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31 enero 2006

Respuestas a Raúl Zegarra

Kandinski
Quiero agradecer a Raúl Zegarra por sus comentarios. He colocado su último aporte en la parte central del blog porque estoy seguro de que su discusión ayuda a aclarar lo planteado respecto de la fe escéptica de Qohélet.

Primera tesis de Raúl
El cristianismo no necesita de una vena escéptica para acabar con el furor del fanático; sino que su misma constitución evangélica constituye la mejor forma de impedir el surgimiento de fanatismos.

Respuesta: De acuerdo. El cristianismo no necesita de una vena escéptica, pero a algunos cristianos no les vendría nada mal.

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31 enero 2006

Comentario de Raúl Zegarra

“Una reflexión crítica de la praxis a la luz de la Palabra”

Supongo que para muchos esta conocida sentencia y eje rector de “Teología de la liberación” no resulta desconocida; pues bien, creo que este es un excelente contexto para su profundización y por qué no para su relectura. Yo propongo una tesis no muy distinta a la aquí expuesta, pero sí con un matiz: el cristianismo no necesita de una vena escéptica para acabar con el furor del fanático; sino que, su misma constitución evangélica constituye la mejor forma de impedir el surgimiento de fanatismos.


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25 enero 2006

El fanatismo religioso y su antídoto (4/4)

Q
¿Qué es la justicia de Dios? ¿Alguien lo sabe realmente? Las grandes religiones parten de la creencia en un Dios justo, pero se cuidan de proveer los recursos necesarios para neutralizar a quienes pretenden apropiarse de la justicia divina. ¿Cómo lo hacen? Les recuerdan a los creyentes que, en última instancia, no conocen la justicia de Dios. En general, enseñan que creer en Dios no implica conocer a Dios. Se cree que Dios se ha revelado y que ha prescrito cómo ha de conducirse el ser humano durante su vida en este mundo, pero ¿quién presume de tener la última palabra respecto de cómo ha de interpretarse la ley de Dios en cada caso particular, sobre todo cuando la aplicación de la norma afectará sustantivamente la vida de otras personas?

Al proponerse como un sistema de derecho comparado, mediante el cual los jueces llegaban a descubrir la voluntad legisladora de Dios por analogía, la Ijtihad evitaba la gran tentación de presumir saber plenamente qué quiere Dios aquí y ahora de sus fieles. Para el cristianismo, conocer a Dios implicaría develar su misterio y hacer superflua la fe; saber infaliblemente cuál es su voluntad implicaría haber resuelto de una vez para siempre los enigmas de la vida humana. Ese no es el objetivo ni el propósito de nuestras tradiciones religiosas, sino es más bien aquello frente a lo cual precisamente advierten.

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24 enero 2006

El fanatismo religioso y su antídoto (3/4)

Torah
Limitarse sólo a predicar tolerancia es imaginar un organismo cultural incapaz de producir sus propias antitoxinas, y reaccionar sólo con violencia equivale a un organismo social que en lugar de recurrir a antitoxinas culturales, pretende atacar al veneno incrementando el furor del que éste se nutre. La naturaleza no reacciona ni de un modo ni del otro. Una vez infectado, el organismo natural no induce al caballo a continuar en lo suyo ni lo lanza violentamente contra el agresor, sino que le impone el reposo necesario para neutralizar el veneno. La naturaleza ataca la composición del agente tóxico. La cultura debería, en primer lugar, poder detectarlo. ¿Qué es el furor fanui? ¿De qué está hecho? ¿Cómo se comporta?

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24 enero 2006

Sobre la "fe escéptica"

Respuesta a Raúl Zegarra

Escher
Una fe escéptica es, en efecto, una fe con ciertas restricciones. La restricción que impone este adjetivo es, en realidad, una sola, pero podemos desglosarla en tres restricciones que son, en mi opinión: la epistemológica, la ontológica y la ética. (Puede haber puntos de contacto, pero no sigo concientemente ni a Heidegger ni a Bultman, sino a Agustín.)

