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CRONOLOGÍA DEL P. PÍO

1887 - 25 mayo: Nace en Pietrelcina, Italia
1903 - 6 enero: Edad 15 años. Entra al noviciado franciscano OFM cap en Morcone.
1904 - 22 enero: Profesa como franciscano
1910 - 10 agosto: Ordenación sacerdotal en Benevento
1918 - 20 septiembre: Recibe las estigmas, (llagas de Jesucristo)
1923 - 1933 Le fue prohibido celebrar misa en público y comunicación con sus hijos espirituales;
víctima de calumnias.
1947 Comienzan los grupos de oración del Padre Pío.
1956 - 5 mayo: Inauguración de la Casa Sollievo della Sofferenza (alivio del sufrimiento)
1968 - 23 septiembre: Fallece en San Giovanni Rotondo
1998 - 21 de diciembre: Reconocimiento de milagro
1999 - 2 de mayo: Beatificación
2001 - 20 de diciembre: Reconocimiento de 2º milagro
2002 - 16 junio: Canonización en el Vaticano

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Santos y teología del corazón - San Pio de Pietrelcina
Fuente: Corazones.org

San Pio de Pietrelcina, entró en los Capuchinos con 15 años de edad.Ordenado el 10 de agosto de 1910.Asignado a San Giovanni Rotondo en 1916, vivió allí hasta su muerte.Recibió los estigmas: 20 de septiembre, 1918. Los llevó por 50 años.Entró en la Vida Eterna: 23 de septiembre, 1968.Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999. Canonizado por el Papa Juan Pablo II el 16 de junio del 2002.

"Solo quiero ser un fraile que reza...”
“Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración... La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...” -Padre Pío

El Padre Pío es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo, amado en todo el mundo. Nos enseñó a vivir un amor radical al corazón de Jesús y a su Iglesia. Su vida era oración, sacrificio y pobreza. Alcanzó una profunda unión con Dios.

Famoso confesor. El Padre Pío pasaba hasta 16 horas diarias en el confesionario. Algunos debían esperar dos semanas para lograr confesarse con él, porque el Señor les hacía ver por medio de este sencillo sacerdote la verdad del evangelio. Su vida se centraba en torno a la Eucaristía. Sus misas conmovían a los fieles por su profunda devoción. Poseía una ferviente devoción por la Virgen María.


DONES EXTRAORDINARIOS:
Discernimiento extraordinario: la capacidad de leer los corazones y las conciencias. Profecía: pudo anunciar eventos del futuro. Curación: curas milagrosas por el poder de la oración. Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo. Perfume: la sangre de sus estigmas tenía fragancia de flores.

Llegaban a verle multitud de peregrinos y además recibía muchas cartas pidiendo oración y consejo. Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío no pudieron hacer cicatrizar sus llagas ni dar explicación de ellas. Calcularon que perdía una copa de sangre diaria, pero sus llagas nunca se infectaron. El Padre Pío decía que eran un regalo de Dios y una oportunidad para luchar por ser más y más como Jesucristo Crucificado. Su beatificación fue la de mayor asistencia en la historia. La plaza de San Pedro y sus alrededores no pudieron contener la multitud que asistió a su beatificación. El Padre Pío es un poderoso intercesor. Los milagros se siguen multiplicando.

BIOGRAFÍA

Infancia

Francisco Forgione (San Padre Pío) nació en el seno de una humilde y religiosa familia, el Miércoles 25 de mayo de 1887 a las 5 de la tarde, hora en que las campanas de la Iglesia sonaban para llamar a todos los fieles a honrar a la Virgen Santísima en su mes. El Beato Padre Pío nació en una pequeña aldea del Sur de Italia, llamada Pietrelcina, una pequeña villa en la provincia de Benevento, Italia. Sus padres, Horacio Forgione y María Giuseppa de Nunzio Forgione, ambos agricultores, encomendaron la protección de su recién nacido a San Francisco de Asís, por esta razón le bautizaron con el nombre de Francisco al día siguiente de su nacimiento.

El Padre Pío, cuando era aún un bebé, lloraba desconsoladamente al grado que su padre no lograba descansar por la noche de lo fuerte y constante de su llanto, su padre decía que “al bebé nunca se le acababa el aire”. Una vez que se encontraba con su papá a solas en casa, este no pudo consolarle para que parara de llorar y lo arrojó en la cama exclamando: “Parece que el diablo hubiese nacido en mi casa”.

Relata el Padre Pío que desde ese preciso momento, nunca más volvió a llorar así. La familia Forgione vivía en el sector más pobre de Pietrelcina. Francisco fue pobre, pero como él mismo diría más adelante, nunca careció de nada... Los valores eran diferentes en aquella época; un niño se consideraba dichoso si tenía lo básico para vivir. Fue un niño muy sensible y espiritual.

Inicio de sus experiencias extraordinarias

Su vida transcurrió en los alrededores de la Iglesia Santa María de los Ángeles, que podríamos decir fue como su "hogar". Aquí fue bautizado, hizo su Primera Comunión, su Confirmación, y precisamente aquí, a los cinco años de edad, tuvo una aparición del Sagrado Corazón de Jesús. El Señor posó Su mano sobre la cabeza de Francisco y este prometió a San Francisco que sería un fiel seguidor suyo. El curso de su vida y su vocación quedaría desde ese momento sellado. Padre Pío se ofrece a tan corta edad como víctima. Este año marcaría la vida de Francisco para siempre; empieza a tener apariciones de la Santísima Virgen, que continuarían por el resto de su vida.

También tenía trato familiar con su ángel guardián, con el que tuvo la gracia de comunicarse toda su vida y el cual sirvió grandemente en la misión que él recibiría de Dios. Es también a esta edad que los demonios comenzaron a torturarlo. El niño acostumbraba a cobijarse bajo la sombra de un árbol particular durante los cálidos y soleados días de verano. Amigos y vecinos testificaron que fueron en más de una ocasión las veces que le vieron pelear con lo que parecía su propia sombra. Estas luchas continuarían por el resto de su vida.

Fue un niño callado, diferente y tímido, muchos dicen que a tan corta edad ya mostraba signos de una profunda espiritualidad. Era piadoso, permanecía largas horas en la iglesia después de Misa. Hizo hasta arreglos con el sacristán para que le permitiera visitar al Señor en la Eucaristía, en los momentos en los cuales la iglesia permaneciera cerrada.

Curado por los chiles

En tiempos en que el Padre era aún pequeño, la tifoidea era una enfermedad mortal y el pequeño Francisco se vio al borde de la muerte a consecuencia de ella. La fiebre le llego tan alta, que el mismo doctor le informó a su madre que al pequeño Francisco le quedaban unas cuantas horas de vida. La madre, aun con el dolor que experimentaba su corazón, debió continuar sus labores domésticas y preparó, como de costumbre, alimentos para los trabajadores que les ayudaban con sus tierras. La comida que Guiseppa preparó fueron chiles fritos y los trabajadores no se los terminaron por ser tan picosos. Al pequeño enfermo, el olor de los chiles le resultó muy apetecible y en cuanto se encontró a solas, no pudiendo caminar, se arrastró hasta el lugar en el que se encontraban los chiles que tanto le apetecían y se los comió todos.

Cuando terminó de comer, se regresó a su cama y sintió una gran sed. Llamó a su hermano Miguel para que le trajera algo de tomar. Su hermano le llevó una botella de leche y le sirvió un poco en una cuchara, como lo habían estado haciendo. Francisco, tomó la botella y se la tomó toda para la sorpresa de su hermano. Cuando su madre regresó más tarde a buscar los chiles, encontró el plato vacío y no se imaginó que hubiese sido Francisco el que se los hubiese comido. Aunque esta comida podría haber sido fatal para su salud, produjo cambios radicales. Desde ese momento, Francisco se curó de la tifoidea y su salud se restauró por completo.


Un milagro en su presencia

Un día, siendo aún pequeño, acompañó a su padre, Horacio, en una peregrinación al Santuario de San Peregrino. La iglesia estaba llena de fieles de todas partes. Francisco se arrodilló para orar al frente del Santuario y observaba la angustia de una madre que se acercó al altar con un niño deforme en sus brazos e imploraba al Santo que intercediera por la sanación de su hijo.

Mientras su padre se preparaba para salir de la Iglesia, Francisco no se movía en profunda oración de intercesión por el niño. La madre de este, en un arrebato de desesperación dijo en voz alta frente a la imagen del Santo: “Cura a mi hijo, si no lo quieres curar, tómalo, yo no lo quiero” y diciendo esto, arrojó al niño en el altar. En el preciso momento en que el niño tocó el altar, éste sanó por completo. Esta experiencia del poder de la oración, afianzó grandemente la confianza de Francisco en el poder de la intercesión de los Santos.

Primeros estudios

Francisco tenía gran sed de aprender. Por no haber escuelas en la villa, unos granjeros se voluntarizaron para enseñar a los niños del área. Su mayor ambición era que los niños pudieran aprender a leer y los más brillantes a escribir. La enseñanza se llevaba a cabo durante la noche por la necesidad existente de trabajar, tanto adultos como niños durante el día. Francisco estudiaba durante este tiempo. Otros niños preferían jugar, pero esto no era una de sus prioridades. Su preferencia era siempre pasar la mayor parte del tiempo en oración y estudiar en el tiempo destinado para el aprendizaje. Padre Pío fue un niño disciplinado, que entendía el sacrificio que era para sus padres patrocinar su tiempo de aprendizaje.

Estudios para prepararlo a la Vida Religiosa

Llegó el momento en el cual Francisco manifestará su deseo de ser religioso. Su padre, al ver la limitación existente de educación en la villa, emigró a los Estados Unidos y a Jamaica buscando mejor solvencia económica que le permitiera sufragar los gastos de educación para Francisco. Sus padres, aunque humildes, recibieron gran sabiduría del Señor para ver el camino que su hijo habría de seguir. Hicieron grandes sacrificios para que se hiciera posible.

Fue durante este tiempo en que su madre, Giuseppa, hizo arreglos para que su hijo recibiera la formación necesaria para poder ingresar en el seminario. La única posibilidad en ese momento era recibir clases con Don Domenico Tizzani, un exsacerdote que habiendo abandonado el ministerio, había contraído matrimonio. Don Domenico tenía la reputación de ser muy buen maestro, pero algo pasaba con el joven Francisco que parecía tener un bloqueo mental en su presencia. Doña Giuseppa buscó otro maestro para Francisco y lo encontró en el maestro Angelo Cavacco. Con él, el joven Francisco avanzó con gran rapidez y mostró tener gran capacidad.

Preparación para el Noviciado

Los días antes de entrar al seminario fueron días de visiones del Señor, que le prepararían para grandes luchas. Jesús le permitió ver a Francisco el campo de batalla, los obstáculos y enemigos. A un lado habían hombres radiantes, con vestiduras blancas, al otro lado, inmensas bestias espantosas de color oscuro. Era una escena aterradora y las rodillas del joven Francisco comenzaron a temblar. Jesús le dice que se tiene que enfrentar con la horrenda criatura, a lo que Francisco responde temeroso, rogándole al Señor que no le pidiera cosa semejante de la cual no podría salir victorioso. Jesús vuelve a repetir su petición dejándole saber que estaría a su lado. Francisco entonces entra en un feroz combate, los dolores infligidos en su cuerpo eran intolerables, pero salió triunfante. Jesús alertó a Francisco de que entraría en combate nuevamente con este demonio a lo largo de toda su vida, que no temiera: “Yo estaré protegiéndote, ayudándote, siempre a tu lado hasta el fin del mundo”. Esta visión particular petrificó a Padre Pío por 20 años.

El día antes de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre. En esta visión, Jesús posa Su mano en el hombro de Francisco, dándole valor y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habla suavemente, sutil y maternalmente penetrando en lo más profundo de su alma.

Ingreso en el Noviciado de Morcone

Padre Pío siempre caminó el sendero estrecho, no permitiéndose lujos ni nada que le pudiera desviar de su relación con Jesús. A los 15 años de edad, Francisco había adelantado lo suficiente como para entrar al Seminario; sería Fraile Capuchino. Ingresó con la Orden Franciscana de Morcone el 3 de enero de 1902. Quince días después de su entrada, el día 22 de enero de 1902, Francisco recibió el hábito franciscano que está hecho en forma de una cruz y percibió que desde ese momento su vida estaría “crucificada en Cristo”, tomó además, por nombre religioso, Fray Pío de Pietrelcina en honor a San Pío V.

La Fraternidad Capuchina en la cual ingresó era una de las más austeras de la Orden Franciscana y una de las más fieles a la regla original de San Francisco de Asís. El ayuno y la penitencia eran prácticas habituales. El Fraile Pío abrazó todas las formas de autoprivación, comiendo siempre muy poco, en una ocasión se alimentó únicamente de la Eucaristía por 20 días y aunque débil físicamente se presentaba a clases con preclara alegría. Fue una de las mejores épocas de su vida: "Soy inmensamente feliz cuando sufro, y si consintiera los impulsos de mi corazón, le pediría a que Jesús me diera todo el sufrimiento de los hombres".

Primera bilocación

En 1905, solo dos años después de haber entrado al Seminario, el Fraile Pío experimenta por primera vez la bilocación. Rezando acompañado de otro fraile en el coro, una noche fría de enero, alrededor de las 11:00 de la noche, se encontró a sí mismo muy lejos, en una casa muy elegante en la cual un padre de familia agonizaba en el mismo momento que su hija nacía. Nuestra Santísima Madre se le apareció al Fraile Pío diciéndole: “Encomiendo esta criatura a tus cuidados; es una piedra preciosa sin pulir. Trabaja en ella, lústrala, hazla brillar lo más posible, porque un día me quiero adornar con ella”. A lo que él contestó: “¿Cómo puede ser esto posible si soy un pobre estudiante, y todavía ni siquiera sé si tendré la fortuna de llegar a ser sacerdote? Y si no llegara a ser sacerdote, ¿cómo podría ocuparme de esta niña estando tan lejos?”. La Virgen le contestó: “No dudes. Será ella quien venga a ti, pero la conocerás de antemano en la Basílica de San Pedro”. Inmediatamente se encontró de nuevo en el coro donde había estado rezando minutos antes.

Dieciocho años más tarde esta niña se presentó en la Basílica de San Pedro, agobiada y buscando a un sacerdote con quien pudiera confesarse y recibir dirección espiritual. Ya era tarde y la Basílica iba a cerrar, miró a su alrededor y vio a un fraile entrar en el confesionario y cerrar la puerta. La joven se le acercó y comenzó a compartirle sus problemas. El sacerdote absolvió sus pecados y le dio la bendición. La joven en agradecimiento quiso besarle la mano, pero al abrir el confesionario solo encontró una silla vacía.

Un año después, la joven fue en peregrinación a San Giovanni Rotondo. Padre Pío caminaba por los pasillos de las celdas repletos de peregrinos y al ver a la joven entre ellos, la señaló diciendo: “Yo te conozco, tu naciste el día que tu padre murió”, la joven, sorprendida, esperó largo rato para poderse confesar con el Padre y aclarar sus inquietudes. Padre Pío le recibe en el confesionario con estas palabras: "Mi hija, has venido finalmente; he esperando tantos años por ti!". La joven aún más sorprendida le manifestó que él estaba equivocado, siendo ésta la primera vez que ella visitaba San Giovanni. A lo que Padre Pío contestó: "Ya tú me conoces, viniste a mí el año pasado en la Basílica de San Pedro". La joven se convirtió en su hija espiritual, obedeciendo siempre a sus consejos. Se casó y formó una sólida y ejemplar familia cristiana.

Ordenación Sacerdotal

El 10 de agosto de 1910, Padre Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, Italia. La tarde de aquel día, escribe esta oración: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”. El día de su ordenación, su padre se encontraba en América, pero su madre, su hermano Miguel y su esposa, y sus tres hermanas le acompañaron en ese día tan especial. Al finalizar la Santa Misa, su madre y sus hermanos se acercaron a la baranda para recibir su primera bendición. Su madre no podía contener sus lágrimas, tanto de la emoción como del dolor de pensar en la ausencia de su esposo, cuyo sacrificio había hecho posible la ordenación de su hijo.

Como era la costumbre, el nuevo Padre celebraría su primera Misa en la iglesia de su pueblo, en Santa María de los Ángeles. En la misma iglesia en la que 23 años antes había sido bautizado, en donde había recibido la Primera Comunión y el Sacramento de la Confirmación. El padre solía decirles a sus hijos espirituales “Si ustedes desean asistir a la Sagrada Misa con devoción y obtener frutos, piensen en la Madre Dolorosa al pie del Calvario”.

De regreso en Pietrelcina

Mientras más alto escalaba el joven sacerdote hacia la perfección, más era asechado por el demonio. Y mientras más atormentado era por Satanás, más crecía en fe y en amor al Señor. Poco después de su ordenación, le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios, y fue enviado a su pueblo, Pietrelcina, para que se restableciera de salud.

Cada vez que se hacía el intento para restaurarlo a la vida religiosa dentro del monasterio, este fracasaba, pues su salud empeoraba. Su vida sacerdotal en Pietrelcina incluía mucha oración acompañada de muchas funciones religiosas, así como estudios teológicos, catecismo para los niños del pueblo y reuniones con individuos y familias. Durante este período en Pietrelcina, su antiguo profesor, el ex sacerdote Tizzani, agonizaba. Su hija, viéndolo cerca a la muerte, llamó al Padre Pío para que asistiera a su padre, quien providencialmente pasaba por su casa en ese momento. El moribundo recibió del Padre la gracia de Dios y la salvación eterna de su alma, hizo su confesión con lágrimas de arrepentimiento y murió en paz.

Primera aparición de los estigmas

Durante su primer año de ministerio sacerdotal, en 1910, el Padre Pío manifiesta los primeros síntomas de los estigmas. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así: “En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor”. Estos dolores en la manos y los pies del Padre Pío, son los primeros recuentos de las estigmas que fueron invisibles hasta el año 1918.

Una vez el dolor que el Padre Pío experimentó fue tan agudo, que se sacudió las manos, las cuales sentía que se le quemaban, a lo que su madre le preguntó: “Que es eso?, es que ahora también tocas la guitarra?”. El Padre se limitó a no responder. Este tiempo en su pueblo natal fue un período de grandes combates espirituales con el demonio, pero también de grandes consuelos a través de éxtasis y fenómenos místicos, tanto interiores como exteriores, espirituales y físicos. El demonio solía aparecérsele de distintas maneras. Algunas veces lo hacía en la apariencia de animales, de mujeres bailando danzas impuras, de carceleros que lo azotaban e incluso bajo la apariencia de Cristo Crucificado, de su Ángel de la Guarda, San Francisco de Asís, la Virgen María, también bajo la apariencia de su director espiritual, su provincial, etc. pero después de estos asaltos del demonio, era consolado con éxtasis y apariciones de Jesús, la Santísima Virgen María, su Ángel Guardián, San Francisco y otros santos.

El día 12 de agosto de 1912 experimentó por primera vez la “llaga del amor”. El Padre Pío le escribió a su director espiritual explicándole lo sucedido: “Estaba en la Iglesia haciendo mi acción de gracias después de la Santa Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego hirviendo en llamas y yo pensé que me iba a morir”.

Por siete años, Padre Pío permanece fuera del Convento, en Pietrelcina. Naturalmente, esta vida estaba en contraste con la regla franciscana y algunos hermanos frailes se quejaron de esto. Fue entonces cuando el Superior General de la Orden pidió a la Sagrada Congregación de los Religiosos la exclaustración del P. Pío. Fue un golpe muy duro para él y en un éxtasis se quejó con San Francisco de Asís. La Congregación de los Religiosos no escuchó la solicitud del Superior General y concedió que el Padre Pío siguiera viviendo fuera del convento, hasta que estuviera completamente restablecida su salud.

De regreso a la vida monástica

El día 17 de febrero de 1916, el Padre Pío salió de Pietrelcina rumbo a Foggia, donde los superiores lo llamaron para dar un servicio espiritual. Gracias a las oraciones de Rafaelina Cerase, una señora muy enferma y cercana a la muerte, el Padre Pío puede regresar definitivamente a la vida comunitaria. Esta buena señora se ofreció a Dios como víctima para que el Padre pudiese oír confesiones y con ello traer gran beneficio a las almas.

Aunque el Padre nunca más pudo regresar a Pietrelcina, su amor por ella nunca disminuyó. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Padre, refiriéndose a su pueblo dijo: “Pietrelcina será preservada como la niña de mis ojos”. Y antes de morir, hablando proféticamente dijo: “Durante mi vida he favorecido a San Giovanni Rotondo. Después de mi muerte, favoreceré a Pietrelcina”.

Primera visita a San Giovanni Rotondo

El día 28 de julio de 1916, el Padre Pío llega a San Giovanni Rotondo por primera vez. San Giovanni Rotondo era en ese entonces una pequeña villa en la península del Gargano, rodeada por casas muy pobres, sin luz, sin agua potable ni cañería, sin caminos pavimentados y sin formas de comunicación modernos, muy parecido a la forma de vida en las villas pequeñas de aquel entonces.

El monasterio se encontraba a unos dos kilómetros del pueblo y para llegar a este, era necesario ir en mula. El monasterio contaba con una pequeña y rústica Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia del siglo XIV.

Regreso permanente a San Giovanni Rotondo

Padre Pío fue invitado a San Giovanni por el Padre Guardián y su breve visita fue del 28 de julio al 5 de agosto. Durante esta visita, la salud del Padre parece haber mejorado un poco lo cual agradó al Padre Provincial y este lo mandó bajo obediencia a regresar a San Giovanni por un tiempo, hasta que mejorase más su salud. El Padre regresó al Monasterio del Gargano el día 4 de septiembre de 1916. En los designios del Señor, lo que en un inicio se pensó sería temporal, duró 52 años, hasta la muerte del Padre.

Experiencia Militar

El Padre Pío fue llamado a las filas militares tres veces durante la Primera Guerra Mundial y las tres veces fue regresado luego de un corto período por motivos de salud. La última vez que fue llamado, su salud desmejoró tanto, que los mismos médicos le dieron de baja para “permitirle morir en paz en su hogar”. Las cortas permanencias en las filas militares causaron en él grandes dolores en su alma, a causa de la dureza de los soldados, las blasfemias que escuchó y el verse alejado de la vida monástica. Otro gran dolor era el no poder ofrecer la Santa Misa todos los días.

El Padre fue dado de baja de las filas militares con papeles que atestiguaban su buena conducta, su honor y fidelidad a la patria, aunque se salvó de haber confrontado cargos de deserción por no presentarse a una cita, a causa de un error del cartero de San Giovanni Rotondo. Este no sabía que Francisco Forgione y el Padre Pío eran la misma persona y por ello no supo a quién darle la cita.

El seminario menor

El Padre Pío sirvió como padre espiritual de los jóvenes que formaban parte del seminario seráfico menor, que en ese momento estaba en San Giovanni Rotondo. Él se encargaba de proveerles meditaciones, de confesarlos y de tener conversaciones espirituales con ellos. Oraba mucho y vigilaba su avance espiritual y hasta llegó a pedir permiso para ofrecerse como víctima al Señor por la perfección de este grupo a quienes como él mismo decía “amaba con ternura”.

Un día en que daba un paseo con los jóvenes les dijo: “Uno de ustedes me traspasó el corazón”. Los jóvenes quedaron perplejos ante este comentario, pero no se atrevían a preguntar quién había sido el culpable. “Uno de ustedes esta mañana hizo una Comunión sacrílega. Y saber que fui yo el que se la dio hoy durante la Misa”. El joven culpable se arrojó a sus pies y confesó ser él el culpable. El Padre hizo seña a los demás para que se retiraran un poco y ahí mismo en la calle escuchó su confesión y lo restauró a la gracia de Dios.

Transverberación del corazón

La transverberación es una gracia extraordinaria que algunos santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz han recibido. El corazón de la persona escogida por Dios es traspasado por una flecha misteriosa o experimentado como un dardo que al penetrar deja tras de sí una herida de amor que quema mientras el alma es elevada a los niveles más altos de la contemplación del amor y del dolor.

El Padre Pío recibió esta gracia extraordinaria el 5 de agosto de 1918. En gran simplicidad, el Padre le narró a su director espiritual lo sucedido: “Yo estaba escuchando las confesiones de los jóvenes la noche del 5 de agosto cuando, de repente, me asusté grandemente al ver con los ojos de mi mente a un visitante celestial que se apareció frente a mí. En su mano llevaba algo que parecía como una lanza larga de hierro, con una punta muy aguda. Parecía que salía fuego de la punta.

Vi a la persona hundir la lanza violentamente en mi alma. Apenas pude quejarme y sentí como que me moría. Le dije al muchacho que saliera del confesionario, porque me sentía muy enfermo y no tenía fuerzas para continuar. Este martirio duró sin interrupción hasta la mañana del 7 de agosto. Desde ese día siento una gran aflicción y una herida en mi alma que está siempre abierta y me causa agonía.”

Las estigmas de Cristo

Sin duda alguna lo que ha hecho famoso al Padre Pío es el fenómeno de los estigmas: las cinco llagas de Cristo crucificado que llevó en su cuerpo visiblemente durante 50 años. Un poco más de un mes después de haber recibido el traspaso del corazón, el Padre Pío recibe las señas, ahora visibles, de la Pasión de Cristo.

El Padre describe este fenómeno y gracia espiritual a su director por obediencia: “Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa y sentí poco a poco que me elevaba a una oración siempre más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado.Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”.

Los estigmas del Padre Pío eran heridas profundas en el centro de las manos, de los pies y el costado izquierdo. Tenía manos y pies literalmente traspasados y le salía sangre viva de ambos lados, haciendo del Padre Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (San Francisco Asís no era sacerdote).

El provincial de los Capuchinos de Foggia invitó al Profesor Romanelli, médico y director de un prestigioso hospital, para que estudiara el caso y diera su parecer. El Doctor Romanelli no tuvo la menor duda del carácter sobrenatural del fenómeno. Poco después la Curia Generalicia de los Capuchinos en Roma envió a San Gionanni Rotondo a otro especialista, el profesor Jorge Festa. Sus conclusiones fueron que “los estigmas del Padre Pío tenían un origen que los conocimientos científicos estaban muy lejos de explicar. La razón de su existencia está mas allá de la ciencia humana”.

La noticia de que el Padre Pío tenía los estigmas se extendió rápidamente. Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verle, besarle sus manos, confesarse con él y asistir a sus Misas.

La palabra ESTIGMA viene del griego y significa “marca” o “señal en el cuerpo”, y era el resultado del sello de un hierro candente con el cual marcaban a los esclavos. En sentido médico, estigma quiere decir una mancha enrojecida sobre la piel, que es causada porque la sangre sale de los vasos por una fuerte influencia nerviosa, pero nunca llega a ser perforación. En cambio los estigmas que han tenido los místicos son lesiones reales de la piel y de los tejidos, llagas verdaderas como, en este caso, las han descrito los doctores Romanelli y Festa.

La Santa Sede interviene en las investigaciones

Después de minuciosas investigaciones, la Santa Sede quiso intervenir directamente. En aquel entonces era una gran celebridad en materia de psicología experimental, el Padre Agustín Gimelli, franciscano, doctor en medicina, fundador de la Universidad Católica de Milán y gran amigo del Papa Pío XI.

El Padre Gimelli fue a visitar al Padre Pío, pero como no llevaba permiso escrito para examinar sus llagas, este rehúso a mostrárselas. El Padre Gimelli se fue de San Giovanni con la idea de que los estigmas eran falsos, de naturaleza neurótica y publicó su pensamiento en un artículo publicado en una revista muy popular. El Santo Oficio se valió de la opinión de este gran psicólogo e hizo público un decreto el cual declaraba la poca constancia en la sobrenaturalidad de los hechos.

Primera gran prueba. Diez años de aislamiento

En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, prohibiendo las visitas al Padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Como consecuencia, el Padre Pío pasó 10 años -de 1923 a 1933- aislado completamente del mundo exterior, entre la paredes de su celda. Durante estos años no solo sufría los dolores de la Pasión del Señor en su cuerpo, también sentía en su alma el dolor del aislamiento y el peso de la sospecha. Su humildad, obediencia y caridad no se desmintieron nunca.

El Sacrificio de la Misa

El Padre Pío se levantaba todas la mañanas a las tres y media y rezaba el oficio de las lecturas. Fue un sacerdote orante y amante de la oración. Solía repetir: “La oración es el pan y la vida del alma; es el respiro del corazón, no quiero ser más que esto, un fraile que ama”. Celebraba la Santa Misa en las mañanas acompañado de dos religiosos. Todos querían verlo y hasta tocarlo, pero su presencia inspiraba tanto respeto que nadie se atrevía a moverse en lo más mínimo. La Misa duraba casi dos horas y todos los presentes se sumergían de forma particular en el misterio del sacrificio de Cristo, multitudes se volcaban apretadas alrededor del altar deteniendo la respiración.

Aunque no existe diferencia esencial en la celebración de la Santa Misa de cualquier otro sacerdote, porque el sacerdote y la víctima es siempre Cristo, con el Padre Pío la imagen del Salvador -traspasado en sus manos, pies y costado- era más transparente.

El Padre Pío vive la Santa Misa, sufriendo los dolores del Crucificado y dando profundo sentido a las oraciones litúrgicas de la Iglesia. En los anales de la Iglesia, Padre Pío es el primer sacerdote estigmatizado; el fue esencialmente sacerdote, y su santidad fue esencialmente sacerdotal.

Toda su vida giraba alrededor de esta realidad en la cual prestaba su boca a Cristo, sus manos y sus ojos. Cuando decía: "Esto es mi Cuerpo...Esta es mi Sangre", su rostro se transfiguraba. Olas de emoción lo sacudían, todo su cuerpo se proyectaba en una muda imploración. “La Misa”, dijo una vez a un hijo espiritual, “es Cristo en al Cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”. Mientras el Padre celebraba el Santo Sacrificio, el tiempo parecía detenerse.

Una vez se le preguntó al Padre cómo podía pasar tanto tiempo de pie en sus llagas durante toda la Santa Misa, a lo que él respondió: “Hija mía, durante la Misa no estoy de pie: estoy suspendido con Jesús en la cruz”.

El Padre amaba a Jesús con tanta fuerza, que experimentaba en su propio cuerpo una verdadera hambre y sed de Él. “Tengo tal hambre y sed antes de recibir a Jesús, que falta poco para que muera de la angustia. Y precisamente, porque no puedo estar sin unirme a Jesús, muchas veces, aun con fiebre, me veo obligado a ir a alimentarme de su cuerpo”... “El mundo, solía decir el Padre Pío, puede subsistir sin el sol, pero nunca sin la Misa”.

En una ocasión se le preguntó si la Santísima Virgen María estaba presente durante la Santa Misa, a lo cual él respondió: “Sí, ella se pone a un lado, pero yo la puedo ver, qué alegría. Ella está siempre presente. ¿Como podría ser que la Madre de Jesús, presente en el Calvario al pie de la cruz, que ofreció a su Hijo como víctima por la salvación de nuestras almas, no esté presente en el calvario místico del altar?”.


Mártir del Sacramento de la Misericordia
Quien participara en la celebración Eucarística del Padre Pío no podía quedar tranquilo en su pecado. Después de la Santa Misa, el Padre Pío se sentaba en el confesionario por largas horas, dándole preferencia a los hombres, pues él decía que eran los que más necesitaban de la confesión. Al ser tantos los que acudían a la confesión, fue necesario establecer un orden, y confesarse con el Padre Pío podía tomarse fácilmente tres o cuatro días de espera.

Son muchos los impresionantes testimonios y las emotivas conversiones generadas a través de las Confesiones con el Padre Pío. Severo con los curiosos, hipócritas y mentirosos, y amoroso y compasivo con los verdaderamente arrepentidos. Uno de los dones que más impresionaba a la gente era que podía leer los corazones. Una vez se le preguntó al Padre por qué echaba a los penitentes del confesionario sin darles la absolución, a lo que él respondió: “Los echo, pero los acompaño con la oración y el sufrimiento, y regresarán”. El enojo era solamente superficial.

A un hermano le explicó una vez: “Hijo mío, sólo en lo exterior he asumido una forma distinta. Lo interior no se ha movido para nada. Si no lo hago así, no se convierten a Dios. Es mejor ser reprochado por un hombre en este mundo, que ser reprochado por Dios en el otro”. Un ejemplo de ello sucedió un día en que el Padre se encontró con un joven que lloraba sin importarle el gentío que lo rodeaba.

El Padre se le acercó y le preguntó el porqué de su llanto. El muchacho respondió que “lloraba, porque no le había dado la absolución”. Padre Pío lo consoló con ternura diciendo: “Hijo, ves, la absolución no es que te la he negado para mandarte al infierno sino al Paraíso”.

El apostolado de la alegría

El Padre Pío era un hombre muy duro contra todo tipo de pecado, pero tierno, jovial y amante de la vida. Era un conversador brillante, con la astucia para mantener en suspenso a sus oyentes. Le gustaban mucho los chistes, y en su repertorio, no faltaban los que se referían a los soldados, políticos y religiosos. De la boca del Padre Pío, el chiste y la anécdota no eran solo sano humorismo y simple distracción, sino también una especie de apostolado: el apostolado de la alegría y el buen humor.

Una tarde calurosa, en que paseaba, como frecuentaba hacer con sus hermanos e hijos espirituales, les contó esta anécdota: “Una vez entró de monje un joven juglar que no conseguía cantar los salmos ni rezar las oraciones con los hermanos, pero en cuanto el coro quedaba vacío, se acercaba a la estatua de la Santísima Virgen y le hacía piruetas para congraciarse con ella y con el Niño Jesús. Una vez lo vio el fraile sacristán y avisó al Abad. Este después de haberlo observado un rato, se maravilló de ver que la estatua de la Virgen tomó vida. María sonreía y el Niño Jesús aplaudía con sus manitas. Cada uno de nosotros, decía el Padre, hace de bufón en el puesto que Dios le ha asignado. El fraile más ignorante, ofrecía a la Reina del Cielo lo único que sabía hacer, y Ella lo aceptaba con gusto”.

Auxilio seguro

A muchos que acudían a él para pedir su intercesión en momentos de necesidad, el Padre no faltaba en darles una mano con su oración. En una ocasión contaba un monseñor que a un campesino conocido de él, al cual le vino un fuerte y repentino dolor de muelas una noche, en su desesperación por sentirse que el Padre no había escuchado su súplica de intercesión, tomó un zapato y lo arrojó contra el cuadrito en el que estaba la foto del Padre. Pasado el tiempo y habiendo olvidado el gesto irreverente, fue a confesarse con el Padre, el cual le replicó en el confesionario: “Y todavía tienes el coraje, después del zapatazo que me distes en la cara...”.
Sanación milagrosa

Una de las sanaciones más conocidas del Padre Pío fue la de una niña llamada Gema, que había nacido sin pupilas en los ojos. La abuelita de ésta la llevó a San Giovanni Rotondo con la esperanza de que el Señor obrara un milagro a través de la intercesión del Padre. El Padre la bendijo e hizo la señal de la cruz sobre sus ojos. La niña recuperó la vista, aunque el milagro no terminó allí. Gema vio desde ese momento, sin nunca tener pupilas. Ya de adulta, Gema entró en la Vida Religiosa.

El Padre y los niños

El Padre tenía también un gran amor por los niños. Cuando se le pedía la intercesión por el nacimiento de algún bebé que viniese con problemas, o por algún niño que estuviese enfermo, intercedía hasta conseguir la gracia. Un canciller a cuya esposa se le aproximaba el parto que se presentaba lleno de dificultades, fue a consultar con el Padre y a pedir sus oraciones. “Vete tranquilo, le dijo el Padre, y nada de operaciones”. En el momento del parto la situación se complicó y los médicos le dijeron que si no operaban enseguida temían por la vida, tanto de la madre como del bebé. El canciller desesperado se fue al cuarto que estaba al lado donde había una fotografía del Padre Pío en la pared y delante de ella comenzó a insultarlo y a decirle palabrotas. No había terminado de desahogarse cuando escuchó el llanto de un bebé. Salió corriendo hacia el cuarto de su esposa y encontró un hermoso varoncito nacido “sin operaciones”, para sorpresa de los médicos.

Después de algunos días, el canciller fue a San Giovanni a confesarse y a darle las gracias al Padre, el cual le respondió: “Está bien, pero todas las palabrotas y los insultos que dijiste delante de mi fotografía, no tienes que decirlos más”. En otra ocasión, un niño de San Giovanni Rotondo que estaba gravemente enfermo y el cual se esperaba que podía morir en cualquier momento, se echó a reír y recuperó la salud de forma casi instantánea. La madre le preguntó que qué sentía y el niño le respondió: “Mamá, Padre Pío me hizo cosquillas en el pie”. El Padre le había hecho cosquillas en el pie y se sanó.

Hijos espirituales

El Padre Pío tenía entre aquellos que se lo solicitaban, un grupo de hijos espirituales a quienes prometía asistir con sus oraciones y cuidados a cambio de llevar una vida fervorosa de oración, virtud y obras de caridad. Entre este grupo de devotos hay un sinnúmero de anécdotas en las que el cuidado real y oportuno del Padre se manifestó de forma extraordinaria. Entre estas anécdotas está la de un joven cuya madre lo llevaba a donde el Padre desde que este era muy pequeño y un día, saliendo del convento para tomar el autobús de regreso a casa, un coche lo atropelló por la espalda haciendolo volar por los aires. Mientras este volaba sobre el coche, viendo la imagen de la Virgencita del convento al revés, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Solo logró gritar: “Virgencita mía, ayúdame”. Lo llevaron de inmediato al hospital y todos los exámenes mostraban que todo estaba en orden, aunque no se explicaban de dónde provenía la sangre que había en su camisa. En cuanto este pudo salió corriendo hacia el convento para darle las gracias al Padre que estaba rezando en el coro. “No me des las gracias a mí, le respondió el Padre, dáselas a la Virgen, fue Ella”. Después de mirarlo con los ojos llenos de amor y con una gran sonrisa en los labios, le dijo: “Hijo mío, no te puedo dejar solo ni un minuto...”

Llamado a la Co-redención

La vida del Padre Pío está tan llena de acontecimientos extraordinarios que es necesario buscar las causas de ellos en su vida íntima. Quien es llamado a servir en la misión redentora de Jesucristo tiene que sufrir mucho moral y físicamente. Estos sufrimientos lo purifican y encienden cada vez más del amor de Dios. En una carta escrita por el Padre en 1913 decía: “El Señor me hace ver como en un espejo, que toda mi vida será un martirio”. Desde que ingresó a la vida religiosa hasta que recibió los estigmas, la vida del Padre Pío fue un vía crucis. En 1912 escribe: “Sufro, sufro mucho pero no deseo para nada que mi cruz sea aliviada, porque sufrir con Jesús es muy agradable”. A una hija espiritual le dijo un día: “El sufrimiento es mi pan de cada día. Sufro cuando no sufro. Las cruces son las joyas del Esposo, y de ellas soy celoso. ¡Ay de aquel que quiera meterse entre las cruces y yo!”.

Su proyecto más grande en la tierra

La tarde del 9 de enero de 1940, el Padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales y les propuso un proyecto al cual él mismo se refirió como “su obra más grande aquí en la tierra”: la fundación de un hospital que habría de llamarse “Casa Alivio del Sufrimiento”. El Padre sacó una moneda de oro de su bolsillo que había recibido en una ocasión como regalo y dijo: “Esta es la primera piedra”. El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del Papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar al enfermo tanto espiritual como físicamente: la fe y la ciencia, la mística y la medicina, todos de acuerdo para auxiliar la persona entera del enfermo: cuerpo y alma.

Grupos de Oración

Lo que le falta a la humanidad, repetía con frecuencia, es la oración”. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los “Grupos de Oración del Padre Pío”. Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1.400 grupos con más de 150.000 miembros. “Yo invito a las almas a orar y esto ciertamente fastidia a Satanás. Siempre recomiendo a los Grupos la vida cristiana, las buenas obras y, especialmente, la obediencia a la Santa Iglesia”.

Segunda prueba y persecución

La envidia humana se echó encima de la obra del Padre Pío. Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la “Casa Alivio del Sufrimiento”. Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él. El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: “Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre”.

