección desde la fe de Qohélet.

¿Qué significa que la resurrección sea un hecho de fe? O mejor dicho: ¿Qué es un hecho de fe para una fé escéptica? La fe es una creencia, por lo tanto, un hecho de fe es un hecho en el que se cree. Pero, ¿qué creemos cuando decimos que creemos en la resurrección de Cristo?

Sospecho que si juntamos a diez católicos, por lo menos dos no creen del mismo modo en que creen los otros ocho. Sospecho que ese 80%, que seguramente no es homogéneo ni uniforme en su modo de creer, tiene sin embargo una cosa en común: Cree que la resurrección fue algo físicamente experimentable. Para ellos, si hubiera habido una cámara de vídeo en el sepulcro, hubiéramos podido ver la resurrección. Desde la fe de Qohélet, yo me la juego por el 20% para el que la creencia en una resurrección física es perfectamente prescindible.

¿Acaso no prescindimos ya de la existencia física de Adán y Eva a pesar de que seguimos creyendo que son los primeros padres? Porque para mí, sin menoscabo de mis creencias darwinianas, Adán y Eva son verdaderamente, en un sentido espiritual, los primeros padres de la humanidad. ¿Perdería su sentido espiritual la resurrección del Señor si se comprobara, mediante alguna prueba irrefutable, que alguien robó el cuerpo? Aquí también la respuesta desde una fe escéptica es no. Aún así yo seguiría creyendo que resucitó, sin menoscabo de mis creencias cistianianas, porque —hasta donde entiendo— el acontecimiento espiritual no es necesariamente físico.

Si alguien necesita creer que la resurrección fue un evento físico, ¿qué más da? Eso no es lo importante. Lo decisivo en esta creencia es que la resurrección de Cristo acontezca siempre en el presente interpersonal, como aconteció entre los discípulos de Emaús.

04 febrero 2006

Filosofía y enseñanza de la filosofía en cuestión

Interesante reseña de un libro que acaba de publicar la Universidad de Notre Dame.

Philosophy between Faith and Theology: addresses to Catholic intellectuals
Adriaan Theodoor Peperzak

Ir a reseña: The Tablet

04 febrero 2006

Mt 26:14-25

Kandinski
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?” Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?” El respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: ‘El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’.” Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?” El respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!” Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?” “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús.

Hay una tendencia en nuestra cultura a interpretar el cristianismo sólo como mensaje ético. Así lo propusieron, por ejemplo, de manera explícita los teólogos de la muerte de Dios. Pero, ¿es el mensaje ético lo único relevante en la historia de Judas?

Si fuera sólo un mensaje ético, tendríamos que contentarnos con la traducción de la historia de Judas Iscariote a un imperativo moral negativo, es decir, a una mera prohibición: No vendas a Jesús por unas cuantas monedas de plata.

Por suerte, el cristianismo también se puede interpretar como mensaje espiritual. La cuestión espiritual no es en primer lugar ‘qué debemos hacer o qué no debemos hacer para ser buenos’, sino ‘cómo ve Dios a los seres humanos’.

Cuando la Palabra dice: “les aseguro que uno de ustedes me entregará”, ¿se refiere solamente a Judas el malo? ¿Se refiere a todos los que venden a Jesús por dinero? Pienso que ni lo uno ni lo otro. Creo que lo que el texto dice es algo que alcanza a todo ser humano, a los buenos y a los malos por igual. ‘Ser Judas’ es una posibilidad de la existencia, siempre abierta.

Entonces, si ‘entregar a Jesús a la muerte’ es una manera posible de relacionarse el hombre con el Dios que es Amor, la pregunta espiritual es: ¿De qué se me habla aquí? De un acontecimiento posible de mi vida, que ocurre, claro está, cada vez que entrego el amor a la muerte.

Creer que en este pasaje es el Amor mismo quien habla implica asumir que su mensaje primordial no es que nos portemos bien, ni siquiera que amemos, sino que tomemos conciencia de la vulnerabilidad del amor, y que nos conozcamos a nosotros mismos en esa relación, cada vez más y mejor.

03 febrero 2006

Jn 8: 31 - 35

Kandinski
Decía Jesús a los judíos que habían creído en él: “Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” Ellos le respondieron: “Somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Se harán libres?” Jesús les respondió: “En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo les da la libertad, serán realmente libres.”

El planteamiento del viejo problema filosófico de la existencia de Dios depende del paradigma desde el que se haga la aproximación. Se suelen distinguir los paradigmas del Ser, de la Conciencia y del Lenguaje. Según el primero, Dios es un Ente, es decir, el Objeto-supremo. Se podría decir que en el segundo, Dios es una Persona, o también el Sujeto-supremo. Y según el tercer paradigma, Dios es la Verdad, es decir, una relación que se revela, relación a la que llamamos Palabra.

¿Existe el Objeto Dios? Si bien esta pregunta ya la estamos planteando desde el paradigma del lenguaje, más allá de la onto-teo-logía, podemos hallar en la tradición una respuesta contundente: No hay tal objeto. ¿Existe el Sujeto Dios? Planteada desde el paradigma del lenguaje, la pregunta supone una previa: ¿Es un sujeto una cosa, un objeto, en el sentido de la frase cartesiana: ‘soy una cosa que piensa’? La respuesta de la filosofía actual tiende a ser negativa. Reclama la ‘dereificación’ del sujeto. Desde la tradición se comprende que Dios no es una cosa. A la pregunta de si existe el sujeto que llamamos Dios, la tradición responde que sí.