1. Según la restricción epistemológica, si bien los seres humanos conocemos cosas verdaderas, no conocemos la Verdad en sí misma. Algunos seres humanos creemos que la Verdad en sí misma es Dios, pero no todos aceptan esto, porque la Verdad en sí misma es algo que no se puede conocer. En ese sentido, respecto de la posibilidad (aceptada, por ejemplo, por la filosofía de Platón) de conocer la Verdad en sí, la fe cristiana es escéptica: No es posible conocer a Dios en esta vida. Hace falta creer que es la Verdad.

2. Según la restricción ontológica, si bien los seres humanos estamos en contacto sensible y cognoscitivo con múltiples seres (entes, Seiende) de todo tipo (minerales, vegetales, animales y, entre ellos, humanos), no tenemos contacto ni sensible ni cognocitivo con el Ser del ente (Sein). Algunos seres humanos creemos que esto que no se siente ni se conoce es Dios, pero no todos aceptan esto, porque el Ser del ente es algo que no se puede conocer. En ese sentido, respecto de la posibilidad (aceptada por ciertas propuestas metafísicas) de conocer al Ser en sí, la fe cristiana es escéptica: No es posible conocer a Dios en esta vida. Hace falta creer que es el Ser del ente.

3. Según la restricción ética, si bien los seres humanos somos testigos de actos de amor, no conocemos al Amor en sí mismo. Sólo podemos creer que Dios es el Amor en sí mismo, y ajustar nuestra vida a esa creencia.

Desde luego, hay quienes piensan que este es un sustento muy pobre para la fe y piden más razones. Con todo derecho. Otros incluso piensan que una fe que reconoce éstos como sus límites es una fe irracional. ¿Por qué no? Si al final, como dice Qohélet:

Por más que se afane el hombre en buscar, nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo. Qo 8: 16


23 enero 2006

Mt 28: 8-15

Kandinski, Composición 1939


Las mujeres, atemorizadas, pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”. Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: “Digan así: ‘Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos’. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo”. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Comentario

Hay muchas formas de creer en lo que la Biblia narra, una de ellas es la fe de Qohélet.

Un texto contiene hechos hermenéuticos, y todo hecho hermenéutico en el que se cree es un hecho de fe, en el sentido amplio de la palabra. Sin embargo, diría Qohélet, no todo hecho hermenéutico refiere necesariamente a un hecho positivo, es decir, a un hecho físicamente dado en un tiempo real e históricamente constatable.


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23 enero 2006

El fanatismo religioso y su antídoto (2/4)

Furor fanui
Furor significa locura, delirio, frenesí; fanum significa lugar sagrado. Furor fanui era para los romanos la locura, el frenesí de lo sagrado. El fanaticus era el individuo que, al salir del templo, manifestaba exaltado y delirante un exceso de inspiración, un entusiasmo desmedido que desvirtuaba lo sagrado hasta convertirlo en una insania. Dejando de lado la profunda cuestión teológica que la metáfora supone, que es en el fondo la misma que propone la presencia de la serpiente en el Paraíso, quisiera sólo concentrarme por ahora en la posibilidad de que los devotos de una divinidad puedan ser mordidos en el templo, y de que esa mordedura los haga salir poseídos por una actitud frenética.

La constatación de ciertos efectos malignos para la salud mental y espiritual de los poseídos por el furor, y de aquellos sobre quienes éstos tenían influencia, hizo que entre los romanos el término fanaticus adquiriese un sentido peyorativo. Hoy, como entonces, comprendemos que una persona fanática es aquella que le otorga a un aspecto de la realidad que ha capturado su atención un sentido religioso intransigente respecto del ‘ethos’ circundante. Nadie será capaz de hacerle ver las mismas cosas desde otra perspectiva y, lo que es peor, nadie será capaz de evitar que tome decisiones y actúe a partir de su manera demesurada, desproporcionada de ver esas cosas.

