
Un sancochado. Arroz con mango. Un frankenstein. Un puñado de punk (guitarra frenética, voces despreocupadas y desentonadas, percusión profunda e irascible) mezclado con ingentes cantidades de country y folklore inglés (violines, harmómicas, banjos y guitarras de hojalata).
Los Mekons son una banda sobreviviente (aún hasta hoy) de lo que se llamó la primera ola de punk inglés (Sex Pistols, Buzzcocks, The Dammed: los clásicos, pues). Su historia, sin embargo, se vuelve más interesante con un amago de ruptura a inicos de los 80s: su papel en la escena punk (la verdad) era poco menos que intrascendente, una propuesta repetida y la rápida saturación de bandas los dejó al borde del colapso. Lo cierto es que (y esto me tinca a que es un poco de influencia clashiana) se pusieron a experimentar con diferentes estilos musicales y empezaron a cuajar sonidos tan disímiles como el country, el folklore inglés y el punk. Los Mekons, con este su re-debut, logran derribar una frontera. Los límites entre los acordes agridulces folkloricos y los acordes iracundos punkeanos se hacen muy (muy) difíciles de señalar, así como los límites entre el sabor del miedo (o la decepción) y el sabor del whiskey.
Destacan: Chivalry (una canción que parece a medio tejer), Tribbles Down South (el rugido y el violín), Hard to be Human Again (lo más punk del disco), Psycho Cupid (las vocales son básicamente una chica declamando su desdicha, muy bueno), Flitcraft y Country (dos canciones que no se pueden clasificar en género) y Last Dance (mi canción favorita del disco: ya todos se han ido, la media luz y la música de una fiesta distante, los dos en un vals eterno y el deseo que te enamores de mí; más que genial).