50 años de dolor y sangre

El viernes 20 de septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor. Fue grande la celebración en San Giovanni. El Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural.

El paso a la vida eterna

Tres días después, murmurando por largas horas “¡Jesús, María!”, muere el Padre Pío, el 23 de septiembre de 1968. Los que estaban presentes quedaron largo tiempo en silencio y en oración. Después estalló un largo e irrefrenable llanto. Los funerales del Padre Pío fueron impresionantes. Se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes pasaran a despedirlo. Se calcula que más de 100 mil personas participaron del entierro.

Una promesa de amor

Un día se le preguntó al Padre: “¿Jesús le mostró los lugares de sus hijos espirituales en el paraíso?”. “Claro, un lugar para todos los hijos que Dios me confiará hasta el fin del mundo, si son constantes en el camino que lleva al cielo. Es la promesa que Dios hizo a este miserable”. “Y en el paraíso, ¿estaremos cerca de usted?”. “Ah tontita, ¿y qué paraíso sería para mí si no tuviera cerca de mí a todos mis hijos?”. “Pero yo le tengo miedo a la muerte”. “El amor excluye el temor. La llamamos muerte, pero en realidad es el inicio de la verdadera vida. Y luego, si yo les asisto durante la vida, ¡cuánto más los ayudaré en la batalla decisiva!”.

Proceso de la Causa del Padre Pío

Muchas han sido las sanaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.
Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II lo pronunció venerable. Este paso, aunque no tan ceremonioso como la beatificación, es ciertamente la parte más importante del proceso. El venerable Padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la Misa de beatificación, que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber sin ser estos lugares suficiente. Millones además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

Un gran Santo para la Iglesia de hoy

El día 16 de junio del 2002, su Santidad Juan Pablo II canonizará al Beato Padre Pío, quien desde ese momento pasará a ser el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.

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Homilía de S.S. Juan Pablo II en la beatificación del Padre Pío
Domingo 2 de mayo de 1999

Imagen de Cristo Doliente y Resucitado

1. "¡Cantad al Señor un cántico nuevo!" La invitación de la antífona de entrada expresa la alegría de tantos fieles que esperan desde hace tiempo la elevación a la gloria de los altares del Padre Pío de Pietrelcina. Este humilde fraile capuchino ha asombrado al mundo con su vida dedicada totalmente a la oración y a la escucha de sus hermanos.

Innumerables personas fueron a visitarlo al convento de San Giovanni Rotondo, y esas peregrinaciones no han cesado, incluso después de su muerte. Cuando yo era estudiante, aquí en Roma, tuve ocasión de conocerlo personalmente, y doy gracias a Dios que me concede hoy la posibilidad de incluírlo en el catálogo de los beatos.

Recorramos esta mañana los rasgos principales de su experiencia espiritual, guiados por la liturgia de este V domingo de Pascua, en el cual tiene lugar el rito de su beatificación.

2. "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi" (Jn 14, 1). En la página evangélico que acabamos de proclamar hemos escuchado estas palabras de Jesús a sus discípulos, que tenían necesidad de aliento. En efecto, la mención de su próxima partida los había desalentado. Temían ser abandonados y quedarse solos, pero el Señor los consuela con una promesa concreta: "Me voy a preparaos sitio" y después "volveré y os llevare conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros" (Jn 14, 2-3).

En nombre de los Apóstoles replica a ésta afirmación Tomás: "Señor, no sabemos a donde vas. ¿Cómo podremos saber el camino?" (Jn 14, 5). La observación es oportuna y Jesús capta la petición que lleva implícita. La respuesta que da permanecerá a lo largo de los siglos como luz límpida para las generaciones futuras. "Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mi." (Jn 14, 6).

El "sitio" que Jesús va a preparar esta en "la casa del Padre"; el discípulo podrá estar allí eternamente con el Maestro y participar de su misma alegría. Sin embargo, para alcanzar esa meta solo hay un camino: Cristo, al cual el discípulo ha de ir conformándose progresivamente. La santidad consiste precisamente en esto: ya no es el cristiano el que vive, sino que Cristo mismo vive en él (Cf. Gal. 2, 20) horizonte atractivo, que va acompañado de una promesa igualmente consoladora: "El que cree en mi, también hará las obras que yo hago, e incluso mayores. Porque yo me voy al Padre" (Jn 14, 12).

3. Escuchamos estas palabras de Cristo y nuestro pensamiento se dirige al humilde fraile capuchino del Gargano. ¡Con cuanta claridad se han cumplido en el Beato Pío de Pietrelcina!

"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios...". La vida de este humilde hijo de San Francisco fue un constante ejercicio de fe, corroborado por la esperanza del cielo, donde podía estar con Cristo. "Me voy a prepararos un sitio (...) Para que donde estoy yo estéis también vosotros". ¿Qué otro objetivo tuvo la durísima ascesis a la que se sometió el Padre Pío desde su juventud, sino la progresiva identificación con el divino Maestro, para estar "donde esta él"?

Quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse, descubría en el una imágen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del Padre Pío resplandecía la luz de la resurrección. Su cuerpo, marcado por las "estigmas" mostraba la íntima conexión entre la muerte y la resurrección que caracteriza el misterio pascual. Para el Beato de Pietrelcina la participación en la Pasión tuvo notas de especial intensidad: los dones singulares que le fueron concedidos y los consiguientes sufrimientos interiores y místicos le permitieron vivir una experiencia plena y constante de los padecimientos del Señor, convencido firmemente de que "el Calvario es el monte de los santos."

4. No menos dolorosas, y humanamente tal vez aún más duras, fueron las pruebas que tuvo que soportar, por decirlo así, como consecuencia de sus singulares carismas. Como testimonia la historia de la santidad, Dios permite que el elegido sea a veces objeto de incomprensiones. Cuando esto acontece, la obediencia es para el un crisol de purificación, un camino de progresiva identificación con Cristo y un fortalecimiento de la auténtica santidad. A este respecto, el nuevo beato escribía a uno de sus superiores: "Actúo solamente para obedecerle, pues Dios me ha hecho entender lo que más le agrada a El, que para mi es el único medio de esperar la salvación y cantar victoria." (Epist. I. p. 807).

Cuando sobre el se abatió la "tempestad", tomo como regla de su existencia la exhortación de la primera carta de San Pedro, que acabamos de escuchar: Acercaos a Cristo, la piedra viva (Cf. 1 P 2, 4). De este modo, también el se hizo "piedra viva" para la construcción del edificio espiritual que es la Iglesia. Y por esto hoy damos gracias al Señor.

5. "También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu. (1 P 2, 5). ¡Qué oportunas resultan estas palabras si las aplicamos a la extraordinaria experiencia eclesial surgida en torno al nuevo beato! Muchos, encontrándose directa o indirectamente con el, han recuperado la fe; siguiendo su ejemplo, se han multiplicado en todas las partes del mundo los "grupos de oración". A quienes acudían a el les proponía la santidad, diciéndoles: "Parece que Jesús no tiene otra preocupación que santificar vuestra alma." (Epist. II, p. 153).

Si la providencia divina quiso que realizase su apostolado sin salir nunca de su convento, casi "plantado" al pie de la cruz, esto tiene un significado. Un día, en un momento de gran prueba, el Maestro Divino lo consoló, diciéndole que "junto a la cruz se aprende a amar." (Epist. I, p. 339).

Sí, la cruz de Cristo es la insigne escuela del amor; mas aún, el "manantial" mismo del amor. El amor de este fiel discípulo, purificado por el dolor, atraía los corazones a Cristo y a su exigente evangelio de salvación.

6. Al mismo tiempo, su caridad se derramaba como bálsamo sobre las debilidades y sufrimientos de sus hermanos. El padre Pío, además de su celo por las almas, se intereso por el dolor humano, promoviendo en San Giovanni Rotondo un hospital, al que llamo "Casa de alivio del sufrimiento". Trato de que fuera un hospital de primer rango, pero sobre todo se preocupo de que en el se practicara una medicina verdaderamente "humanizada", en la que la relación con el enfermo estuviera marcada por la más solicita atención y la acogida mas cordial. Sabía bien que quien está enfermo y sufre no sólo necesita una correcta aplicación de los medios terapéuticos, sino también y sobre todo un clima humano y espiritual que le permita encontrarse a si mismo en la experiencia del amor de Dios y de la ternura de sus hermanos.

Con la "Casa del alivio del sufrimiento" quiso mostrar que los "milagros ordinarios" de Dios pasan a través de nuestra caridad. Es necesario estar disponibles para compartir y para servir generosamente a nuestros hermanos, sirviéndonos de todos los recursos de la ciencia medica y de la técnica.

7. El eco que esta beatificación ha suscitado en Italia y en el mundo es un signo de que la fama del Padre Pío, hijo de Italia y de San Francisco de Asís, ha alcanzado un horizonte que abarca todos los continentes. A todos los que han venido, de cerca o de lejos, y en especial a los padres capuchinos, les dirijo un afectuoso saludo. A todos, gracias de corazón.

8. Quisiera concluir con las palabras del Evangelio proclamado en esta misa: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios". Esa exhortación de Cristo la recogió el nuevo beato, que solía repetir: "Abandonaos plenamente en el Corazón Divino de Cristo, como un niño en los brazos de su madre". Que esta invitación penetre también en nuestro espíritu como fuente de paz, de serenidad y de alegría. ¿Por qué tener miedo, si Cristo es para nosotros el camino, la verdad, y la vida? ¿Por qué no fiarse de Dios que es Padre, nuestro Padre?

"Santa María de las gracias", a la que el humilde capuchino de Pietrelcina invocó con constante y tierna devoción, nos ayude a tener los ojos fijos en Dios. Que ella nos lleve de la mano y nos impulse a buscar con tesón la caridad sobrenatural que brota del Costado Abierto del Crucificado.

Y tú, Beato Padre Pío, dirige desde el cielo tu mirada hacia nosotros, reunidos en esta plaza, y a cuantos están congregados en la plaza de San Juan de Letrán y en San Giovanni Rotondo. Intercede por aquellos que, en todo el mundo, se unen espiritualmente a esta celebración, elevando a ti sus súplicas. Ven en ayuda de cada uno y concede la paz y el consuelo a todos los corazones. Amén.

L´Osservatore Romano, 7 de mayo de 1999.

Para mas información: Convento PP. Capuchinos; "N. Sra. de las Gracias" 71013 - S. Giovanni Rotondo (Foggia) Italia.

Oración y caridad: síntesis de su testimonio

Homilía de Juan Pablo II en la canonización del Padre Pío
CIUDAD DEL VATICANO, 16 junio 2002


1. «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mateo 11, 30).

Las palabras de Jesús a los discípulos, que acabamos de escuchar, nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta celebración. Podemos, de hecho, considerarlas en un cierto sentido como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.

La imagen evangélica del «yugo» evoca las muchas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán dulce es el «yugo» de Cristo y cuán ligera es su carga, cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se adentra en perspectivas de un bien más grande, solamente conocido por el Señor.

2. «En cuanto a mí... ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gálatas 6, 14).

¿No es quizá precisamente la «gloria de la Cruz» la que más resplandece en el padre Pío? ¡Qué actual es la espiritualidad de la Cruz vivida por el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza. En toda su existencia, buscó siempre una mayor conformidad con el Crucificado, teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera peculiar con la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la Cruz, no se puede comprender su santidad.

En el plan de Dios, la Cruz constituye el auténtico instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino explícitamente propuesto por el Señor a cuantos quieren seguirle (Cf. Marcos 16, 24). Lo comprendió bien el santo fraile de Gargano, quien, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribía: «Para alcanzar nuestro último fin hay que seguir al divino Jefe, quien quiere llevar al alma elegida por un solo camino, el camino que él siguió, el de la abnegación y la Cruz» («Epistolario» II, p. 155).

3. «Yo soy el Señor que actúa con misericordia» (Jeremías 9, 23).

El padre Pío ha sido generoso dispensador de la misericordia divina, ofreciendo su disponibilidad a todos, a través de la acogida, la dirección espiritual, y especialmente a través de la administración del sacramento de la Penitencia. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos característicos de su apostolado, atraía innumerables muchedumbres de fieles al Convento de San Giovanni Rotondo. Incluso cuando el singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, éstos, una vez tomada conciencia de la gravedad del pecado, y sinceramente arrepentidos, casi siempre regresaban para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Que su ejemplo anime a los sacerdotes a cumplir con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante hoy, como he querido confirmar en la Carta a los Sacerdotes con motivo del pasado Jueves Santo.

4. «Tú eres, Señor, mi único bien».

Es lo que hemos cantado en el Salmo Responsorial. Con estas palabras, el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todo, a considerarlo como nuestro sumo y único bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual, se encuentra en esa íntima y constante unión con Dios que testimoniaban elocuentemente las largas horas transcurridas en oración. Le gustaba repetir: «Soy un pobre fraile que reza», convencido de que «la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios». Esta característica fundamental de su espiritualidad continua en los «Grupos de Oración» que él fundo, y que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. El padre Pío unía a la oración una intensa actividad caritativa de la que es expresión extraordinaria la «Casa de Alivio del Sufrimiento». Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos.

5. «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque... estas cosas... las has revelado a los pequeños» (Mateo 11, 25).

Qué apropiadas parecen estas palabras de Jesús, cuando se te aplican a ti, humilde y amado, padre Pío.

Enséñanos también a nosotros, te pedimos, la humildad del corazón para formar parte de los pequeños del Evangelio, a quienes el Padre les ha prometido revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a rezar sin cansarnos nunca, seguros de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Danos una mirada de fe capaz de capaz de reconocer con prontitud en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Apóyanos en la hora del combate y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria bienaventurada, donde esperamos llegar también nosotros para contemplar para siempre la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

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Profetizó a Karol Wojtyla que sería Papa

Según algunas fuentes que no hemos podido confirmar, cuando Karol Wojtyla era un sacerdote en su nativa Polonia, cada vez que visitaba a Italia viajaba a San Giovanni Rotondo para confesarse con el Padre Pío. En una de esas ocasiones, el Padre Pío pareció entrar en un breve trance y le dijo: "Vas a ser Papa".. y continuó: "También veo sangre... Vas a ser Papa y veo sangre".

El 13 de mayo de 1981, ocurrió el atentado contra aquel mismo sacerdote polaco, ahora S.S. Juan Pablo II. La sangre fue derramada. El mismo Papa canoniza al Padre Pío.

El mensaje del Padre Pío coincide con el mensaje de la tercera parte del secreto de Fátima aunque este era aun secreto cuando ocurrió la profecía.


PELICULA SOBRE LA VIDA DEL PADRE PIO DE PIETRELCINA
Cien Visitas al Santísimo Sacramento

Adoración y reparación a la presencia real y verdadera del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento del Altar

JHS no recibas la eucaristia en la mano krouillong karla rouillon cien visitas al santisimo sacramento reparacion adoracion eucaristica perpetua


1. Oh Jesús:
Te adoro como a mi Dios.
Te obedezco como a mi Señor.
Te amo como a mi Padre.
Te temo como a mi Juez.
Te pido como a mi Dador.
Te doy gracias como a mi Bienhechor.



2. Ojos de Jesús, miradme.
Labios de Jesús, habladme.
Oídos de Jesús, escuchadme.
Pies de Jesús, seguidme.
Manos de Jesús, llevadme.
Corazón de Jesús, acógeme e inflámame.



3. Oh Jesús:
Que yo sea puro como tu blanca Hostia.
Que yo sea humilde como tu pequeña Hostia.
Que yo sea obediente como tu manejable Hostia
Que yo haga el bien calladamente como tu benéfica Hostia.
Que yo viva escondido en el Sagrario como tu oculta Hostia.
Que yo me transforme en Ti como tu Sagrada Hostia.



4. Oh Jesús:
Que yo crea en Ti, pues eres la misma veracidad.
Que yo espere en Ti, pues eres la misma fidelidad.
Que yo me enamore de Ti, pues eres la misma bondad.
Que yo me admire de Ti, pues eres la misma beldad.
Que yo te tema a Ti, pues eres la misma equidad.
Que yo te respete a Ti, pues eres la misma majestad.



5. Oh Jesús:
Palabra del Padre, enséñame.
Pan del cielo, aliméntame.
Fuente de aguas vivas, refrigérame.
Luz celestial, alúmbrame.
Vía segura, llévame.
Puerta de paraíso, admíteme.



6. Oh Jesús:
Yo te amo porque no te aman.
Te consuelo porque te contristan.
Te alabo porque te blasfeman.
Te recuerdo porque te olvidan.
Te reconozco porque te ignoran.
Te visito y quiero recibirte porque de Ti se alejan.



7. Oh Jesús:
Yo quisiera ser las estrellas del firmamento para alumbrarte.
Yo quisiera ser las florecillas de los prados para adorarte.
Yo quisiera ser las avecillas de los cielos para ensalzarte.
Yo quisiera ser el espejo de los mares para abrazarte.
Yo quisiera ser la inmensidad del universo para contenerte.
Yo quisiera ser la alegría de los cielos para regocijarte.



8. Llamas del Corazón de Jesús, alumbradme.
Fuego del Corazón de Jesús, abrásame.
Espinas del Corazón de Jesús, penetradme.
Cruz del Corazón de Jesús, fortifícame.
Agua y sangre del Corazón de Jesús, purificadme y embriagadme.
Herida del Corazón de Jesús, recíbeme y custódiame.



9. Oh Jesús:
Tu sagrario me recuerda la cueva de Belén; ¡qué pobreza!
El taller de Nazaret; ¡qué humildad!
El cenáculo de Jerusalén; ¡qué caridad!
El calabozo de Caifás; ¡qué humillación!
El Pretorio de Pilato; ¡qué torturas!
El sepulcro del calvario; ¡qué anonadamiento!



10. Oh Jesús:
Estoy triste; consuélame.
Estoy enfermo; sáname.
Estoy hambriento; sáciame.
Estoy necesitado; remédiame.
Estoy caído; levántame.
He pecado; perdóname.



11. Amor del Corazón de Jesús, abrasa mi corazón.
Fortaleza del Corazón de Jesús, sostén mi corazón.
Misericordia del Corazón de Jesús, perdona a mi corazón.
Ciencia del Corazón de Jesús, enseña a mi corazón.
Celo del Corazón de Jesús, devora mi corazón.
Voluntad del Corazón de Jesús, dispón de mi corazón.



12. Oh Jesús, tú nos invitas a este sagrado banquete:
Para hablar con nosotros, que yo te escuche.
Para unirte con nosotros, que yo te ame.
Para unirnos unos con otros que yo sea caritativo.
Para consolarnos; sé mi alegría.
Para curarnos; sé mi medicina.
Para alimentarnos; sé mi pan de cada día.



13. Oh Jesús, tu sagrario:
Es como un rincón: para cuántos estás arrinconado.
Es como un refugio: de cuántos eres perseguido y maltratado.
Es como una cárcel: cuántos te tratan como a un ladrón, malhechor o revolucionario.
Es como un lugar de burla: cuántos te miran como a un loco y anticuado.
Es como un patíbulo: cuántos te atormentan con blasfemias profanaciones, sacrilegios y toda clase de desacatos.
Es como un sepulcro: cuántos quisieran que fueses en el olvido sepultado.



14. Oh Jesús:
Aquí tienes mi cabeza para conocerte.
Aquí tienes mi lengua para ensalzarte.
Aquí tienes mis manos para servirte.
Aquí tienes mis rodillas para adorarte.
Aquí tienes mis pies para seguirte.
Aquí tienes mi corazón para amarte.



15. Oh Jesús, yo quisiera adornar tu sagrario:
Con todos los lirios de pureza.
Con todas las violetas de humildad.
Con todos los heliotropos de obediencia.
Con todas las rosas de caridad.
Con todos los crisantemos de penitencia.
Con todas las flores de santidad.



16. Oh Jesús, aquí estás de asiento en el sagrario:
Como quien espera: desde la eternidad estabas esperando este rato.
Como quien está cansado: así te sentaste un día junto al brocal de un pozo; el estar con nosotros es tu descanso.
Como quien enseña: así te sentabas sobre el monte de las Bienaventuranzas, o sobre la barca de Pedro; Tú sigues enseñándonos.
Como quien vela y acecha: velas por nosotros que somos tu heredad, y nos acechas porque quieres cazarnos con los dardos de tu amor.
Como quien gobierna: las grandes obras se hacen en el silencio; Tú riges el universo desde el sagrario.
Como quien reina: éste es el trono del amor; desde aquí reinas en miles de corazones por toda la tierra.



17. Oh Jesús, la pequeñez de tu Hostia me habla:
De tu pequeñez cuando viniste al mundo: te hiciste niño.
De tu pequeñez en tu familia: elegiste por padres unos pobres carpinteros.
De tu pequeñez en tu patria: tuviste por pueblo a Nazaret, de donde se decía no poder salir cosa buena, y te hiciste de nación judío la raza más ha sufrido de la tierra.
De tu pequeñez en tus relaciones sociales: tu circulo social eran los niños, los pobres y los enfermos. "Venid a Mí todos los que estáis cansados y cargados".
De tu pequeñez en tus apóstoles: eran unos pobres pescadores.
De tu pequeñez en tus pretensiones terrenas: huiste cuando quisieron nombrarte rey, y tu doctrina fue el sacrificio, la humillación, la pobreza.



18. Oh Jesús, aquí estás en el sagrario:
Olvidado: ¿quién se acuerda de los que pasan por la calle de que estás en el sagrario?
Despreciado: ¿quién estima la misa, la comunión y las visitas a Jesús Sacramentado?
Ultrajado: ¡cuántas blasfemias contra este sacramento de amor!
Perseguido: ¡cuántas irreverencias y profanaciones de iglesias y sagrarios!
Maltratado: ¡cuántos sacrilegios de los que como Judas se acercan al comulgatorio en grave pecado!
Amado: a cambio de todo esto yo te quiero amar con todo el corazón, en tu amor abrasado.



19. Memoria de Cristo, que yo te recuerde.
Entendimiento de Cristo, que yo te conozca.
Voluntad de Cristo, que yo te desee.
Pies de Cristo, que yo os busque.
Ojos de Cristo, que yo os encuentre.
Corazón de Cristo, que yo te ame siempre.



20. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia se formó:
Con granos de trigo escogidos: que yo me distinga por mi buena conducta.
De granos de trigo molidos: que yo sea mortificado.
De granos de trigo cernidos: que yo me libre de toda impureza.
De granos de trigo unidos: que yo me una al prójimo por la caridad.
De granos de trigo cocidos: que yo me abrase en el amor de Dios.
De granos de trigo hechos Cristo y cristíferos: que yo me asemeje a Cristo y procure que se le asemejen los demás.



21. Oh Jesús, tu sagrario:
Es la clínica donde curas las almas, ¡oh celestial Médico!
Es la escuela donde nos enseñas las más grandes virtudes, ¡oh divino Maestro!
Es la audiencia donde resuelves favorablemente nuestros litigios, ¡oh Juez misericordioso!
Es el despacho donde das gratuita y abundantemente tus gracias, ¡oh generoso Limosnero!
Es el templo donde intercedes por nosotros, ¡oh benigno Abogado!
Es el altar donde te ofreces por nosotros, víctima y sacerdote, ¡oh mansísimo Cordero!





22. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia, aunque pequeña, es como una circunferencia infinita; todos los arrepentidos caben en ella:
Los traidores, que como Judas te entregan por treinta monedas caben en ella.
Los cobardes, que como Pedro reniegan de Ti y te abandonan caben en ella.
Los soberbios y envidiosos que como Caifás te condenan, caben en ella.
Los impuros, que como Herodes se burlan de Ti y te tratan de loco, caben en ella.
Los ambiciosos, que como Pilato te llevan a los azotes, a las espinas y a la muerte de cruz caben en ella.
Los inconstantes, que como el pueblo Judío, engañados por falsos amigos, te dejan y maldicen caben en ella.



23. Oh Jesús, desde el sagrario pareces clamar como un día en la explanada del templo: "Si alguno tiene sed, que venga a Mí y beba". Yo te digo, como la Samaritana: "Dame de esa agua". Dame de ese agua dulcísima:
Para que me sacie, que estoy sediento de bien.
Para que riegue mi alma, que está árida y falta de virtudes.
Para que me lave, porque estoy manchado con muchos vicios.
Para que me ablande, porque estoy endurecido por muchos pecados.
Para que me refrigere, porque son muchas las pasiones y amores terrenos por los que estoy abrasado.
Para que me eleve como un surtidor a la vida eterna: "El agua que Yo le daré, vendrá a ser dentro de él un manantial, que saltará hasta la vida eterna".



24. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia me dice:
Que eres bueno como el pan: un trozo de pan es el símbolo de la bondad.
Que eres barato como el pan: el Dios de los humildes, el Pan de los pobres.
Que eres sabroso como el pan: nunca cansas, y más gustas cuanto más se te come.
Que eres nutritivo como el pan: das fuerzas para practicar la virtud y vencer las tentaciones.
Que eres blanco como el pan: eres la misma pureza, y castificas a quien te come.
Que eres corriente como el pan: de todos los tiempos, de todos los países, de todas las fortunas y de todas las complexiones.



25. Oh Jesús, aquí estás en el copón o en la custodia:
Como un día sobre el pesebre: llorando.
Como un día en el brocal de un pozo: cansado.
Como un día sobre la barca de Pedro: enseñando.
Como un día sobre una columna: burlado.
Como un día sobre la cruz: orando.
Como un día en el sepulcro: sacrificado.



26. Oh Jesús, tu permanencia en el sagrario es un efecto de tu puro amor:
Te marchabas al cielo, y quisiste dejarnos, como lo hacen los parientes y amigos, un recuerdo.
No nos dejaste como recuerdo un retrato, los manteles o la copa de la última cena, u otra cosa que Tú usases. Tú mismo te quedaste como recuerdo.
Te quedaste, no sólo en Roma o Jerusalén, que no podrían ir a verte los pobres y los enfermos, sino en todas las partes.
Te quedaste, no sólo un día al año durante algunas horas, sino todas las horas del día y todos los días del año.
Te quedaste, no como emperador, lleno de majestad, que pudiera retraernos, sino como humilde alimento, para unirte cuanto fuera posible a nosotros.
Te quedaste, no como un alimento escogido y caro, que no fuese para todas las fortunas y naturalezas, sino como pan de trigo, que es el más apto, humilde y barato de los alimentos.



27. Oh Jesús, a tu sagrario vienen las almas, en espíritu:
Como las abejas a una colmena: que dulce eres.
Como las palomas al palomar: que puro eres.
Como los enfermos al hospital: que bueno eres.
Como los perseguidos al refugio: que seguro eres.
6 Como los ignorantes al consejero: que prudente eres.
Como los desamparados a su valedor: que poderoso eres.



28. Oh Jesús, aquí estas en el sagrario:
Como un recuerdo: "Haced esto en memoria de Mí". "Todas las veces que comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor".
Como un alimento: "Tomad y comed". "Yo Soy el pan de vida, Yo soy el pan vivo que descendí del cielo; el que viene a Mí no tendrá hambre".
Como un compañero: "Estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos". "Mis delicias son estar con los hijos de los hombres".
Como una prenda de la gloria eterna: "Quien comiere de este pan, vivirá eternamente". "Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día".
Como un medio de unirnos contigo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre mora en Mí y Yo en él".
Como un medio de unirnos entre nosotros: los banquetes siempre unen. "Todos los que participamos del mismo pan, aunque muchos, venimos a ser un solo pan, un solo cuerpo".



29. Oh Jesús, cuando te veo expuesto, tu copón y custodia me parecen:
Como un estuche y Tú la perla: que yo te aprecie y que jamás te pierda.
Como una catedral, y Tú el maestro: que yo te escuche y me convierta.
Como un trono y Tú el rey: que yo te obedezca.
Como un ostensorio y mirador, y Tú el que te asomas y muestras: que yo te vea.
Como una atalaya, y Tú el observador: vela por mí, y jamás de vista me pierdas.
Como una barca, y Tú el timonel: entre tantas tempestades, que yo no perezca.



30. Oh Jesús, te quedaste en el sagrario:
Para acompañarnos noche y día, como noche y día estabas con tus apóstoles.
Para alimentarnos mejor que a los cinco mil hombres del desierto, entrando por la comunión en nuestras almas y cuerpos.
Para bendecirnos en nuestras iglesias, plazas y calles, en magnificas procesiones, como cuando recorrías las ciudades de Galilea y de Judea.
Para santificar y dar el parabién a los que se juntan por el enlace matrimonial o se consagran al culto divino por el sacerdocio, como lo hiciste en Cana y en el Cenáculo.
Para consolar a los enfermos yendo a sus mismas casas y entrando en sus íntimas habitaciones, como lo hiciste con la suegra de Pedro y con tantos enfermos.
Para dar fuerza y ser compañero de viaje del moribundo, en el último trecho del camino, que raya con la pavorosa eternidad.



31. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia:
Es horno que abrasa: ¿quién me ama tanto, quién piensa en mi noche y día como Jesús Sacramentado?
Es sol que ilumina: Jesús Sacramentado, es cifra de todas las virtudes y suma de todas las maravillas.
Es panal que endulza: que consuelo el que Jesucristo este con nosotros, es el fiel amigo, y el más poderoso de los amigos.
Es centro de la Iglesia: toda la liturgia y todo el culto gira entorno de la Eucaristía.
Es diadema que corona: la comunión que ciñe al alma con una guirnalda de rosas, con una diadema engastada con las perlas de todas las virtudes.
Es moneda de la gloria: quien comulga fervorosamente gana la vida eterna.



32. Oh Jesús, yo te veo en el sagrario:
Callando: ¡qué silencio!
Orando: ¡qué recogimiento!
Humillándote: ¡qué abajamiento!
Esperando: ¡qué aguante!
Obedeciendo: ¡qué rendimiento!
Entregándote: ¡qué dignación!



33. Oh Jesús, tu sagrario es una hoguera, y Tú el fuego:
Fuego que ilumina a los ciegos: "Yo soy la luz del mundo".
Fuego que calienta a los tibios: "He venido a traer fuego a la tierra y ¿qué quiero, sino que arda?".
Fuego que reanima a los muertos, como el sol a las plantas: "Yo soy la vida".
Fuego que alegra a los tristes, como la aurora a la mañana: "Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que ama el Señor". "Os traigo una nueva de gran gozo".
Fuego que da energía como la electricidad que mueve las grandes fábricas: "Sin Mí no podéis hacer nada".
Fuego que purifica a los manchados, como el fuego purifica en el crisol el oro: "Lo quiero, sé limpio".



34. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia me recuerda las palabras que el Sacerdote pronuncia cuando al comulgar nos dice: "He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo". Sí:
Tú eres blanco como el cordero, Cordero inmaculado y que haces inmaculados.
Tú eres manso como el cordero, de modo que ni una queja amarga brota de tus labios.
Tú eres humilde como el cordero: "Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón".
Tú eres amable como el cordero; como el cordero al pastor, Tú nos sigues de cerca.
Tú eres sabroso como el cordero: nos alimentas en el viaje de la vida, como el cordero que tomaron los israelitas a su salida de Egipto.
Tú eres propiciatorio como el cordero; te ofreces por nosotros en sacrificio y con tu sangre nos libras de una muerte peor que la de los primogénitos de los egipcios.



35. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia es un sol clarísimo, y yo soy un pobre planeta que giro en torno Tuyo:
Ilumíname con tus resplandores, como el sol ilumina la sierra.
Vivifícame con tus rayos, como el sol vivifica las plantas.
Fúndeme con tus ardores, como el sol derrite la cera.
Alégrame con tus claridades, como el sol alegra el día.
Purifícame con tus fulgores, como el sol purifica la sierra.
Hermoséame con tus luces como el sol hermosea la naturaleza entera.



36. Oh Jesús, ahí estas sobre el altar, en el Copón, en la Custodia:
Humilde como un día sobre el monte de las Bienaventuranzas: para enseñarnos la doctrina del cielo.
Transfigurado como un día sobre el Tabor: para llenarnos como a los apóstoles de consuelo.
Retirado como un día en Getsemaní: para orar por nosotros.
Expuesto como un día en el balcón del Pretorio: para que nos compadezcamos de Ti.
Sacrificado como un día sobre el Calvario: para ofrecerte por nosotros.
Glorioso como un día sobre el monte de la Ascensión: para bendecirnos y anunciarnos que nos esperas en el cielo.



37. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia:
Es pan sabroso que nos alimenta.
Dulce exquisito que nos regala.
Medicina celestial que nos cura y preserva.
Escudo que nos protege.
Lente de aumento que nos hace ver las cosas espirituales.
Faro esplendente que nos señala la senda del cielo.



38. Oh Jesús, ahí estás en el sagrario como en la cruz:
Muchos pasan indiferentes como si no existieras; no te hacen ningún caso.
Otros te blasfeman y burlan como el mal ladrón, los sacerdotes y los soldados.
Otros se acercan hasta Ti en el comulgatorio para darte hiel y atravesarte el costado.
Otros en cambio, te defienden como el buen ladrón, y piden tu recuerdo suplicantes.
Otros golpean arrepentidos su pecho, como el centurión al alejarse del Calvario.
Otros te miran llorosos y amantes, como San Juan, las piadosas mujeres y tu Madre.



39. Espinas de Cristo, coronadme.
Azotes de Cristo, llagadme.
Clavos de Cristo, sujetadme.
Hiel de Cristo, dulcifícame.
Cruz de Cristo, confórtame.
Sepulcro de Cristo, guárdame y resucítame.



40. Oh Jesús, yo quisiera ser:
Como un copón de oro para guardarte.
Como una custodia engastada para mostrarte.
Como una lámpara esplendorosa para alumbrarte, y como un ramillete de frescas rosas para adornarte.
Como un incensario inmenso para adorarte.
Como un órgano gigantesco para ensalzarte.
Como blanca harina de trigo para en ti transformarme.



41. Oh Jesús, ahí estas arriba en el Tabernáculo:
Para que te veamos como a lo más admirable; ¡qué hermoso eres!
Para que te imitemos como a lo más perfecto; ¡qué santo eres!
Para que te amemos como a lo más amable; ¡qué bueno eres!
Para que te escojamos como a lo más precioso; ¡qué rico eres!
Para que te veneremos como a lo más adorable; ¡qué inmenso eres!
Para que a Ti subamos como a lo más excelso; en tu cielo, ¡qué sublime eres!



42. Oh Jesús, Tú estás en el sagrario bien visible, diciéndonos: "Yo estoy con vosotros":
En nuestras tentaciones no estamos solos; Tú nos defiendes.
En nuestras desgracias no estamos solos, Tú nos compadeces.
En nuestros abandonos no estamos solos; Tú nos acompañas.
En nuestras humillaciones no estamos solos; Tú nos enalteces.
En nuestros trabajos no estamos solos; Tú nos ayudas.
En nuestra pobreza no estamos solos; Tú nos enriqueces.



43. Oh Jesús, ahí estas en el sagrario como en la cruz:
Perdonándonos. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Prometiéndonos el cielo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
Ofreciéndonos una Madre: "He ahí a tu Madre".
Deseando nuestra compañía: "Padre mío, Padre mío, ¿por qué me has abandonado?".
Mendigando nuestro amor: "Tengo sed", de corazones.
Haciendo cuanto puedes por nosotros: "Todo está consumado".



44. Oh Jesús, la puertecita de tu sagrario me recuerda que Tú dijiste un día: "Yo soy la puerta":
Sí, Tú eres la puerta del cielo.
Puerta bien visible: sólo no la ve el que no quiere verla.
Puerta sin salida: del cielo no se sale una vez que se entra.
Puerta siempre franca: por ella puede entrar y se invita a que entre todo el que quiera.
Puerta estrecha: como estrecha fue, oh Señor, la norma de tu vida y la norma de tus preceptos.
Puerta única: para entrar en el cielo no hay otra puerta.



45. Oh Jesús:
La Reina de Saba vino a visitar a Salomón; y nosotros no venimos a visitarte en el sagrario.
Los pastores vinieron a adorarte en la cueva de Belén; y nosotros no venimos a adorarte en el sagrario.
Los Reyes Magos vinieron desde lejanas tierras a ofrecerte sus dones; y nosotros no venimos a ofrecerte los nuestros en el sagrario.
Las turbas te buscaban para escucharte, hasta en el desierto, donde multiplicaste los panes; y nosotros no venimos a escucharte en el sagrario.
Los leprosos, los mudos, los sordos, los ciegos, los inválidos y toda clase de enfermos iban en busca tuya para que los curases; y nosotros no venimos para que nos cures en el sagrario.
Las piadosas mujeres vinieron al sepulcro para honrar con sus ungüentos y aromas tu cadáver, y nosotros no venimos a honrarte vivo en el sagrario.



46. Oh Jesús:
Yo quisiera ser como una mariposa que girase en torno de Ti: "Yo soy la Luz".
Yo quisiera ser como una abeja que libase sus dulzuras en Ti: Tú eres la "Flor de Jesé".
Yo quisiera ser como un ciervo que corriese sediento a Ti: Tú eres "Fuente de aguas vivas" y el que de Ti bebe no vuelve a tener más sed.
Yo quisiera ser como un ruiseñor que entonase sus endechas en honor a Ti: "Bendecid al Señor todas sus obras, alabadle y ensalzadle por todos los siglos".
Yo quisiera ser como un corderillo para estar siempre junto a Ti: "Yo soy el Buen Pastor y conozco mis ovejas, y mis ovejas me conocen a Mí".
Yo quisiera ser como un águila para subir y reposar dentro de Ti: "Un soldado abrió con la lanza su costado".



47. Oh Jesús, que pusiste como medianera entre Ti y los hombres a tu Madre y Madre nuestra, María Inmaculada:
Yo quisiera adorarte en esa Hostia bendita, como tu Madre te adorara en tu vida mortal y en tu Hostia sacrosanta. Madre, alcánzame esta gracia.
Oh Jesús, yo quisiera serte agradecido con el mismo reconocimiento que tu Madre lo fue cuando entono el Magnificat en acción de gracias. Madre, alcánzame esta gracia.
Oh Jesús, yo quisiera pedirte con la misma eficacia con que tu Madre te pidiera cuando obtuvo de Ti en las bodas de Caná el que convirtieses en vino el agua. Madre, alcánzame esta gracia.
Oh Jesús, yo quisiera servirte y rendirme a tu voluntad como tu Madre se rindió cuando dijo: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra". Madre, alcánzame esta gracia.
Oh Jesús, yo quisiera llevarte en mi pecho y en mi alma, con la misma pureza con que tu Madre te llevara. Madre, alcánzame esta gracia.
Oh Jesús, yo quisiera acompañarte siempre, aun hasta el Calvario, del mismo modo que tu Madre te acompañara. Madre, alcánzame esta gracia.



48. Oh Jesús, la blancura de tu blanca Hostia me recuerda:
La blancura de los pobres pañales con que recién nacido fuiste envuelto en Belén.
La blancura de tus vestidos en el monte Tabor, en la Transfiguración, ante tus apóstoles.
La blancura del vestido con que Herodes te vistió.
La blancura de los lienzos con que fuiste amortajado.
La blancura de tu alma. "Mi amado es blanco, escogido entre millares". San Juan te vio como Cordero "vestido de blanco".
Los que te siguen, oh Jesús mío, también tienen que vestir en su alma de blanco. "Hay algunos que no han manchado sus vestiduras y andarán conmigo vestidos de blanco". El que venciere será igualmente vestido de ropas blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida. Digamos con David: "Lávame, Señor, y quedaré mas blanco que la nieve".



49. Oh Jesús, heme aquí en tu presencia:
Como un pobre ante su limosnero; ampárame.
Como un enfermo ante su médico; cúrame.
Como un discípulo ante su maestro; enséñame.
Como una oveja extraviada ante su pastor; hállame.
Como un criado ante su señor; mándame.
Como un hijo ante su padre; cuídame.



50. Démonos a Jesús, que se nos ha dado:
Como niño en una cueva; hagámonos niños como Él.
Como trabajador en un taller; trabajemos como Él y por Él.
Como reo en una cruz; sacrifiquémonos por Él.
Como maestro en sus palabras; seamos sus buenos discípulos.
Como protector en sus milagros; démosle gracias por tantos beneficios.
Como alimento y compañero en el sagrario; vengamos a comulgar y a visitarle con fervor y cariño.