Nos hallamos ahora ingresando al tercer paradigma. ¿Qué significa que Dios sea ‘la relación con nosotros que llamamos Dios’? La tradición puede responder que esto es lo que significa Emmanuel. La filosofía de la religión tiene como tarea dar una respuesta que involucre una nueva forma de comprender la verdad. Así, la propia tradición nos puede liberar de los prejuicios que hemos venido acumulando.

Heschel puede ayudarme a aclarar lo que quiero decir: “Religions are frequently dominated by the notion that the deity resides in space, within particular localities like mountains, forests, trees or stones, which are, therefore, singled out as holy places; the deity is bound to a particular land; holiness a quality associated with things of space, and the primary question is: Where is the god? There is much enthusiasm for the idea that God is present in the universe, but that idea is taken to mean His presence in space rather than in time, in nature rather than in history; as if He were a thing, not a spirit.”

02 febrero 2006

Jn 10: 31-42

Kandinski
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. Entonces Jesús dijo: “Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?” Los judíos le respondieron: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios”. Jesús les respondió: “¿No está escrito en la Ley: ‘Yo dije: Ustedes son dioses’? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra —y la Escritura no puede ser anulada—, ¿cómo dicen: ‘Tú blasfemas’, a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: “Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad”. Y en ese lugar muchos creyeron en él.

A Jesús lo matan porque cree que Dios habla. Se tomó en serio la palabra divina “Ustedes son dioses”. El texto no dice ‘Ustedes son como dioses’. Dice: “son dioses”. Eso es fuerte. No es una simple metáfora, y todo indica que Jesús interpretó literalmente el Sal 82: 6. Pero blasfemar, entre otras cosas, es declarar que el ser humano es Dios, por lo que no nos puede extrañar que Jesús haya despertado el odio de los fanáticos. En realidad, estaba rompiendo el tabú.

Jesús pagó con su vida el haber roto el tabú. Sin embargo, el tabú se restableció inmediatamente después de su muerte.

En efecto, la teología cristiana le atribuyó divinidad sólo a Jesús. Los demás seres humanos fuimos implícitamente obligados a no osar decir en serio que somos dioses, so pena de incurrir en blasfemia. Cito el catecismo católico: “[Jesús] distinguió su filiación de la de sus discípulos, no diciendo jamás ‘nuestro Padre’ salvo para ordenarles ‘vosotros, pues, orad así: Padre Nuestro’; y subrayó esta distinción: ‘Mi Padre y vuestro Padre’.”

Después de Auschwitz vuelve a cobrar sentido y fuerza la verdad bíblica “Ustedes son dioses”.

El cristianismo secularizado y no-religioso de nuestro tiempo, que es tan afín, en mi opinión, a la fe escéptica de Qohélet, se está tomado nuevamente en serio que Dios habla a través de la Biblia. Particularmente habla a través del Sal 82: 6, razón por la cual el cristianismo secularizado ha vuelto a divinizar al ser humano. Y sin embargo, el tabú heredado es fuerte, tan fuerte, que para poder re-divinizar al hombre, el hombre de nuestro tiempo tuvo primero que matar a Dios.

¿Cómo se produce el reconocimiento del carácter divino del ser humano en un mundo donde ‘Dios ha muerto’?

Una lectura posible es ésta: Desgraciadamente se tuvo que producir con un nuevo descenso a los infiernos y una nueva resurrección. Es decir, primero a través de los horrores del holocausto, y luego mediante el encumbramiento reparador de la dignidad de la persona humana y de la igualdad de todas las personas en dignidad (1948) al rango de principios éticos absolutos.

01 febrero 2006

Jn 4: 43-54

Kandinski
Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”. El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”. “Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

“Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen.” Me pregunto: ¿Qué hubiera ocurrido si el funcionario llegaba a su casa y hallaba a su hijo muerto? Lo más probable es que no hubiese creído y quizás se hubiera dedicado a propagar que Jesús era un farsante. Me puedo imaginar incluso la escena de un vecino del funcionario, ya instruido en las doctrinas cristianas, que escucha al funcionario criticar a Jesús. El vecino lo detiene para explicarle que, cuando el Maestro le dijo: “Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, se refería en realidad a la Vida Eterna. Y, entonces, el funcionario, que hasta allí había guardado cierta compostura, le arroja por la cabeza lo primero que encuentra a mano.

Siempre se le puede hallar un segundo, un tercer y quién sabe si hasta un décimo sentido a una frase. En el versículo “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen” hay también muchos sentidos posibles. A mí me parece razonable suponer que Jesús no quería decir que todos los seres humanos sin excepción condicionamos nuestra creencia en lo divino a los milagros que veamos. Si estamos de acuerdo en eso, entonces el ‘ustedes’ del versículo no es un cuantificador universal, sino más bien existencial y muy preciso, además, en su referencia: “Ustedes, los que se puedan ver representados en la figura de este funcionario real...”

Me parece que Qohélet jamás asumiría que la pregunta implícita de este versículo es: ¿Quiénes forman parte de ese grupo humano de infelices que requieren signos y prodigios para creer? Opino, más bien, que para la fe escéptica las preguntas implícitas en la Biblia (y así lo enseña también una vieja tradición espiritual) nunca son estáticas y auto-excluyentes, sino siempre dinámicas y reflexivas, del tipo: ¿Cuándo y porqué entro yo al grupo de funcionarios reales?