Cuando estamos ante un grupo políticamente influyente de personas fanáticas, que no son capaces de aceptar siquiera la posibilidad de que exista otra forma de entender las cosas que son para ellas sagradas, el problema que enfrentamos es el de los límites de la tolerancia.

Como remedio a las hostilidades de los grupos fanáticos no se suelen intentar las cosas que se practican ante la mordedura de las serpientes: torniquetes y sangrías, porque esto se hace con la esperanza de resistir el avance del veneno hasta la llegada del antídoto. En el caso del fanatismo religioso, no se conoce el antídoto, y por lo tanto o bien se deja morir al paciente o se le encarcela para que no haga daño a otros o se le destruye, en el mejor de los casos, en un acto de legítima defensa. La sociedad, en efecto, no puede tolerarlo todo. No todos los fines, por sagrados que sean, ni mucho menos todos los medios, son justificables en el espacio público.

Veamos ahora a dónde me está conduciendo esta metáfora del veneno, pues yo mismo no lo tengo muy claro.

22 enero 2006

El fanatismo religioso y su antídoto (1/4)

Sinagoga de Miraflores, febrero de 2002


Maimónides
Estimado Rabino,
distinguida concurrencia,

En primer lugar quiero agradecer la invitación con la que se me ha honrado y que me permite compartir con ustedes unos minutos de reflexión acerca de temas que espero sean de interés común.

Empezaré esta charla dando cuenta de la metáfora que he elegido en el título. Según tengo entendido, la producción de antídotos se basa en el uso controlado del veneno que se quiere neutralizar. No soy en absoluto un experto en esta materia, aunque quizás debiera saber algo más, dado mi interés en la cultura política medieval, tan afecta a resolver drásticamente sus diferencias. Hasta donde alcanzo a comprender, hoy se inyecta veneno con fines nobles y en dosis pequeñas a animales muy resistentes a determinado tipo de intoxicación. Por ejemplo, el veneno de la serpiente de cascabel se inocula a los caballos, porque éstos son capaces de soportarlo en ciertas dosis. La finalidad de tal acción no es deshacerse del caballo sino permitir que su organismo produzca las antitoxinas con las que la naturaleza combate el veneno. En otras palabras, se trata de producir sustancias químicas que al combinarse con el tóxico generen un nuevo compuesto, que es inerte y que, por lo tanto, puede ser eliminado por los conductos regulares sin ninguna dificultad. Con el tiempo, el organismo del caballo se va haciendo resistente a dosis cada vez mayores del veneno, dado que va desarrollado un mecanismo permanente de producción de antitoxinas. Cuando se llega a las condiciones óptimas, se extrae la sangre del animal y se separa de ella el plasma, que contiene gran cantidad de esta nueva sustancia, que se usa como base para la fabricación del antídoto capaz de salvar vidas humanas.


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21 enero 2006

Jn 7: 1-2 10: 25-30

Kandinski
Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Algunos de Jerusalén decían: “¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”. Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió”. Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Yo, que tengo la fe de Qohélet, tomo el versículo: “Cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”, e interpreto: Nadie sabrá de donde es porque no será de ninguna ciudad o lugar que alguien conozca. En consecuencia: El Mesías no nacerá entre los hombres.

(Desecho esta interpretación porque no encaja en la tradición. Intento otra).

Interpretación alternativa: Nadie sabrá de dónde es porque nadie puede saberlo. En consecuencia: El Mesías podría haber venido ya y nosotros no lo sabríamos. Es más: Nadie sabrá de dónde es... pero muchos creerán que es de Galilea. (Esta interpretación también es vanidad, pero parece más prometedora).

Ahora toca este otro versículo: “Yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.”

Interpretación à la Qohélet: Mientras vivamos en este mundo, nunca sabremos (nunca conoceremos) si es verdad que el Mesías ha venido ya. Sin embargo, los cristianos creemos que es verdad que Jesús no viene por su cuenta sino enviado por el Padre. En consecuencia: Yo, creyente, no sé... nunca sé nada. No sé si el Padre dice la verdad, pero lo creo (más aún: ni siquiera sé si el Padre existe; sólo creo que existe).