51. Oh Jesús, yo quisiera comprender y corresponder a ese amor con que me amas en el sagrario:
Amor eterno, con que me amaste cuando aun no existía.
Amor constante, a pesar de ser tan mal correspondido.
Amor desinteresado, sin que nada necesites de mí.
Amor delicado, hasta hacerte niño y quedarte con nosotros en el sagrario.
Amor sacrificado, hasta morir en una cruz.
Amor particular, como si yo solo existiera.



52. Jesús sigue definiéndose en el sagrario como se definía en vida:
Yo soy el Pan Vivo que descendí del cielo; aliméntame.
Yo soy la Luz del mundo; ilumíname.
Yo soy el Camino; guíame.
Yo soy el Buen Pastor; guárdame.
Yo soy Rey; mándame.
Yo soy la Resurrección y la Vida; sálvame.



53. Jesús habla a mi corazón en el sagrario y me dice las mismas palabras que en su vida me decía:
Palabras de compasión: "Venid a Mí todos los que estáis cansados y cargados, que Yo os aliviare".
Palabras de confianza: "Pedid y recibiréis. Todo lo que pidiereis en mi nombre os será dado".
Palabras de consuelo: "En verdad en verdad os digo que vosotros lloraréis y plañiréis mientras que el mundo se regocijará. Os contristaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo".
Palabras de amenaza: "No temáis a los que solo pueden matar el cuerpo, sino temed más bien a los que pueden condenar el cuerpo y el alma al infierno".
Palabras de aliento: "En el mundo tendréis grandes tribulaciones, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo".
Palabras de amor: "Como me amó a Mí el Padre, así os amo Yo a vosotros... No os llamaré siervos, sino amigos".



54. Jesús, que diste vista a tantos ciegos: que yo vea.
Jesús, que diste habla a tantos mudos: que yo hable bien y rece.
Jesús, que diste oído a tantos sordos: que yo obedezca y me conforme.
Jesús, que diste movimiento a tantos tullidos: que yo progrese.
Jesús, que limpiaste a tantos leprosos: que yo me purifique.
Jesús, que resucitaste a tantos muertos: que yo no muera por el pecado, y, si muero, que resucite.



55. Oh Jesús, Tú me miras desde el sagrario; Tú ves lo mismo mis virtudes que mis pecados. ¿Cómo me ves al mirarme?:
¿Me ves como a las turbas hambrientas del día de la multiplicación de los panes, cual oveja sin pastor?
¿Me ves como al joven del Evangelio, sin pecado mortal, pero sin ánimo para hacer lo que Dios quisiera de mí?
¿Me ves como a la Magdalena, a Pedro y al Buen Ladrón, pecador pero arrepentido?
¿Me ves como al mal ladrón, malo e impenitente?
¿Me ves como a Judas, pecador y desesperado?
¿Me ves como a San Juan junta a la Cruz, puro y fiel?



56. Oh Jesús:
Si dudo, aconséjame.
Si yerro, desengáñame.
Si me pierdo, encuéntrame.
Si caigo, levántame.
Si me desanimo, aliéntame.
El día en que muera. Llévame.



57. Oh Jesús, aquí tienes mi corazón:
Conviértelo en una lámpara para alumbrarte.
Conviértelo en un horno para calentarte.
Conviértelo en una joya para adornarte.
Conviértelo en una diadema para coronarte.
Conviértelo en un jardín para recrearte.
Conviértelo en un palacio para aposentarte.



58. Oh Jesús, enséñame desde el sagrario lo que es pecado:
Tú eres en el sagrario todo blancura, y el pecado es todo fealdad y miseria.
Tú eres en el sagrario todo dulzura, y el pecado es todo amargor, remordimiento y pena.
Tú eres en el sagrario todo humildad y sumisión, y el pecado es todo rebelión y desobediencia.
Tú eres en el sagrario todo salud y vida, y el pecado es todo corrupción y muerte eterna.
Tú eres en el sagrario todo bondad y generosidad, y el pecado es todo malicia y maleficencia.
Tú eres en el sagrario todo acercamiento y amor a Dios, y el pecado es todo alejamiento e indiferencia.



59. Oh Jesús:
Yo quisiera tener toda la sangre de los mártires para derramarla por Ti.
Yo quisiera tener toda la sabiduría de los doctores para conocerte a Ti.
Yo quisiera tener todas las penitencias de los anacoretas para soportarlas por Ti.
Yo quisiera tener todo el celo de los apóstoles para luchar por Ti.
Yo quisiera tener toda la pureza de las vírgenes para recrearte a Ti.
Yo quisiera tener todas las virtudes de todos los ángeles y santos para amarte y parecerme a Ti.



60. Paciencia de Jesús, sopórtame.
Pobreza de Jesús, enriquéceme.
Pureza de Jesús, hermoséame.
Obediencia de Jesús, enderézame.
Providencia de Jesús, cuídame.
Amor de Jesús, enardéceme.



61. Oh Jesús, cuando veo tus labios, envidio a la Samaritana, que los refrigeró dándoles a beber del cántaro de agua.
Oh Jesús, cuando veo tus manos, envidio a aquellos enfermos a quienes con ellas bendecías, tocabas y sanabas.
Oh Jesús, cuando veo tus brazos, envidio a los niños de Galilea, a quienes acogías y abrazabas.
Oh Jesús, cuando veo tus pies, envidio a la Magdalena, que se sentó junto a ellos, y los abrazaba y los regaba con sus lágrimas.
Oh Jesús, cuando veo tu costado abierto, envidio a San Juan que en la última cena tuvo sobre él la cabeza reclinada.
Oh Jesús, todo esto es verdad, pero debo pensar que, sin verte, tengo la misma suerte que ellos al recibir tu Hostia Sacrosanta.



62. Oh Jesús, yo quisiera acompañarte en el sagrario como en vida te acompañaba tu Madre:
Tu Madre fue humilde: "Miró Dios la pequeñez de su esclava"; que yo sea humilde como ella.
Tu Madre fue la Virgen de las vírgenes: "No conozco varón"; que yo sea puro como ella.
Tu Madre fue obediente a los planos divinos: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra"; que yo sea obediente como ella.
Tu Madre fue Reina de los mártires: "Estaba junto al pie de la cruz"; que yo sea paciente como ella.
Tu Madre fue agradecida a Dios: "Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se goza en Dios, mi Salvador"; que yo sea agradecido como ella.
Tu Madre estuvo enriquecida con el tesoro de las virtudes más excelsas: "Hizo en mí cosas grandes el Todopoderoso"; que yo sea santo como ella.



63. Oh Jesús, mi corazón es como un templo inmenso, que sin Ti se siente vacío:
Lo lleno de riquezas, y sigue pobre, pues el oro es polvo que se lleva el viento.
Lo lleno de placeres, y se siente hambriento, pues los deleites son flores, que a la mañana se abren y a la tarde se marchitan.
Lo lleno de honores y se siente solo, pues los aplausos son humo que ahora parecen algo, y al instante se disipan.
Lo lleno de amores humanos, y se siente abandonado, pues el corazón del hombre está amasado de egoísmos y de envidias.
Lo lleno de salud y lozanía, y se siente abatido, porque el vigor del hombre es como castillo de naipes, que el soplo de cualquier enfermedad lo derriba.
Lo lleno de diversiones y espectáculos, y se siente triste, porque los encantos humanos no son verdad, son sólo una comedia, una película.
Llena, oh Jesús, mi corazón contigo; entra en él, si no como en un gran santuario, al menos como en una humilde ermita.



64. Oh Jesús:
Cuando yo te llame, óyeme.
Cuando yo te ofenda, perdóname.
Cuando yo te deje, sígueme.
Cuando yo te olvide, recuérdame.
Cuando yo te pida, socórreme.
Cuando yo te sirva, anímame.



65. Oh Jesús:
Cuando yo esté para morir, y mis ojos vidriados y desencajados ya no vean, muéstrate.
Cuando mis oídos, cerrados a las voces de los hombres, ya no oigan, llámame.
Cuando mis labios, fríos y convulsos, ya no se muevan, recomiéndame.
Cuando mis manos, trémulas y entorpecidas, ya no empuñen, cógeme.
Cuando mis pies, perdido su movimiento, ya no anden, llévame.
Cuando mi corazón, débil y oprimido, ya no lata, oh Jesús, Jesús, Jesús, recíbeme.



66. Oh Jesús, el día que me juzgues ten presente este rato:
Es verdad que te ofendí con mis palabras muchas veces, pero ahora te alabo.
Es verdad que me alejé de Ti como un hijo pródigo, pero ahora me detengo ante tu sagrario.
Es verdad que soberbio no quise frecuentemente servirte, pero ahora me postro ante Ti sumiso y humillado.
Es verdad que te entristecí con mis locas alegrías, pero ahora lloro esos agravios.
Es verdad que te llevé a la muerte con mis culpas, pero ahora daría mil vidas por reparar mis pecados.
Es verdad que te abandoné y negué como Pedro, pero ahora te digo: "Señor, tú sabes que te amo".



67. Oh Jesús, tu Sagrada Hostia me parece la moneda con que quieres comprar mi alma. ¡Cuánto valdrá mi alma, pues das por ella un valor infinito!
Mi alma vale el cariño paternal de Dios; Dios creador es mi Padre, y yo soy su hijo.
Mi alma vale las ternuras, las lágrimas, los sollozos y los sufrimientos de Belén, por comprar mi alma se hizo Dios niño.
Mi alma vale las soledades, las amarguras, las hambres del destierro; por comprar mi alma fue Jesús a Egipto.
Mi alma vale los sudores, las plegarias, las privaciones de Nazaret; por comprar mi alma vivió Jesús treinta años en el olvido.
Mi alma vale las penitencias, las predicaciones, los milagros, toda la vida, pasión y muerte de Jesucristo; por comprar mi alma es imagen de Jesús el crucifijo.
Mi alma vale todas las gracias, mociones e inspiraciones del Espíritu Santo; gracias actuales, internas y externas, y sobre todo la gracia santificante con todo el séquito de las virtudes infusas y de los siete dones del Espíritu Santo.
Valiendo tanto mi alma, qué de extraño tiene el que para comprarla se dé en la Sagrada Hostia Jesús así mismo.



68. Oh Jesús, que hoy eres para mí todo amor; no seas para mí eterna ira. Que yo recuerde siempre tu misericordia, pero que no olvide nunca tu justicia:
Tú eres bueno, muy bueno, pero no eres manco; infinito es el brazo de tu misericordia, infinito es el brazo de tu justicia.
Tú eres bueno, muy bueno, pero Tú has dicho muchas veces que hay infierno, y Tú no dices mentira.
Tú eres bueno, muy bueno pero no favoreces la maldad, siendo indiferente para la virtud y el vicio, para el que cumple los mandamientos y para el que los quebranta y olvida.
Tú eres bueno, muy bueno, y por eso no admites en el cielo la podredumbre de los malos, ni permites que los hombres miserables se burlen de Dios y se rían.
Tú eres bueno, muy bueno, pero eso no extingue el infierno para los condenados, como no nos quitas la muerte, ni secas nuestras lágrimas, endulzas nuestras amarguras, y embotas nuestras espinas.
Tú eres bueno, muy bueno. Si eres bueno deberíamos amarte y no ofenderte, abusando ingratamente de tu infinita bondad.



69. Oh Jesús:
El fuego perenne de tu lámpara me recuerda el fuego eterno de tu amor para los que salvas, y para los que condenas el fuego inextinguible de tu justicia.
El fuego de tu amor, abrasando a los serafines, los premia; el fuego de tu justicia, abrasando a los condenados, los castiga.
El fuego de tu amor llena a los bienaventurados de alegrías sin tristezas; el fuego de tu justicia llena a los condenados de tristezas sin alegrías.
El fuego de tu amor muestra a los bienaventurados tu faz amorosa, el fuego de tu justicia muestra a los condenados tu faz negativa.
E1 fuego de tu amor me lleva a amarte; el fuego de tu justicia a temerte.
E1 fuego de tu amor me impulsa a obrar el bien, y me aparta del mal el fuego de tu justicia.



70. Oh Jesús, muéstrame los males del pecado, y anímame a no caer más en él:
He de morir, y sigo pecando.
He de ser juzgado, y sigo pecando.
Peligra mi cielo, y sigo pecando.
Me amenaza el infierno, y sigo pecando.
Me amas, y sigo pecando.
Te azoto y crucifico, y sigo pecando.




71. Oh Jesús, dame a conocer lo que vale mi alma, para que me devore el celo que a Ti te devoraba:
Salvar un alma es hacer una reina de una esclava.
Salvar un alma es sacar un alma del infierno y subirla a las celestiales moradas.
Salvar un alma es sacarle a Cristo un clavo, curarle una llaga.
Salvar un alma es sustituir en la corona de Cristo, una espina por una perla preciada.
Salvar un alma es recoger una gota de sangre de Cristo, de otra manera despreciada.
Salvar un alma es conquistar también el cielo para el que la salva. El que salva un alma, la suya salva.



72. Oh Jesús, varón de dolores, enséñame a sufrir y amar el dolor:
Enséñame que el dolor me aparta del pecado.
Enséñame que el dolor me purifica y hace mejor.
Enséñame que el dolor es fuente de merecimientos.
Enséñame que el dolor es señal del divino amor.
Enséñame que el amor me asemeja a ti mismo.
Enséñame que el dolor me despega de las criaturas, me empuja hacia el cielo y me une a Dios.



73. Oh Jesús paciente, hazme paciente en el padecer:
Cuando tenga hambre y sed, que me acuerde de Ti, que tuviste hambre en el desierto y en la cruz sed.
Cuando esté cansado, que me acuerde de Ti, que hubiste de sentarte fatigado junta al pozo de Siquem.
Cuando no pueda dormir, que me acuerde de Ti, que pasabas las noches en claro, y no tuviste una almohada para dormir.
Cuando me reprendan, injurien y persigan, que me acuerde de Ti, que fuiste reprendido con una bofetada, injuriado y perseguido hasta el fin.
Cuando me desprecien y abandonen, que me acuerde de Ti, que te viste tan solo y abandonado en medio de tantas angustias como hubiste de sufrir.
Cuando esté enfermo, llagado o dolorido, que me acuerde de Ti, que fuiste "Varón de dolores, sabedor de enfermedades", sin tener parte alguna sana de los pies a la cabeza, y todo esto por mí.



74. Oh Jesús, ¿cómo te pagaré cuanto por mí has hecho?
Te hiciste pobre para enriquecerme.
Te hiciste pequeño para ensalzarme.
Te hiciste débil para fortalecerme.
Te hiciste siervo para libertarme.
Te hiciste niño para atraerme.
Te hiciste hombre para divinizarme.



75. Ojos piadosos de Jesús, que mirasteis compasivos a los desgraciados y a los pecadores, que yo sea compasivo.
Ojos agradecidos de Jesús, que os elevasteis al cielo para dar gracias a vuestro Eterno Padre, que yo sea agradecido.
Ojos despiertos de Jesús, que para orar os pasabais las noches en vela, que yo ande siempre vigilante y apercibido.
Ojos llorosos de Jesús, que llorasteis sobre la ciudad deicida, que yo llore mis pecados.
Ojos vendados de Jesús, que fuisteis cubiertos en son de burla con un sucio trapo, que yo vende mis ojos para las malas lecturas y espectáculos.
Ojos moribundos de Jesús que os eclipsasteis con tinieblas de muerte, que se iluminen los míos el día del juicio con resplandores celestiales.



76. Oh Jesús, que lloraste sobre las pajas del pesebre y en el madero de la cruz, junto al sepulcro de Lázaro y ante las ruinas de Jerusalén, ¿cuántas veces habrás llorado por mi alma? Las lágrimas de tus ojos:
Son perlas que me adornan.
Son voces que me llaman.
Son quejas que me conmueven.
Son ascuas que me abrasan
Son lluvia que me fecunda.
Son ríos que me lavan.



77. Oh Jesús, que estás viéndome desde el sagrario:
Mírame con aquellos ojos de ternura, con que miraste al joven del Evangelio.
Mírame con aquellos ojos de misericordia, con que miraste a la multitud hambrienta y a los enfermos.
Mírame con aquellos ojos de afabilidad, con que miraste a la hemorroisa, a la viuda limosnera y a Zaqueo.
Mírame con aquellos ojos de perdón, con que miraste después de las tres negaciones a Pedro.
Mírame con aquellos ojos de amor, con que miraste desde la cruz a Juan y a Tu Madre, al hacer tu testamento.
Mírame con ojos benignos, no con aquellos ojos de angustia con que miraste a Judas, o con aquellos ojos de ira, con que miraste a los mercaderes del templo.



78. Oídos misericordiosos de Jesús, escuchadme:
Yo os digo como el hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo junto a la piscina de Betsaida: "No tengo hombre"; ayudadme.
Yo os digo como el padre del Joven poseso: "Creo, Señor, pero aumenta mi fe".
Yo os digo como las hermanas de Lázaro: "El que amas está enfermo", curadme.
Yo os digo como los discípulos de Emaús: "Quedaos con nosotros, que cae la tarde".
Yo os digo como el buen ladrón: "Acordaos de mí cuando estuviereis en vuestro reino".
Oídos pacientes de Jesús, que escucháis tantas blasfemias e injurias de los hombres, yo repito las mismas palabras que oí en la cruz de vuestros labios: "Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen".





79. Labios de Jesús, enseñadme.
Labios de Jesús, aconsejadme.
Labios de Jesús, consoladme.
Labios de Jesús, animadme.
Labios de Jesús, perdonadme.
Labios de Jesús, besadme.



80. Oh Jesús, me parece que te oigo decir como en la cruz: "Tengo sed".
Tengo sed de ser conocido.
Tengo sed de ser amado.
Tengo sed de ser recibido.
Tengo sed de ser visitado.
Tengo sed de ser correspondido.
Tengo sed de ser imitado.



81. Manos encallecidas de Jesús, enseñadme a trabajar.
Manos clavadas de Jesús, contenedme ante el peligro.
Manos benditas de Jesús, echadme vuestra bendición.
Manos misericordiosas de Jesús, curadme de todos mis vicios.
Manos omnipotentes de Jesús, ayudadme a obrar bien.
Manos perdonadoras de Jesús, perdonadme todos mis delitos.



82. Oh pies de Jesús Niño, que en Belén os entumecisteis de frío, que yo os caliente con mi amor.
Oh pies apostólicos de Jesús, que en busca de las almas os cansasteis por aquellos caminos, que yo os siga.
Oh pies peregrinos de Jesús, que tantas veces habéis esperado pacientes a la puerta de mi alma, que yo os abra.
Oh pies milagrosos de Jesús, que anduvisteis sin hundidos sobre las aguas, que yo no me sumerja en el vicio.
Oh pies benditos de Jesús, que la Magdalena abrazara, besara y ungiera con sus lágrimas, que yo llore todos mis delitos.
Oh pies clavados de Jesús, que estáis sujetos en la cruz, que yo me acerque, y, para no separarme de Vos, queden sujetos también en la cruz los míos.



83. Oh Jesús, al mirar mis ingratitudes, me parece que te oigo decir como un día a los judíos: "Decidme, ¿por cuál de mis buenas obras me queréis apedrear":
¿Por qué me ofendes con tus manos? ¿Por qué te hice ese gran beneficio para que te ganaras la vida, y no te dejé manco como a tantos desdichados?
¿Por qué me ofendes con tus pies? ¿Por qué te di la facultad de andar, y no te dejé cojo como a tantos inválidos?
¿Por qué me ofendes con tus ojos? ¿Por qué te di vista, y no te dejé ciego como a tantos que tienen sus ojos apagados?
¿Por qué me ofendes con tu boca? ¿Por qué te di habla y alimento, y no te deje mude y hambriento como a tantos mudos y necesitados?
¿Por qué me ofendes con tu pensamiento e imaginación? ¿Por qué te di el uso de la razón, y no te encerré en un manicomio como a tantos insensatos?
¿Por qué me ofendes con tu corazón? ¿Por qué te di entusiasmo y amor, y no te hice la vida como un lugar de tormentos y de trabajos forzados?



84. Oh Jesús, ¿qué te daré por cuanto tú me has dado?
¿Qué por tu ejemplo?
¿Qué por tu doctrina?
¿Qué por tu Madre?
¿Qué por tu vida?
¿Qué por tu Corazón?
¿Qué por tu Eucaristía?



85. Oh Jesús, por las impiedades de todas las lenguas irreligiosas, que confiese tu fe la mía.
Oh Jesús, por los insultos de todas las lenguas blasfemas, que cante tus glorias la mía.
Oh Jesús, por las altanerías de todas las lenguas soberbias, que se humille ante Ti la mía.
Oh Jesús, por las manchas de todas las lenguas impuras, que sea siempre casta la mía.
Oh Jesús, por los daños de todas las lenguas egoístas, que sea caritativa la mía.
Oh Jesús, por las faltas de todas las lenguas locuaces, que sepa callar la mía.



86. Oh Jesús, que un día curaste al enfermo de la mano seca, cura mis manos secas por el pecado:
Haz que sean manos puras, no manchadas con sucios pecados.
Haz que sean manos limosneras, y no empobrecidas con el dinero de un avaro.
Haz que sean manos caritativas, y no marcadas con injusticias y daños.
Haz que sean manos afanosas ennoblecidas por el trabajo.
Haz que sean manos suplicantes, que se levantan unidas al cielo y ante el Sagrario.
Haz que sean manos apostólicas, para escribir y propagar tu nombre sacrosanto, y semejantes a las tuyas sacerdotales, que bendecían, consagraban y perdonaban los pecados.



87. Oh Jesús, que un día dijiste: "Bienaventurados los que lloran":
Que mis ojos derramen lágrimas de contrición, para que se purifique mi alma.
Que derramen lágrimas de resignación, para que se alivie mi alma.
Que derramen lágrimas de compasión, para que se ablande mi alma.
Que derramen lágrimas de agradecimiento, para que se enardezca mi alma.
Que derramen lágrimas de alegría, para que se anime mi alma.
Que derramen lágrimas de amor, para que se enamore de Ti mi alma.



88. Oh Jesús, me parece que estás en el Sagrario como un día sobre el pesebre:
Que yo haga mullida la dureza de las pajas con la ternura de mi cariño y entusiasmo.
Que yo caliente el frío de tus miembros ateridos con el ardor de mi celo abrasado.
Que yo seque las lágrimas de tus ojos con el llanto doloroso de mis pecados.
Que yo alegre la soledad en que te abandonan, acompañándote como San José y tu Madre te acompañaron.
Que yo ahuyente el olvido en que te hallas, como los ángeles, con las alabanzas de mis labios.
Que yo alivie la pobreza en que vives, ofreciéndote el tesoro de mis buenas obras, como los pastores y los magos.



89. Oh Jesús, qué dulces son las palabras del Evangelio: "Y habitó entre nosotros". Yo te pregunto como aquellos dos discípulos: "Maestro ¿dónde moras?" Respóndeme como a ellos: "Ven y ve":
Que te vea en la casa de Santa Isabel, para santificar al Bautista; en la casa de Jairo, para resucitarle la hija; en la casa de Zaqueo, para salvar a su familia; en la casa de la suegra de San Pedro, para curarla de la fiebre; en la casa de Marta y María, para consolarlas. Entra así en la casa de mi alma.
Que te vea en la cueva de Belén, hecho niño, para atraerme; en el lejano Egipto, perseguido, para buscarme; en el taller de Nazaret, escondido, para enseñarme; en el templo, orando para encomendarme; en el cenáculo, haciéndote Pan Vivo, para alimentarme.
Que te vea en la casa de Anás y Caifás, abofeteado; en el palacio de Herodes escarnecido, en el pretorio de Pilato, azotado, coronado de espinas y condenado.
Que te vea en el desierto de la cuarentena, ayunando; junto al pozo de Siquem, sediento; en Getsemaní, orando; en el Calvario, sepultado.
Que te vea en el Sagrario escondido, pidiendo y amando.
Que te vea en el cielo, siendo el gozo de todos, y gozando.



90. Oh Jesús ante tu Sagrada Hostia yo te digo como un día el Centurión: "Señor, yo no soy digno de que entres en la pobre morada de mi alma":
Morada pobre y desamueblada, por la falta de virtudes y de gracia.
Morada fría, por la mucha frivolidad y tibieza de mi vida desairada.
Morada revuelta, por mi vida desordenada.
Morada sucia, por las impurezas de mi cuerpo y de mi alma.
Morada llena de ruidos, por mi vida disipada.
Si no soy digno de que me recuerdes, mires y hables, cuánto menos lo seré de que visites mi pobre morada. Pero di una solo palabra, y la casa de mi alma quedará confortable y arreglada.



91. Oh Jesús, tú eres el Buen Pastor, y yo la oveja perdida:
Tú me conoces por mi nombre.
Tú me das el pasto nutritivo y el agua pura de tu carne y de tu sangre divinas.
Tú me atraes con blandos silbidos en el peligro.
Tú me buscas por caminos pedregosos y entre espinas.
Tú me defiendes de mis enemigos.
Tú me amas hasta dar por mí la vida.



92. Oh Jesús, la mujer incurable del Evangelio murmuraba en voz baja mirando a tu vestido: "Si yo pudiese tan sólo tocar la orla...". Y al tocarla quedó sana. Sáname a mí lo mismo:
Cuando toques mis labios en tu Sagrada Hostia, sánalos para que besen puros tus sangrientas llagas.
Cuando toques mi lengua, sánala para que no se rebaje y manche con malas palabras.
Cuando toques mi paladar, sánalo para que no se deje arrastrar por comidas y bebidas regaladas.
Cuando toques mi garganta sánala para que entone con júbilo tus divinas alabanzas.
Cuando toques mi pecho, sánalo para que no se encariñe con las cosas humanas.
Sana todo mi cuerpo, sana toda mi alma, pues no toco tan sólo la orla de tu vestido, sino que te toco por entero, al tomar tu Hostia sacrosanta.



93. Oh Jesús, que cogiendo un día de la mano a la suegra de Pedro le curaste de la fiebre en un instante; yo también estoy calenturiento:
Fiebre es la avaricia, que me fascina con el brillo del oro; cúrame para que sea desprendido.
Fiebre es la soberbia, que me atrae con la gloria de los laureles; cúrame para que sea humilde.
Fiebre es la lujuria, que me atrae con el cebo de los placeres; cúrame para que sea limpio.
Fiebre es la ambición, que me seduce con la sed de mundo; cúrame para que sea obediente.
Fiebre es la cólera que me empuja con espuelas de venganza; cúrame para que sea caritativo.
Fiebre es el anhelo de amar y ser amado en este mundo, cúrame para que estime tan sólo tu amor y te entregue todo el mío.



94. Oh Jesús, que desde el Sagrario pareces decir como un día en Getsemaní: "Mi alma está triste hasta la muerte, y muerte de cruz":
Cuántos te desconocen.
Cuántos te blasfeman.
Cuántos te odian.
Cuántos te persiguen.
Y aún de los tuyos, cuántos se avergüenzan de Ti.
Cuántos te niegan y traicionan.



95. Oh Jesús, dime tus quejas:
¿Me dirás a mí como a los judíos, que querían apedrearte después de tantos milagros: "¿por cuál de mis buenas obras queréis apedrearme?"
¿Me dirás a mí, como a los apóstoles, cuando te abandonaban tantos discípulos: "¿también vosotros queréis dejarme?"
¿Me dirás a mí como a Pedro, dormido en Getsemaní mientras Tú orabas: "¿ni siquiera una hora has podido velar conmigo?"
¿Me dirás a mí como a San Pablo, cuando perseguía a tus cristianos: "¿por qué me persigues?"
¿Me dirás a mí como al soldado que te abofeteó ante el Sanedrín: "¿por qué me hieres?"
¿Me dirás a mí como a Judas, que te traicionaba con un beso: "¿amigo, a qué has venido? ¿con un beso entregas al hijo del hombre?"
Oh Jesús, ayúdame para que me enmiende, y no tengas más quejas de mí.



96. Oh Jesús, que estás ahí en el Sagrario orando noche y día, yo te digo como los apóstoles: "Enséñame a orar":
Oh fuente de aguas vivas, como la Samaritana te pido: "Dame de esa agua".
Oh luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, como el ciego de Jericó te digo: "Señor, que yo vea".
Oh hermosura de los cielos y esplendor de la gloria del Padre, como el leproso te digo: "Si quieres, puedes limpiarme".
Oh médico celestial, como Marta te digo: "El que amas está enfermo".
Oh esperanza de los que naufragan, como los apóstoles te digo: "Sálvanos, Señor, que perecemos".
Oh modelo de resignación y de abandono en las manos de Dios, como Tú en Getsemaní te digo. "No se haga mi voluntad, sino la tuya".



97. Oh Jesús, graba en mi corazón alguna de aquellas máximas que tan hondamente grabaste en el corazón de tus santos:
En el de San Francisco Javier: "¿Qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?".
En el de San Ignacio de Loyola: "A mayor gloria de Dios".
En el de San Pedro Canisio: "Si logro conocer a Cristo, todo andará bien, aunque en lo demás sea un ignorante".
En el de San Luis Gonzaga: "¿Qué es esto para la eternidad?".
En el de San Estanislao de Kostka: "No he nacido para las cosas de la tierra, sino para las del cielo".
En el de San Juan Berchmans: "Mi mayor penitencia es la vida común".



98. Oh Jesús, cuando esté bajo el peso de la cruz, recuérdame las palabras de tu Escritura:
"La vida del hombre es sobre la tierra una lucha continua: Ganarás el pan con el sudor de tu frente hasta que vuelvas a la tierra, dé donde has salido, porque eres polvo y en polvo te has de convertir."
"A los que aman a Dios, todo se les convierte en bien."
"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados". "Vuestra tristeza se convertirá en alegría". "Por muchas tribulaciones hemos de entrar en el reino de los cielos".
"Porque eras adepto a Dios, fue necesario que la tentación te probara". "Cerca está el Señor de los afligidos de corazón".
"Hemos aceptado lo bueno de las manos de Dios; ¿por qué no hemos de aceptar también lo malo?". "Lo que ha hecho Dios, eso ha sucedido; sea bendito su santo nombre".
"Ejemplo os he dado". "Oh vosotros, los que pasáis por el camino, considerad y ved si hay dolor como mi dolor". "E1 que quiera venir en pos de Mí, tome su cruz y sígame".



99. Oh Jesús, dame a entender las palabras de tus santos sobre la cruz:
Las de Santa Teresa de Jesús: "O padecer, o morir".
Las de Santa María Magdalena de Pazzis: "Padecer, y no morir".
Las de Santa Magdalena Sofía Barat: "Vivir sin padecer, es vivir sin amar, y vivir sin amar es morir".
Las de Santa Verónica de Giuliani: "Mi padecer es no tener padecimiento alguno".
Las de San Juan de la Cruz a Ti: "Ninguna otra cosa te pido sino padecer y ser despreciado por Ti".
Las de San Pablo: "Lejos de mí el gloriarme en otra cosa que en la cruz de Jesucristo".



100. Abre, Señor, esos tus ojos de misericordia, mírame con ellos y alumbra los míos, para que te conozca y crea con viva fe.
Abre, Señor, esos tus oídos, y oye mis oraciones y gemidos, haciendo que los míos se abran para oír tus palabras y obedecer a tu santa Ley.
Abre, Señor, esa boca y lengua bendita, y dime algo al corazón, con que mi boca se abra para bendecirte, y mi lengua nunca cese de alabarte.
Abre, Señor, tu pecho, dilata tu Corazón y méteme dentro de él, para que todo me encienda y abrase con el fuego de tu amor.
Extiende, Señor, tus manos y tócame con ellas para santificar las mías en las obras que hicieren.
Dirige, Señor, a mí tus pies santísimos, para que enderecen los míos y sean conformes a los tuyos mis pasos, y así todo mi cuerpo sea un retrato de la santidad del Tuyo. Así sea.






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Índice de las cien visitas
a Jesús Sacramentado (por materias)



Materia
Visitas referentes a esa materia

Anhelos
7, 15, 40, 46, 47, 51, 59, 72

Ofrecimientos
14, 50, 57

Peticiones
2, 3, 4, 5, 8, 10, 11, 12, 20, 23, 29, 35, 39, 49, 51, 54, 56, 60, 64, 65, 73, 75, 76, 77, 78, etc

Nuestras facultades y sentidos
14, 83, 85, 86, 87

Facultades y sentidos de cristo
2, 8, 11, 19, 61, 69, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 100

Títulos y servicios de Cristo
23, 24, 33, 34, 35, 42, 44, 52, 91, 1, 4, 5, 21, 46, 49, 50, 52

Virtudes e Cristo
17, 22, 42, 68, 69, 24, 26, 51, 73, 95, 83, 3, 4, 9, 27, 32, 36, 41, 43

Vida de Jesús
4, 16, 17, 25, 30, 36, 45, 48, 50, 53, 89, 96, 6, 13, 18, 22, 38, 39, 43, 73, 94, 95, 98, 99, 86, 93, 92

Ponderaciones de Jesucristo
27, 41

Jesús en la Eucaristía
3, 17, 20, 22, 24, 31, 34, 35, 37, 39, 47, 78, 67, 90, 4, 13, 15, 16, 18, 21, 23, 26, 27, 28, 30, 32, 33, 36, 38, 41, 42, 43, 44, 45, 52, 53, 55, 58, 62, 66, 77, 88, 25, 29, 36, 61, 69, 12, 90, 92

La Santísima Virgen María y la Eucaristía
47,62

Verdades trascendentales
63, 66, 71, 58, 70, 65, 66, 68, 69





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Oración de San Buenaventura


Taladra Oh Dulcísimo Señor Jesucristo, mi alma en lo más profundo, con la más gozosa y saludable herida de Tu amor, con la más apostólica, verdadera y serena caridad, para que mi alma pueda siempre languidecer y derretirse de amor y añoranza por Ti; que suspire por Ti y se desmaye por tus cortejos, y ansíe disolverse y estar Contigo. Concédeme que mi alma siempre sienta hambre de Ti, el Pan de los Ángeles, el refresco de las almas santas, nuestro pan diario y supersubstancial que tiene toda la dulzura y el sabor, y toda la delicia a nuestro gusto. Haz que mi corazón esté siempre hambriento y se alimente de Ti, a quien los Ángeles desean contemplar, y deja que mi alma más profunda se llene de tu dulzura y tu sabor. Que siempre tenga sed de Ti, Fuente de Vida, Fuente de Sabiduría y Conocimiento, Fuente de Luz Eterna, Torrente de placeres, Riqueza de la Casa de Dios. Que siempre pueda conseguirte, buscarte, encontrarte, correr hacia Ti, obtenerte, meditar sobre Ti, hablar de Ti, y hacer todas las cosas para alabanza y gloria de Tu Santo Nombre, con humildad y discreción, con amor y deleite, con solicitud y afecto, y con perseverancia hasta el fin. Sé Tú solamente mi esperanza y mi confianza completa, mi riqueza, mi deleite, mi placer y mi gozo; mi descanso y tranquilidad; mi paz, mi dulzura y mi fragancia; mi dulce sabor, mi alimento y mi refresco; mi refugio y mi auxilio; mi sabiduría y mi porción; mi posesión y mi tesoro; en quien pueda mi mente y mi corazón estar siempre firme, fijo y arraigado inamoviblemente. Amén.





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Alabanzas de desagravio



Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima sangre.
Bendito sea Jesús en el santísimo Sacramento del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea san José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.
Amen.

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ROMA, 20 Jul. 12 / 06:40 pm (ACI/EWTN Noticias).-
En un comunicado con fecha 20 de julio la Sala de Prensa del Vaticano informó que la Santa Sede decidió retirar a la Pontificia Universidad Católica del Perú el derecho a usar en su denominación los títulos de "Pontificia" y de "Católica".

A continuación ACI Prensa reproduce el texto íntegro del comunicado:

"La Santa Sede, con Decreto del Emmo. Secretario de Estado, en base a específico mandato Pontificio, ha decidido conforme a la legislación canónica retirar a la Pontificia Universidad Católica del Perú el derecho a usar en su denominación los títulos de ‘Pontificia’ y de ‘Católica’.

La mencionada Universidad, fundada en 1917 y erigida canónicamente con Decreto de la Santa Sede en 1942, a partir de 1967 ha modificado unilateralmente sus Estatutos en diversas ocasiones perjudicando gravemente los intereses de la Iglesia.

A partir de 1990, la Universidad ha sido requerida por la Santa Sede en múltiples ocasiones a adecuar sus Estatutos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (15 de agosto de 1990), sin que haya respondido a esta exigencia legal.

Tras la Visita Canónica realizada en diciembre de 2011 y la entrevista del Rector con el Emmo. Cardenal Secretario de Estado en febrero de 2012, tuvo lugar un ulterior intento de diálogo en vista de adecuar los Estatutos a la ley de la Iglesia.

Recientemente, mediante dos cartas dirigidas al Emmo. Secretario de Estado, el Rector ha manifestado la imposibilidad de realizar cuanto se le requería, condicionando la modificación de los Estatutos a la renuncia por parte de la Archidiócesis de Lima al control de la gestión de los bienes de la Universidad.
La participación de la Archidiócesis de Lima en el control de la gestión patrimonial de esta entidad ha sido confirmada en varias ocasiones con sentencias de los Tribunales civiles del Perú.

Ante esta actitud por parte de la Universidad, confirmada además por otras iniciativas, la Santa Sede se ha visto obligada a adoptar las mencionadas medidas, ratificando en cualquier caso el deber que sigue teniendo dicha Universidad de observar la legislación canónica.

La Santa Sede seguirá atentamente la evolución de la situación de esta Universidad, deseando que en un futuro próximo las Autoridades académicas competentes reconsideren su posición con el fin de poder revisar las presentes medidas.

La renovación requerida por la Santa Sede hará que la Universidad responda con más eficacia al cometido de llevar el mensaje de Cristo al hombre, a la sociedad y a las culturas, según la misión de la Iglesia en el mundo".


Para ver una copia del decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano sobre la pérdida de los títulos de "Católica" y " Pontificia", haga click en:
http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf




EX PUCP INFORMA QUE RECIBIÓ DECRETO DEL VATICANO RETIRÁNDOLE TÍTULOS DE "PONTIFICIA" Y " CATÓLICA"



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LIMA, 20 Jul. 12 / 08:31 pm (ACI).-
La ex Pontificia Universidad Católica del Perú (ex PUCP) informó en un escueto comunicado que recibió esta tarde el decreto del Vaticano en el que se le retira los títulos de "Pontificia" y "Católica", indicando que su Asamblea Universitaria se reunirá el lunes 23 de julio para debatir el asunto, sin dar más detalles al respecto.

El comunicado señala que el texto lo recibieron de manos del Nuncio Apostólico, Monseñor James Green a las 4:00 p.m. (hora local).

"El Rectorado informa que habiendo sido programada con antelación una sesión de Asamblea Universitaria para el lunes 23 de julio, este documento será presentado, en dicha reunión, para que la Asamblea Universitaria sea informada y debata al respecto", concluye el texto.




ESTE ES EL TEXTO COMPLETO DE LA CARTA DEL CARDENAL BERTONE AL RECTOR DE LA EX PUCP


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ROMA, 20 Jul. 12 / 08:27 pm (ACI).-
A continuación publicamos el texto íntegro de la carta del Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, enviada al Rector de la ex PUCP, Marcial Rubio Correa:

Vaticano 11 de julio de 2012

Señor Rector:

La Santa Sede ha seguido con particular atención la evolución de la situación de la Pontificia Universidad Cató1ica del Perú. (PUCP), especialmente tras la Visita canónica del Emmo. Card. Peter Erdo y su visita a Roma el pasado 21 de febrero.

Durante la conversación que mantuvimos en aquella oportunidad, por mandato del Santo Padre le comuniqué, en sustancia, la ‘exigencia legal’ de adecuar los Estatutos de esa Universidad a la legislación canónica de la Constitución Apostó1ica Ex Corde Ecclesiae, como debería haberse hecho ya desde 1990.

Ese ha sido en todo momento el claro requerimiento que la Santa Sede les ha hecho como obvio requisito para que sean reconocidas y garantizadas adecuadamente la identidad y la misión específicas de esa Universidad.

