En un lugar de la Costa Oeste de Estados Unidos, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que el patito feo asistió con su bandada de patos salvajes, luego de un largo viaje atravesando continentes, por los cielos bellísimos, calmados y tormentosos, a una reunión multitudinaria de patos, que se llamó, Woodstock.
El patito feo, reservado y amigable, quedó sorprendido desde un rincón de la granja, donde se llevaba a cabo la gran reunión de los patos salvajes, por la maravilla de la música rock, por las vestimentas estrafalarias tan coloridas, por los pelos largos hasta la cintura, por el amor libre sin barreras; incluso, observó que fumaban yerbas exóticas que probó apenas y vomitó inmediatamente, curándose en salud.
Lo que más le llamó la atención de este gran concierto de tres días, que reunió a más de medio millón de patos, además de la música magistral, de los grandes músicos poetas que nunca había visto ni oído; fueron los símbolos y mensajes de paz y amor que lo conmovieron como una brisa suave. Le recordaron las huellas sólidas y la estela de arte, que como una “roca de ser”, protegía cuando se desataban las tempestades, a sus hermanos y primos patos pequeños, en el jardín secreto de Malambito.
Los patos rebeldes en su búsqueda, sin medir riesgo, encontraron en el teatro de la generación del 68 del pájaro de fuego, una “iglesia primitiva”, por primera vez en su existencia de animal humano, conoció de oídas a dos cisnes soberbios y sabios, uno se llamaba el mahatma Gandhi y otro el papa Juan XIII: el patito feo comenzó a tomar conciencia que eran tiempos de cambios incalculables, el mensaje era el mismo que en Woodstock, de paz auténtica y amor sin límites; pero sin amor libre, ni marihuana y LSD.
Un cisne joven adulto, brillante y bondadoso, amigo del papa Juan XXIII, hizo amistad con el patito feo y con sus amigos patos, se fue transformando en un maestro cisne, que lo acogió con una amabilidad sin límites y le abrió el continente de la sabiduría del amor. El patito feo era agnóstico, pero creyente en el Dios-Amor.
En el trasfondo, en busca de la tierra del padre, el patito feo comenzó a tomar conciencia de la vida y la obra de gran creador de su abuelo. !El abuelo era un magnifico cisne! Para el abuelo cisne, la belleza nos hace libres.
La recepción de esta experiencia, de su mensaje de paz y amor, tardaría mucho en llegar al pensamiento del corazón y a las entrañas del patito feo. Por una parte, tuvo que hacer una terapia universal para cisnes en los rincones enigmáticos de curación de lo más íntimo de su intimidad herida. Por otra, tuvo que hacer como cisne un camino de alta educación, para dirigir un proyecto fundacional de paz y amor que decidió, con método y pasión, que sería el sentido de su existencia: la desmesura del amor por el Rostro del Prójimo, por los olvidados y maltratados de la Tierra y el universo.
Las marchas y contramarchas inconscientes, marcaron el itinerario posterior del patito feo, conciente de ser ahora un cisne soberbio y humilde, a la vez. Fuerza-débil-fuerte. La espina en el alma siempre fue el obstáculo a vencer con valentía y creatividad, como cuenta Hans Christian Andersen, en el inspirado relato de, El soldadito de plomo. El patito feo, aún guarda su arma secreta de peleador callejero, simbólica y realmente.






