Promoción 1986-1991 Escuela Estatal de Menores 31512 (Ex 500)

No recuerdo bien cuando exactamente emergió el sueño, ni a quien en particular se le ocurrió la idea, pudo ser a “Toño” Agüero, “Jeshu” Cordero, “Pepo” Rodríguez o mi persona, pero en todo caso cuando la idea fue compartida empezó una gran emoción para realizar un homenaje en vida a nuestro profesor y amigo Adolfo Salinas Ochoa, quien nos acompañó durante 6 años de nuestra niñez en la primaria y ahora lo sigue haciendo como un padre espiritual cada vez que se encuentra con cualquiera de nosotros en las callecitas añejas de nuestra Jauja.
De izquierda a derecha: Jesús Cordero, Miguel Bueno, Marco Nuñez, Albino Allpas, Luis Dávila, Adolfo Sailnas, Victor Cordova, Antonio Aguero, José Martinez, Carlos Taira, José Delgado y José Rodriguez
La fecha de este acto de agradecimiento, la movimos en varias oportunidades, así fue pasando en primera instancia la Navidad, Año Nuevo, el día del Maestro, etc. Hasta que se decidió firmemente hacerlo en el mes de Julio, coincidiendo con las fiestas patrias, fecha en el que muchos compañeros llegan a nuestro paraíso privado y era más factible que se sumarán a esta iniciativa.
Las coordinaciones se hicieron virtualmente con varias semanas de anticipación, pero no teníamos los correos de todos y eso a veces frustra, porque la ilusión era juntar la mayor cantidad de asistentes. Desde el sábado 25 de Julio, que llegué a Jauja, me puse a buscar personalmente a los no contactados, el día me quedó corto y ya habiendo hecho mis mejores esfuerzos ajustamos el presupuesto para los asistentes fijos.
El domingo 26 me levanté temprano para ayudar en dejar en óptimas condiciones la casa de Pepo y hacer las últimas compras, después de sudar la gota gorda, me fui a alistarme a mi casa de la cual salí apresuradamente porque tenía el encargo junto con Jesús de recoger a Adolfo de su casa y llevarlo para la Iglesia.
Adolfo se sorprendió de vernos “entelados”, nos pidió cinco minutos y salio nuevamente llevando consigo su terno, en el camino nos hacía preguntas un tanto por la incertidumbre de no saber hacia donde nos dirigíamos.
Le dijimos que le oficiaríamos una misa de salud en la Iglesia Matriz de Jauja y después ya veríamos, tal cual lo planificado, en el atrio ya aguardaban varios compañeros que saludaron efusivamente y con mucho cariño a nuestro apreciado Adolfo.
La misa se desarrolló dentro de los cánones normales, teniendo sus momentos de reflexión y contacto espiritual, al momento de darnos la paz lo hicimos con escondido respeto que no conocíamos, a la mayoría nos alumbraba una sonrisa con el recuerdo de épocas infantiles donde este acto de paz se convertía en oportunidad de golpear al compañero pero sin llegar a la matonería.
Ya en la plaza de armas, Adolfo seguía imaginando que hacer a continuación, le invité a que nos acompañase a nuestra gloriosa escuela para tomarnos unas fotos, obviamente ya habíamos coordinado para que nos abran el local y sobretodo nuestro añorado salón de clases después de 18 años.
En el interior del 31512 de Jauja. Primera fila: Víctor Cordova, José Delgado, Antonio Aguero, Luis Dávila, Ricardo Rodriguez, Miguel Bueno, José Martinez; segunda fila: José Rodriguez, Jesús Cordero, Juan Fabián, Adolfo Salinas, Marco Nuñez, Edwin Tocas, Arturo Cuyubamba; y en la tercera fila: Carlos Taira y Albino Allpas.
Con algunas modificaciones, el recinto todavía mantenía su estructura original, noté muchas caras nostálgicas de mis compañeros y me contagié de ese sentimiento. Me sentí felizmente arrobado al contemplar el patio, la campana, la dirección, los arcos del pabellón principal, etc.
Con el aula abierta y Adolfo transportado en la historia, recibimos la indicación de formarnos en orden alfabético para poder ingresar a la clase maestra, ya dentro, todos recordaban el lugar de sus asientos y aunque la disposición de las carpetas no era la misma nos acomodamos de buena manera.
Después de 18 años, los integrantes de la promoción 1991 de la Escuela de Menores 31512 de Jauja, ingresan nuevamente a su aula de clases en orden alfabético
Adolfo emocionado empezó con la clase maestra pidiendo disculpas si había cometido algún error en nuestra formación, este hecho lo pintó de cuerpo entero, supimos todos que su sencillez, humildad y dignidad eran eternas. Prosiguió con algunas cosas de Tecnología para después terminar explicando un poco de matemática, el desarrollo de la clase fue interactiva y nos puso en apuros con sus preguntas.
Ya finalizada la clase nos tocó hacer el uso de la palabra a cada uno de los asistentes, hubo ratos en el que la voz de algunos compañeros parecía quebrantarse, la luz de nuestros ojos simulaba opacarse, la sonrisa se nos borraba del rostro, que indescriptibles momentos.
Un tanto más sueltos y relajados, toda la comitiva nos dirigimos a la casa de Pepo Rodríguez donde ya previamente habíamos concertado una parrilla, el almuerzo estuvo salpicado de mucha picardía y anécdotas, la risa fue la reina de la mesa. Entonados con la muñita, licor de bandera del País de Jauja, proseguimos con la cháchara hasta que la noche y la incipiente embriaguez nos avisaba que era la hora de descansar y nuevamente cumplí el encargo junto con Albino Allpas de dejar a Adolfo en su hogar.
En casa de José Luis Rodríguez Zegarra
Es necesario mencionar que hubo compañeros que no pudieron asistir por estar lejos de Jauja, pero enviaron sus saludos para Adolfo, así podemos mencionar a Joel Navarro Cuba que desde Japón siempre estuvo en contacto para conocer los pormenores, también se sumaron Victor Galarza Villar desde Brasil y Richard Castro Aguirre desde España.
Adolfo también hizo mención a alumnos suyos de otras promociones a los cuales recordaba con bastante cariño, así mencionó a Efraín Remuzgo, Miguel Dávila Mendiola y Dino Núñez Palacios, hizo la alusión de que fueron sus primeros alumnos y con cuyos padres construyeron el salón que después nos albergaría.
Otro cariño muy especial que expresó fue por su ultima promoción, constituida entre otros por Ricardo Rodríguez Zegarra, hermano menor de Pepo, estos fieles de Adolfo lo siguieron por tres colegios particulares y como final de historieta lograron convencerlo de realizar el viaje de promoción a Cusco, Adolfo aceptó pero impuso su característica disciplina en todo el periplo dejando una huella imborrable a toda esa promoción.
Quiero terminar este relato agradeciendo profundamente a Adolfo por todas las enseñanzas que hasta ahora nos sigue ofreciendo, por sus consejos, por sus dichos, pero sobretodo por su ejemplo, nunca habrá mejor manera de enseñar que haciendo lo que se dice.