He sido informado detalladamente par el Nuncio Apostó1ico en el Perú, Su Excelencia Monseñor James Green, de las reuniones que han tenido en la sede de la Nunciatura Apostó1ica, así como de sus propuestas. Atendiendo al pedido que Usted le hizo, se amplió el plazo para la adecuación de los Estatutos desde el 8 al 18 de abril último.

Debo comunicarle ahora la notable decepción con que esta Secretaria de Estado ha ido percibiendo la orientación que ese Rectorado daba a la problemática, particularmente en la carta N. 068/12.R del 13 de abril de 2012 y en la sorprendente carta N. 095/12.R, del 9 de mayo de 2012, publicada como ‘Aviso’ en el Diario ‘La Republica’ el 11 de mayo de 2012. Llama particularmente la atención el modo de presentar en ella las indicaciones recibidas de la Santa Sede y el papel desempeñado por el Arzobispo de Lima. Esa interpretación ha sido causa de desinformación para la comunidad universitaria, para los fieles y los ciudadanos en general.

Como he tenido modo de expresarle antes, la situación irregular que viene atravesando la Universidad no es reciente y ha sido materia de seria preocupación de los tres últimos Arzobispos de Lima, no solamente del actual. La Universidad ha venido incumpliendo las disposiciones legales establecidas, que se ha advertido reiteradamente por escrito.

Consta en nuestros archivos que los últimos Estatutos de la PUCP fueron aprobados, como corresponde a una Universidad Pontificia, por la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades en 1946 y a ellos se han ido incorporando modificaciones aprobadas por la misma Congregación en los años 1957, 1964 y 1967.

Desde la última fecha, las Autoridades de la mencionada Universidad, sin previa y necesaria aprobación de la Santa Sede, han realizado múltiples y sustanciales modificaciones de los mismos perjudicando gravemente los derechos de la Iglesia. A la luz del Acuerdo vigente entre Perú y la Santa Sede y del Derecho Canónico consideramos que dichas modificaciones son ilegítimas y que a través de ellas se está ocasionando un expolio a la Iglesia.

Habiendo recibido de su parte una respuesta negativa al requerimiento de la Santa Sede, debo constatar que en las Autoridades de la Universidad que Usted regenta no hay voluntad de corregir esa arbitrariedad, y que pretenden que la Iglesia renuncie a sus legítimos derechos al servicio de la educación católica.

Esta actitud no reconoce la legítima autonomía de que goza la Iglesia para organizar sus instituciones educativas, como es el caso de la PUCP, en total observancia de las leyes civiles vigentes en el País y del Acuerdo entre el Estado peruano y la Santa Sede. La autonomía de las Universidades Católicas ha sido siempre plenamente reconocida por la Iglesia, dentro del ámbito de sus normas, porque el necesario aporte de la libertad es imprescindible para una sana actividad de estudio e investigación comprometida en la búsqueda de la Verdad, empeño que debe presidir todo esfuerzo por ampliar las múltiples dimensiones del conocimiento y del saber.

Por el contrario, dejando de lado el requerimiento que ha sido hecho a esa Universidad de acomodarse a la ley canónica, del todo compatible con la legislación peruana, ese Rectorado responde que, como ‘premisa’ para adecuarse a la ley de la Iglesia es necesaria una ‘negociación’ con el Arzobispado de Lima que impida el control de este sobre la administración del patrimonio de la Universidad.
Sobre este punto se han pronunciado los tribunales del Perú. Se trata de un derecho-deber a favor de la Iglesia de Lima, que busca sólo garantizar la transparencia y ejemplaridad en dicha administración patrimonial y su adecuación a los fines fundacionales de esa Universidad. Son objetivos que interesan por igual a todos los fieles de esa comunidad eclesial.

Sorprende aun, el hecho que ese Rectorado anteponga un problema ‘que, al fin y al cabo, es exclusivamente un asunto de bienes materiales’, como decía Usted en su carta del pasado 13 de abril, al deber que esta Secretaria de Estado le recordaba de observar la legalidad eclesial.

Ambas cuestiones poseen su propia autonomía. Una ‘solución integral’, como Usted dice, que no respete los elementos de justicia que hay en una cuestión y en la otra, representa una solución contraria a la justicia. La primera exigencia, incondicional, que esa Universidad tiene que cumplir es la de ajustarse al Derecho y adecuar sus Estatutos a la legislación canónica.

A la luz de cuanto he escrito y después de tantos años de diálogo y tentativos para restablecer la legítima autonomía propia de una Universidad Católica, la Santa Sede se ve obligada a adoptar las necesarias medidas en relación con esa Universidad.

A la presente carta le adjunto el Decreto de la Santa Sede al respecto. A Usted, Sr. Rector, le incumbe una concreta responsabilidad en la presente situación ya que, por razón del cargo, tiene la misión de hacer cumplir en la comunidad universitaria las leyes y disposiciones de la Iglesia.

Con todo el respeto le saluda atentamente y le encomienda

Tarcisio Cardenal Bertone
Secretario de Su Santidad




EN CARTA A RECTOR, VATICANO RESPONSABILIZA A AUTORIDADES DE LA EX PUCP


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Marcial Rubio / Cardenal Tarcisio Bertone


ROMA, 20 Jul. 12 / 08:27 pm (ACI/EWTN Noticias).-
En una carta con fecha 11 de julio, el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, informó al rector de la ahora ex Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) la decisión de la Santa Sede de retirarle los títulos de "Pontificia" y "Católica" por la persistente negativa de las autoridades de esta casa de estudios de adecuar sus estatutos a "la legislación canónica de la Constitución Apostó1ica Ex Corde Ecclesiae, como debería haberse hecho ya desde 1990".
En la carta, el Cardenal Bertone sostiene que al rector Marcial Rubio "le incumbe una concreta responsabilidad en la presente situación" y recuerda los numerosos esfuerzos de la Iglesia por evitar este desenlace.

"La situación irregular que viene atravesando la Universidad no es reciente y ha sido materia de seria preocupación de los tres últimos Arzobispos de Lima, no solamente del actual. La Universidad ha venido incumpliendo las disposiciones legales establecidas, que se ha advertido reiteradamente por escrito", afirma.

El Cardenal Bertone precisa que desde 1967 las autoridades de la universidad "sin previa y necesaria aprobación de la Santa Sede, han realizado múltiples y sustanciales modificaciones" de los estatutos "perjudicando gravemente los derechos de la Iglesia".


"A la luz del Acuerdo vigente entre Perú y la Santa Sede y del Derecho Canónico consideramos que dichas modificaciones son ilegítimas y que a través de ellas se está ocasionando un expolio a la Iglesia", denuncia.

"Habiendo recibido de su parte una respuesta negativa al requerimiento de la Santa Sede, debo constatar que en las Autoridades de la Universidad que Usted regenta no hay voluntad de corregir esa arbitrariedad, y que pretenden que la Iglesia renuncie a sus legítimos derechos al servicio de la educación católica", explica el Cardenal.

La autoridad vaticana también aclara que es el rectorado de la exPUCP quien condiciona el tema de los estatutos a "una ‘negociación’ con el Arzobispado de Lima que impida el control de este sobre la administración del patrimonio de la Universidad".

El Cardenal Bertone recuerda a Rubio que el tema de los estatutos no está vinculado a los procesos judiciales por la herencia de Riva Agüero entre la PUCP y el Arzobispado de Lima.

"Ambas cuestiones poseen su propia autonomía. Una ‘solución integral’, como Usted dice, que no respete los elementos de justicia que hay en una cuestión y en la otra, representa una solución contraria a la justicia. La primera exigencia, incondicional, que esa Universidad tiene que cumplir es la de ajustarse al Derecho y adecuar sus Estatutos a la legislación canónica".

El Purpurado también expresa "la notable decepción" del Vaticano por la forma como el rectorado trató la negociación en los medios de comunicación desinformando a la comunidad universitaria, los fieles y los ciudadanos en general.

"A la luz de cuanto he escrito y después de tantos años de diálogo y tentativos para restablecer la legítima autonomía propia de una Universidad Católica, la Santa Sede se ve obligada a adoptar las necesarias medidas en relación con esa Universidad", concluye la carta.

Aquí puede leer el texto completo de la carta del Cardenal Bertone al rector Marcial Rubio:
http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=37663



22 de julio del 2012
"LA PUCP SE RIGE POR LAS LEYES PERUANAS Y NO POR EL DERECHO CANÓNICO"

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Nuestro rector, Marcial Rubio, actualmente de viaje, dialogó con .edu acerca del reciente decreto del Vaticano.


Fuente: PUNTO EDU

¿Qué implica la prohibición de utilizar los términos Pontificia y Católica?
Es un hecho lamentable para todos los que somos católicos y que termina haciendo daño a la misma Iglesia, especialmente en su relación con los jóvenes. No es la mejor muestra de tolerancia y respeto a las libertades que se decrete que una universidad católica no puede llamarse como tal, pero que sus bienes materiales sí. La PUCP tiene registrada la denominación de Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Este es nuestro nombre oficial y a través de él somos reconocidos nacional e internacionalmente. Tenemos el pleno derecho a seguir utilizándolo mientras lo consideremos conveniente. Cualquier decisión que se tome al respecto es potestad de los organismos de gobierno de la propia Universidad.

El decreto del Vaticano señala que la PUCP está sometida al derecho canónico y que su patrimonio posee la condición de bien eclesiástico, ¿cuál es su opinión al respecto?
Es una afirmación inexacta. La PUCP es una institución peruana, constituida en el Perú, inscrita como asociación civil y domiciliada en el Perú, que se rige por la legislación peruana y no por el derecho canónico. Por lo tanto, los bienes de la PUCP son propiedad de la PUCP y están protegidos por la Constitución y las leyes peruanas. Esto está claro hasta para el mismo Arzobispado de Lima que litiga contra nosotros en los tribunales peruanos pretendiendo administrar bienes que son nuestros y no de la Santa Sede.

¿Cómo queda, entonces, la relación de la PUCP con la Iglesia?
La PUCP es respetuosa de los valores católicos que han guiado por 95 años su existencia y todo el país es testigo de los esfuerzos que hemos hecho para hallar, mediante el diálogo, una solución integral a nuestras diferencias con la Iglesia. Lamentablemente, la gravedad de los términos planteados por el reciente decreto nos obligará a revisar la relación estatutaria que mantenemos con ella.

¿Cuál es su mensaje a la comunidad universitaria de la PUCP?
De tranquilidad. Todos los derechos y atribuciones de la PUCP están plenamente vigentes y todas nuestras actividades académicas y administrativas se seguirán conduciendo con absoluta normalidad. La Constitución y las leyes peruanas nos protegen. La PUCP otorga sus grados y títulos a nombre de la nación peruana porque así lo dispone la ley universitaria peruana. Nuestros profesores, estudiantes y trabajadores continuarán esforzándose por impulsar la excelencia académica puesta al servicio del país. A quienes somos autoridades, nos toca seguir defendiendo la autonomía y los legítimos derechos de la comunidad universitaria de la PUCP frente a cualquier intento externo de afectarlos.




EX PUCP ESCOGE VÍA DE LA CONFRONTACIÓN LEGAL CON LA IGLESIA CATÓLICA


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LIMA, 24 Jul. 12 / 08:40 am (ACI/EWTN Noticias).-
La Asamblea Universitaria de la ex PUCP reunida ayer en sesión decidió optar por la confrontación legal con la Iglesia Católica al "deplorar" el decreto emitido por la Secretaría de Estado del Vaticano que la despojó de sus títulos de "Pontificia" y "Católica".

En un comunicado dado a conocer al final de su sesión realizada este lunes 23 de julio, la ex PUCP señaló que el decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano "contiene diversos aspectos que se oponen a los derechos reconocidos en la Constitución Política y en la legislación peruana –como el derecho a la identidad–, al pretender prohibir el uso de los términos ‘Pontificia’ y ‘Católica’".
Asimismo indican que tienen el "compromiso" de "hacer respetar su denominación oficial, la cual goza de reconocido prestigio nacional e internacional, y está expresada en los grados y títulos que otorga a nombre de la Nación".

El comunicado concluye indicando que los miembros de la Asamblea Universitaria de la ex PUCP "expresan su reconocimiento y respaldo a la gestión que viene realizando el Rectorado de la Universidad en la conducción de las relaciones con la jerarquía de la Iglesia, en conformidad con los acuerdos adoptados previamente por la Asamblea Universitaria".

La respuesta de la ex PUCP, que desde mucho antes de las negociaciones no ha querido acatar las disposiciones de la Iglesia para adecuar sus estatutos a la Ex Corde Ecclesiae, conduce este tema hacia el ámbito legal del derecho internacional.

Como explicó ayer el experto en derecho eclesiástico y miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, Dr. Gustavo Flores Santana, "a la Santa Sede le asiste el derecho de prohibir el uso del título de ‘Pontificia’ y ‘Católica’ por los fundamentos que en el mismo decreto se señalan muy claramente".

Entre otras cosas, el decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano señala que el Concordato, tratado entre el Estado Peruano y la Santa Sede, permite a la Iglesia regir las normas de las instituciones vinculadas a ella.

Flores dijo además que el hecho que la ex PUCP no pueda usar los títulos antes indicados "no trae como consecuencia que haya dejado de ser una universidad fundada por la Iglesia y que no se deba seguir sujetando al régimen canónico".

En su opinión, "sería lo mejor para la referida universidad (y para todos en general) que sus autoridades acaten lo dispuesto por la Santa Sede (lo que implica ya no emitir títulos con ese nombre), o mejor aún, decidan adecuar sus estatutos a la Ex Corde Ecclesiae".

Dado que la ex PUCP ha decidido seguir en rebeldía, ahora el caso debe resolverse "directamente conforme a las reglas de los tratados internacionales según la Convención de Viena, por ser un asunto de naturaleza internacional".

En este caso, precisó el experto, el poder judicial peruano no tiene competencia y es posible que la Nunciatura Apostólica realice gestiones ante el Ministerio de Relaciones Exteriores para que el decreto del Vaticano "sea respetado por las instancias públicas" como la Asamblea Nacional de Rectores.
Sobre el comunicado de la ex PUCP, la Agrupación Universitaria Riva Agüero, que reúne a estudiantes y profesores de esa universidad, rechazó los "términos empleados para aludir a los documentos oficiales emitidos por la Santa Sede".

"Resulta incongruente que autoridades y alumnos miembros de la Asamblea Universitaria, pertenecientes a una universidad que dice ser católica, ‘deploren’ un decreto emitido bajo la autoridad del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI".

Por ello, lamentan "la ausencia de honestidad y seriedad de parte de las autoridades de la ex PUCP al referir que nuestros esfuerzos y, directamente, nuestra Carta Pública a la Asamblea Universitaria respondan a un ‘pánico’ y ‘desinformación’ frente al ‘ataque’ del Vaticano".

La Agrupación Universitaria Riva Agüero precisa luego que "es contrario a la verdad afirmar que la universidad se rige únicamente bajo la normativa nacional, desconociéndose deliberadamente la naturaleza jurídica con la que se originó al ser una institución de la Iglesia Católica, ya que la legislación internacional garantiza la aplicación conjunta del derecho canónico y la legislación nacional de cada país a las diversas instituciones de la Iglesia Católica".

Esta agrupación ha lanzado una petición en línea para que la universidad acate lo ordenado por la Santa Sede. Hasta el momento lleva más de 1300 firmas. Ayer entregaron más de 800 a la asamblea que se reunió para tratar el tema.

Para verla y firmarla, puede ingresar a:
http://www.ipetitions.com/petition/carta-publica-a-la-asamblea-universitaria-de-la/



DECANO DE LA PRENSA PERUANA: AUTORIDADES DE EX PUCP NO TIENEN SENTIDO DEL ABSURDO

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LIMA, 24 Jul. 12 / 10:01 am (ACI).-

El decano de la prensa peruana, el diario El Comercio, publicó hoy una aguda crítica a la ex PUCP en la que señala que a las autoridades de esta universidad parece faltarles el sentido del absurdo, tras haber "deplorado" el decreto del Vaticano que la despoja de los títulos de "Pontificia" y "Católica", e insistir al mismo tiempo en usarlos sin respetar las normas de la Iglesia.

A continuación ACI Prensa reproduce la nota editorial en su integridad:

Todos los nombres
No es solo la identidad de la PUCP la que está en juego en el conflicto en torno de su nombre
En este Diario no coincidimos con la opinión que concibe a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) como una institución sectaria abocada a la creación de alumnos de una determinada tendencia política. Muchos de quienes trabajamos aquí hemos sido alumnos y profesores de esa universidad y podemos dar fe del amplio respeto por la libertad de cátedra que prima en la misma y de la elevada calidad de la enseñanza que se imparte en buena parte de sus cursos.

No creemos, sin embargo, que esta loable labor pueda realizarse pasando por sobre terceros, incluyendo, ciertamente, el derecho que cada cual tiene sobre su nombre. Más en concreto, pensamos que la respuesta (cuyo sentido ha sido confirmado luego por la Asamblea Universitaria) que ha dado el rector al decreto del Vaticano retirando a la PUCP el permiso a usar los nombres de "católica" y "pontificia" va más allá del campo de lo errado para bordear el del cinismo.

Y es que, al margen de todos los tecnicismos jurídicos que comenzarán a esgrimirse de ambos lados, ¿es coherente que alguien pueda decir que el explícito rechazo del Papa es indiferente a su derecho a llamarse "pontificia" –literalmente, "perteneciente o relativo al pontífice"–?

Similarmente, ¿tiene sentido que uno insista en publicitarse como "católico" contra la declarada opinión del pontífice, siendo la religión católica, para bien o para mal, una religión organizada y jerárquica, donde este tiene la última palabra? ¿No es hasta una falta de pudor insistir en llamarse con el nombre de una organización que no obliga a nadie a afiliarse a ella cuando al mismo tiempo uno está haciendo saber públicamente que no está dispuesto a cumplir sus reglas?

Más aún, si los miembros de esta organización ponen gran valor en tener bien marcada su esencia y sus diferencias sobre la base de estas reglas, ¿no es también esta insistencia una falta de respeto hacia ellos?

Las autoridades de la PUCP no pueden tratar como una pura forma, vacía de significado y por lo tanto asignable a cualquier contenido, a un nombre que una institución lleva casi 2000 años llenando.

Especialmente considerando cómo ha marcado a la historia de la Iglesia Católica su incesante esfuerzo por definir –en infinidad de debates, concilios, decisiones papales y demás– lo que la representa y lo que no.

Naturalmente, todos podemos discrepar de todas las decisiones que ha tomado en este sentido, pero no tenemos el derecho de quitarles a los católicos la libertad de definirse y diferenciarse por medio de ellas.

Hablar, por lo demás, de una "universidad católica" no es, como se ha dicho, el equivalente de, por ejemplo, hablar de una eventual farmacia llamada "católica". Las universidades católicas son un tipo de "producto" específico que tiene la Iglesia Católica alrededor del mundo: son universidades que están regidas por el derecho canónico con una serie de reglas determinadas (en la que figura, entre otras, la ya famosa institución del Gran Canciller).

Por eso la PUCP no tomó simple y unilateralmente el nombre de "católica" y de "pontificia", inscribiéndolos bajo legislación peruana, como hoy quieren dar a entender sus autoridades. No. Recibió el permiso eclesiástico para constituirse como una "universidad católica" al momento de su fundación en 1917, siendo reconocida como tal ese mismo año por el Estado Peruano, y luego recibió del Vaticano el título de "pontificia" en 1942.

Por el mismo motivo presentó todos sus estatutos para revisión al Vaticano hasta 1967, cuando dejó de cumplir con esta obligación, pretendiendo desde esa fecha seguir con la franquicia, por así decirlo, sin cumplir con sus reglas. Algo que, sea quien sea la franquiciadora, es un acto de prepotencia.

Ni Enrique VIII, en fin, pese a lo decidido que estaba a enfrentar a Roma, pretendió seguir llamando a la Iglesia de Inglaterra "católica" cuando rompió con el Papa y decidió crear una Iglesia con sus propias reglas. Y vaya que hubiera podido hacerlo "bajo ley inglesa": era un monarca absoluto, la ley inglesa la hacía él.

Si hubiese querido que esta ley hiciese como que el término "católica" no identificase a la Iglesia romana, que llevaba desde el siglo II llamándose así, hubiera podido hacerlo. Pero por lo visto tenía algo que parece estarle faltando, para pesar de los que la queremos, a las autoridades de la PUCP: sentido del absurdo.

Para leer la nota original puede ingresar a:
http://elcomercio.pe/actualidad/1445883/noticia-editorial-todos-nombres



VATICANO PIDE A OBISPOS PERUANOS NO DEJARSE INSTRUMENTALIZAR POR RECTORADO DE EX PUCP

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Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano


LIMA, 23 Jul. 12 / 11:10 am (ACI/EWTN Noticias).-
El Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, solicitó a los obispos del Perú que no se dejen instrumentalizar por el rectorado de la ex PUCP, luego que la Santa Sede decidiera retirarle los títulos de "Pontificia" y "Católica".

En una carta enviada por el Cardenal al Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), con copia a los demás obispos del Perú, se ruega evitar que esta institución "sea instrumentalizada por el rectorado de la universidad".

En el texto dada a conocer el domingo 22 de julio por el diario peruano El Comercio, el Cardenal Bertone exhorta al también Arzobispo de Ayacucho a apoyar la posición de la Santa Sede y el Arzobispado de Lima yrechazar "con vigor cualquier intervención contraria".

La misiva del Vaticano también "considera inapropiada la participación de cinco miembros de la Conferencia Episcopal, que además no habían sido elegidos por la Asamblea Plenaria de los Obispos del Perú, en un organismo previsto por unos estatutos que no han sido legítimamente aprobados".

Este pedido de la Santa Sede se da luego de que el pasado 17 de abril los obispos respaldaran a la universidad, a través de un comunicado, en su pedido de buscar una "solución integral", que ponía como condición que el Arzobispado de Lima deje de lado los juicios por la herencia Riva-Agüero.

En su testamento, don José de la Riva Agüero, el intelectual católico que donó las tierras en las que está la ex PUCP, puso como condición para ello que, a perpetuidad, hubiera un representante de la Iglesia en la junta administradora.

"Ese comunicado ha contribuido a la desinformación y por eso será conveniente que la conferencia repare la desinformación", afirma el Cardenal Bertone.

El texto de abril al que se hace alusión en la carta del Cardenal Bertone fue firmado por Mons. Salvador Piñeiro, Mons. Miguel Cabrejos, Arzobispo de Trujillo; Mons. Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo; Mons. Norberto Strotmann, Obispo de Chosica; y Mons. Gaetano Galbusera, Vicario Apostólico de Pucallpa.

La carta del Cardenal Bertone también señala: "no quiero por último dejar de manifestar también la perplejidad" que han causado algunas iniciativas promovidas por la ex PUCP como los reconocimientos a Gregorio Peces-Barba, ideólogo anticatólico español y uno de los autores intelectuales de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía en España, y al Padre Gastón Garatea, sacerdote impedido de ejercer su ministerio sacerdotal en la arquidiócesis de Lima por sus posturas contrarias a la doctrina católica.

La misiva del Cardenal Bertone también se refiere a la programación del ciclo de lectura del libro "Teología de la Liberación: perspectivas" del padre de la teología marxista de la liberación, el sacerdote Gustavo Gutiérrez, con el respaldo del Departamento de Teología de la ex PUCP.

El Comercio señala finalmente que buscó a Mons. Piñeiro pero no tuvo respuesta.



MONSEÑOR PIÑEIRO: AÚN ES POSIBLE QUE EX PUCP SE PONGA A DERECHO

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LIMA, 23 Jul. 12 / 06:02 pm (ACI).-
El Presidente de la Conferencia Episcopal del Perú (CEP), Mons. Salvador Piñeiro, manifestó que en el caso de la ex PUCP todavía existe una posibilidad de que se ponga a derecho.

Durante una conferencia de prensa, realizada esta tarde en la sede de la CEP, con ocasión del lanzamiento de la Cadena Interreligiosa de Oraciónpor el Diálogo y la Paz, el Prelado reconoció y apoyó la decisión de laSanta Sede en el caso de la ex PUCP.

"Si la Santa Sede después de estudiar los documentos ha dado esta resolución hay que aceptarlo. Hay que aceptar la normativa de la Iglesia. Hemos insistido mucho para que la Universidad Católica se adecuara a los estatutos que da la Iglesia".

El Presidente de la CEP se refirió así al Decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano con fecha 11 de julio, con el que la Santa Sede decidió retirar a referida universidad los títulos de "Pontificia" y "Católica".

Mons. Piñeiro señaló que el mismo Decreto todavía deja una posibilidadpara que la ex PUCP se ponga a derecho. "Hay en el documento que da la Santa Sede en el tercer acápite una posibilidad de encontrar unasolución y un diálogo".

El tercer párrafo del decreto dice textualmente que: "Se declara al mismo tiempo que la citada Universidad, como persona jurídica publica que es de la Iglesia, sigue sometida a la legislación canónica en las materias en que está actualmente vinculada, aunque por las razones indicadas haya sido privada del derecho de utilizar en su denominación los títulos de "Pontificia" y de "Católica" y que la Santa Sede seguirá empeñándose en el pleno respecto de la disciplina canónica".

Puede ver el íntegro del decreto aquí:
http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf

Al referirse a la participación de algunos obispos en la Asamblea universitaria de la ex PUCP, el Prelado dijo que "los estatutos no estaban aprobados. Entonces los cinco obispos que nos faculta el estatuto actual de la Universidad Católica para participar en la Asamblea fuimos nombrados de buena voluntad. No hemos ido de una manera imperativa sino para buscar el diálogo".

Sobre la posible decisión de la ex PUCP de mantener el nombre de Católica y Pontificia, Mons. Piñeiro manifestó que ese problema "lo tendrá que resolver los peritos".

El Presidente del Episcopado concluyó diciendo que está situación de la ex PUCP "es una llamada de atención para que sepamos obedecer. Nos cuesta obedecer y por eso hay que estar atentos a la voz de quienes tienen mayores responsabilidades en la Iglesia".



EXPERTO EXPLICA SITUACIÓN LEGAL DE LA EX PUCP

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LIMA, 23 Jul. 12 / 03:53 pm (ACI).-
El experto en derecho eclesiástico, Gonzalo Flores Santana, explicó la situación legal de la ex PUCP, luego que el Vaticano decidiera retirarle los títulos de "Pontificia" y "Católica", y explicó que es derecho de la Santa Sede prohibir su uso.

En declaraciones a ACI Prensa, el también miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa dijo que "a la Santa Sede le asiste el derecho de prohibir el uso del título de ‘Pontificia’ y ‘Católica’ por los fundamentos que en el mismo decreto se señalan muy claramente". (Puede ver el decreto aquí:http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf )

Entre otras cosas, el decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano señala que el Concordato, tratado entre el Estado Peruano y la Santa Sede, permite a la Iglesia regir las normas de las instituciones vinculadas a ella.

Flores dijo además que el hecho que la ex PUCP no pueda usar los títulos antes indicados "no trae como consecuencia que haya dejado de ser una universidad fundada por la Iglesia y que no se deba seguir sujetando al régimen canónico".

En su opinión, "sería lo mejor para la referida universidad (y para todos en general) que sus autoridades acaten lo dispuesto por la Santa Sede (lo que implica ya no emitir títulos con ese nombre), o mejor aún, decidan adecuar sus estatutos a la Ex Corde Ecclesiae".

Flores señala además que si la universidad insiste en rebelarse "estaremos en un escenario en el que la Santa Sede a través de la Nunciatura, realizará coordinaciones con el Ministerio de Relaciones Exteriores, para que lo que ha decretado sea respetado por las instancias públicas".

Una de esas instancias sería la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), "al amparo de lo dispuesto por el Tratado Internacional entre el Perú y la Santa Sede, que establece que la Iglesia Católica es autónoma e independiente y el Estado garantiza el respeto a su régimen canónico".

Ante la pregunta sobre la probable dilatación del proceso, Flores dijo que "por el comportamiento rebelde" de la universidad "sería posible (y también muy lamentable) que sus autoridades decidan realizar acciones dilatorias como tratar de acudir al poder judicial y buscar obtener resoluciones que impidan momentáneamente que la ANR acate lo dispuesto por la Santa Sede (este escenario no es imposible debido al poder judicial que tenemos)".

Flores precisó además que el Poder Judicial del Perú "no sería competente para tratar este asunto porque el Estado peruano le ha garantizado a la Iglesia inmunidad jurisdiccional, en aquellos asuntos que estén regulados por el Tratado que han celebrado entre ellos".

El experto resaltó que "lo que correspondería es que este tema (insisto en caso la universidad se siga rebelando) debe resolverse directamente conforme a las reglas de los tratados internacionales según la Convención de Viena, por ser un asunto de naturaleza internacional".

"Por lo antes indicado, aun en el escenario más descabellado (que el poder judicial se arrogue una competencia que no tiene), tarde o temprano este tema se resolvería a través de los mecanismos establecidos en el derecho internacional", concluye el Dr. Flores que es también exalumno de la ex PUCP.
LA DEVOCION AL SANTO ESCAPULARIO Y SU PROMESA

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HISTORIA DE LA VIRGEN DEL CARMEN

Una de las advocaciones de María más tradicionales y reconocidas, y relacionada además con el Escapulario del Carmen. María tiene en esta manifestación una identificación clara con la orden de los Carmelitas, con San Simón Stock, con el Monte Carmelo. Los carmelitas tienen, entre otros, el mérito de haber llevado esta advocación mariana a todos los estratos del pueblo cristiano. En el siglo XII algunos eremitas se retiraron al Monte Carmelo, con San Simón Stock.

La Virgen Santísima prometió a este santo un auxilio especial en la hora de la muerte a los miembros de la orden carmelitana y a cuantos participaran de su patrocinio llevando su santo escapulario. En la actualidad, el uso del escapulario se difunde entre los fieles enamorados de la Virgen, alrededor del mundo. Santos sacerdotes imponen este sacramental de acuerdo al rito tradicional particularmente en la fiesta de la Virgen del Carmen, 16 de julio.

Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.


En las palabras de Benedicto XVI, 15,VII,06:
"El Carmelo, alto promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein).

Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí [Valle de Aosta]. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración.


LA ESTRELLA DEL MAR Y LOS CARMELITAS

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.


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LOS CARMELITAS Y LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN SE DIFUNDEN POR EL MUNDO

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron.

Entre los lugares en que se venera en España la Virgen de España como patrona está Beniaján, Murcia. Vea ahí mas imágenes.

Es patrona de Chile; en el Ecuador es reina de la región de Cuenca y del Azuay, recibiendo la coronación pontificia el 16 de Julio del 2002. En la iglesia del monasterio de la Asunción en Cuenca se venera hace más de 300 años. Es además venerada por muchos en todo el continente.


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EL ESCAPULARIO CARMELITA

"La devoción del escapulario del Carmen ha hecho descender sobre el mundo una copiosa lluvia de gracias espirituales y temporales” (Pío XII, 6-VIII-1950).


EL ESCAPULARIO ES UN SACRAMENTAL

Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos sino que nos nos disponen al amor a Dios y a la verdadera contrición del pecado si los recibimos con devoción. Las gracias nos vienen por nuestra respuesta de amor de Dios y de verdadera contrición del pecado, lo cual el sacramental debe motivar.

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario. La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella. Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. (ver ilustración arriba). Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los mas importantes sacramentales marianos.

Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: "Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios."


¿CÓMO SE ORIGINÓ EL ESCAPULARIO?

La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.


LA VIRGEN MARÍA ENTREGA EL ESCAPULARIO EL 16 DE JULIO DE 1251

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En el año 1246 nombraron a San Simón Stock general de la Orden Carmelita. Este comprendió que, sin una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba poco tiempo. Simón recurrió a María poniendo la orden bajo su amparo, ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamó "La flor del Carmelo" y la "Estrella del Mar" y le suplicó la protección para toda la comunidad.

En respuesta a esta ferviente oración, el 16 de julio de 1251 se le aparece la Virgen a San Simón Stock y le da el escapulario para la orden con la siguiente promesa:

"Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno"

Aunque el escapulario fue dado a los Carmelitas, muchos laicos con el tiempo fueron sintiendo el llamado de vivir una vida mas comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario. La Iglesia ha extendido el privilegio del escapulario a los laicos.

La Santísima Virgen se apareció al Papa Juan XXII en el siglo XIV y le prometió para quienes cumplieran los requisitos de esta devoción que "como Madre de Misericordia con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, (...) sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza".


EXPLICACIÓN DE LA PROMESA

Muchos Papas y Santos como San Alfonso María de Ligorio, San Juan Bosco, San Claudio de la Colombiere, y San Pedro Poveda, tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y llevaban el escapulario.

Santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento). Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.


EL ESCAPULARIO TIENE TRES SIGNIFICADOS

1. El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos. Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos.

2. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudez espiritual:
Vemos en la Biblia:
- Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron (manto - signo de perdón).
- Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad.
- Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.
- San Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.
Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.

3. Consagración: “pertenecer a María” es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.


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En 1950 Papa Pío XII escribió acerca del escapulario: "que el escapulario sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos". Quien usa el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras. Dice Jesús: "Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera". (Mt 11:29).

El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar, pero que María nos ayuda a llevar. El escapulario es un signo de nuestra identidad como cristianos, vinculados íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación, lo que exige que seamos pobres, castos y obedientes por amor.

Al usar el escapulario constantemente estamos haciendo silenciosa petición de asistencia a la Madre, y ella nos enseña e intercede para conseguirnos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos, y nos está recordando que nuestra meta es el cielo y que todo lo de este mundo pasa. En la tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden dice: "No lleguemos a la conclusión de que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos...Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la omnipotencia suplicante de la Madre de la Misericordia."

El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29-30)

Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.


SE DEBE VIVIR LO QUE SIGNIFICA

El escapulario es un signo de nuestra identidad como católicos, vinculados de íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente según nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación. Esto requiere que seamos pobres (un estilo de vida sencillo sin apegos materiales), castos y obedientes por amor a Dios.

Al usar el escapulario constantemente hacemos silenciosa petición de asistencia continua a la Santísima Madre. La Virgen nos enseña e intercede para que recibamos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando Su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercano a las necesidades de nuestros hermanos. El escapulario además es un recuerdo de que nuestra meta es el cielo y todo lo de este mundo está pasando.

En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor. Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.


IMPOSICIÓN DEL ESCAPULARIO

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El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice: "Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"

- La imposición se hace preferentemente en comunidad.
- Es necesario que en la celebración quede bien expresado el sentido espiritual de las gracias unidas al Escapulario de la Virgen del Carmen y los compromisos asumidos con este signo de devoción a la Santísima Virgen.
- El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice la oración:


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"Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"


¿PUEDE DARSE EL ESCAPULARIO A QUIEN NO ES CATÓLICO?

Sí. El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos. Muchos milagros de conversión se han realizado en favor de buenos no católicos que se han decidido a practicar la devoción al escapulario.


CONVERSIONES

Un anciano fue llevado al Hospital de San Simón Stock en la ciudad de Nueva York, inconsciente y moribundo. La enfermera al ver al paciente con el Escapulario Carmelita llamó a un sacerdote.

Mientras rezada las oraciones por el moribundo, éste recobró el conocimiento y dijo: "Padre, yo no soy católico". "¿Entonces, ¿por qué está usando el Escapulario Carmelita?", preguntó el sacerdote. "He prometido a mis amigos usarlo", explicó el paciente. "Además rezo un Ave María diariamente."

"Usted se está muriendo" replicó el sacerdote. "¿Quiere hacerse católico?" “Toda mi vida lo he deseado", contestó el moribundo.

Fue bautizado y recibió la Unción de los Enfermos antes de fallecer en paz.


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ADVERTENCIAS PRÁCTICAS

Una vez bendecido el primer escapulario, el devoto no necesita pedir la bendición para escapularios posteriores.

Los escapularios gastados, si han sido bendecidos no se deben echar a la basura. Se pueden quemar o enterrar, o mejor aún guardarlos en algún cofre a los pies de la imagen de la Virgen que se tenga en casa, como signo de respeto.


ALERTA CONTRA ABUSOS

El escapulario NO salva por si solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. Mons. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden Carmelita nos dice: "No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos... Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la ´omnipotencia suplicante´ de la madre de la misericordia."

Los Papas y Santos han muchas veces alertado acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre como si nos pudiéramos salvar llevando el escapulario sin conversión. El Papa Pío XI nos advierte: "aunque es cierto que la Virgen María ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor"

Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción ya que la fe y la fidelidad a los mandamientos es necesaria para todos los que buscan el amor y la protección de Nuestra Señora.

San Claude de la Colombiere advierte: "Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario"


EL PRIVILEGIO SABATINO

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Este privilegio es una promesa de la Virgen que consiste en la liberación del purgatorio el primer sábado (día que la Iglesia ha dedicado a la Virgen) después de la muerte por medio de una intercesión especial de la Virgen

Se originó en una bula o edicto que fue proclamado por el Papa Juan XXII en marzo 3, 1322 como resultado de una aparición que tuvo de la Virgen en la que prometió para aquellos que cumplieran los requisitos de esta devoción que "como Madre de Misericordia, con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza".


CONDICIONES PARA QUE SE APLIQUE EL PRIVILEGIO SABATINO

1) Usar el escapulario con fidelidad.
2) Observar castidad de acuerdo al estado de vida.
3) Rezo del oficio de la Virgen (oraciones y lecturas en honor a la Virgen) o rezar diariamente 5 décadas del rosario.

El Papa Pablo V confirmó en una proclamación oficial que se podía enseñar acerca del privilegio sabatino a todos los creyentes.

San Claude de la Colombiere advierte: "Tú preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario."


HABLAN LOS PAPAS Y LOS SANTOS

El Beato Papa Gregorio X fue enterrado con su escapulario solo 25 años después de la Visión del Escapulario. 600 años mas tarde cuando abrieron su tumba, su escapulario estaba intacto.

El Papa Pío XII habló frecuentemente del Escapulario. En 1951, aniversario 700 de la aparición de Nuestra Señora a San Simón Stock, el Papa ante una numerosa audiencia en Roma exhortó a que se usara el Escapulario como "Signo de Consagración al Inmaculado Corazón de María" (tal como pidió la Virgen en Fátima). El Escapulario también representa el dulce yugo de Jesús que María nos ayuda a sobrellevar. Y finalmente, el Papa continuó, El Escapulario nos marca como hijos escogidos de María y se convierte para nosotros (como lo llaman los alemanes) en un 'Vestido de Gracia".

El mismo día que San Simón Stock recibió de María el escapulario y la promesa, el fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llegó puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"


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San Alfonso María de Ligorio y San Juan Bosco tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murió San Alfonso Ligorio le enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos años después cuando abrieron su tumba encontraron que su cuerpo y todas las vestimentas estaban hechas polvo, sin embargo su escapulario estaba intacto. El escapulario de San Alfonso está en exhibición en su Monasterio en Roma.

San Alfonso Ligorio nos dice: "Herejes modernos se burlan del uso del Escapulario. Lo desacreditan como una insignificancia vana y absurda."


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San Pedro Claver, se hizo esclavo de los esclavos por amor. Cada mes llegaba a Cartagena, Colombia un barco con esclavos. San Pedro se esforzaba por la salvación de cada uno. Organizaba catequistas, los preparaba para el bautismo y los investía con el escapulario. Algunos clérigos acusaron al santo de celo indiscreto. Sin embargo él continuó su obra hasta tener mas de 300,000 conversos.


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San Claudio de Colombiere (director espiritual de Santa Margarita María de Alacoque)
«Yo quería saber si María en realidad se había interesado en mí, y en el escapulario Ella me ha dado la seguridad más palpable. Sólo necesito abrir mis ojos, Ella ha otorgado su protección a este escapulario: 'Quien muera vestido en él no sufrirá el fuego eterno`.»

Dijo también: "Debido a que todas las formas de amar a la Santísima Virgen y las diversas maneras de expresar ese amor no pueden ser igualmente agradables a ella y por consiguiente no nos ayudan en el mismo grado para alcanzar el cielo, lo digo sin vacilar ni un momento, ¡El Escapulario Carmelita es su predilecto!" y agrega "Ninguna devoción ha sido confirmada con mayor número de milagros auténticos que el Escapulario Carmelita".