Una última consecuencia, también vana: La fe de algunos creyentes está atravesada por la duda (lo que no la hace menos firme, pero sí infinitamente más compasiva).

17 enero 2006

Jn 5: 17-30

Kandinski
El les respondió: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”. Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: “Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados. Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere. Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.”

Wittgenstein creía que la figura del Padre era la más adecuada para formarnos un concepto de Dios, y añadía que rezarle a ese Padre era contemplar el sentido de la vida (los ingleses traducen aquí ‘the meaning of life’).

Jesús da testimonio de su trato con el Padre y del significado que adquiere la vida para él a partir de ese trato. Pero, ¿está hablando de una relación privilegiada, que sólo él puede tener con el Padre? Quienes creyeron eso, cayeron presa de un ataque de celos feroz y letal, muy típico de las instituciones (sobre todo de las religiosas), y lo mataron.

¿Qué puede escuchar, en cambio, un católico que escucha esta palabra hoy? Yo escucho que el Padre habla, pero comprendo que el Padre no es ‘una cosa que habla’. Más aun, creo que el Padre es ‘una persona que habla’, pero acepto también lo que pide la tradición: No concebir a Dios antropomórficamente.

Ahora bien, si me tomo en serio que no hay que ‘antropomorfizar’, entiendo que hay que ir más allá de simplemente no imaginar a Dios como un viejito con barba en el cielo. No ‘antropomorfizar’ es un reto muy grande: Implica creer que Dios es ‘una persona que habla’, pero no ‘una cosa inmaterial-espiritual que habla’; implica estar dispuesto a no creer que sea algo así como un alma suprema.

Asumamos la crítica de Feuerbach al cristianismo y atrevámonos a decir, aunque sea ex hipothesi: No hay una cosa llamada Dios.

¿Suena a escándalo? Pero por suerte no lo es. Ya dijeron lo mismo otros en la tradición. Entre los ilustres: Dionisio Areopagita, Meister Eckhardt, San Juan de la Cruz.

En otro contexto, también Wittgenstein hablaba del ‘Trieb zum Mystischen.’

Lejos de convertirnos en ateos, este enfoque puede ayudar a aguzar la escucha adulta del Padre, y de paso tiene la ventaja de evitar que se manipule a Dios... porque sólo podemos manipular cosas, materiales o espirituales; pero cosas al fin.

03 enero 2006

La fe de Qohélet (2/2)

Qo 1: 2, 7, 9, 12, 13

Kandinski
Nada hay nuevo bajo el sol.

Que no haya nada nuevo bajo el sol implica que el ser humano ‘sabe’ muchas cosas. Sabe, por ejemplo, que:

Todos los ríos caminan al mar y el mar no se llena; llegados al sitio donde caminan, desde allí vuelven a caminar.

De modo que el supuesto escepticismo de Qohélet no es en todo caso una negación absoluta del ‘saber-conocimiento’ humano.

Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Si es verdad que hay ciertas cosas que sí sabemos y otras que es vano pretender saberlas, ¿porqué dice Qohélet que ‘todo’ es vanidad? Al parecer la única respuesta posible es que nada, incluso aquello que sabemos, realmente importa. Me parece que precisamente para resaltar la irrelevancia de lo que sí sabemos es que este saber se presenta como eterno retorno de lo mismo. No es la afirmación de una doctrina del eterno retorno, sino más bien la determinación del saber humano como un ‘saber lo ya sabido’.

Una triste tarea ha dado Dios a los hombres para que se atareen con ella.

La tarea a la que se refiere Qohélet es la de explorar e investigar con método todo lo que se hace bajo el cielo (Qo 1: 12). ¿Porqué es triste esta tarea?

Pongo como respuesta esta cita de Michael Oakeshott: “Philosophical reflection is the adventure of one who seeks to understand in other terms what he already understands and in which the understanding sought is a disclosure of the conditions of the understanding enjoyed and not a substitute for it.”