Conversión antes de morir

"Un sacerdote de Chicago fue llamado para ir a asistir a un moribundo que había estado lejos de su fe y de los sacramentos por muchos años. El moribundo no quiso recibirlo, ni hablar con el. Pero el sacerdote insistió y le enseñó el escapulario que llevaba. Le preguntó si le permitiría ponérselo. El hombre aceptó con tal que el sacerdote lo dejara en paz.
Una hora mas tarde el moribundo mandó a llamar al sacerdote pues deseaba confesarse y morir en gracia y amistad con Dios"


El demonio odia el escapulario.

Un día al Venerable Francisco Yepes se le cayó el escapulario. Mientras se lo ponía, el demonio aulló: "¡Quítate el hábito que nos arrebata tantas almas!".


Salvado del fango

Un misionero Carmelita de Tierra Santa fue llamado a suministrar la unción de los enfermos en el año 1944. Notó que mientras caminaba, sus pies se hundían cada vez mas en el fango hasta que, tratando de encontrar tierra firme, se deslizó en un pozo de fango en el que se hundía hacia la muerte. Pensó en la Virgen y besó su hábito el cual era escapulario. Miró entonces hacía la Montaña del Carmelo gritando: "¡Santa Madre del Carmelo! ¡Ayúdame! ¡Sálvame!". Un momento mas tarde se encontró en terreno sólido.

Atestiguó mas tarde: "Sé que fui salvado por la Santísima Virgen por medio de su Escapulario Carmelita. Mis zapatos desaparecieron en el lodo y yo estaba cubierto de él, pero caminé las dos millas que faltaban, alabando a María".


Salvados del Mar

En el verano de 1845 el barco inglés, "Rey del Océano" se hallaba en medio de un feroz huracán. las olas lo azotaban sin piedad y el fin parecía cercano. Un ministro protestante llamado Fisher en compañía de su esposa e hijos y otros pasajeros fueron a la cubierta para suplicar misericordia y perdón. Entre la tripulación se encontraba el irlandés John McAuliffe. Al mirar la gravedad de la situación, el joven abrió su camisa, se quitó el Escapulario y, haciendo con él la Señal de la Cruz sobre las furiosas olas, lo lanzó al océano. En ese preciso momento el viento se calmó. Solamente una ola más llegó a la cubierta, trayendo con ella el Escapulario que quedó depositado a los pies del muchacho.

Durante lo acontecido el ministro había estado observando cuidadosamente las acciones de McAuliffe y fue testigo del milagro. Al interrogar al joven se informaron acerca de la Santísima Virgen y su Escapulario. El Sr. Fisher y su familia resolvieron ingresar en la Iglesia Católica lo más pronto posible y así disfrutar la gran protección del Escapulario de Nuestra Señora.


Un Hogar Salvado del Fuego

En mayo de 1957, un sacerdote Carmelita en Alemania publicó una historia extraordinaria de cómo el Escapulario había librado un hogar del fuego. Una hilera completa de casas se habían incendiado en Westboden, Alemania. Los piadosos residentes de una casa de dos familias, al ver el fuego, inmediatamente colgaron un Escapulario a la puerta de la entrada principal. Centellas volaron sobre ella y alrededor de ella, pero la casa permaneció intacta. En 5 horas, 22 hogares habían sido reducidos a cenizas. La única construcción que permaneció intacta, en medio de la destrucción, fue aquella que tenía el Escapulario adherido a su puerta. Los cientos de personas que vinieron a ver el lugar que Nuestra Señora había salvado son testigos oculares del poder del Escapulario y de la intercesión de la Santísima Virgen María.


EL ESCAPULARIO AVIVA EL FERVOR

En Octubre de 1952, un oficial de la Fuerza Aérea en Texas escribió lo siguiente: "Seis meses después de comenzar a usar el Escapulario, experimenté un notable cambio en mi vida. Casi inmediatamente comencé a asistir a Misa todos los días. Durante la cuaresma viví fervorosamente como nunca lo había hecho. Fui iniciado en la práctica de la meditación y me encontré realizando débiles intentos en al camino de la perfección. He estado tratando de vivir con Dios y doy el crédito al Escapulario de María".

Recordemos que el escapulario es un signo poderoso del amor y protección maternal de María y de su llamada a una vida de santidad y sin pecado.

Usar el escapulario es una respuesta de amor a la Madre que vino a darnos un regalo de su misericordia. Debemos usarlo como recordatorio que le pertenecemos a ella, que deseamos imitarla y vivir en gracia bajo su manto protector.


LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Intervienen las tres personas de la Santísima Trinidad: el Padre, que es el iniciador y el artífice supremo del plan de salvación; el Hijo, que realiza el designio en la historia; y el Espíritu Santo que imprime su «sello» a toda la obra de salvación.

El primer gesto divino, revelado y actuado en Cristo, es la elección de los creyentes, iniciativa libre y gratuita de Dios.

En el principio, «antes de crear el mundo», en la eternidad de Dios, la gracia divina está dispuesta a entrar en acción. Me conmuevo meditando que desde la eternidad estamos ante los ojos de Dios que ha decidido salvarnos.
Llamada a la «santidad», gran palabra. Santidad. Participación en la pureza del Ser divino. Como Dios es caridad, participar en la pureza divina es participar en la «caridad» de Dios, conformarnos con Dios que es «caridad». «Dios es amor» (1 Juan 4, 8.16), esta es la verdad consolante que nos permite comprender que «santidad» no es una realidad alejada de nuestra vida, sino que, en la medida en que podemos convertirnos en personas que aman con Dios, entramos en el misterio de la «santidad».

El «ágape» se convierte en nuestra realidad cotidiana. Somos llevados por tanto al horizonte sacro y vital del mismo Dios. Igualmente es contemplada por el plan divino desde la eternidad: nuestra «predestinación» a ser Hijos de Dios. No sólo criaturas humanas, sino Hijos de Dios.

San Pablo exalta esta sublime condición de hijos que implica y se deriva de la fraternidad con Cristo, el hijo por excelencia, «primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8, 29) y de la intimidad con el Padre celestial que ya puede ser invocado como «abbá», al que podemos llamarle «padre querido», con un sentido de auténtica familiaridad con Dios, con una relación de espontaneidad y de amor, don inmenso, hecho posible por «pura iniciativa» divina y de la «gracia», luminosa expresión del amor que salva. San Ambrosio, en una carta subraya la gracia sobreabundante con la que Dios nos ha hecho hijos adoptivos suyos en Jesucristo.

«No hay que dudar de que los miembros estén unidos a su cabeza, en particular porque desde el principio hemos sido predestinados a la adopción de hijos de Dios, por medio de Jesucristo» («Carta XVI a Ireneo», «Lettera XVI ad Ireneo).

«¿Quién es rico si no Dios, creador de todas las cosas?». «Pero es mucho más rico en misericordia, pues nos ha redimido y trasformado, a quienes según la naturaleza de la carne éramos hijos de la ira y sujetos al castigo, para que fuésemos hijos de la paz y de la caridad».


ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

"Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."


ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Oh Virgen Maria, Madre de Dios y Madre también de los pecadores y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario, por lo que su Divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que te pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria y bien de mi alma; que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa. Quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente y uniendo mi voz con sus afectos, te saludo una y mil veces diciendo: Tres Avemarías..

Virgen Santísima del Carmen, yo deseo que todos sin excepción, se cobijen bajo tu sombra protectora de tu Santo Escapulario y que todos estén unidos a Ti Madre Mía, por los estrechos y amorosos lazos de ésta tu querida insignia.

¡Oh Hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante su sagrada imagen y concédenos benigna tu amorosa protección. Te encomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre el Papa y la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos. Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu Divino Hijo y a tantos infieles cómo gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre Mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad.
Amén.



Este artículo fue publicado por Karla Rouillon Gallangos para la difusión y expansión de la devoción del uso del Santo Escapulario y para que crean que quien lo lleva todos los días con devoción y muere con él saldrá del Purgatorio el primer sábado siguiente a su muerte, porque así lo promete la Madre de Dios, la Santísima Virgen María.

Las fuentes utilizadas son las páginas de CATHOLIC.NET, CORAZONES.ORG, ACIPRENSA e incluye parte de los testimonios de "Historias del Escapulario Carmelita" del Padre Howard Rafferty, O. Carm., publicadas por Aylesford, Darién, Illinois 60559 USA.

Que Dios les bendiga.
EL DEMONIO DE LA ACEDIA - PADRE HORACIO BOJORGE

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La Acedia es una tristeza por el bien, por los bienes últimos, es tristeza por el bien de Dios.
Es una incapacidad de alegrarse con Dios y en Dios.
Nuestra cultura está impregnada de Acedia.


La civilización depresiva.

La acedia se encuentra instalada en forma de hábitos en las sociedades y en las culturas, de modo que se puede hablar de una verdadera civilización de la acedia y de esto trata este primer capítulo de esta serie.

Estamos en una civilización de la acedia, no se diagnostica este mal de manera explícitamente religiosa y nuestro diagnóstico es religioso. Normalmente se habla de la sociedad depresiva, hace pocos años publicó el Padre Tony Anatrella, un jesuita francés, psicólogo social y psicólogo consultor de la Santa Sede, un libro que se llama “La Sociedad Depresiva” en el que nos dice que “la depresión no es solo la enfermedad más extendida en nuestra civilización, sino que es su mal característico”. La nuestra es una sociedad que se caracteriza por ser depresiva, deprimida y de alguna manera deprimente.

Otro gran psicólogo muy reconocido, Viktor Frankl, decía hace muchos años que la depresión se debe a que el hombre necesita tener un sentido último, y cuando pierde ese sentido último empiezan los procesos psicológicos y neurológicos que lo sumergen en la depresión, en la tristeza.

En los siguientes capítulos veremos que la acedia es una tristeza, pero una tristeza por los bienes últimos, es tristeza por el bien de Dios, o la incapacidad de alegrarse con Dios y de alegrarse en Dios.

La sociedad depresiva ha avanzado muchísimo en procurarles a los hombres bienestar y progreso material, ha llevado a los pueblos a mejorar su nivel de vida, sin embargo eran pueblos que cuando no tenían tanto bienestar sabían celebrar la vida por que se alegraban en las cosas sencillas, y aunque tuvieran menos posibilidades de bienestar tenían sin embargo más alegría. Parece que esta sociedad depresiva, en la medida en la que aumenta el disfrute de las cosas, pierde la capacidad de disfrutar y alegrarse, y produce entonces un nuevo tipo de fiesta, que ya no es la fiesta de la celebración de la vida sino que es una fiesta de evasión de la cual vuelve a la vida diaria con una sensación de aburrimiento o abrumado, después de haber huido como que se recluye de nuevo en la cárcel de las cosas y no encuentra ya la alegría de los vínculos. Es una sociedad en que se está agrediendo a los vínculos y principalmente al principal que es el vínculo con Dios.

La revelación bíblica a unido, y Nuestro Señor Jesucristo une también, el amor a Dios como el primero de todos los vínculos, con el amor al prójimo, como dos amores necesariamente unidos por que el uno es la fuente de los otros; el amor a Dios es el vínculo fontal que permite que el hombre se vincule con los demás amorosamente.

Ya los filósofos griegos, Platón, Aristóteles, explorando las filosofías de la sociedad humana, explorando en que consistiría la felicidad, determinaron que la felicidad no está en las cosas, no está en el dinero, no está en el bienestar, no está en el placer, no está en la fama, no está en la gloria ni en el aplauso de las personas, sólo un bien de su misma naturaleza personal puede hacer feliz a una persona, por lo tanto concluye Aristóteles, la felicidad del hombre puede estar solamente en la amistad con los demás hombres, y la amistad es un amor recíproco, no basta que uno ame a los demás si no es amado por los otros, esa red de relaciones vinculares que conforman la felicidad de los ciudadanos supone la existencia de la virtud, por que si los ciudadanos no son virtuosos esa amistad se corrompe por egoísmo de uno o de los dos, y esa relación –lejos de convertirse en el origen de la felicidad– es la fuente de una explotación del egoísta al generoso, o un pacto de intereses entre dos egoístas, y esto no basta para hacer la felicidad ni de las personas ni de la sociedad.

Por eso concluye Aristóteles, que para el bien de la sociedad y de los ciudadanos, los individuos deben ser virtuosos, y hace por lo tanto todo un tratado de la virtud para decirnos que es necesaria esa virtud para amar al otro sin egoísmo.

Entre las virtudes, tanto Platón como Aristóteles, dan mucha importancia a las virtudes de la templanza en el uso de los bienes y de la fortaleza ante los males, y dicen que desde niños los ciudadanos deben ser educados en estas virtudes.

Ellos, sin embargo no podían saber por que la virtud del hombre se corrompe, ellos no tenían la sabiduría revelada por Dios acerca del pecado original y de la fuente de la corrupción del amor, del amor en su relación con Dios el creador, y del amor en la relación con los demás; la revelación cristiana viene a traer esta sabiduría, y nos da el secreto y la explicación, y hasta el nombre de esta raíz de la corrupción de las virtudes, eso es lo que llamamos acedia o tristeza por el bien, el ser humano es capaz de no alegrarse en el bien principal que son sus vinculaciones, (con Dios y con las personas), y por lo tanto puede valorar más las cosas que a las personas, esto lo notamos en esta sociedad en la que, a medida que aumentan los adelantos técnicos nos topamos con personas que son cada vez menos capaces de vincularse entre si. Podemos ser muchas veces muy hábiles en el manejo de la computadora, de la Internet, de los celulares, cada vez estamos más comunicados pero cada vez tenemos menos comunión los unos con los otros, cada vez nuestros vínculos son más superficiales, y esa comunicación y relacionamiento entre las personas no nos conduce a unos vínculos tan profundos como antes de estos adelantos técnicos.

Por lo tanto esta civilización va perdiendo, junto con su vínculo con Dios, el vínculo entre las personas llegando a una especie de autismo cultural donde las personas se clausuran dentro de si mismas y tienen más dificultad de relacionarse con otras personas, los vínculos son más frágiles y menos duraderos.

Esta civilización depresiva es la civilización de la acedia, ha perdido la capacidad de alegrarse en el culto divino y por eso a perdido la capacidad de celebrar en la vida con fiestas que celebran la vida, y sus fiestas son una huida del aburrimiento más que una celebración del amor y los vínculos.

Quiero echar mano de una parábola evangélica que nos puede revelar algo de las razones últimas de este mal de la civilización, se trata de la parábola del hijo pródigo. En la parábola del hijo pródigo precisamente encontramos que hay uno de los hijos que se va de la casa del padre por que no aprecia la vinculación con el padre sino que va en busca de otros bienes que no son los bienes principales, se equivoca en la evaluación relativa de los bienes, y abandona el vínculo filial-paterno para buscar su felicidad, conocemos la historia y sabemos que ese intento del hijo pródigo de encontrar la felicidad termina en un fracaso que lo hace volver a la casa del padre, en donde el padre lo está esperando para reanudar el vínculo, el hijo prodigo no se siente digno de reanudar ese vínculo pero el padre le devuelve la confianza y reanuda el vínculo con ese hijo. En realidad el hijo vuelve acuciado por la necesidad, no vuelve con la esperanza de encontrar el bien del vínculo, todavía no ha entrado en la sabiduría filial paterna, el viene a la casa del padre acuciado por una necesidad, pero en su corazón no es la principal necesidad el amor del padre.

Y allí mientras se celebra la fiesta por el hijo llega el otro hijo, el hijo mayor, que vive en la casa del padre y se enoja con la fiesta que el padre hace celebrando la recuperación del hijo que se había perdido, aquí vemos también, que el hijo que había permanecido con el padre no estaba allí por el amor al padre sino por otros motivos, porque si hubiera permanecido en su casa por amor a su padre se habría alegrado con la alegría del padre y se hubiese entristecido con su tristeza por la perdida del hermano; esta parábola nos enseña, entonces, que lo principal era conocido por el padre pero desconocido por los hijos, tanto uno –el que se va– como el otro –el que se queda en casa– no tenían como bien principal el vínculo amoroso con el padre, y por lo tanto los dos necesitaban de sanación, por que los dos ponían las cosas por delante del padre.

La queja del hijo mayor se refiere a los bienes que ha dilapidado su hermano menor, “ese que ha gastado todos sus bienes con prostitutas y en placeres”, no deplora otros males del hermano menor, sin embargo el padre deplora haber perdido al hijo, y se alegra de haberlo recuperado, el padre es el portador de la sabiduría de los vínculos como lo principal, que lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas y que sin eso todas las dichas terrenas no alcanzan a ser la felicidad del hombre.

Esa sabiduría elemental se ha perdido en esta cultura de la acedia y por eso esta cultura se aparta cada vez más de Dios, algunos son como el hijo pródigo que se van, esta cultura en gran parte es el hijo pródigo, que se ha ido muy lejos del Padre, que se apartado muy lejos de la revelación del Padre a través del Hijo, se ha apartado de nuestro Señor Jesucristo, y que está en una situación de apostasía, de lejanía, en una postura de haberle dado la espalda al Padre y haberse vuelto a las criaturas lo cual es la definición del pecado, la aversión a Dios y la conversión a las criaturas.

Esta civilización es la civilización de la acedia porque no sabe alegrarse con el amor del Padre, porque no sabe alegrarse con su condición de hijo, prefiere abandonar su relación con el Padre e ir a buscar su felicidad en otras cosas, en otros caminos que no son estrictamente la vinculación. Pero quizá muchos nos hemos quedado en la casa del Padre, no nos consideramos hijos pródigos, pero nos podemos preguntar si estamos en la casa del Padre atesorando el vínculo filial paterno como lo esencial y lo principal de nuestra relación con Dios, o si albergamos algunas imperfecciones en esa vinculación; si realmente nuestra felicidad viene del amor divino, si sabemos celebrar el culto como una fiesta del gozo filial alegrándonos con los bienes del Padre, o si nos falta todavía una conversión al Padre.

En esta historia, dice el Beato Juan Pablo II, los rayos de la paternidad de Dios encuentran una primera resistencia en el dato oscuro pero real del pecado original; esa duda de Eva que la serpiente le inculca de que Dios es un Dios egoísta y que no quiere darnos los bienes, esa desconfianza de Dios de la que nos habla el mito de Prometeo encadenado que tiene que robar a los dioses celosos el don del fuego, y continua el Papa: «esta es la verdadera clave para interpretar la realidad de nuestra cultura, que el hombre tiene miedo de Dios, hay un miedo a la religión, un miedo a la revelación de Dios, el pecado original no es solo la violación a una voluntad positiva de Dios, no es sólo la desobediencia, sino la motivación que está detrás de la desobediencia, la desconfianza de Dios, la cual tiende a abolir la paternidad de Dios». Estamos en una cultura en la que incluso en los medios creyentes la imagen del Padre ha quedado nublada, se habla de Jesucristo sin relacionarlo con el Padre,

Juan Pablo II continúa diciendo «tiende a abolir la paternidad destruyendo su rayos que penetran en el mundo creado, poniendo en duda la verdad de Dios que es Amor».

El Papa Benedicto XVI escribió su primera encíclica diciendo “Dios es Amor”, a esta cultura que no piensa encontrar la felicidad en el amor a Dios y a los hermanos, a esta cultura el Papa le dice Dios es Amor no tienes porque temerle, ese es el mensaje de su primera encíclica y en su tercera encíclica es “Caritas in Veritate”, la caridad se realiza en la verdad, y la verdad es la verdad acerca de Dios que nos revela Nuestro Señor Jesucristo: que Dios es Padre, y que nosotros somos hermanos entre nosotros, pero tan solo podemos realizar la fraternidad si primero vivimos la filialidad, una fraternidad sin filialidad, una fraternidad sin padre es una utopía revolucionaria que sabemos históricamente que no condujo a nada y que no logró hacer más fraterna la cultura actual, donde precisamente pensadores inspirados en esa utopía dijeron que la relación entre los hombres es la dialéctica del amo o del esclavo, o yo soy tu amo o tú me dominas, y entonces se establece entre las personas una relación de miedo o de rivalidad, de oposición, de lucha y de predomino, y esto también se proyecta hacia Dios, esta cultura tema ser dominada por Dios, es una cultura que se ha apartado –incuso intelectualmente– de la importancia del amor, y a la cual el Papa (que conoce muy bien esas ideologías) le dice que Dios es Amor y que ese Amor se realiza en la Verdad revelada acerca de Dios, y aunque ahora no podemos tener a ese Dios plenamente, sin embargo ya es capaz de cambiar nuestra vida desde ahora, y por eso la segunda carta del Papa Benedicto es sobre la esperanza, es decir que a Dios ya lo tenemos, pero hay todavía mucho más que esperar de Dios en el futuro, que la ciudad de Dios, la ciudad de los hombres que aman a Dios y que es amada por Dios, no se realiza plenamente ahora en la historia sino que va a ser una Jerusalén celeste, en este momento se está como formando en la historia, y se están juntando en el cielo los que aquí han vivido la primacía del amor en sus vidas, los que han puesto delante los vínculos y no las cosas, una ciudad de la que quedan excluidos los que han puesto las cosas delante de las personas y los vínculos.

Estamos en la civilización de la acedia, y creo queridos hermanos, que en los próximos capítulos de esta serie en que hablaremos sobre el demonio de la acedia nos iluminará mucho sobre nuestra vida en este mundo y nos ayudaran a encontrarnos en el camino hacia el Padre lo cual les deseo a todos, y a mí, para encontrarnos un día en la Jerusalén celestial.

Que Dios los bendiga.


PADRE HORACIO BOJORGE


Espero que este artículo de CATHOLIC.NET donde el Padre Horacio Bojorge nos relata lo que es el demonio de la Acedia y lo que le ha hecho a nuestra civilización haya sido de utilidad.
En una serie de trece (13) videos, el Padre Bojorge ha realizado una serie en EWTN donde relata y explica este tema y sus soluciones.

Te invito a disfrutarlos en mi canal de Gloria.tv.

http://www.gloria.tv/?user=6823

KARLA ROUILLON GALLANGOS
LIMA-PERÚ


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Cuestión de Fe


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¡NO lass="highlight">RECIBAS LA EUCARISTÍA EN LA MANO!


“Para que al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los Cielos, en la Tierra y en los abismos” (Filipenses 2, 10)

¿Crees que Jesús es Dios y que está presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía juntamente con su cuerpo, Alma y Divinidad? Si lo afirmas en todo, ¿por qué le mezquinas su dignidad al recibirlo y no te arrodillas?


¿Sabías que todas las citas bíblicas, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento, reclaman la postura de “postración” ante la presencia de Dios?


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Es cierto que aún sigue vigente la facultad de recibir la Eucaristía en la mano, pero, al parecer, ya no va a durar mucho por las experiencias que se han dado.

Te lo explicaré más adelante…


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¿Qué ahora ha surgido el inconveniente de la presunta contaminación a cuenta de la Gripe A H1N1?
Ah, caramba, ¿y no tienes reparo en recibir cualquier dinero que con toda seguridad pasó por manos de muchísimos enfermos de toda clase, sin asegurarte que ese dinero no contiene ningún microbio contaminante? Pero no, todo el mundo lo guarda en el bolsillo, con mucho cuidado y tampoco se preocupa de lavarse las manos para comerse, a continuación, el pan de cada día.

Es decir, el dinero no es motivo de contaminación ¡¡¡pero Jesús Eucaristía, al parecer, SI!!!
Por eso, sorprende que algunos pastores de almas se han precipitado bastante en arrancar los comulgatorios y las rodilleras de las bancas, para que ni siquiera en la Consagración de la Misa puedan arrodillarse.


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¿Sabías que hay una larga lista de Papas y Santos que prohibieron en siglos pasados todo contacto con la Eucaristía?

Que, ¿cómo llegó el permiso de recibir la Comunión en la mano?
Te lo explico.


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El Papa Pablo VI, en 1969 publicó una Instrucción llamada “Memoriale Domini”, a cuenta de la presión de algunos obispos de centro Europa que vivían la influencia protestante y solicitaban la ampliación en la distribución de la Comunión de manera opcionable: EN LA MANO O EN LA BOCA.
El Papa no quiso actuar solo y pidió la opinión de todos los Obispos del mundo.


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La respuesta mayoritaria fue negativa por los inconvenientes que comportaba, entre ellos la incoherencia con el rito del sacerdote al celebrar la Santa Misa, pues éste, debía purificar la patena y los vasos sagrados a fin de recoger, en lo posible, las partículas que con tanta frecuencia se desprenden.

Otro de los inconvenientes que vieron era la misma dignidad del Sacramento, pues se presentaban dificultades pastorales en este punto al depositar el Santísimo en tantas manos.


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Por si no bastara, su criterio coincidía con el resultado de la consulta. Sentenció que debería darse la Comunión en la forma tradicional.
No obstante, dejó abierto un “portillo” de forma tal que “si alguna Conferencia Episcopal creyere oportuna la facultad de entregar la Comunión en la mano, debían reunirse los Obispos en consulta”: que si sacaban los dos tercios de votos favorables a la nueva modalidad que le comunicaran para la oportuna ratificación.


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Pues bien, bastó esta apertura para que muchos Obispos lo tomaran como un “aggiornamento” y ampliaran -por su cuenta- el permiso, de forma tal que la Santa Sede se vio un tanto desbordada para autorizarla en el mismo Roma, pese a que la Conferencia Episcopal Italiana negaba tal posibilidad en hasta tres convocatorias.


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Por mucho que los parlantes vaticanos de la Plaza de San Pedro anunciaran que en Roma estaba prohibido, no se hacía caso porque llegaban sacerdotes en diversas lenguas y daban a sus feligreses la Comunión en la mano. Es decir, que por fin no tuvo más remedio que autorizar sobre hechos consumados.
Más tarde, se lamentaría el mismo Papa Pablo VI, acuñando la frase “por alguna rendija ha entrado en la Iglesia Católica el humo de Satanás.”


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Esta frase del Papa Pablo VI sólo confirmaría otra lamentación del Papa Juan XXIII, al parecer en tono al Concilio Vaticano II “Quise que entrara una brisa fresca en la Iglesia y ha entrado un huracán que no lo puedo contener.”
Son frases históricas, que ahí están recogidas por los rotativos.


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¿Y a qué pudieran referirse estas lamentaciones de ambos Papas?
Pues a la CRISIS dentro de la Iglesia Católica cuyo centro principal se ubica en LA EUCARISTÍA.


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¿Y si preguntáramos al Cielo sobre la Comunión en la mano, qué nos respondería?
Ahí tenemos bien claramente la respuesta en Fátima, que, pese a ser revelación privada tiene toda aprobación habida y por haber.
Recordemos pues que los pastorcitos recibieron la Comunión de manos del Ángel de rodillas y en la boca.


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Finalmente, tenemos el aporte del actual Papa Benedicto XVI que NO entrega la Comunión en la mano en las misas que celebra.
El Papa Benedicto XVI llegado el momento de la Comunión, manda poner el comulgatorio y sólo entrega la Comunión en la boca y de rodillas.
Al parecer por el momento, sólo se contenta con el ejemplo, esperando a que –con el tiempo- sacerdotes y laicos se den cuenta que a Jesús Sacramentado le debemos “adoración” y tratarlo con el mayor respeto y dignidad.


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No se trataría aquí de discusiones teológicas ni tampoco de higiene, se trata de una simple reflexión: ¿A quién se recibe y cómo debo recibir el Santísimo Sacramento de acuerdo a Su dignidad?


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Claro, no son dogmas de fe aplicables a la manera de recibir la Comunión, sino de simples disciplinas pastorales y que también tenemos que aprender a obedecer.
Para eso la inteligencia y la virtud.


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Lamentablemente, muchos católicos están ciegos (laicos y sacerdotes) y no se dan cuenta que muchos de los que promueven el recibir la Eucaristía en la mano NO SON CATÓLICOS, SON PROTESTANTES, y se sustentan (como buenos protestantes) en un texto antiguo de SAN CIRILO DE JERUSALEN (315-386), Obispo y Doctor de la Iglesia, y gran defensor de la divinidad de Cristo frente a la herejía del arrianismo.


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En sus escritos habla de la penitencia, del pecado, del bautismo y del Credo, explicándolo frase por frase, para instruir a los recién bautizados sobre la fe, también habla bellísimamente sobre la Eucaristía, insistiendo fuertemente en que Jesucristo Sí está presente en la Santa Hostia de la Eucaristía.


A los que reciben la comunión en la mano les aconseja: "Hagan de su mano izquierda como un trono que se apoya en la mano derecha, para recibir al Rey Celestial" (traten con cuidado la hostia consagrada, para que no caigan pedacitos, así como no dejaríamos caer al suelo pedacitos de oro).


En síntesis estos documentos son de mucho valor porque contienen las enseñanzas y ritos de la Iglesia de mediados del siglo IV y forman "el primitivo sistema teológico".


Pero lo que no dicen los que defienden el recibir la Comunión en la mano amparándose en esta frase de San Cirilo de Jerusalén es que él se dirigía a los herejes recién convertidos a la fe católica y que aprendían a recibir el Cuerpo de Cristo.


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San Cirilo de Jerusalén no fue el precursor de esta práctica sino que les enseñaba a los herejes a respetar la Eucaristía porque en sus costumbres barbáricas no sabían recibirla con respeto.


En Lima - Perú, un grupo de personas le entregó una lista de firmas al Cardenal Juan Luis Cipriani con la petición de que, a consecuencia de la Gripe A H1N1 y para evitar contagios, se hiciera OBLIGATORIO el entregar la Comunión en la Mano.


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Como respuesta a esta petición el Cardenal Cipriani sacó el comulgatorio y lo coloca siempre en las misas que celebra en la Catedral de Lima y entrega la Eucaristía en la boca y de rodillas, y ha prohibido entregar la Eucaristía en la mano dentro de su Diócesis.


En el Primer Congreso Eucaristico y Mariano celebrado en Lima, Perú, en el mes de Junio del 2010 con ocasión del Corpus Christi, el Cardenal Juan Luis Cipriani prohibió la eucaristía en la mano y ordenó a todos los cientos de sacerdotes ahi reunidos a entregar la lass="highlight">eucaristia en la boca.


¿Cómo podemos tener la certeza de que quienes difunden el recibir la Eucaristía en la mano son realmente católicos?
Martín Lutero decía “Aniquilando la Misa, habremos aniquilado el Papado en su totalidad, porque es sobre la Misa, como sobre una Roca, que el Papado se apoya con sus monasterios, sus obispados, sus colegios, sus altares, sus ministros y sus doctrinas. Todos estos caerán cuando su sacrílega y abominable Misa haya sido reducida a polvo".


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Y, católicos, ¿Cuál es el centro de la Santa Misa?
¿No es acaso la Sagrada Eucaristía, presencia real de Jesucristo en Cuerpo y Sangre en la Comunión?


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Por recibir la Comunión en la mano –y entregarla- los sacerdotes y laicos han perdido su devoción hacia la Eucaristía, recibiéndola de pie, con las mismas manos con las que entregan la limosna y dan el saludo de la Paz, sin embargo, no comprenden que en sus manos quedan partículas del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, desacralizadas, porque NO VEN A DIOS en la Eucaristía sino UNA MERA COMIDA.


La crisis de la Iglesia Católica en nuestros días es gravísima, y todo por la pérdida de la devoción en los católicos.
Hoy en día tenemos sacerdotes que celebran la misa sin ningún respeto por la Eucaristía utilizando galletas, panes de tamaño exhorbitante e incluso Doritos en lugar de la Hostia reglamentada por la Iglesia Católica.


La pérdida de la devoción en los católicos ha originado tal cantidad de abusos litúrgicos que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha emitido la Instrucción “Redemptionis Sacramentum” donde se autoriza a los laicos a denunciar estos abusos litúrgicos contra el Santísimo Sacramento.


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Jesucristo dijo "Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella."
Mateo 16,13-19; Lucas 9,18-21; Marcos 8,27-30).


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A la Iglesia Católica, desde sus primeros comienzos, no le han faltado dolores, espinas ni persecuciones. Todo se ha dado siempre con saña feroz.
Pero la Iglesia Católica todo lo superó.
A lo largo de todos los siglos conoció de luchas y ataques. A veces los más furiosos le dieron unidas todas las fuerzas del mal.
Las pruebas a veces vinieron no solamente de bandos contrarios sino también -por desgracia- de los propios de adentro.
Quizás por esto fueron los más dolorosos.


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Católicos, cada uno de nosotros somos ladrillos dentro de la Iglesia Católica y hay demoledores que buscan acabar con nuestra Iglesia derribando estos ladrillos, alejando a las ovejas del Pastor, distanciando a los católicos de Su Iglesia.


¡Católico, Reacciona! Jesucristo puso en manos de su apóstol Pedro a la Iglesia naciente con la sublime y bien concreta misión de hacer conocer a todos los hombres el Reino de Dios, y esta Iglesia estaba bajo el mando y cuidado de Pedro y sus sucesores, no de ángeles ni de querubines, sino al cuidado de hombres y como tales seres frágiles y pecadores. Si Jesucristo que es verdadero Dios y verdadero Hombre así lo dispuso, no se equivocó.


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Pero la Iglesia Católica siempre con el cetro de Pedro y con el poder de Jesucristo salió victoriosa. Como en los primeros años, la Iglesia Católica continuará siempre sabia, Santa y segura a pesar de cualquier contratiempo, tanto de adentro como de afuera.


Y esto así se dará hasta el último día, hasta el día final. En este día, todos los pueblos del mundo podrán constatar con asombro la certeza de aquella lejana promesa que a la Iglesia le dio Jesús: “Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella".


Nuestra Iglesia Católica tiene una historia impresionante y sublime a los largo de los siglos
¿Quién conociéndola, podrá atreverse a negar la divinidad de su origen y la sagrada misión que conlleva?
¿Alguien podrá explicarse su misteriosa y activa existencia después de haber superado los avatares sufridos durante veinte siglos y más?


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Católicos, hay que restaurar nuestra Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.


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VERDADERAS Y FALSAS APARICIONES MARIANAS

"En las auténticas apariciones los mensajes son de esperanza, de amor a la Iglesia. En las "falsas apariciones" son mensajes llenos de temor y de miedo."

Fuente: CATHOLIC.NET - MARIOLOGIA
Autor: Rev. Padre Andrés García Torres


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"Vivimos en una época de gran confusión en muchos de los campos en los que se desarrolla nuestra vida ordinaria y cotidiana. Esta confusión se extiende también a la fe, no por parte de Dios que siempre es fiel, sino por culpa de hombre que todo lo complica por aquel "espíritu malo" que todos llevamos dentro, causa del Pecado Original y que se llama concupiscencia.

En el ámbito espiritual o de la fe hoy asistimos a una verdadera "marejada", por un lado el progresismo que se ha infiltrado o intenta infiltrarse dentro de la Iglesia, las sectas que amenazan como el lobo al cordero la fe de los sencillos, la desobediencia al Magisterio del Papa y de los obispos, las modas que tanto ofenden a Dios (como nos dice Jacinta de Fátima cuando "profetiza" estos tiempos nuestros), y por otro lado un peligro no grave que afecta a muchos sectores de la Iglesia, de buenos católicos: las falsas apariciones que pululan por doquier, muchas veces como algo totalmente extravagante que consigue más el apartar a las almas de Dios y de la Virgen que el llevarlas a Ellos.

No olvidemos que los Santos dicen que el Demonio es "la mona de Dios", pues repite, imita lo que Dios hace para ridiculizarlo y desprestigiarlo. Claros ejemplos tenemos de muchas apariciones supuestas, apariciones que no voy a juzgar aquí pero que están en la mente de todos. Por eso no es extraño escuchar muchas veces en los promotores de estas mentiras y falacias, de estos montajes: "Es la continuación de Fátima..." "Esto es como Fátima". Si analizamos profundamente las verdaderas apariciones que son las aprobadas por la Iglesia nos damos cuenta de que es muy distinto todo: los mensajes, las formas, etc.

Quiero afirmar que desde el 1831 cuando la Virgen se aparece a Santa Catalina en París y le entrega la Medalla Milagrosa tenemos como una "Era de María" que parece que culmina con las apariciones de Fátima, donde la Virgen continuando como en entregas su obra, de un lugar a otro, nos da su celestial mensaje para estos tiempos difíciles, como decía el Papa Juan Pablo II en uno de sus viajes Apostólicos a Fátima: "La voz de María es como la de Juan en el desierto que nos invita a la conversión, a la penitencia, al cambio de vida, a estar alertos a la Venida del Señor en cada hombre y en cada acontecimiento, en nuestra vida y en la de la humanidad".

En los mensajes de Fátima, Lourdes, La Salette, la Medalla Milagrosa, Pontmain... La Santísima Virgen habla muy poco, son mensajes muy breves (como las intervenciones de la Virgen en los Evangelios), claros, sencillos. En los mensajes de las "nuevas apariciones" son mensajes larguísimos, aburridos, da la impresión de que no acaban nunca.

En las auténticas apariciones los mensajes son de esperanza, de amor a la Iglesia. En las "nuevas apariciones" son mensajes llenos de temor y de miedo. Ya he conocido en mi labor sacerdotal a más de una persona que vive atemorizada por estos mensajes. Y Dios no es temor, Dios es Amor, Dios es Misericordia y Confianza Infinita sin límites. Dios sólo detesta la soberbia y la autosuficiencia del hombre que no se reconoce pecador y poca cosa ante la Majestad, la Grandeza y la Sublimidad de Dios.

Otro punto importante a la hora de analizar son los videntes o instrumentos. Si analizamos a Santa Catalina Labouré, a Santa Bernardita o a los niños de Fátima vamos a encontrar almas cándidas, sencillas, humildes, personas que huyen de la fama, de la estima, que incluso se esconden cuando alguien va a preguntar por los "afortunados" que han visto a la Virgen. Si analizamos a los "videntes" de hoy, estos recorren todo el mundo, aparecen en todos los medios de comunicación social, dan conferencias, asisten a congresos, etc. ¡Comparen ustedes mis queridos lectores!

Por otro lado podemos examinar los frutos. Como dice el Evangelio: "Por sus frutos los conoceréis". Estas nuevas apariciones no producen más que enredos, líos, problemas de todo tipo, hasta muchas veces enfrentamientos. No quiero aquí poner ejemplos concretos para no ser juez, eso le corresponde a la Iglesia. Pero sí recuerdo que de un numeroso grupo de peregrinos que salían de una población de Madrid cada primer sábado a una conocida y famosa aparición en España, iban en el autocar todo el tiempo enfadados, regañando, compitiendo por los lugares del autocar, incluso pronunciando groserías por sus bocas algunas de estas personas. A este hecho me remito y a otros muchos que podría citar cuando hablo de los "frutos de las nuevas apariciones".

Después de estas observaciones podemos demostrar lo que hemos dicho. El Diablo es la "mona de Dios", que imita a las verdaderas y autenticas apariciones para – ridiculizándolas -, destruirlas y sobre todo desprestigiarlas. Cuántos sacerdotes y cristianos al saber sobre estas "nuevas apariciones" y ver "los frutos" han identificado estas con las verdaderas y aprobadas y por la falta de discernimiento han despreciado a las verdaderas apariciones.


Cuidado con los fenómenos espectaculares

Muchas veces en estos "falsos lugares de apariciones" se realizan fenómenos que no tienen explicación. Esto no es un indicio de que lo que allí sucede es verdadero. El Maligno que es el Padre de la Mentira, el Príncipe de este mundo puede simular signos que aparentemente son de santidad como son el don de lenguas, los estigmas, etc.

En la vida de Santos de la categoría de San Juan de la Cruz (tiene una doctrina muy buena para discernir todas estas sutilezas y engaños del Demonio en las almas); se cuentan por lo menos dos casos que confirman esto que yo estoy diciendo:

1º Cuando San Juan de la Cruz es nombrado por Santa Teresa confesor de la Encarnación, en el convento de las monjas Agustinas de Avila, existe una monja con "fama de santa" que tiene don de lenguas e interpreta la Sagrada Escritura perfectamente junto con otros dones. Alguien manda a San Juan a verla para que la examine y él descubre que todo es engaño del Demonio sobre esta monja a la que tiene posesionada.

2º En el convento de Beas de Segura (Jaén) fundación de Santa Teresa, San Juan de la Cruz descubre que la relación que una monja dice tener con el Niño Jesús, es cosa del Maligno que la está engañando con falsas visiones, revelaciones, todas llenas de aparente virtud. No se trata, pues - según pensaba la monja - del Niño Jesús. San Juan de la Cruz descubre la estratagema del Maligno y se da cuenta del gran peligro de estas cosas.


Engaño especial del Demonio para las almas piadosas

Además de los intereses que muchas veces se pueden esconder en estas falsas apariciones nos encontramos con que el Demonio para la gente y almas piadosas utiliza este engaño que engendra tanta soberbia espiritual (la soberbia es incluso peor pecado que la impureza, es el pecado de los Angeles Rebeldes, es el pecado que ocasiona todos los demás, es un pecado muy sutil que se esconde tras una máscara de "bien" y se infiltra por doquier en la vida espiritual). Con la gente piadosa y de buena voluntad no ataca el Maligno directamente, "para convencerlos se presenta como ANGEL DE LUZ.

El principio general se enuncia así: El demonio estimula fuertemente los actos de religión. Por aquí entra a la gente buena; los entusiasma con sus "trampantojos"; incita la bondad, la generosidad, solidaridad con los desheredados o tercermundistas, para oscurecer el objeto de esos actos de religión; los trabaja inconscientemente y va insinuando y deformando: el sacrificio, el esfuerzo personal, el juicio propio, valen más, agradan más a Dios, tienen más mérito que la obediencia.

Acompaña esto con fenómenos extra, de modo que hace creer que allí está Dios; una vez firme en esta fe, los va apartando de la vida de la iglesia so pretexto de mayor santidad que la de los responsables de la misma Iglesia que -dice- han perdido la fe, (de aquí tantos ataques en mensajes a los obispos, sacerdotes, incluso al mismo Papa, cuántas veces hasta insinuando la venida de un Papa anti-cristo. Con esto consigue el desprestigio de la Iglesia y de una institución tan necesaria y fundamental como el Papado. Algunos de estos mensajes de "supuestas apariciones" los podría firmar sin problemas el mayor anti-clerical o masón de nuestros días y de antaño). Incluso les lleva a ideas de fundar una religión o grupo de "verdadera Iglesia, la Iglesia de los Santos o Carismática, frente a la Iglesia institución o jerárquica".

Con todo lo dicho hasta ahora podemos ver que el Maligno es más inteligente que nosotros, podemos afirmar que incluso ha "utilizado" la misma "arma de Dios": su Madre María la Virgen... Para no caer y ser vencidos necesitamos mucho la humildad y la obediencia a la Iglesia, una vida de oración auténtica, y un abandono en la Santísima Virgen María, Nuestro Socorro y Auxilio.


Auténticos videntes o instrumentos en las manos de Dios

Sabemos por la historia de la Iglesia como el Diablo puede provocar estigmas y fenómenos paranormales para conseguir algún fin, por eso el que en un lugar de apariciones se den "hechos prodigiosos", no quiere decir que sea auténtico. Un ejemplo de esto lo proporciona la misma Escritura en Simón el Mago, quien volaba e imitaba los milagros de los apóstoles. Mas al hacer San Pedro la señal de la cruz, pierde el mago todos sus "dones".

Nos extraña que el Maligno pueda hacer esto, pero él lo hace utilizando del misterioso poder que Dios le ha dado, y tiene mucho poder en cuanto que es un Angel, no más que Dios, claro esta, por eso nosotros lo podemos vencer.

Vamos a discernir sobre las actitudes de los videntes, tema esencial en las apariciones o manifestaciones de Dios, sobre todo en las marianas tan actuales en nuestros días.

Afirmando con esto, que sucesos "prodigiosos" en un lugar de aparición no es criterio de verdad o autenticidad. Sabemos que en Lourdes después de las apariciones a Bernadette, aparecieron grupos de falsos videntes endemoniados que incluso levitaban y que si no hubiera sido por la acción de Dios y la prudencia de la Iglesia hubieran "tirado o destruido" la Obra de la Virgen que tantos grandes frutos ha producido. El Maligno para lograr un gran éxito para su "reino de tinieblas", puede permitir o consentir una pequeña derrota aparente, no olvidemos lo que ya hemos afirmado con la Escritura y la Iglesia: es el "padre de la mentira", es muy astuto y sagaz.

Los dones y carismas son un regalo de Dios a las almas cuando estas son "pequeñas", humildes y sencillas. Son engrandecidas por Dios cuando estas almas corresponden a sus gracias.

No debemos de olvidar que según la doctrina Católica todas las apariciones son revelaciones privadas, con la muerte de San Juan - el último de los Apóstoles - se ha cerrado la Revelación Pública de Dios. (Llama la atención como en muchas de estas apariciones los seguidores nunca o casi nunca meditan o leen la Sagrada Escritura y sin embargo, constantemente están embebidos por los mensajes de estas apariciones. Y que las Iglesias donde está el Santísimo Sacramento Real y Verdaderamente presente se encuentran vacías y los lugares de apariciones están llenos).

Para ser santos uno no necesita tener carismas sobrenaturales, como por ejemplo los estigmas. Muchos santos no han tenido ningún carisma extraordinario. Lo importante es el grado de Caridad y de Unión con Dios, así como de docilidad a los planes y Voluntad de Dios.

El vidente o instrumento tiene que tener unas señales de vocación profética, tiene que percibirse que es un hombre o mujer de Dios, estas señales son principalmente:


- Honestidad natural
- Rectitud moral
- Normalidad natural
- Sinceridad transparente


Señales que suelen verse deformadas en uno u otro punto cuando las apariciones son falsas. La falta de sinceridad, la afectación, la desobediencia, etc., son sólo algunos ejemplos que pueden verse en estos falsos videntes...


Falsos videntes

Frente a los verdaderos videntes como los pastores de Fátima, Bernardita, Catalina, etc. tenemos una gran cantidad y gama de falsos videntes "bufones de Satanás", "altavoces de ellos mismos o del Diablo". Podemos decir de ellos que son "anti-profetas". Siempre con riesgos de transformarse en "marionetas" del Diablo "predicador y rezador". Manipulados y manipuladores al propagar la falsa piedad mariana, supersticiosa, temerosa y tumorosa. Borrosas fronteras con el "Satanismo" místico.

Indicio de todo esto que estamos afirmando son la cantidad de apariciones que surgen hoy por doquier. Como ya decíamos al principio, uno de los fenómenos de nuestros días es la falta de fe en el Dios y en la Iglesia verdaderos, así como en la Virgen verdadera (tal y como nos la presenta el Espíritu Santo por la Iglesia, su Esposa), y esto ocasiona que surjan todos estos lugares.

Indicio de falsa aparición es la soberbia de sus instrumentos o videntes, que atacan a la Iglesia, censuran al Papa, a los obispos o a los sacerdotes con el pretexto de que ellos son santos y no los otros.

Indicio de mentira son los montajes o las grandes ganancias, los enriquecimientos de muchos de los videntes u organizaciones que "despluman" a sus seguidores y los dejan incluso en la calle, no olvidemos que el entusiasmo no controlado en mentes "débiles" ocasiona el que los pícaros se aprovechen bien y saquen buena tajada.

Indicio de falsedad son estos videntes que se contradicen, que no están seguros, que afirman cosas o contra el Magisterio de la Iglesia o contra la práctica multisecular de siempre en la Iglesia (por ejemplo llevando a familias enteras a dejar su hogar e irse todos a vivir en comunidad, donde el núcleo familiar queda anulado y como nos dice la Iglesia: "La familia es la Iglesia doméstica"

Indicio de montaje es el "milagrerismo", la "superstición", "la histeria", tan contrarias al Evangelio y que estas nuevas apariciones fomentan constantemente, "milagros" que unos ven y otros no, o unos más claro que otros. En Fátima, por el contrario, el milagro del sol fue claro y tajante y todos lo vieron. Si Dios hace algo sobrenatural lo hace para que todos lo vean claro. El fin del Milagro es demostrar el poder Divino.

Podría decir muchas más cosas, prefiero que con todo lo dicho juzguen ustedes mismos. Que mediten profundamente y pidan luz y gracia al Espíritu Santo para que nos ayude a entender y a comprender todas estas cosas en las que nos jugamos mucho. Que todo contribuya para que llegue el tan deseado y esperando Triunfo del Inmaculado Corazón de María, prometido y anunciado en Fátima, que llegará sólo cuando Dios quiera, cuando Dios lo designe en su Infinita Providencia y Misericordia. A nosotros sólo nos queda vivir el presente, aprovechar el momento actual que Dios nos ha dado, para santificarnos, santificar a los demás y trabajar por la Gloria de Dios.



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Es importante conocer cuáles son las Apariciones Marianas que están aprobadas por la Iglesia, cuáles se encuentran en investigación y cuáles han sido rechazadas por la Iglesia, a fin de evitar estar difundiendo información errada entre católicos.

Espero que esta relación extraída de un foro de CATHOLIC.NET sea de utilidad.

Karla Rouillon


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APARICIONES MARIANAS "APROBADAS" POR LA IGLESIA

Orden cronológico de las apariciones principales que tienen algún grado de aprobación de sus obispos.
La siguiente lista no pretende ser exhaustiva. Hay además numerosas advocaciones que no tienen su origen en una aparición sino en otra forma de intervención mariana como, por ejemplo, una imagen que se hizo popular por su hallazgo milagroso o por gracias recibidas.

Año, Lugar, Aparición y Vidente

40 Aragón, España
Virgen del Pilar Santiago Apóstol.
-Aprobación de Roma con liturgia.

250 Neo-Cesaría, Palestina
Virgen con San Juan Apóstol San Gregorio Tamaturgo.
-Aprobación de Roma.

1531 México, México
La Virgen de Guadalupe Beato Juan Diego.
-Aprobación de Papa con liturgia y numerosas visitas a su santuario.

1798-1898 Viet Nam
Nuestra Señora de Lavang Muchas personas por espacio de un siglo.
-Aprobación del Papa, reconociéndola y elevando su santuario a basílica.

1830 Rue de Bac, Francia
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa Santa Catalina Laboure.
-Aprobación de Roma con liturgia.

1836 Paris, Francia
Nuestra Señora de las Victorias Padre Genettes
-Aprobación del obispo.

1846 La Salette, Francia
Nuestra Señora de la Salette Melanie C. y Maximin G.
-Aprobación de Roma con liturgia.

1858 Lourdes, Francia
Nuestra Señora de Lourdes Sta. Bernardita Soubirous
-Aprobación de Roma con liturgia.

1879 Knock, Irlanda
Nuestra Señora de Knock 15 personas
-Aprobación de Roma, visita del Papa.

1917 Fátima, Portugal
Nuestra Señora de Fátima Sor Lucia, Beatos Jacinta y Francisco Marto
-Aprobación de Roma, liturgia, numerosas visitas del Papa a su santuario.

1932 Beauraing, Bélgica
Madre de Dios (Beauraing) 5 niños
-Aprobación de Roma, liturgia.

1933 Banneux, Bélgica
La Virgen de los Pobres (Banneux) Mariette Beco
-Aprobación de Roma, liturgia.

1945-1959 Amsterdam, Holanda
Nuestra Señora de todos los Pueblos Ida Peerdeman
-Aprobación del obispo, 31-V-2002

1947 Montichiari, Italia
La Virgen Maria, Rosa Mística Pierina Gili
-Obispo permite culto en el lugar.

1947 Roma, Italia (Abadía de Tre Fontane)
Nuestra Señora de la Revelación Bruno Cornacchiola, comunista; buscaba matar al Papa.
-Aprobación de Roma (diócesis de la aparición) para culto en el lugar.

1947 L'Ile-Bouchard, Francia (cerca de Tours)
Nuestra Señora de la Oración Cinco niñas de 7 a 12 años
-Aprobación del obispo, 2001.

1973 Akita, Japón
Nuestra Señora de Akita Sor Agnes Sasagawa
-Aprobación del obispo, permiso de culto.

1976 Betania, Venezuela
Maria, Virgen y Madre Reconciliadora de Todos los Pueblos y Naciones (Betania) María Esperanza Medrano de Bianchini
-Aprobación del obispo.

1980 Cuapa, Nicaragua
La Virgen de Cuapa Bernardo Martinez
-Aprobación del obispo.

1981 Kibeho, Ruanda (Africa)
Madre del Verbo (Kibeho) En 2001 el obispo aprueba la aparición a 3 de las videntes.

1982 Damasco, Siria
Nuestra Señora de Soufanieh Mirna Nazour
-única aparición aprobada por obispos católicos y ortodoxos.

1983 San Nicolás, Argentina
María del Rosario de S. Nicolás Gladys Quiroga de Motta
-Aprobación del obispo, culto.


APARICIONES "AUN NO APROBADAS" OFICIALMENTE POR LA IGLESIA CATOLICA

1961, Garabandal, España. El obispo ha declarado que no encuentra sobrenaturalidad. No significa condenación. Permite la misa a los peregrinos en la iglesia del pueblo.

1968, Zeitun, Egipto, Nuestra Señora de Zeitun, vistas por cientos de miles de personas
-Aprobación del Patriarca local de la Iglesia Cóptica en 1968.

1981, Medugorje, Bosnia, Reina de la Paz: Juicio suspendido.

1985-1997, Talavera de la Reina, finca de Nazareth (Toledo, España). Teníamos esta aparición entre las condenadas por la Iglesia. Pero nos han escrito asegurando que los obispos de Toledo no han emitido declaración oficial y que el vidente ha sido víctima de difamación. Estamos tratando de verificar la posición de la Iglesia. En caso de que la antigua info. fuese errada, pido disculpas -Padre J. Rivero


Fuente: http://www.corazones.org/maria/apariciones_aprobadas.htm


APARICIONES MARIANAS "RECHAZADAS" POR LA IGLESIA CATÓLICA

Bayside, New York, 1970 supuesta apariciòn a Verònica Lucken (en Internet se hace llamar NUESTRA SEÑORA DE LAS ROSAS y SAINT MICHAEL WORLD APOSTOLATE)

Neceedath Wisconsin de 1950-1974 a Nary Ann Van Hoof

Puruaràn Michoacàn Mèxico, a "papà" Nabor

Hungrìa "Llama de amor" a Elizabeth Kindelman 1961, rechazado por el obispo local pero aceptado por unos paìses de Amèrica Latina como movimiento.

Huatusco Veracruz, se supone se aparece la Virgen de a Juan Soto. Han publicado muchas fotos del vidente con "apariciones" de varios personajes celestiales grabados que en realidad son fraudes.

San Luis Potosì, proclamò el gran castigo de un diluvio para Mèxico el 13 de Mayo de 1999. Exhorta tambièn a los padres de familia a no llevar a sus hijos a la escuela ya que està pròximo el fin del mundo.

Sabana Grande, Puerto Rico (Virgen del Pozo) a Juan Angel Gallardo, supuestamente se aparece como la Virgen del Rosario.

Garabandal España 1961-1965. TODOS los obispos niegan que hubo algo divino.

Sonora Mèxico, a un supuesto profeta llamado Juliàn Soto

Belluno, Italia;

El Palmar de Troya, España


Fuente:Verdades y Mentiras sobre el año 2000 ¿fin del Mundo?
P.Daniel Gagnon,
Ed Minos 2000 con licencia Eclesiàstica.


Ven Señor Jesùs! (Ap 22,20)
31 Preguntas sobre la infancia de Jesús, 31 respuestas de Benedicto XVI

31 Preguntas y respuestas sobre la infancia de Jesús de Nazaret extraídas del libro de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús.
El texto de las respuestas está sacado literalmente del original.
Las preguntas son de BENEDICTO XVI WORDPRESS.COM


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1. ¿Cuál es el objetivo del libro sobre la infancia de Jesús que ha escrito Benedicto XVI?

“Espero que, a pesar de sus límites, este pequeño libro pueda ayudar a muchas personas en su camino hacia Jesús y con él

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 8.

SOBRE JESÚS Y SU MISIÓN

2. ¿De dónde viene Jesús?

“El misterio del “de dónde”, del doble origen, se nos presenta de manera muy concreta: su origen se puede constatar, y sin embargo, es un misterio. Sólo Dios es su “Padre” en sentido propio. La genealogía de los hombres tiene su importancia para la historia del mundo. Y, a pesar de ello, al final es en María, la humilde virgen de Nazaret, donde se produce un nuevo inicio, comienza un nuevo modo de ser persona humana”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 15.

3. ¿Por qué el nombre de Jesús?

“El nombre de Jesús (Jeshua) significa YHWH es salvación. El mensajero de Dios que habla a José en sueños aclara en qué consiste esta salvación: ‘Él salvará a su pueblo de los pecados’. Con esto se asigna al niño un alto cometido teológico, pues sólo Dios mismo puede perdonar los pecados”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 48-49.

4. ¿Por qué Dios, siendo amor, es signo de contradicción?

“Dios es amor. Pero también se puede odiar el amor cuando éste exige salir de uno mismo para ir más allá. El amor no es una romántica sensación de bienestar. Redención no es wellness, un baño en la autocomplacencia, sino una liberación del estar oprimidos en el propio yo. Esta liberación tiene el precio del sufrimiento de la cruz”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 92-93.

5. ¿Cómo es el reino del Hijo de Dios? ¿Qué relación tiene con los reinos de los poderosos del mundo?

“sigue siendo verdadera (…) la palabra que Jesús dijo a Pilato: ‘Mi reino no es de aquí’ (Jn 18,36). A veces, en el curso de la historia, los poderosos de este mundo quieren apropiarse de él, pero precisamente entonces es cuando peligra: quieren conectar su poder con el poder de Jesús, y justamente así deforman su reino, lo amenazan. O bien queda sometido a la persecución persistente de los dominadores, que no toleran ningún otro reino y desean eliminar al rey sin poder, pero cuya fuerza misteriosa temen.

Pero ‘su reino no tendrá fin’: este reino diferente no está construido sobre un poder mundano, sino que se funda únicamente en la fe y el amor”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 39.

6. ¿Por qué la salvación de Jesús consiste en el perdón de los pecados?

“El hombre es un ser relacional. Si se trastoca la primera y fundamental relación del hombre –la relación con Dios- entonces ya no queda nada más que pueda estar verdaderamente en orden. De esta prioridad se trata en el mensaje y el obrar de Jesús. Él quiere en primer lugar llamar la atención del hombre sobre el núcleo de su mal y hacerle comprender: Si no eres curado en esto, no obstante todas las cosas buenas que puedas encontrar, no estarás verdaderamente curado”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 50.

7. ¿Qué libertad tiene Jesús con respecto a la Ley?

La libertad de Jesús no es la libertad del liberal. Es la libertad del Hijo, y por ese motivo es también la libertad de quienes son verdaderamente piadosos. Como Hijo, Jesús trae una nueva libertad, pero no la de alguien que no tiene compromiso alguno, sino la libertad de quien está totalmente unido a la voluntad del Padre y que ayuda a los hombres a alcanzar la libertad de la unión interior con Dios”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 125-126.

8. ¿Qué diferencia hay entre la paz del emperador Augusto y la paz de Cristo?

“El reino anunciado por Jesús, el reino de Dios, es de carácter diferente. No se refiere sólo a la cuenca mediterránea y tampoco únicamente a una determinada época. Concierne al hombre en la profundidad de su ser; lo abre hacia el verdadero Dios. La paz de Jesús es una paz que el mundo no puede dar. Aquí se trata en definitiva de una cuestión sobre el significado de redención, liberación y salvación. Una cosa es obvia: Augusto pertenece al pasado; Jesucristo en cambio es el presente y es el futuro: ‘el mismo ayer y hoy y siempre’.”

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 85.

LAS GENEALOGÍAS DE JESÚS

9. ¿Cuál es el sentido de la genealogía de Jesús que describe San Mateo?

(…) “Se articula en tres grupos de catorce generaciones: primero, ascendiendo desde Abraham hasta David; descendiendo después desde Salomón hasta el exilio en Babilonia, para ir subiendo de nuevo hasta Jesús, donde la promesa llega a su cumplimiento final. Muestra al rey que durará por siempre, aunque del todo diverso al que cabría pensar basándose en el modelo de David.

Esta articulación resulta aún más clara si se tiene en cuenta que las letras hebreas que componen el nombre de David dan el valor numérico de 14 y, por tanto, también a partir del simbolismo de los números, David, su nombre y su promesa, marcan la vía desde Abraham hasta Jesús. Apoyándose en esto, podría decirse que la genealogía, con sus tres grupos de catorce generaciones, es un verdadero evangelio de Cristo Rey: toda la historia tiene la vista puesta en él, cuyo trono perdurará para siempre”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 13-14.

10. ¿Cuál es la estructura simbólica de la genealogía que describe el evangelio de San Lucas?

la genealogía contiene once veces siete elementos. Tal vez Lucas conocía el esquema apocalíptico que articula la historia universal en doce períodos y, al final, está compuesto por once veces siete generaciones. De este modo, estaríamos ante una insinuación muy discreta de que, con Jesús, ha llegado “la plenitud de los tiempos”; de que con él comienza la hora decisiva de la historia universal: él es el nuevo Adán, que una vez más viene “de Dios”; pero ahora de una manera más radical que el primero pues no existe solamente gracias a un soplo de Dios, sino que es verdaderamente su “Hijo”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 17.

11. ¿Por qué no coinciden las genealogías que describen los evangelistas San Mateo y San Lucas?

“Para los dos evangelistas no cuentan tanto los nombres de cada uno como la estructura simbólica en la cual aparece la posición de Jesús en la historia: su ser entrelazado en las vías históricas de la promesa y el nuevo comienzo que, paradójicamente, junto con la continuidad de la actuación histórica, caracteriza el origen de Jesús”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 16

12. ¿Qué papel tiene San José en la genealogía de Jesús?

“José es el padre legal de Jesús. Por él pertenece según la Ley, “legalmente”, a la estirpe de David. Y, sin embargo, [Jesús] proviene de otra parte, de “allá arriba”, de Dios mismo”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 15.

HISTORICIDAD DE LAS NARRACIONES

13. ¿Son ciertas las narraciones de la infancia de Jesús de San Mateo y San Lucas?

Lo que Mateo y Lucas pretendían –cada uno a su propia manera- no era tanto contar ‘historias’ como escribir historia, historia real, acontecida, historia ciertamente interpretada y comprendida sobre la base de la palabra de Dios. Esto quiere decir también que su intención no era narrar todo por completo, sino tomar nota de aquello que parecía importante a la luz de la Palabra y para la naciente comunidad de fe. Los relatos de la infancia son historia interpretada y, a partir de la interpretación, escrita y concentrada”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 24.

14. El nacimiento virginal de Jesús, ¿es un mito o una verdad histórica?

“Quien lea los relatos bíblicos y los confronte con tradiciones afines (…) verá de inmediato la profunda diferencia. No sólo la comparación con las ideas egipcias (…) sino también la ilusión de la esperanza que encontramos en Virgilio nos traslada a mundos de carácter muy diferente. En Mateo y Lucas no encontramos nada de una alteración cósmica, nada de contactos físicos entre Dios y los hombres: se nos relata una historia muy humilde y, sin embargo, precisamente por ello de una grandeza impresionante”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 61-62.

15. ¿Podemos determinar el tiempo histórico en el que nació Jesús?

“Jesús ha nacido en una época que se puede determinar con precisión. Al comienzo de la actividad pública de Jesús, San Lucas ofrece una vez más una datación detallada y cuidadosa de aquel momento histórico: es el decimoquinto año del imperio de Tiberio. Se menciona además al gobernador romano de aquel año y a los tetrarcas de Galilea, Iturea y Traconítide, así como también al de Abilene, y luego a los jefes de los sacerdotes.

Jesús no ha nacido y comparecido en público en un tiempo indeterminado, en la intemporalidad del mito”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 71.

16. ¿Sucedió la matanza de inocentes por parte de Herodes?

“Es cierto que no sabemos nada sobre este hecho por fuentes que no sean bíblicas, pero, teniendo en cuenta tantas crueldades cometidas por Herodes, eso no demuestra que no se hubiera producido el crimen”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 113.

ANUNCIACIÓN

17. ¿Por qué el ángel saluda a la Virgen María con un chaire, ‘Ave’, en lugar del acostumbrado ‘Shalom’ judío?

“En este punto, conviene comprender el verdadero significado del a palabra chaire: ¡Alégrate! Con este saludo del ángel –podríamos decir- comienza en sentido propio el Nuevo Testamento. (…) La alegría aparece en estos textos como el don propio del Espíritu Santo, como el verdadero don del Redentor”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 33-34.

18. ¿Qué relación tiene la alegría con el título “llena de gracia” que el Ángel aplica a María?

“En griego, las dos palabras, alegría y gracia (chará y cháris), se forman a partir de la misma raíz. Alegría y gracia van juntas”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 35.

19. La respuesta de la Virgen María al ángel, ¿qué denota sobre su forma de ser?

“María se muestra (…) como una mujer valerosa, que incluso ante lo inaudito mantiene el autocontrol. Al mismo tiempo, es presentada como una mujer de gran interioridad, que une el corazón y la razón y trata de entender el contexto, el conjunto del mensaje de Di9os. De este modo, se convierte en imagen de la Iglesia que reflexiona sobre la Palabra de Dios, trata de comprenderla en su totalidad y guarda el don en su memoria”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 40.

20. ¿Por qué la respuesta afirmativa de María al ángel es esencial?

“Tras la caída de nuestros primeros padres, todo el mundo queda oscurecido bajo el dominio de la muerte. Dios busca ahora una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Necesita la libertad humana. No puede redimir al hombre, creado libre, sin un ‘sí’ libre a su voluntad. Al crear la libertad, Dios se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre. Su poder está vinculado al ‘sí’ no forzado de una persona humana”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 42.

DE LA NAVIDAD A LOS DOCE AÑOS

21. A José se le considera un “hombre justo” ¿Qué significa esta expresión?

“Justo (…) es un hombre que vive en intenso contacto con la Palabra de Dios; ‘que su gozo está en la ley del Señor’ (Salmo 1, 2). Es como un árbol que, plantado junto a los cauces de agua, da siempre fruto. La imagen de los cauces de agua de las que se nutre ha de entenderse naturalmente como la palabra viva de Dios, en la que el justo hunde las raíces de su existencia”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 45-46.

22. ¿Por qué San José y Santa María van a Belén?

“Un censo cuyo objeto era determinar y recaudar los impuestos es la razón por la cual San José, con Santa María, su esposa encinta, van de Nazaret a Belén”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 65

23. ¿Qué sugiere el hecho que no tuvieran sitio en la posada de Belén para acoger a María, encinta, y José?

“Ya desde su nacimiento, él [Jesús] no pertenece a ese ambiente que según el mundo es importante y poderoso. Y, sin embargo, precisamente este hombre irrelevante y sin poder se revela como el realmente Poderoso, como aquel de quien a fin de cuentas todo depende. Así pues, el ser cristiano implica salir del ámbito de lo que todos piensan y quieren, de los criterios dominantes, para entrar en la luz de la verdad sobre nuestro ser y, con esta luz, llegar a la vía justa”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 73-74.

24. ¿Se puede afirmar que Jesús nació en una gruta?

“En la región en torno a Belén se usan desde siempre grutas como establo (…). Ya en Justino mártir y en Orígenes encontramos la tradición según la cual el lugar del nacimiento de Jesús había sido una gruta, que los cristianos situaban en Palestina. El hecho de que, tras la expulsión de los judíos de Tierra Santa en el siglo II, Roma transformara la gruta en un lugar de culto a Tammuz-Adonis, queriendo evidentemente borrar con ello la memoria cultural de los cristianos, confirma la antigüedad de dicho lugar de culto, y muestra también la importancia que Roma le reconocía”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 74.

25. ¿Nació Jesús entre un buey y una mula?

“el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3: ‘el buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende’.”

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 76.

26. ¿Quiénes eran los Magos que van a adorar al Niño?

“Aunque no pertenecían exactamente a la clase sacerdotal persa, tenían sin embargo un conocimiento religioso y filosófico que se había desarrollado y aún persistía en aquellos ambientes. (…). Tal vez fueran astrónomos, pero no a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de que un rey en Judá, que tenía importancia también para ellos. (…) Eran ‘sabios’; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 100-101.

27. ¿Qué ve la tradición cuando describe a los Magos como tres reyes?

[Los ve] “como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa. El rey de color aparece siempre: en el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o el origen. En él y por él, la humanidad está unida sin perder la riqueza de la variedad. Más tarde se ha relacionado a los tres reyes con las tres edades de la vida del hombre: la juventud, la edad madura y la vejez. También ésta es una idea razonable, que hace ver cómo las diferentes formas de la vida humana encuentran su respectivo significado y su unidad interior en la comunión con Jesús”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 102.

28. ¿Por qué dieron los Magos oro, incienso y mirra?

La tradición de la Iglesia ha visto representados en los tres dones –con algunas variantes- tres aspectos del misterio de Cristo: el oro haría referencia a la realeza de Jesús, el incienso al Hijo de Dios y la mirra al misterio de su Pasión”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 112.

29. ¿Por qué san Mateo dice que a Jesús se le llamaría nazareno, de acuerdo con los profetas?

“Podemos suponer con buenas razones que Mateo haya oído resonar en el nombre de Nazaret la palabra profética del ‘retoño’ (nezer) y haya visto en la denominación de Jesús como Nazoreo una referencia al cumplimiento de la promesa, según la promesa, según la cual Dios daría un nuevo brote del tronco muerto de Isaías, sobre el cual se posaría el Espíritu de Dios.

Si a esto añadimos que, en la inscripción de la cruz, Jesús es denominado Nazoreo (ho Nazoraios), el título adquiere su pleno significado: lo que inicialmente debía indicar solamente su proveniencia, alude sin embargo al mismo tiempo a su naturaleza: él es el ‘retoño’, el que está totalmente consagrado a Dios, desde el seno materno hasta la muerte”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 122-123.

30. ¿Por qué tardan María y José tres días en encontrar a Jesús en el templo, tras haberlo perdido cuando tenía 12 años?

Los tres días se pueden explicar de manera muy concreta: María y José habían marchado hacia el norte durante una jornada, habían necesitado otra jornada para volver atrás y, por fin, al tercer día encontraron a Jesús. Aunque los tres días son ciertamente una indicación temporal muy realista, es preciso sin embargo dar la razón a René Laurentin cuando nota aquí una callada referencia a los tres días entre la cruz y la Resurrección”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Páginas 127-128.

31. ¿Qué valor tienen las palabras de Jesús cuando María y José lo encuentran en el templo?

Las palabras de Jesús son siempre más grandes que nuestra razón. Superan continuamente nuestra inteligencia. Es comprensible la tentación de reducirlas, manipularlas para ajustarlas a nuestra medida. Un aspecto de la exégesis es precisamente la humildad de respetar esta grandeza, que a menudo nos supera con sus exigencias, y de no reducir las palabras de Jesús preguntándonos sobre lo que ‘es capaz de hacer’. Él piensa que puede hacer grandes cosas. Creer es someterse a esta grandeza y crecer paso a paso hacia ella”.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. Barcelona 2012, Planeta. Página 130.
SAN ROSA DE LIMA
Vírgen
(1586-1617)

"La primera flor de santidad del nuevo mundo"
Patrona de América Latina, Perú y Filipinas

SANTA ROSA DE LIMA KROUILLONG KARLA ROUILLON NO RECIBAS LA EUCARISTIA EN LA MANO


A los cincuenta y un años de la fundación de Lima, "Ciudad de los Reyes", siendo virrey don Fernando Torres de Portugal, nació la primera Santa Americana, el 30 de abril de 1586, hija de don Gaspar Flores y doña María de Oliva, a quien pusieron de nombre Isabel, pero comúnmente la llamaban Rosa, luego de que su madre tuviera una vision de la bebé de pocos meses de nacida con su rostro muy parecido a una rosa.

Luego de un problema financiero que tuvo su padre, la familia de Rosa atravesó por una fuerte crisis económica por lo que la santa se dedicó a coser y trabajar en la huerta.
En 1597 estando en Quives, provincia de Canta, al noreste de Lima, donde su padre administraba temporalmente una mina de plata del distrito de Arahuay, Isabel Flores de Oliva fue confirmada por el arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima, quien por una inspiración le llamó Rosa.

Gracia, hermosura, inteligencia, todo parecía haberlo reunido la Naturaleza en aquella criatura privilegiada. «Es la reina de la juventud de Lima», decían las gentes cuando la veían pasar; y su madre, orgullosa de ella, la presentaba en las fiestas y las tertulias, en las iglesias y en los paseos públicos. No era del todo desinteresada aquella conducta. Doña María de Oliva andaba siempre llena de apuros económicos. Madre de once hijos, tenía que luchar diariamente con el problema terrorífico de alimentarlos y vestirlos; pero se consolaba pensando que un yerno rico y espléndido vendría a sacar su casa de aquella situación angustiosa. Entre tanto, concentraba sus mimos en aquella niña, que le prometía la realización de sus más locas esperanzas. La hija de un magnate no hubiera tenido educación más esmerada: maestros de música, de declamación, de toda suerte de habilidades, que podrían realzar los encantos de una mujer. Rosa bordaba, dibujaba en el papel y en el lienzo, cantaba y hacía versos; tocando instrumentos de cuerda y la vihuela, su mano era un prodigio.

Un día llegó el novio soñado, el heredero de una casa opulenta. La alegría no fue tan grande como se hubiera podido esperar. La niña se iba poniendo «algo tonta». Su madre observaba con terror no sé qué tendencias propias, como ella decía, de beatas e iluminadas. Era silenciosa y recogida, muy rezadora, enemiga de juegos y diversiones. Costábale un triunfo sacarla de casa, y llegaba a las mayores extravagancias para encontrar un pretexto que le permitiese quedarse en su retiro. Se machacaba el pie por no calzar los botines de raso que se buscaban para ella en las tiendas más elegantes, se restregaba los ojos con guindilla, ajaba el rostro a fuerza de ayunar y velar. Nada le importaba la hermosura. Asustada por los elogios de las gentes, arreció en sus penitencias, y vio con alborozo que las rosas de su cara empezaban a marchitarse. Pero otro día cogió al vuelo en un corro de beatas esta observación: «Mirad cómo se maltrata la santita.» Cosa rara; ella, que no se conmovía cuando la llamaban bella, se estremeció de espanto cuando la llamaron santa. Antes, para responder a un piropo que un galán hizo a cuenta de sus manos, las destrozó bárbaramente, metiéndolas en cal viva. Ahora cayó de rodillas, y, en su ingenuidad infantil, pidió al Señor que le permitiese entregarse a sus maceraciones sin destruir la belleza del cuerpo. Y el Señor la escuchó. Ni la muerte siquiera pudo afear aquella obra maestra de la Naturaleza.

Entre tanto, la pobre madre seguía defendiendo sus posiciones, y, en el exceso de su amor, no dudaba en llegar hasta la tiranía. Ordenaba iracunda, y la joven no tenia más remedio que tocar la vihuela delante de los invitados o ponerse las mejores galas o asistir a los festines y a las reuniones de sociedad. Cansada al fin de aquella servidumbre, resolvióse a dar el golpe supremo. Para conseguir la protección de la Santísima Virgen, quiso consagrarla lo mejor que tenía, un magnífico rosario de plata y de coral. Y una mañana, llevando en las manos la cascada de oro de su cabellera, cayó de rodillas delante de su madre. «Pero, ¿qué es eso, hija desnaturalizada?, gritó ésta, ciega de furor. «Madre, perdóname—respondió Rosa—; pero no puedo obedecerte. Pertenezco a otro esposo más noble que el que tú quieres darme.» Fueron inútiles las caricias, las amenazas y los golpes. Había hecho una promesa, y estaba dispuesta a cumplirla a costa de la vida. Una vez, uno de sus hermanos, en la confianza del juego, la enlodó y desordenó aquel pelo rubio, largo y sedoso, que admiraban las gentes de Lima. Ella protestó con viveza y se puso triste. Entonces, el pequeño, tomando aire de predicador, le hizo esta solemne advertencia: «Por poca cosa te enojas. ¿No sabes que las trenzas del cabello son cordeles con que arrastráis los corazones al infierno?» Estas palabras fueron como un relámpago en el alma de la niña. Inmediatamente penetró en su casa y, postrada delante del crucifijo, pronunció el voto de virginidad.

Llegóse al fin a un arreglo. María de Oliva era madre, y, además, era cristiana. Contentóse con regañar a su hija de cuando en cuando con motivo de sus ayunos y sus vigilias; pero en el fondo no dejaba de sentirse orgullosa cuando sus amigas la detenían al volver de la iglesia para decirla: «Pero, ¿es verdad?, ¿es verdad todo eso que cuentan de tu hija?» Porque Rosa vivía en pleno ambiente de maravillas. Tenía largos coloquios con los bienaventurados; se dejaba llevar por los mares beatíficos del éxtasis, y en medio de sus penitencias y sufrimientos, su vida se prolongaba como de milagro.

La vida de Rosa se desarrolló dentro del ritmo simple y religioso de la sociedad limeña de ese entonces. La Santa pasaba el mayor tiempo posible en la casa con sus hermanos menores, ocupada en los quehaceres domésticos o en la oración.
En su casa se dedicaba a rezar y a acoger a los mendigos. Durante toda su vida se entregó a Dios y al prójimo, mostró un especial cariño por Cristo Crucificado.
Aunque no era la mayor de los hijos se propuso ayudar generosamente en el sostenimiento de su hogar. Tenía distribuido el día entre la oración, el trabajo y unas pocas horas de descanso.

Amaba la naturaleza como un espejo de Dios, y las aves, lo mismo que las flores, eran para ella mensajeros del Cielo. Una bella mariposa revoloteaba un día en torno suyo y terminó por posarse en su mano. Era blanca y negra, colores simbólicos que hicieron caer a la amable virgen en un profundo arrobamiento. Al despertar, se fue al convento de los Padres dominicos y les pidió el hábito blanco y negro de terciaria dominicana, el hábito de Santa Catalina de Siena. Como Catalina, Rosa tenía especial predilección por las flores y los jardines. «Si queréis encontrar a Rosa—decían sus amigas—, buscadla en el jardín.» Se referían al jardín de su casa. En un rincón se había construido una choza, que era al mismo tiempo dormitorio y panteón. Allí tenía las imágenes de sus santos más venerados entre búcaros de rosas y plumas de brillantes colores. Todo le parecía poco para adornar aquella morada, en que daba audiencia a los celestes visitantes. A veces las ramas de plátano que formaban la techumbre aparecían como iluminadas por un incendio, y luces prodigiosas se filtraban por las hendiduras. Cuando Rosa se presentaba a la puerta, tenía el rostro encendido y llameante, como si acabase de salir de una hoguera. Con la contemplación sabía armonizar el trabajo: cosía y bordaba, legaba los claveles y las azucenas y ayudaba a su madre como podía. En su huerto había un rosal que parecía un símbolo de su corazón abrasado y del olor de su virginidad. Todos querían rosas de aquel rosal que cultivaba Santa Rosa, las rosas milagrosas que cantaban como cuerdas de un arpa, Porque es el caso que cuando la virgen atravesaba su jardín cantando salmos, las rosas del rosal se esponjaban, temblaba el ramaje de los plátanos y las palmeras, se estremecían los frutos con murmullo de campanillas, y de aquel blando movimiento de las plantas y las flores surgía una música suave, que enajenaba el sentido de la extática jardinera. Venían luego los mosquitos y los cínifes que dormían arracimados entre las ramas de su habitación, revoloteaban en torno de su cama, lanzando los sonidos de sus agudas trompetas, y se asociaban a aquella orquesta mágica con el orgullo y alborozo de quien sabe que cumple la voluntad de Dios. De pronto rompían el aire los trinos del quetzal, el ruiseñor de América. Era el mejor amigo de Rosa. Todas las tardes se posaba delante de ella cantando y agitando su bella y larga cola multicolor. Ante aquel gesto provocativo, Rosa cogía el arpa y cantaba también. Y el concierto se convertía en una endecha sublime, palpitante de amor y gratitud.

Como sucede siempre, aquellos fenómenos extraordinarios empezaban a alarmar a los hombres de la ley y a los celadores de la disciplina. Era la primera vez, a juzgar por lo que contaban las historias, que la unión mística, con todo su acompañamiento de oración, de quietud, desposorio espiritual, visiones y apariciones, se realizaba en las vírgenes tierras americanas. Y ¿quién nos asegura, pensaban algunos, que en todo esto no hay más que pura hipocresía y tentación diabólica? Un día Rosa vio que invadía su huerto la turba venerable de los doctores, los escribas y los alguaciles, armados de libros, de plumas y tinteros. Ella les recibió temblorosa y les ofreció sillas bajo los plátanos corpulentos. Después empezó el interrogatorio:


—¿Desde qué edad empezaste a sentir ese espíritu de oración?

—No sabría decirlo; ya en la infancia, mi mayor deleite era pensar en Dios, conversar con Él y ocuparme de las cosas del Cielo.

—¿Has hecho siempre ese ejercicio con el mismo recogimiento?

—Antes de los doce años me sentía a veces inquieta y fatigada; después, nunca me ha sucedido semejante cosa. Desde que me pongo en oración, siento mi alma tan sumergida en sí misma y mis facultades tan enajenadas, que nada interior ni exterior puede turbar mi atención amorosa a la belleza de Dios presente en mí.

—Mientras dura esta suspensión de las potencias, ¿haces algún esfuerzo?

—No hago esfuerzo ninguno, ni siento la menor resistencia; mis facultades van a su centro como arrastradas por un imán, y tal suavidad las inunda, que todo sentimiento de malestar es imposible para ellas. Mi corazón hierve bajo la acción de un fuego cuyas operaciones son tan dulces, que nunca podría explicarlo. Tras esto, queda en el fondo del alma una presencia de la divinidad, amable, serena, graciosa; y la felicidad que siento entonces hace que no pueda encontrar consuelo en otra cosa cualquiera.

—¿Has leído libros de teología mística?

—Ni los he tenido, ni los he leído nunca, ni sé que mi oración tenga un nombre entre los sabios.

—¿Has sufrido muchos y muy largos combates contra las malas inclinaciones de la naturaleza?

—Apenas recuerdo haber tenido luchas de esa clase. Por la gracia divina, desde que conocí a Dios, tuve el temor de desagradarle; y si un movimiento contrario a la razón se levantaba dentro de mí, bastábame recordar la presencia de Dios para refrenarle.

—¿No has pasado por alguna tribulación para llegar a ese grado de intimidad con Dios?

Al llegar aquí la joven contó una cosa extraña. Alternando con las dulzuras inefables de la unión, sentíase envuelta en una noche espantosa, que le hacía sufrir los horrores de la agonía. De la cumbre de la luz contemplativa, caía súbitamente en un abismo rayano con la desesperación. Se veía sola, en un desierto sin fronteras, alejada de Dios y como encerrada en los sótanos del infierno.


—Durante quince años—añadió la vidente—no ha pasado un solo día sin que haya sufrido esta crisis por lo menos una hora, que para mí es un siglo.

—Entiendo—repuso el sabio examinador—; se trata de ese purgatorio espiritual que es necesario al alma para adquirir el perfecto conocimiento de sí misma. Y ¿qué es lo que os ha sucedido—anadió—al salir de esa noche infernal?

—Cuando desde el fondo de los infiernos me siento transportada a esa luz de los abrazos del Esposo divino, mi alegría es tan completa como si ya no pudiese experimentar eclipse ninguno. Siento los ímpetus de un amor libre, que se precipita como un río después de haber derribado los obstáculos que se oponían a su curso. Sopla de nuevo el viento suave de la gracia, y el ambiente se embalsama de perfumes inefables; mi alma se sumerge en el mar profundo de la divina bondad y se transforma, por una metamorfosis inexplicable, en su Amado, hasta el punto de hacerse una misma cosa con Él.

Calló Rosa avergonzada y casi asustada de lo que acababa de decir; pero una orden del grave tribunal la obligó a revelar todo su secreto.

—En esos momentos dichosos—dijo—me parece que mi unión con Dios ya no podrá romperse, que ya no podré perder el amor, que estoy confirmada en gracia. Es como si ya no pudiese pecar. Se me figura—añadió con voz débil, reveladora de su turbación—que estoy diciendo herejías, pero eso es lo que siento. Con frecuencia veo la humanidad de Jesucristo en las diferentes edades de su vida, y siempre con un rostro afable, gracioso y sonriente. También la Reina de los Cielos se digna favorecerme con su dulce y amable presencia.

—Y esas visiones—preguntaron los doctores—, ¿son, intelectuales, o imaginarias?

—No sé lo que quieren decir esas palabras—respondió la virgen—; lo único que puedo deciros es que veo pasar cerca de mí a mi Salvador, de una manera clara, aunque fugitiva, que recuerda el estallido de una estrella fugaz.

Habló finalmente de los efectos que estos fenómenos maravillosos dejaban en su alma: una alegría superior a toda alegría imaginable, un concepto sublime de la filiación divina del cristiano, un anhelo irrefrenable de la vida perfecta y un ardor apasionado por llevar las almas a Dios. A veces, Rosa sentía envidia de Santa Catalina de Siena, que había atravesado los pueblos llevando el mensaje divino. «¡Oh!—exclamaba—. ¡Lo que yo daría por la dignidad de anunciar el Evangelio! Iría a través de las ciudades predicando la penitencia, con los pies descalzos, el crucifijo en la mano y el cuerpo cubierto de un cilicio espantoso. Caminaría durante la noche, gritando: Pecadores, arrepentios; abandonad vuestras iniquidades. ¿Hasta cuándo seréis como rebaños atolondrados delante de los demonios? Huid de los eternos castigos; pensad que sólo hay un instante entre la vida y el infierno.»

En los últimos días de su vida, Rosa ya no sentía las angustias del infierno espiritual; pero, en cambio, se sintió atacada por una dolencia que la dejaba convulsa, exánime, temblorosa; y que fue un enigma para todos los que la asistían. «Me parece—decía ella—como si pasasen por todo mi cuerpo un hierro candente, como si atravesasen mi corazón con una espada de fuego, como si un martillo de bronce cayese sin cesar sobre mi cabeza y me rompiese el cráneo. Siento que un incendio me penetra hasta le medula de los huesos, consumiendo lentamente mi vida.» Y añadía: «Herid sin piedad, Señor; cumplid en mí vuestra santa, justa y adorable voluntad. Aumentad el dolor al dolor; pero dadme paciencia.» En realidad, todo aquello no era más que la violencia del amor, el ardor vehemente de los bienes eternos. «Me abraso, me abraso—clamaba la enferma—; hiél y vinagre que me den, será para mí como un refrigerio.» En medio del dolor se sentía locuaz y no podía contener su alegría. De cuando en cuando se dormía en raptos amorosos, y al ver de nuevo a los que la rodeaban, decía: « ¡ Oh, si hubiese tiempo aún! ¡Qué grandes y bellas cosas os diría yo de la suavidad de Dios y de la brillante corte del palacio eterno!» Pero había llegado la última hora.

Preparóse a ella, pidiendo la bendición de sus padres para morir. «El peligro no es inminente—decían ellos—: mañana, mañana.» «Mañana —respondió Rosa sonriendo—estaré ya lejos de aquí. Estoy viendo la mesa del eterno banquete; y allí hay un puesto para mí, y esta misma noche debo ir a ocuparle.» Y fijando los ojos en su madre, como si quisiera recordarle aquellas fiestas de sociedad a que asistieron juntas en otro tiempo, añadió: «Debemos ser puntuales. Si no llego a la hora fijada, me cerrarían las puertas como a las vírgenes locas.» Algunos momentos después hizo en su pecho la señal de la cruz, pronunció tres veces con voz temblorosa el nombre del Amado y se fue a cultivar los rosales que no se marchitan. Muerta, aparecía hermosa, radiante, sonriente, como en vida.

Rosa de Santa María vivió hasta los 31 años. Durante los últimos tres meses de su vida fue hospedada en la casa de la familia del contador Gonzalo de la Maza, lugar en el que se levanta actualmente el Monasterio de Santa Rosa.

Funeral de Primera.

Y a esta muchacha pobre y sin estudios le hicieron un funeral poco común en la ciudad de Lima. La primera cuadra llevaron su ataúd los monseñores de la catedral, como lo hacían cuando moría un arzobispo. La segunda cuadra lo llevaron los senadores (u oidores), como lo hacían cuando moría un virrey. Y la tercera cuadra lo llevaron los religiosos de las Comunidades, para demostrarle su gran veneración. El entierro hubo que dejarlo para más tarde porque inmensas multitudes querían visitar su cadáver, y filas interminables de fieles pasaban con devota veneración frente a él. Después la sepultaron en una de las paredes del templo.

La ciudad entera desfiló por su casa para ver el prodigio, tocando rosarios a sus carnes virginales, besando sus pies y sus manos y su rostro, cortando su túnica y su velo, y llevándose, como recuerdo suyo, las flores de su jardín. «Esta virgen no está muerta, sino dormida», decía la multitud; y fue preciso enterrarla de noche para contener los ímpetus de la devoción popular.
Comparto con ustedes este testimonio de conversion en el cual se refleja la forma como muchos protestantes atacan a la Iglesia Católica directamente en la Casa de Dios y con los Sacerdotes como víctimas directas.

Leanlo y saquen sus propias conclusiones.

Si les gusta difúndanlo, pero definitivamente yo si creo que el demonio es protestante, el "viejo" tiene a mucha gente en el error de las sectas y están atacando a la Iglesia Católica para destruirla por eso hay que restituirla.
Satanás no va a vencernos.


Karla Rouillon

Testimonio de mi conversión al Catolicismo
Por Luis Miguel Boullón

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SATANAS TENTANDO A JESUCRISTO EN EL DESIERTO UTILIZANDO TEXTOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS


¿El Demonio es protestante?, fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.


¿Al principio fue el Verbo?

Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en esta Revista que ahora aprecio tanto, como es la que me honra publicando este trabajo. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos flancos descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenía sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.

En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como leyendas negras, porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al adversario diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.
Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un ?cura nuevo?, con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.


Primera confesión de mala fe

Yo aprovechaba - Dios me perdone - de sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importaba tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.
Otra cosa que solía hacer - me avergüenzo al recordarla - era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.
En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer dinámicas de vida, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.
Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.
Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan cálido en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.
A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían castigado relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.
Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.
El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.
En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi, porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.
En un aprieto que me puso, le dije: Padre M. comencemos desde el principio. Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: De acuerdo: al principio era el Verbo y ? ?
Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!
Pastor Boullón, me dijo luego, No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. ¿Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen? y por eso también fue el primer Evangélico.

Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:
- Si, fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!
- Pero Cristo les respondió con la Biblia?
- Entonces usted me da la razón, Pastor. Los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien y le tapó la boca.
Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12): Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra?
Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito "No tentarás al Señor tu Dios".
Y el demonio se alejó confundido.

Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!
Creo que fue la plática más saludable de mi vida.

La táctica del demonio

Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan evangélicos como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.
Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí -creo- brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia.
Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí hechos XVI, 31: ¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús -respondió Pablo- y te salvarás tú y toda tu casa.
Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.
Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:
- ¿Continuará la lectura de San Pablo?
- Ya terminé, Padre M.
- ¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 32.
- Leí en voz alta: Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy
- Entonces la fe
- La fe? la fe? la fe es lo que salva
- ¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse!
- ¿Salvarse?
- Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva?
- ?
- No se quede en silencio, Pastor, siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque ?como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta? (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice ?Si quieres salvarte, guarda los mandamientos? Ahí tiene usted la respuesta completa.

Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica ? sólo una me basta ? en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.
Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

lo la Biblia

Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. Si es sólo la Biblia, me dije, entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba.

Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.
Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de esta revista y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

El pago del mundo

Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un Pastor protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas no estrictamente ecuménicas.

Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio -pensaba- me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.
Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me sentí y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.
Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto -para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.
Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.

Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.
Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Mi querido amigo se despide

No he querido exponer aquí todas las cosas que charlamos con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!
El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.

Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades? o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez.
Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba -si tenía sentido- desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía ? jamás dio muestras de sufrir y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.

Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.

Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe.
Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades, sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. ¡El Demonio es protestante! les dije para abrir la charla.
Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.
Más tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos.
El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe.

Roma, mi dulce hogar


Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas.

Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.
Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.

A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino más bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.

Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.
Bien se por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto ? por superficiales y emocionales de las verdaderas conversiones, esas que producen santos.

La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas.

La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre Sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.
Asunción de la Bienaventurada Virgen María

Autor: San Buenaventura

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SAN BUENAVENTURA

La cual es más hermosa que el sol y sobrepuja a todo el orden de las estrellas, y si se compara con la luz, le hace muchas ventajas, capítulo 7 de la Sabiduría.
En estas palabras, la gloriosa Emperatriz, ensalzada sobre los coros de los ciudadanos celestiales, es recomendada por el Espíritu Santo, y con recomendación perfecta, en cuanto a su asunción a los cielos; y es recomendada por tres cualidades que hacen recomendable en extremo a cualquiera noble señora, a saber: la hermosura perfecta, la suprema nobleza y el resplandor de la sabiduría. En cuanto a la perfecta hermosura, se recomienda aquí al ser llamada más hermosa que el sol; en cuanto a la suprema nobleza, al ser sublimada y elevada sobre todas las estrellas, o sea, sobre todos los Santos: y en cuanto al resplandor de la sabiduría, al ser ilustrada, en parangón con la luz de la eterna sabiduría, desde más cerca que las demás criaturas.

I. Digo, pues, que es recomendada en primer lugar por su perfecta hermosura, cuando se dice: Es más hermosa que el sol; y, realmente, la serenísima Virgen fue en su asunción más hermosa que el sol, ya por ser más semejante que él ala fuente de toda hermosura, ya por haberse acercado más a ésta y con mejor disposición para recibir sus destellos en grado perfecto, o ya, finalmente, porque por su hermosura fue a la sazón más noble que el sol. -Puede, por tanto, ser llamada en su asunción más hermosa que el sol, por haber sido entonces más semejante que él a la fuente de toda belleza. Porque así como la estrella que es más semejante al sol de este mundo sobrepuja en claridad a las demás, así también sobresale por su belleza entre todas las criaturas racionales aquella que es más semejante al Sol de eternos resplandores, fuente de origen de toda hermosura. Esta criatura fue en la asunción la Virgen reina, porque si, en sentir de Hugo, «la fuerza del amor transforma al amante en la semejanza del amado», y María ha sido transformada en la semejanza de éste por modo superior a todas las criaturas hasta ser llamada el resplandor de la luz eterna, y un espejo sin mancilla de la majestad de Dios, y una imagen de su bondad, hemos de deducir que sobrepujó al sol y a los otros seres en hermosura. De ella puede decirse aquello del capítulo 6 de Jeremías: Yo te he comparado, hija de Sión, a una hermosa y delicada doncella, como si dijera: A la hermosa Trinidad ya una delicada doncella he comparado la hija de Sión, o sea la Virgen María; lo de hija significa doncella delicada, según las palabras de Dios en el ; capítulo 31 de Ezequiel: No hubo en el paraíso de Dios un árbol semejante a él, ni de tanta hermosura. Porque yo lo hice tan hermoso. De igual modo dice San Bernardo: «La regia Virgen, enjoyada del alma y del cuerpo, atrajo hacia sí la mirada de los moradores del cielo, hasta el punto de inclinar también el ánimo del Rey eterno a quererla con delirio». -Puede también llamarse más hermosa que el sol, porque en la asunción estuvo más cercana a la fuente de toda hermosura y con mejor disposición para recibir sus destellos a causa de la múltiple gracia, y especialmente por razón de la pureza virginal; y estando elevada sobre el sol y los astros, estrechamente unida a su Hijo dulcísimo por el amor, supera a todas las criaturas en hermosura; y ésta es la causa de que en el capítulo 1 del libro tercero de los Reyes se pongan en boca de los Ángeles las siguientes y simbólicas palabras: Buscaremos para el rey, nuestro señor, una virgen jovencita: he aquí indicada la pureza virginal; que esté con él y le abrigue: he aquí indicada la unión de amor; y buscaron por todas las tierras de Israel una jovencita hermosa. -También puede ser llamada más hermosa que el sol por haber sido entonces más noble que el sol a causa de su hermosura, pues en aquel entonces fue elevada hasta la majestad del rey imperial y eterno, según se lo dice el Profeta: Con esa tu gallardía y hermosura camina, avanza prósperamente y reina. y ni el sol podría conseguir tal dignidad, ni tampoco criatura alguna, por más que brille al exterior en esta vida, si carece de la hermosura de la gracia y de la virtud.

II. En segundo lugar, es recomendada con razón por su nobleza suprema, cuando se indica estar más elevada que todas las estrellas, sobrentendiéndose en éstas los Bienaventurados, esplendentes con fulgores de gloria, según leemos en el capítulo 3 de Baruc: Las estrellas fueron llamadas, y respondieron aquí estamos, y resplandecieron gozosas de servir al que las crió. Al decir, pues, que la Santísima Virgen sobrepuja a todo el orden de las estrellas, has de entender que es más esclarecida en su asunción que todos los Santos, y esto por tres cosas que ennoblecen y elevan espiritualmente al hombre: en primer lugar, la afluencia de espirituales delicias; después, la abundancia de las riquezas eternas, y, por fin, la excelencia de la dignidad o condición. -Se dice que fue ennoblecida y sublimada sobre todos los Santos por la afluencia de delicias, en que de un modo singular los aventajaba, por lo cual en el capítulo 8 de los Cantares exclaman los Angeles, admirados de su asunción: ¿Quién es ésta que sube del desierto rebosando delicias, apoyada en su amado? Rebosaba en estas delicias más que la celeste congregación de los Santos, no sólo en cuanto al alma, sino también en cuanto al cuerpo, el cual piadosamente se cree, y también se prueba, haber sido glorificado en la asunción del alma. -Se afirma igualmente que fue ennoblecida sobre todos los Santos por la abundancia de las eternas riquezas, pues a todos ellos sobreexcedió en las de la gloria y gracia, en las de virtudes y premios, en las de dones y bienaventuranzas, con que ahora enriquece al mundo y sustenta el en el universo; consiguiendo, con su intercesión, a unos la gloria, a otros la gracia, a otros la remisión de los crímenes ya otros el tesoro de las o. De virtudes; por lo cual se dice en el capítulo 31 de los Proverbios: Muchas son las hijas que han allegado riquezas, mas a todas has tú aventajado. Y a ella se pueden aplicar las palabras del capítudo 8 de los Proverbios: Yo amo a los que me aman, y me hallarán los que madrugaren a buscarme. En mi mano están las riquezas y la gloria, la opulencia y la justicia. -Fue, por fin, enriquecida sobre todos los Santos, en cuanto a la excelencia de la dignidad o condición; porque, siendo Madre del supremo Emperador, es por su dignidad y condición la más digna de todas las criaturas; y por esta causa no sin razón fue elevada ésta sobre ellas y colocada a la derecha de su Hijo en magnificentísimo sitial. Con toda exactitud fue esto prefigurado en el capítulo 2 del libro tercero de los Reyes. Habiendo venido, en efecto, Betsabé a ver al rey Salomón, o sea, la Virgen María en su asunción a su eterno y pacífico Hijo, levantóse el rey a recibirla, llevando en su compañía la legión entera de los Santos; y la saludó con profunda reverencia, esto es, le tributó reverencia filial, y sentóse el rey en su trono, y pusieron un trono para la madre del rey, la cual se sentó a su derecha, como de nobilísima condición, según las palabras que se leen en el último capítulo del Apocalipsis: Yo soy la raíz y la prosapia de David, el lucero brillante de la mañana. Todo debido a que, sin detrimento de su integridad virginal, dio a luz a un niño de nobilísima condición, según aquéllas palabras: El Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios. Era también de justicia conceder la plenitud de la dignidad y de la gloria a quien le fue concedida la plenitud de la gracia, a diferencia de las demás criaturas, a las que tanto la gracia como la gloria se otorga sólo parcialmente. Por eso se dice en el capítulo 12 del Apocalipsis: Apareció un gran prodigio en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas. Esta mujer es la Virgen reina, que se describe vestida del sol, esto es, con la hermosura del Sol de justicia; y la luna debajo de sus pies, o sea, la gloria mundana valerosamente menospreciada, la cual crece y de crece como la luna; y en su cabeza una corona de doce estrellas, esto es, todo el honor y dignidad, gloria, excelencia y nobleza de condición concedidos a los doce órdenes de Santos significados en las doce estrellas resplandecientes, nueve de las cuales se refieren a los espíritus celestiales y tres al triple estado de los hombres: el de los activos, de los contemplativos y el de los prelados; pues toda la dignidad y gloria concedida a ellos en parte, se otorgó totalmente a la Santísima Virgen.

III. Se recomienda, en tercer lugar, por el resplandor de la sabiduría, porque, comparada con la luz de la sabiduría eterna, aventaja en ella a todos los seres. Pues del mismo modo que la Luz increada, o sea, la divina Sabiduría, a todo sobrepuja en cuanto a la iluminación, en conocimiento y gobierno de todas las criaturas, así también esta Virgen sobrepasa en estas tres cosas a los demás seres. -Si se compara, pues, con la luz de la Sabiduría divina, aventaja en claridad a las demás criaturas, porque así como aquélla está sobre todas las criaturas en cuanto a la iluminación que les da, puesto que es ella la que ilumina y confiere esplendor a todos los hombres por la luz de la razón y, en cuanto de sí depende, por la de la gracia, según las palabras del capítulo 1 de San Juan: Era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, así esta Virgen, iluminada más que todos los San tos por dicha Sabiduría, con sus piadosos ruegos iluminó, por la luz de la gracia, más que nadie, a todo el mundo. Por eso se escribe en el capítulo 16 de la Sabiduría: Era necesario adorarte antes de amanecer; y en el 13 de Tobías: Brillarás con luz resplandeciente y serás adorada en todos los términos de la tierra, como si dijera: Tú, santa, brillarás con la luz resplandeciente de la sabiduría eterna, o sea, obtendrás para los otros el esplendor de la gracia. Del mismo modo se dice en el capítulo 3 del Eclesiástico: Muéstranos la luz de tus piedades, infunde tu temor en las naciones que no han pensado en buscarte, a fin de que entiendan que no hay otro Dios sino tú.

Comparada igualmente con la luz de la Sabiduría eterna, sobre puja en claridad a las demás criaturas, pues así como la luz divina excede cuanto existe en el conocimiento de todas las cosas, puesto que las intuye con la máxima perspicacia, según se afirma en el capítulo 2 de Daniel: Conoce las cosas que se hallan en medio de las tinieblas, pues la luz está con él; y en el 23 del Eclesiástico: Los ojos del Señor son mucho más luminosos que el sol, y descubren todos los procederes de los hombres y lo profundo del abismo, y ven hasta los más recónditos senos del corazón humano; y en el 13 de Daniel: ¡Oh Dios eterno, que conoces las cosas ocultas, que sabes todas las cosas aun antes de que sucedan! , así esta Señora, comparada, en cuanto a esto, con la luz de la Sabiduría eterna, aventaja a todas las criaturas. Por cuya razón se le puede aplicar aquello del capítulo 6 de la Sabiduría: Pondré en claro su conocimiento.

Además, comparada con la Luz eterna, aventaja en sabiduría a las demás criaturas, porque así como la Luz divina sobrepuja a la creación entera en cuanto al gobierno y dirección de cuanto existe, según lo escrito en el capítulo 49 de Isaías: Yo te he destinado para ser luz de las naciones, a fin de que tú seas mi salud hasta los términos de la tierra; por cuya causa se dice en el capítulo 1 de San Lucas: Para alum brar a los que yacen en las tinieblas y en la sombra de la muerte, para enderezar nuestros pasos por el camino de la paz, así también la bienaventurada Virgen está por encima de todas las cosas en este particular; y por ello se dice en el capítulo 7 del libro de la Sabiduría: Propuse tenerla por luz, porque su resplandor es inextinguible; y en el capítulo 42 de Isaías: Te he puesto para ser el reconciliador del pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos y saques de la cárcel a los condenados. Lo cual ella misma nos obtenga con sus ruegos de Aquel que vive y reina eternamente por los siglos de los siglos. Amén.
ESPECIAL DE NAVIDAD 2012

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Es 25 de Diciembre y Jesús ha nacido, siendo Dios se ha hecho hombre para abrirle el Cielo a los hombres. El ha traído muchas bendiciones para ti y tu familia. Asiste a la Santa Misa y agradécele al momento de arrodillarte ante el altar. Este es el verdadero y auténtico sentido de la Navidad. ¡ Navidad es Jesús !


* * * * *

"En los Coros de las Catedrales y de los Monasterios, se canta el 24 de Diciembre, con pompa inusitada, en el Oficio de Prima, el anuncio oficial de la Navidad del Señor, que trae el Martirologio" (Don Andrès Azcarate, O.S.B.) y que textualmente dice así:

"En el año 5199 de la Creación del mundo,
cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra;
en el 2957 del diluvio;
en el 2015 del nacimiento de Abrahán;
en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto;
en el 1031 de la unción del rey David;
en la semana 65 de la profecía de Daniel;
en la Olimpíada 194;
en el año 752 de la fundación de Roma;
en el 42 del imperio de Octavio Augusto;
estando todo el orbe en paz;
en la sexta edad del mundo:
Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre,
queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento,
concebido por el Espíritu Santo,
y pasados nueve meses después de su concepción,
nació, "hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá",


(Se arrodillan todos los circunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo) :

"Navidad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne".

* * * * *


ORÍGEN DE LA FIESTA DE NAVIDAD


Fuente: EWTN

Entre las fiestas que explican el misterio de Cristo, fuera del ciclo pascual tenemos las fiestas de Navidad y Epifanía. Hoy existen con dos nombres diversos: la del 25 de diciembre, Navidad y la del 6 de enero, Epifanía. La distinción y coexistencia de ellas data de finales del s. IV y principios de s. V.

Al principio, en la primera mitad del s. IV las dos fiestas eran una única celebración de Encarnación del Verbo, pues mientras este misterio se celebraba en Oriente el 6 de enero con el nombre de "Epifanía", en Occidente el Natalis Domini (nombre que le daban en Roma) era celebrado era el 25 de diciembre.

El día de Navidad aparece en Roma en el documento llamado Cronógrafo Filocaliano que data de 336. Tratándose de un calendario litúrgico parece cierto que la indicación no sea una simple muestra histórica sino el dato de una fiesta en cuanto se considera que las demás fiestas parten del 25 de diciembre.

Fuera de Roma, en África, el nacimiento es atestiguado ya por Optato de Milevo (360 A.D.) festejando también la adoración de los magos con la fiesta del 25 de diciembre. En Oriente la fiesta del nacimiento comienza a aparecer al final del siglo IV, En el 380 Gregorio Nacianzeno la introduce en Constantinopla (In Sancta Lumina, PG 36, 349). Un discurso tenido el 20 de diciembre por San Juan Crisóstomo, en ese tiempo sacerdote de Antioquía, nos informa que la primera vez en el año 386 se celebra el nacimiento en aquella ciudad el 25 de diciembre como fiesta distinta de la Epifanía (del 6 de Enero) que era una fiesta venida de Roma.

Pero ¿realmente el nacimiento de Cristo fue el 25 de diciembre? Según la tradición que encontramos en el tratado Solstitis et aequinoctitis (s. IV) Jesús sería concebido en el mismo día y mes en que sería muerto, o sea el 25 de marzo; por lo tanto el nacimiento caería el 25 de diciembre. Mas esta tradición parece que no está en el origen de la fiesta y más bien sería una tentativa de explicación sobre una base de misticismo astrológico muy en boga en ese tiempo.

Otra explicación que históricamente parece más probable es la que ve en la fiesta del nuevo sol, o sea la Natalis Invicti, como se decía entonces. El culto al sol estaba en gran auge por el mitracismo y fue de una última gran ofensiva contra el cristianismo precisamente en el siglo IV. Así fue un gran honor para los emperadores del siglo tercero, entre ellos Aureliano, quien erigió un gran templo en honor al sol en Roma en campo Marcio, teniendo como símbolo el sol, por la gran ofensiva continuada bajo Aureliano el Apóstata (335). La fiesta por excelencia del sol fue así el solsticio de invierno en cuanto representaba la anual victoria del sol sobre las tinieblas y caía el 25 de diciembre.

El cronógrafo (el 354) señala el nacimiento de Cristo, el 25 de diciembre en el mismo día que el calendario civil señalaba Natalis Invicti.

Inspirada por las escrituras y por las circunstancias ambientales, la simbología de la luz y del sol como referencia a Cristo fue muy desarrollada y consagrada por los cristianos. Podemos citar algunos textos bíblicos como el salmo 18 "Ha hecho del sol su morada", "resurgirá para nosotros el sol de justicia" (Mal 4, 2), "Vendrá a visitarnos el sol, símbolo de Cristo y el mismo rezar vueltos hacia el oriente estaba difundido entre los cristianos en el momento en que se celebraba el nacimiento astronómico del sol, en presentar también al verdadero sol: Cristo."

San Jerónimo queriendo explicar que el nacimiento de Cristo debe ser celebrado el 25 de diciembre dice: "Hasta aquel día (25 de diciembre) crecen las tinieblas y desde aquel día disminuye el error y viene la verdad. Hoy nace nuestro sol de justicia" ( Sermón, in Anecd. Mared III 2, 297). Y San máximo de Turín (mitad del s. IV) afirma: "Es un cierto Y tiene razón en este día el nacimiento de Cristo vulgarmente dicho el nuevo sol ... Con gusto aceptamos este modo de hablar porque con el nacimiento del Salvador resplandece no sólo la salvación del género humano, sino también la luz del sol" (Sermón 2, PL. 57, 537).


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"Es Navidad y hoy se nos da la oportunidad perfecta para dar amor a todos, ayudar a los que lo precisan y con ello posibilitar una transformación en el mundo. Hoy es el día para comenzar a sembrar tu semillita y con ella siembras un nuevo día. ¡ Feliz Navidad !"


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ANA CATALINA EMMERICH: VISIÓN DE LA NATIVIDAD


"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela lumi­nosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. la Virgen Santísima, levantada de la tie­rra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de Maria".


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»Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de Maria. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pare­ció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces en torno a los ángeles, en forma huma­na, hincándose delante del Niño recién nacido para adorarlo.


»Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, Maria llamó a José, que esta­ba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, prosternándose, lleno de júbilo, de humildad y de fer­vor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don rebido del Cielo.


»María fajó al Niño: tenía sólo cua­tro pañales. Más tarde vi a Maria y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absor­tos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién naci­do, bello y brillante como un relámpa­go. "iAh, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!"...


He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazo­nes de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte...


»A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina... en las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores... Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados...


»Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre... mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibuja­ban formas vagas, luego rostros, y finalmente ol cantos muy armonio­sos, muy alegres, cada vez más cla­ros. Como al principio se asustaran los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre". Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos... oí que alababan a Dios cantando:

"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén... los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que lleva­rían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba."


Anna Catalina Emmerich nació en Alemania en 1774 de familia muy pobre; tuvo una vida de continuas enfermedades agravadas al quedarse inválida por un accidente. En los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1824, recibió las visiones de la vida de Cristo, de la Virgen María y de la vida después de la muerte, así como otras videncias de sucesos que acontecerían tiempo después como el Muro de Berlín, el Concilio Vaticano II, etc. Con sus visiones en la mano descubrió Reynolds los restos de la ciudad de Ur de Caldea, y la recién descubierta morada de la Virgen en Efeso resultó ser también tal como ella la había descrito. Del mismo modo se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusalén, que Ana vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepción de María, dogma que no sería proclamado por la Iglesia hasta treinta años después de la muerte de esta vidente.
2003-07-07 Anuncian su próxima beatificación.
2003-12-08 «María es mucho más bienaventurada porque ha creído en Cristo que por haberlo engendrado físicamente»- y, sin embargo, llevan dentro un carga inmensa de fe, de razón, de vida y de siglos, que bien podría causar un encendimiento de amor en un corazón abierto. S.S. Juan Pablo II – Magno – Vat.


MAS VIDEOS SOBRE LAS VISIONES DE ANA CATALINA EMMERICH

LA VIDA DE LA VIRGEN MARIA Y SAN JOSE

LA AMARGA PASION DE CRISTO

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"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año" - Charles Dickens (1812-1870)

CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA (Si no la conoces aún haz click aquí para que aprendas a rezarla.)

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CELEBRACIÓN DE LA FIESTA DE LA MISERICORDIA

El Señor Jesús desea que ese día la imagen de la Misericordia sea bendecida solemnemente y venerada en público, es decir, litúrgicamente; que los sacerdotes hablen a las almas de esta inmensa e insondable misericordia de Dios.

Los fieles, para recibir estos grandes dones con los cuales el Señor Jesús desea colmar a cada hombre y a toda la humanidad, tienen que estar en el estado de la gracia santificante (después de confesarse), cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia, es decir, confiar en Dios y amar activamente al prójimo, y beber de la Fuente de Vida, es decir, recibir la santa Comunión.

De acuerdo con el deseo del Señor Jesús, la fiesta ha de celebrarse el primer domingo después de Pascua, lo que indica una estrecha relación que hay entre el misterio de redención y esta fiesta. La liturgia de ese día alaba con la máxima plenitud a Dios en el misterio de su misericordia.

"Deseo -dijo el Señor a Sor Faustina- que durante esos nueve días lleves a las almas a la fuente de mi misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de mi misericordia. Y a todas estas almas yo las introduciré en la casa de mi Padre. Cada día pedirás a mi Padre las gracias para estas almas por mi amarga pasión."

Jesús dice: "El Domingo siguiente a la Pascua de Resurrección se celebrará la Fiesta de la Misericordia. Ese día, los Sacerdotes deberán predicar a las almas de mi infinita Misericordia. El alma que acuda a la Confesión y reciba la Sagrada Eucaristía, obtendráel perdón total de sus culpas y del castigo."

NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

Santa Faustina dice en su diario: "Jesús quiere que el Domingo de la Misericordia vaya precedido por una Novena, rezando el rosario de la Misericordia."

Jesús dice: "Durante esta novena concederé a las almas todas las Gracias"

La novena a la Divina Misericordia comienza el Viernes Santo.
La novena consiste en rezar la Coronilla de la Divina Misericordia, luego de cada oración correspondiente a cada día.

PRIMER DÍA

"Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de mi misericordia. De esta forma, me consolarás de la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las almas."

Jesús misericordiosísimo, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita. Acógenos en la morada de tu compasivísimo Corazón y nunca los dejes escapar de él. Te lo suplicamos por tu amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre Eterno, mira con misericordia a toda la humanidad y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús y por su dolorosa pasión muéstranos tu misericordia para que alabemos la omnipotencia de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

SEGUNDO DÍA

"Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y los religiosos, y sumérgelas en mi misericordia insondable. Fueron ellas las que me dieron fortaleza para soportar mi amarga pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi misericordia fluye hacia la humanidad."

Jesús misericordiosísimo, de quien procede todo bien, aumenta tu gracia en nosotros para que realicemos dignas obras de misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean, glorifiquen al Padre de misericordia que está en el cielo.

Padre eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu viña, a las almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos; otórgales el poder de tu bendición. Por el amor del Corazón de tu Hijo, en el cual están encerradas, concédeles el poder de tu luz para que puedan guiar a otros en el camino de la salvación y a una sola voz canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los siglos de los siglos. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

TERCER DÍA

"Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Estas almas me consolaron a lo largo del vía crucis. Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura."

Jesús misericordiosísimo, que desde el tesoro de tu misericordia les concedas a todos tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de tu compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por el inconcebible amor tuyo con que tu Corazón arde por el Padre celestial.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas fieles como herencia de tu Hijo y por su dolorosa pasión, concédeles tu bendición y rodéalas con tu protección constante para que no pierdan el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la legión de los ángeles y los santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

CUARTO DÍA

"Hoy, tráeme a aquellos que no creen en Dios y aquellos que todavía no me conocen. También pensaba en ellos durante mi amarga pasión y su futuro celo consoló mi Corazón. Sumérgelos en el mar de mi misericordia."

Jesús compasivísimo, Tú que eres Luz del género humano, recibe en la morada de Tu corazón lleno de compasión, las almas de aquellos que todavía no creen en Ti, o que no te conocen. Que los rayos de Tu gracia los iluminen para que también, unidos a nosotros, ensalcen tu maravillosa misericordia, y no los dejes salir de la morada de Tu corazón desbordante de piedad.

Padre Eterno, vuelve Tu piadosa mirada a las almas de aquellos que no creen en Tu Hijo, y a las de aquellos que todavía no te conocen, pero anidan en el Compasivo Corazón de Jesús. Aproxímalos a la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellos ensalcen la generosidad de Tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

QUINTO DÍA

"Hoy, tráeme a las almas de los hermanos separados y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Durante mi amarga pasión, desgarraron mi cuerpo y mi Corazón, es decir, mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia, mis llagas cicatrizan y de este modo alivian mi pasión."

Jesús misericordiosísimo que eres la bondad misma, tú no niegas la luz a quienes te la piden. Acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas de nuestros hermanos separados y llévalas con tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes escapar de la morada de tu compasivísimo Corazón sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de nuestros hermanos separados, especialmente a aquellos que han malgastado tus bendiciones y han abusado de tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores, sino el amor de tu Hijo y su amarga pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

SEXTO DÍA

"Hoy, tráeme a las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en mi misericordia. Estas son las almas más semejantes a mi Corazón. Ellas me fortalecieron durante mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de mis altares. Sobre ellas derramo torrentes enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir mi gracia; concedo mi confianza a las almas humildes."

Jesús misericordiosísimo, tú mismo has dicho: Aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón. Acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas tienen una morada permanente en tu compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de los niños pequeños que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son las más semejantes a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra y alcanza tu trono. Padre de misericordia y de toda bondad, te suplico por el amor que tienes por estas almas y el gozo que te proporcionan.

Bendice al mundo entero para que todas las almas canten juntas las alabanzas de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

SÉPTIMO DÍA

"Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican mi misericordia de modo especial y sumérgelas en mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron mi pasión y penetraron más profundamente en mi Espíritu. Ellas son un reflejo viviente de mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con una luz especial en la vida futura. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte."

Jesús misericordiosísimo, cuyo Corazón es el amor mismo, acoge en la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en tu misericordia y unidas a ti, ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad. Esta almas no serán juzgadas severamente, sino que tu misericordia las envolverá en la hora de la muerte.

Padre eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran tu mayor atributo, es decir, tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones desbordantes de gozo cantan a ti, oh Altísimo, un canto de misericordia. Te suplico, oh Dios, muéstrales tu misericordia según la esperanza y la confianza que han puesto en ti. Que se cumpla en ellas la promesa de Jesús quien les dijo que: a las almas que veneren esta infinita misericordia mía, yo mismo las defenderé como mi gloria durante sus vidas y especialmente en la hora de la muerte.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

OCTAVO DÍA

"Hoy, tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Que los torrentes de mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi justicia. Está en tu poder llevarles el alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con mi justicia."

Jesús misericordiosísimo, tú mismo has dicho que deseas la misericordia, he aquí que yo llevo a la morada de tu compasivísimo Corazón a las almas del purgatorio, almas que te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adecuada a tu justicia. Que los torrentes de sangre y agua que brotaron de tu Corazón, apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de tu misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa pasión de Jesús, tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra tu misericordia a las almas que están bajo tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, tu amadísimo Hijo, ya que creemos que tu bondad y tu compasión no tienen límites. Amén.

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

NOVENO DÍA

"Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. A causa de las almas tibias, mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de mí este cáliz, si es tu voluntad. Para ellas, la última tabla de salvación consiste en recurrir a mi misericordia."

Jesús misericordiosísimo, que eres la compasión misma, te traigo a las almas tibias a la morada de tu piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de tu amor puro. Oh Jesús compasivísimo, ejercita la omnipotencia de tu misericordia y atráelas al mismo ardor de tu amor y concédeles el amor santo, porque tú lo puedes todo.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están encerradas en el piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la misericordia, te suplico por la amarga pasión de tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de tu misericordia. Amén. (1209-1229)

CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

EL SOLEMNE TRIDUO PASCUAL

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica CENACAT

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Con la celebración de la misa de la Cena del Señor, comienza el Triduo Pascual. Es en realidad una sola celebración en tres días consecutivos. Celebramos: La entrega: Pan que se parte y reparte; El Sacrificio: Cristo que se inmola en la Cruz para salvarnos; La Resurrección: Cristo triunfa de la muerte y nos da una nueva vida.

Tres grandes acontecimientos de la Historia de la Salvación. En un solo acto del Amor de Dios manifestado plenamente en Cristo, que se hizo obediente hasta la muerte venciéndola con su resurrección.

El Jueves Santo

El Jueves Santo es día de acción de gracias. Cristo instituye el Sacramento de los Sacramentos, como afirma Santo Tomás: “La Eucaristía es el fin de todos los sacramentos.

En ella, Jesús y el hombre se unen en la mayor intimidad que nunca podríamos imaginar, y con ella, nace también el Sacramento del sacerdocio ministerial, para perpetuar el misterio eucarístico.

La celebración de la Eucaristía no es simplemente el recuerdo de un amigo que se fue, es un memorial, es hacer presente el encuentro íntimo con Cristo que está siempre con nosotros. La comunidad cristiana nace en torno al sacramento eucarístico. En la primera fracción del Pan, y a la vez que comparte el Pan de la Eucaristía, formando un solo cuerpo con Cristo, vive el mandato del amor. En torno a Cristo, la Iglesia ejerce una doble función: cultual y fraterna.

¿Qué celebraba el pueblo judío en esta fecha? Era el memorial actualizante de la liberación de Egipto. Era la conmemoración anual y solemne de su libertad. Y lo celebraban de generación en generación. La Última Cena se celebró en el marco de la Cena Pascual.

El lavatorio de los pies (Juan 13)

Se trata de un “signo” de su entrega y anticipo del don total de la vida en la Cruz. No entenderíamos bien la intención del evangelista al recogerlo en su relato si pensásemos que se trata de un simple gesto de humildad y servicio. Es mucho más y con un contenido cristológico y eclesial mucho más profundo: es un verdadero “signo” en el sentido joánico del término, es decir, un gesto que tiene consistencia en sí mismo pero cuya verdadera razón de ser consiste en dirigir la mirada de la mente y revelar en profundidad un aspecto importante del ser y de la misión de Jesús.

Este signo anticipa de alguna manera el acontecimiento fundamental de la Cruz como expresión suprema del don de la vida de Jesús por la humanidad.

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Institución de la Eucaristía

Jesús toma un pan en sus manos y realiza un gesto inesperado y sorprendente para los discípulos. Eso que tiene en las manos es él mismo en cuanto se entrega a la muerte por la humanidad. Y lo mismo hace con la copa. Este gesto desborda totalmente el ceremonial judío en cuanto al sentido del pan y de la copa. En este gesto algo totalmente nuevo se está produciendo en la historia. Y será un “memorial” (anámnesis-recuerdo actualizador) de todo el misterio salvador de Jesús.

El relato de Lucas nos recuerda estas palabras en labios de Jesús: “Haced esto en memoria mía” para perpetuar su presencia entre los suyos. Esta tarea es propia de sus ministros ordenados (sacerdocio ministerial). En aquel marco pascual, transformado por Jesús profundamente en su contenido, es instituido el sacerdocio ministerial que se ha prolongado en la Iglesia durante los siglos y seguirá prologándose. Hoy es un día especial para los ministros de Jesús.

La institución de la Eucaristía es el gesto más importante de los realizados por Jesús. Con él establece el marco que ha de llenarse con el acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección. En adelante el cuerpo de Jesús que es la Iglesia realizará y renovará constantemente su comunión profunda con el Maestro y entre todos sus miembros mediante la celebración sacramental de aquel gesto aparentemente sencillo, pero profundamente cargado de realidad cristológica y eclesial. La celebración eucarística será el lugar y el momento de renovar en profundidad la comunión eclesial. Es el sacramento central de la fe y de la experiencia cristiana.

El Viernes Santo

“Nosotros hemos de gloriarnos en la Cruz de Cristo”. No hemos de gloriarnos ni apoyarnos en nuestra posición social, en nuestro poder económico, en nuestras buenas obras, en nuestros “triunfos” humanos, en nuestras fuerzas, en nuestros saberes, ni… sino más bien en Cristo y en su Cruz. En Cristo crucificado y resucitado está nuestra gloria, nuestra roca de apoyo, lo que nos conduce a la vida y la vida plena.

La vida de Jesús hay que verla en su conjunto. No podemos ver la Cruz de Cristo, desligada del jueves santo, ni del domingo de resurrección, ni de su vida entera. Jesús nos salva, nos libera, nos redime, nos ofrece una nueva vida a través de “su vida, muerte y resurrección”. Estos tres días grandes del triduo sacro son un apretado resumen de toda la riqueza de la obra de Jesús, de lo que ha sido capaz de hacer por nosotros y de lo que nos ha regalado. Ciñéndonos al Viernes Santo, es el día donde nos muestra su gran amor, a través del sufrimiento en la Cruz. Por nosotros, por seguir indicándonos el camino que conduce a la resurrección, a la felicidad, acepta la Cruz antes que callarse como le exigían las autoridades de entonces.

Los personajes

Es importante prestar atención a los personajes que se encuentran en el calvario. Cada uno de ellos representa una actitud especial. Presentando estos datos plásticamente se hace más comprensible el mensaje de lo que allí acontece. Nos atenemos a los relatos evangélicos y, por tanto, a la comprensión que de los hechos (siempre más sobrios) tuvo la Iglesia primitiva y recogieron los evangelistas. Sabemos que los relatos transmiten hechos y teología. Jesús, María, los dos ladrones, el pueblo, etc. contribuyen para encontrar el sentido de los hechos.

Conviene destacar, además de la persona de Jesús que es el centro, la figura de María. Es presentada en los relatos evangélicos como Madre de Jesús, como Madre de Dios y como una discípula de Jesús siempre en crecimiento en la fe. Toda la vida de María fue una búsqueda incansable y una profundización siempre más rica en la persona y en la obra de Jesús.

El hecho de estar junto a Jesús en la Cruz revela que su discipulado ha llegado a la madurez, que ha superado el escándalo aparente de la Cruz, que su integración en la misión de su Hijo ha sido llevada hasta su término.

Expresión suprema del amor de Dios

Esta es la raíz profunda que ilumina y da su sentido a lo que está ocurriendo en el Calvario. Así lo entendieron los evangelistas. Cristo en la Cruz es la suprema expresión del amor de Dios al mundo. Es el momento supremo de la revelación de la auténtica personalidad y misión de Jesús. La Cruz está al final de la carrera de Jesús en la visión de Marcos especialmente (aunque no exclusivamente).

El poder de Dios misericordioso se revela especialmente en la Cruz. Los milagros realizados por Jesús eran sólo un pálido anticipo. Pablo nos ofrece algunos textos muy importantes para la comprensión del misterio de la Cruz: 1Cor 1 y Flp 2.

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La Cruz no es un fracaso

Los evangelistas nos recuerdan, para interpretar el misterio de la Cruz, que la muerte de Jesús fue acompañada por la presencia de tinieblas. Estas tienen un sentido simbólico a partir de algunos textos proféticos. Las tinieblas acompañan en la descripción del Día de Yahvé. Ahora bien, el día de Yahvé es el día de la salvación definitiva.

Por tanto, cuando los narradores nos recuerdan la presencia de tinieblas en el calvario nos enseñan que en la muerte de Jesús Dios está actuando definitivamente la salvación. Que será definitivamente sancionada por la Resurrección y la donación y presencia del Espíritu. La Cruz no es un fracaso, sino una victoria.

Cuando en la celebración del Viernes Santo, la comunidad congregada canta: ¡Victoria, tu reinarás; oh Cruz tú nos salvarás!, recoge la más profunda significación de la Cruz.

Si Cristo en la Cruz es la suprema expresión del amor del Padre, es necesario anunciar a los hermanos que en la Cruz se produce el más auténtico y genuino encuentro con Dios. Que Dios a los que ama los prueba, como un buen Padre que es (Carta a los Hebreos). Por los sufrimientos, Jesús aprendió a obedecer y encontrarse con la voluntad genuina de Dios. Y eso se produce en sus discípulos. El creyente es un testigo vivo, en medio del mundo, del amor de Dios desde y en la Cruz dolorosa y gozosa. Sólo el creyente puede transmitir esta sabiduría y poder del amor de Dios. Y el mundo lo necesita.

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Vigilia Pascual

Hoy la Iglesia celebra el día más grande de la historia, porque con la resurrección de Jesús se abre una nueva historia, una nueva esperanza para todos los hombres. Si bien es verdad que la muerte de Jesús es el comienzo, porque su muerte es redentora, la resurrección muestra lo que el Calvario significa; así, la Pascua cristiana adelanta nuestro destino. De la misma manera, nuestra muerte también es el comienzo de algo nuevo, que se revela en nuestra propia resurrección.

La fe en la resurrección, es verdad, nos propone una calidad de vida, que nada tiene que ver con la búsqueda que se hace entre nosotros con propuestas de tipo social y económico. Se trata de una calidad teológicamente íntima que nos lleva más allá de toda miseria y de toda muerte absurda. La muerte no debería ser absurda, pero si lo es para alguien, entonces se nos propone, desde la fe más profunda, que Dios nos ha destinado a vivir con El.

Rechazar esta dinámica de resurrección sería como negarse a vivir para siempre. No solamente sería rechazar el misterio del Dios que nos dio la vida, sino del Dios que ha de mejorar su creación en una vida nueva para cada uno de nosotros.

Por eso, creer en la resurrección, es creer en el Dios de la vida. Y no solamente eso, es creer también en nosotros mismos y en la verdadera posibilidad que tenemos de ser algo en Dios. Porque aquí, no hemos sido todavía nada, mejor, casi nada, para lo que nos espera más allá de este mundo.

No es posible engañarse: aquí nadie puede realizarse plenamente en ninguna dimensión de la nuestra propia existencia. Más allá está la vida verdadera; la resurrección de Jesús es la primicia de que en la muerte se nace ya para siempre.

No es una fantasía de nostalgias irrealizadas. El deseo ardiente del corazón de vivir y vivir siempre tiene en la resurrección de Jesús la respuesta adecuada por parte de Dios.

La muerte ha sido vencida, está consumada, ha sido transformada en vida por medio del Dios que Jesús defendió hasta la muerte.

"LIBRANOS DEL FUEGO DEL INFIERNO..."
R.P. Rafael Navas Ortiz IBP
Sábado 21 de junio de 2008


Fuente: DEL BUEN PASTOR

El Papa nos recordó recientemente esa verdad de fe sobre la existencia real del Infierno como un lugar físico que no está vacío. También SS. pidió que los sacerdotes predicáramos con más frecuencia sobre los novísimos; esta catequesis del Santo Padre no es más que un eco de la enseñanza constante de la Iglesia y de los Santos, algunos de los cuales tuvieron la experiencia mística de conocer el Infierno mismo considerando este hecho como una gran gracia; gracia "la más insigne" -como la llama Santa Teresa de Jesús en su autobiografía (cap. 32). (1)


En la Sagradas Escrituras, esta realidad del Infierno es mencionada más de 150 veces; de las cuales más de 73 en el Nuevo Testamento directamente por Nuestro Señor Jesucristo, mientras que del Bautismo sólo habla una vez. Y siendo Dios quien nos habla, bastaba una sola vez que lo hubiera dicho, para tener que creerle. Si no existiera, ¿de qué nos salvó Dios? daría lo mismo cualquier comportamiento.


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La Fe en esta verdad fundamental y salvadora, tan escamoteada y/o negada directamente por los modernistas de todos los pelambres, nos fue impresionante y misericordiosamente recordada por Nuestra Señora, la Santísima Virgen María,a los hombres por medio de los tres Pastorcitos en Fátima. Para percibir algo de lo que vieron estos niños, basta comparar una fotografía normal de los videntes de Fátima con las que les tomaron, en el momento de la visión del Infierno, los periodistas de la Prensa laicista enviados para burlarse y negar los hechos. Así, los contratados para desvirtuar los acontecimientos, dejaron registrado en sus fotografías la transformación profunda de los rostros infantiles reflejando su impresión causada por la "visión del Infierno" que constituye una parte del llamado "Secreto de Fátima".


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Les recuerdo mis lectores que no quieren creer (o que lo hayan olvidado voluntariamente o no) lo que siempre creyó la Iglesia sobre el Infierno: Existe y para ir allá No se necesita creer; y es más: es por no creer que allí se va; para no ir hay que comenzar por creer. No por cerrar los ojos se suprime la realidad. El hombre de fe es aquel que ve las cosas tal y como ellas son (como Dios las reveló) y no como a él le gustaría que fueran (relativismo modernista). Ayudarnos a evitar el Infierno es ciertamente la intención misericordiosa de Nuestra Señora al recordárnoslo en ésta parte de su mensaje que prevé el actual clima de "apostasía silenciosa" -como lo describió el Papa Juan Pablo II- que campea hace décadas sobre grandes parcelas al interior de la Santa Iglesia y causa la condenación de tantas almas como lo describen los niños de Fátima.

No fue por nada que Nuestra Señora nos ayudara enseñándonos, por medio de los Pastorcitos, la Oración* para rezar después de cada decena del Rosario:
¡Oh. Jesús mío!, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, principalmente a las que más lo necesiten. (2)

* Circulan diversas formulaciones de esta jaculatoria recomendada por Nuestra Señora. Pequeñas variantes aparecen hasta en los manuscritos y entrevistas de la Hna. Lucía. La que registramos se encuentra en “Memorias IV” (El Futuro de España en los documentos de Fátima, p. 136) y fue confirmada por la vidente en su entrevista con el famoso escritor católico norteamericano William T. Walsh (Idem., pp. 276-277).


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Abajo he puesto un vídeo bastante espeluznante, sobre una supuesta grabación que podría ser los gritos de los condenados al infierno. Esto coincide no sólo con el Secreto de Fátima que es más explícito por ser una visión, sino también con el relato de muchos Santos como el siguiente de Santa Liduvina de Shiedam, cuando fue llevada en espíritu por su Ángel de la Guarda a lo más profundo del Purgatorio: "Instantáneamente, su Ángel la condujo a un lugar de espantosas torturas. «¿Es esto el infierno hermano mío?» preguntó la Santa dama sobrecogida de horror. «No, hermana», le contestó el Ángel, «pero esta parte del Purgatorio está en el límite con el Infierno». Mirando hacia todos lados, vio ella lo que se asemejaba a una inmensa prisión, rodeada con murallas de una prodigiosa altura, cuya oscuridad, junto con las monstruosas piedras, la llenaron de horror. Acercándose a este gigantesco enclaustramiento, ella oyó un ruido confuso de lamentos, gritos de furia, cadenas, instrumentos de tortura, golpes violentos que los verdugos descargaba contra sus víctimas. Este ruido era tal que todo el tumulto del mundo, en tempestad o batalla, no podría tener comparación con el. «¿Que es entonces este horrible lugar?» pregunto Santa Liduvina a su buen Ángel. «¿Deseas que te lo muestre?» «No, te lo suplico», dijo sobrecogida de terror, «el ruido que oigo es tan aterrador que no puedo seguir escuchándolo; ¿Como puedo, entonces, soportar la vista de esos horrores?»




¡Gracias Dios mío por Redimirnos!


¡Ten Misericordia de nosotros!


(1)

Estando un día en oración, dice, me hallé en un punto toda, sin saber cómo, que me parecía estar metida en el infierno. Entendí que quería el Señor que viese el lugar que los demonios allá me tenían aparejado, y yo merecido por mis pecados. Ello fue en brevísimo espacio; mas aunque yo viviese muchos años, me parece imposible poder olvidárseme. Parecíame la entrada a manera de un callejón muy largo y estrecho, a manera de horno muy bajo y obscuro y angosto. El suelo me parecía de una agua como lodo muy sucio y de pestilencial olor, y muchas sabandijas malas en él. Al cabo estaba una concavidad metida en una pared, a manera de una alacena, adonde me vi meter en mucho estrecho. Todo esto era delicioso a la vista en comparacion de lo que allí sentí: esto que he dicho va mal encarecido.

Esto otro me parece que aun principio de encarecerse cómo es; no lo puede haber, ni se puede entender; mas sentí un fuego en el alma, que yo no puedo entender cómo poder decir de la manera que es, los dolores corporales tan incomportables, que por haberlos pasado en esta vida gravísimos, y según dicen los médicos, los mayores que se pueden pasar, porque fue encogérseme todos los nervios, cuando me tullí, sin otros muchos de muchas maneras que he tenido, y aún algunos, como he dicho, causados del demonio, no es todo nada en comparación de lo que allí sentí, y ver de que había de ser sin fin y sin jamás cesar. Esto no es, pues, nada en comparación del agonizar del alma, un apretamiento, un ahogamiento, una aflicción tan sensible, y con tan desesperado y afligido descontento, que yo no sé cómo lo encarecer; porque decir que es un estarse siempre arrancando el alma, es poco; porque ahí parece que todo os acaba la vida, mas aquí el alma mesma es la que se despedaza. El caso es que yo no sé cómo encarezca aquel fuego interior, y aquel desesperamiento sobre tan gravísimos tormentos y dolores. No veía yo quien me los daba, mas sentíame quemar y desmenuzar, a lo que me parece, y digo que aquel fuego y desesperación interior es lo peor. Estando en tan pestilencial lugar tan sin poder esperar consuelo, no hay sentarse, ni echarse, ni hay lugar, aunque me pusieron en este como agujero hecho en la pared, porque estas paredes, que son espantosas a la vista, aprietan ellas mesmas, y todo ahoga: no hay luz, sino todo tinieblas oscurísimas. Yo no entiendo cómo puede ser esto, que con no haber luz, lo que a la vista ha de dar pena todo se ve. No quiso el Señor entonces viese más de todo el infierno, después he visto otra visión de cosas espantosas, de algunos vicios el castigo: cuanto a la vista muy más espantosas me parecieron; mas como no sentía la pena, no me hicieron tanto temor, que en esta visión quiso el Señor que verdaderamente yo sintiese aquellos tormentos y aflicción en el espíritu, como si el cuerpo lo estuviera padeciendo. Yo no sé como ello fue, más bien entendí ser gran merced, y que quiso el Señor que yo viese por vista de ojos de dónde me había librado su misericordia; porque no es nada oírlo decir, ni haber ya otras veces pensado diferentes tormentos, aunque pocas (que por temor no se llevaba bien mi alma), ni que los demonios atenazan, ni otros diferentes tormentos que he leído, no es nada con esta pena, porque es otra cosa: en fin, como de dibujo a la verdad, y el quemarse acá es muy poco en comparación de este fuego de allá. Yo quedé tan espantada, y aún lo estoy ahora escribiéndolo, con que ha casi seis años, y es ansí, que me parece el calor natural me falta de temor, aquí donde estoy; y ansí no me acuerdo vez, que tenga trabajo ni dolores, que no me parezca nonada todo lo que acá se puede pasar; y ansí me parece en parte que nos quejamos sin propósito. Y así torno a decir, que fue una de las mayores mercedes que el Señor me ha hecho; porque me ha aprovechado muy mucho; ansí para perder el miedo a las tribulaciones y contradicciones de esta vida, como para esforzarme a padecerlas y dar gracias al Señor, que me libró, a lo que ahora me parece, de males tan perpetuos y terribles.


(2)

ORACION DE REPARACION DE FATIMA

Más videos sobre el infierno:

EL INFIERNO EXISTE - PADRE CARLOS CANCELADO:

PARTE 01

PARTE 02


EL MALIGNO EXISTE: CONOCELO PARA ENFRENTARLO



Un extracto del Diario de Santa Faustina Kowalska donde describe las clases de torturas que hay en el infierno.

1.- La pérdida de Dios
2.- El eterno remordimiento de conciencia
3.- La condición nunca cambiará
4.- El fuego que penetra el alma sin destruirla (encendido por el enojo de Dios)
5.- La continua oscuridad y un terrible olor sofocante, a pesar de la oscuridad los demonios y las almas de los condenados se ven mutuamente incluyendo su mal.
6.- La compañía constante de Satanás
7.- La horrible desesperación
8.- El odio de Dios
9.- Las palabras viles, maldiciones y blasfemias.


A parte de estos tipos de torturas, hay torturas para las almas particulares: los tormentos de los sentidos, según la forma en que pecaron.

Santa Faustina escribe que la mayoría de los que están en el infierno son los que -en vida- no creyeron que existía el infierno.

Diario de Santa Faustina Kowalska, descárgalo desde:

http://blog.pucp.edu.pe/item/64429/catid/6335

¡NO lass="highlight">RECIBAS LA lass="highlight">EUCARISTIA EN LA MANO!

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Fuente: REINA DEL CIELO

Jim Caviezel debe su papel de "La Pasión" a Medjugorje


En febrero de 2010 Jim Caviezel (protagonista de “La Pasión” de Mel Gibson) hizo su sexta peregrinación a Medjugorje y después viajó a Viena donde concedió una entrevista a Christian Stelzer para la revista Oase des Friedens. La traducción croata se ha publicado en la última edición de la revista parroquial de Medjugorje Glasnik Mira.

Jim, ¿cómo oíste hablar de Medjugorje?

Mi esposa vino a Medjugorje mientras yo estaba en Irlanda grabando la película "El conde de Monte Cristo". Las cosas no iban muy bien aunque yo trabajaba siete días a la semana. Un día ella me telefoneó y me di cuenta por su voz de que algo había cambiado. Empezó a hablar sobre Medjugorje y cómo uno de los videntes iba a venir a Irlanda. Le interrumpí diciéndole: “Mira, tengo bastantes cosas que hacer. No voy a entrar en ese tema de los videntes”. Además, yo pensaba que como católico no tengo que aceptar necesariamente Lourdes, Fátima o Medjugorje. Eso es lo que yo pensaba.

Recuerdo que en la escuela católica donde estudié mis primeros años, una vez oímos algo de Medjugorje y nos emocionamos, pero pronto descubrimos que el obispo local se oponía y consideraba falsas las apariciones así que perdimos el interés rápidamente.

El vidente Ivan Dragicevic vino a Irlanda; yo sabía que no tendría tiempo para él debido a que tenía que trabajar todo el tiempo. Un día mi socio en la película no se encontraba bien y yo me tomé el día libre para poder ir a una aparición. Yo estaba al final de todo en la abarrotada iglesia y no sabía muy bien lo que ocurría. Pero cuando el hombre que estaba a mi lado en su silla de ruedas cayó sobre sus rodillas en el momento de la aparición yo me conmoví. Pensé: este minusválido, a pesar de todos sus dolores, está arrodillado en el frío suelo de piedra y está rezando! Hoy se que era Dios, que me conoce tan bien, El que sabía dónde tenía que tocarme para conseguir mi atención!

Aunque pueda sonar extraño, me tomé otro día libre el siguiente domingo y pude tener un encuentro con Ivan, como deseaba mi esposa. Durante el tiempo de la aparición me arrodillé cerca de él y dije en mi corazón: “de acuerdo, aquí estoy. Estoy preparado. Haz conmigo lo que quieras”. En ese mismo momento sentí que algo me estaba sucediendo. Era muy simple y a la vez único. Cuando me levanté, me corrían lágrimas por las mejillas y empecé a llorar con todo mi corazón.

Iván me dijo: “Jim, el hombre siempre encuentra tiempo para aquello que ama. Si alguien que no tiene nunca tiempo conoce a una chica y se enamora de ella, siempre encontrará tiempo para ella. La gente no tiene tiempo para Dios porque no le aman”. Y continúo: “Dios te está invitando a rezar con el corazón”. Le pregunté: “¿Cómo se supone que he de hacerlo?” “Empezando a rezar”, me contestó. En ese momento las puertas de mi corazón se abrieron. Jamás habría soñado que fuera posible. Fuimos a un restaurante y debo admitir que el vino y la comida nunca fueron tan sabrosos como en esa noche particular.

Algo empezó a cambiar dentro de mí. Mi esposa me había querido enseñar en muchas ocasiones en el pasado a rezar el Rosario, pero yo nunca quería aprender. Ahora yo quería rezar pero no sabía exactamente cómo hacerlo. Yo sólo sentía que mi corazón estaba abierto. Una mañana cuando iba al trabajo, le dije al chofer que me llevaba al rodaje cada día: “No sé qué piensas acerca de esto, pero querría empezar a rezar el Rosario”. Para mi sorpresa, éllo dijo: “vale, recemos”.

En la cálida luz de amor que sentía dentro de mi, era capaz de darme cuenta donde estaba realmente, cuantas tentaciones tenía, donde estaban mis sentimientos, qué débil era yo y qué estrictamente juzgaba a los demás.

¿Cuándo viniste a Medjugorje por primera vez?

Después de acabar el rodaje en Malta, decidí ir a Medjugorje. Cuando tenía 20 años, una voz interior me decía que tenía que ser actor. Cuando hablaba de ello con mi padre, solía decirme: “Si Dios quiere algo de ti es que seas sacerdote. ¿Por qué Él querría que tú fueras actor?". Yo tampoco lo entendía en aquella época.Otra vez, me hice la misma pregunta, ¿Dios quiere que me convierta en actor, para ganar un montón de dinero y ser rico? Era consciente del desequilibrio en el mundo entre los que tienen mucho y aquellos que apenas tienen para sobrevivir, y sabía que eso no es lo que Dios quiere. ¿Iba yo a hacer una elección para buscar riqueza que no proporciona la felicidad permanente o para servir a Dios que quiere guiar mi vida?

Por aquel entonces, Medjugorje me recordaba a Belén y pensaba, que así como Jesús había nacido en un lugar pequeño, la madre de Dios se estaba apareciendo en un pueblo pobre entre montañas. Esos cuatro días que permanecí en Medjugorje por aquel entonces fueron mi punto de inflexión. Al principio estaba maravillado de lo mucho que rezaba la gente en Medjugorje. Todo me recordaba a un campamento de baloncesto. Allí no solo juegas una partido al día, sino continuamente. Igual que en la escuela donde no solo lees una vez al día, sino siempre, repetidamente. En esos primeros días en Medjugorje sentía un cansancio interior mientras rezaba, porque no estaba acostumbrado a rezar tanto, y le pedía a Dios que me ayudara. Pero después de cuatro días la única cosa que quería hacer era rezar. En cualquier momento que rezara me sentía conectado con Dios. Esa fue mi experiencia y la que desearía para cualquier católico. Quizás cuando fui niño sentí algo parecido y lo olvidé. Ahora me había sido dado otra vez.

La misma experiencia continúo de vuelta en casa. En nuestra familia vivimos los sacramentos todos juntos. Mientras conducimos a los niños al colegio rezamos juntos el Rosario. A veces, cuando yo no empiezo a rezar, mi hijo empieza primero.

Cuando volví a Medjugorje por segunda vez, esperaba tener esas primeras experiencias otra vez pero fue diferente. Después de comer un día, algunos peregrinos me invitaron a ir a visitar al padre Jozo Zovko en Siroki Brijeg. Ese era también el deseo de mi mujer. Yo no conocía al Padre Jozo personalmente, pero estaba muy impresionado por todas las historias que había oído sobre él. Cuando me encontré con él puso sus manos sobre mis hombros. Yo puse las mías en sus hombros. Puso sus manos en mi cabeza. Puse las mías en su cabeza. En ese momento sentí en mi interior las palabras: “Te quiero, hermano. Este hombre ama a Dios”. El P. Jozo se giró espontáneamente hacia su intérprete y le preguntó quién era yo y dijo que quería hablar conmigo. Ese fue el comienzo de una duradera amistad. Eso fue justo después de acabar el rodaje de “La Pasión” y por aquel entonces era capaz de sentir todas las fuerzas conflictivas en mi interior sobre esa película.

¿Podrías decirnos por qué te sentías así y cuál era la conexión entre la película y Medjugorje?

Probablemente estas familiarizado con la expresión “Cruzar el rubicón”. Eso significa que no es posible volver atrás, llegas al punto de no retorno. “La Pasión” fue este rubicón para mi. Cuando empezó el rodaje yo tenía 33 años, igual que Jesús. Siempre me pregunte si yo era merecedor de ser Jesús. Ivan Dragicevic me alentó y me dijo que Dios no siempre escoge necesariamente al mejor, que es algo que él ve en su propia situación. Si no fuese por Medjugorje no habría aceptado nunca tomar parte en la película porque fue Medjugorje donde mi corazón se abrió a la oración y a los sacramentos. Si quería escenificar a Jesús sabía que tenía que estar muy cerca de Él. Cada día me confesaba e iba a la Adoración del Santísimo. Mel Gibson también venía a la Santa Misa con la condición de que fuera en latín. Eso me iba bien porque así aprendía latín.

Había siempre nuevas tentaciones de las que necesitaba defenderme y en esas batallas interiores solía sentir una gran paz interior, por ejemplo, en la escena en la que la Madre de Dios se aproxima a mi y le digo: “Mira, Yo hago todo nuevo”. Repetimos la escena cuatro veces y cada vez sentía que estaba demasiado en primer plano. Entonces alguien golpeó la cruz y mi hombro izquierdo se dislocó. Debido al rápido e intenso dolor, perdí el equilibrio y caí bajo el peso de la cruz. Me golpeé la cara contra el duro suelo y la sangre corrió desde mi nariz y boca. Yo repetía las palabras que Jesús dijo a Su Madre: Mira, Yo hago todo nuevo”. Mi hombro me dolía de manera increíble cuando tomé la cruz otra vez y sentí lo precioso que era tomar la cruz. En ese momento dejé de actuar y tu podías ver sólo a Jesús. Él vino como respuesta a mis oraciones: “Quiero que la gente te vea a Ti, Jesús, no a mí”.

Gracias al rezo continuo del Rosario, -no puedo decir cuántos Rosarios recé mientras rodábamos- pude experimentar una gracia especial. Sabía que no debía utilizar lenguaje grosero, sabía que no podía ser maleducado si quería decir algo a miembros del rodaje. Muchos de ellos no conocían Medjugorje, eran todos grandes actores y teníamos suerte de tenerlos. Pero ¿cómo iba a llevar Medjugorje a ellos sino con mi propia vida? Medjugorje para mí significa vivir los sacramentos y estar en comunión con la Iglesia. Gracias a Medjugorje empecé a creer que Jesús estaba realmente presente en la Eucaristía y que perdonaba mis pecados. A través de Medjugorje experimenté la poderosa oración que es el Rosario y el regalo que tenemos cuando vamos a la Santa Misa cada día.

¿Cómo podía ayudar a otra gente a aumentar su fe en Jesús? Me di cuenta de que esto sólo podía ocurrir si Jesús está presente en mí a través de la Eucaristía, y así la gente podría ver a Jesús a través de mi vida. Cuando estábamos rodando la escena de La Última Cena tenía un bolsillo interior en mi ropa donde coloqué varias reliquias de santos y una reliquia de la Cruz de Cristo. Tenía un fuerte deseo de que Jesús estuviera realmente presente así que pedí al sacerdote que expusiera el Santísimo Sacramento. Al principio no quiso hacerlo, pero insistí en pedírselo porque estaba seguro que la gente reconocería a Cristo más si yo mismo estaba mirándole a Él. El sacerdote estuvo con el Santísimo Sacramento en sus manos al lado de la cámara y junto a él, se acercó a mí. Cuando la gente ve la película y ve un brillo en mis ojos, no se dan cuenta de que realmente están viendo a Jesús, un reflejo de la Hostia consagrada, en mis ojos. Ocurrió lo mismo en la escena de la Crucifixión: el sacerdote estaba allí, tenía el Santísimo Sacramento en sus manos y yo rezaba todo el tiempo.

El reto más grande en la película no fue, como pensé al principio, memorizar todos los textos en latín, armenio o hebreo sino todos los esfuerzos físicos que necesite hacer. Durante la última escena mi hombro estaba torcido y se dislocaba cada vez que alguien golpeaba la cruz. Mientras rodábamos las escenas de la flagelación, los látigos me golpearon dos veces y tuve una herida de 14 centímetros en mi espalda. Mis pulmones estaban llenos de fluido y tenía neumonía. También tuve falta de sueño crónica porque durante meses tuve que levantarme a las 3 de la mañana porque el maquillaje llevaba casi 8 horas.

Otro reto especial era el tiempo frío, las temperaturas estaban muy poco por encima de 0 grados, lo cual era muy difícil de aguantar especialmente en la escena de la Crucifixión. Todo mi disfraz estaba hecho de una sola pieza ligera de tela. Mientras rodábamos la última escena, las nubes estaban muy bajas y un rayo golpeó la cruz a la que estaba atado. De repente todo se volvió silencioso a mí alrededor y note mi pelo electrocutado. Unas 250 personas que estaban a mí alrededor vieron todo mi cuerpo iluminado y vieron fuego a la izquierda y a la derecha de mí. Muchos estaban estupefactos ante lo que vieron.

Sé que “La Pasión” es una película de amor, quizás una de las mejores películas de este tipo. Jesús es hoy en día sujeto de muchas controversias, mucho más que nunca antes. Hay tantos factores que amenazan este mundo creado, pero la fe en Jesús es la fuente de alegría. Creo que Dios nos está llamando de una forma especial en este tiempo, y que necesitamos responder a esa llamada con todo nuestro corazón y con todo nuestro cuerpo.

SAN BERNARDO DE CLARAVAL

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero hablar sobre san Bernardo de Claraval, llamado elltimo de los Padres" de la Iglesia, porque en el siglo XII, una vez más, renovó e hizo presente la gran teología de los Padres. No conocemos con detalles los años de su juventud, aunque sabemos que nació en el año 1090 en Fontaines, en Francia, en una familia numerosa y discretamente acomodada. De joven, se entregó al estudio de las llamadas artes liberales —especialmente de la gramática, la retórica y la dialéctica— en la escuela de los canónigos de la iglesia de Saint-Vorles, en Châtillon-sur-Seine, y maduró lentamente la decisión de entrar en la vida religiosa. Alrededor de los veinte años entró en el Císter, una fundación monástica nueva, más ágil respecto de los antiguos y venerables monasterios de entonces y, al mismo tiempo, más rigurosa en la práctica de los consejos evangélicos. Algunos años más tarde, en 1115, san Bernardo fue enviado por san Esteban Harding, tercer abad del Císter, a fundar el monasterio de Claraval (Clairvaux). Allí el joven abad, que tenía sólo 25 años, pudo afinar su propia concepción de la vida monástica, esforzándose por traducirla en la práctica. Mirando la disciplina de otros monasterios, san Bernardo reclamó con decisión la necesidad de una vida sobria y moderada, tanto en la mesa como en la indumentaria y en los edificios monásticos, recomendando la sustentación y la solicitud por los pobres. Entretanto la comunidad de Claraval crecía en número y multiplicaba sus fundaciones.

En esos mismos años, antes de 1130, san Bernardo inició una vasta correspondencia con muchas personas, tanto importantes como de modestas condiciones sociales. A las muchas Cartas de este período hay que añadir numerosos Sermones, así como Sentencias Tratados. También a esta época se remonta la gran amistad de Bernardo con Guillermo, abad de Saint-Thierry, y con Guillermo de Champeaux, personalidades muy importantes del siglo XII. Desde 1130 en adelante empezó a ocuparse de no pocos y graves asuntos de la Santa Sede y de la Iglesia. Por este motivo tuvo que salir cada vez más a menudo de su monasterio, en ocasiones incluso fuera de Francia. Fundó también algunos monasterios femeninos, y fue protagonista de un notable epistolario con Pedro el Venerable, abad de Cluny, del que hablé el miércoles pasado. Dirigió principalmente sus escritos polémicos contra Abelardo, un gran pensador que inició una nueva forma de hacer teología, introduciendo sobre todo el método dialéctico-filosófico en la construcción del pensamiento teológico.

Otro frente contra el que san Bernardo luchó fue la herejía de los cátaros, que despreciaban la materia y el cuerpo humano, despreciando, en consecuencia, al Creador. Él, en cambio, sintió el deber de defender a los judíos, condenando los rebrotes de antisemitismo cada vez más generalizados. Por este último aspecto de su acción apostólica, algunas decenas de años más tarde, Ephraim, rabino de Bonn, rindió a san Bernardo un vibrante homenaje. En ese mismo periodo el santo abad escribió sus obras más famosas, como los celebérrimos Sermones sobre el Cantar de los cantares. En los últimos años de su vida —su muerte sobrevino en 1153— san Bernardo tuvo que reducir los viajes, aunque sin interrumpirlos del todo. Aprovechó para revisar definitivamente el conjunto de las Cartas, de los Sermones y de los Tratados. Es digno de mención un libro bastante particular, que terminó precisamente en este período, en 1145, cuando un alumno suyo, Bernardo Pignatelli, fue elegido Papa con el nombre de Eugenio III. En esta circunstancia, san Bernardo, en calidad de padre espiritual, escribió a este hijo espiritual suyo el texto De Consideratione, que contiene enseñanzas para poder ser un buen Papa. En este libro, que sigue siendo una lectura conveniente para los Papas de todos los tiempos, san Bernardo no sólo indica cómo ser un buen Papa, sino que también expresa una profunda visión del misterio de la Iglesia y del misterio de Cristo, que desemboca, al final, en la contemplación del misterio de Dios trino y uno:  "Debería proseguir la búsqueda de este Dios, al que no se busca suficientemente —escribe el santo abad—, pero quizá se puede buscar mejor y encontrar más fácilmente con la oración que con la discusión. Pongamos, por tanto, aquí término al libro, pero no a la búsqueda" (XIV, 32:  PL 182, 808), a estar en camino hacia Dios.

Ahora quiero detenerme sólo en dos aspectos centrales de la rica doctrina de san Bernardo:  se refieren a Jesucristo y a María santísima, su Madre. Su solicitud por la íntima y vital participación del cristiano en el amor de Dios en Jesucristo no trae orientaciones nuevas en el estatuto científico de la teología. Pero, de forma más decidida que nunca, el abad de Claraval relaciona al teólogo con el contemplativo y el místico. Sólo Jesús —insiste san Bernardo ante los complejos razonamientos dialécticos de su tiempo—, sólo Jesús es "miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón" (mel in ore, in aure melos, in corde iubilum)". Precisamente de aquí proviene el título, que le atribuye la tradición, de Doctor mellifluus: de hecho, su alabanza de Jesucristo "fluye como la miel". En las intensas batallas entre nominalistas y realistas —dos corrientes filosóficas de la época— el abad de Claraval no se cansa de repetir que sólo hay un nombre que cuenta, el de Jesús Nazareno. "Árido es todo alimento del alma —confiesa— si no se lo rocía con este aceite; insípido, si no se lo sazona con esta sal. Lo que escribes no tiene sabor para mí, si no leo allí a Jesús". Y concluye:  "Cuando discutes o hablas, nada tiene sabor para mí, si no siento resonar el nombre de Jesús" (Sermones in Cantica canticorum xv, 6:  PL 183, 847). Para san Bernardo, de hecho, el verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal, profunda, de Jesucristo y de su amor. Y esto, queridos hermanos y hermanas, vale para todo cristiano:  la fe es ante todo encuentro personal íntimo con Jesús, es hacer experiencia de su cercanía, de su amistad, de su amor, y sólo así se aprende a conocerlo cada vez más, a amarlo y seguirlo cada vez más. ¡Que esto nos suceda a cada uno de nosotros!

En otro célebre Sermón en el domingo dentro de la octava de la Asunción, el santo abad describe en términos apasionados la íntima participación de María en el sacrificio redentor de su Hijo. "¡Oh santa Madre —exclama—, verdaderamente una espada ha traspasado tu alma!... Hasta tal punto la violencia del dolor ha traspasado tu alma, que con razón te podemos llamar más que mártir, porque en ti la participación en la pasión del Hijo superó con mucho en intensidad los sufrimientos físicos del martirio" (14:  PL 183, 437-438). San Bernardo no tiene dudas:  "per Mariam ad Iesum", a través de María somos llevados a Jesús. Él atestigua con claridad la subordinación de María a Jesús, según los fundamentos de la mariología tradicional. Pero el cuerpo del Sermóndocumenta también el lugar privilegiado de la Virgen en la economía de la salvación, dada su particularísima participación como Madre (compassio) en el sacrificio del Hijo. Por eso, un siglo y medio después de la muerte de san Bernardo, Dante Alighieri, en el último canto de lDivina Comedia, pondrá en los labios del Doctor melifluo la sublime oración a María:  "Virgen Madre, hija de tu Hijo, / humilde y elevada más que cualquier criatura / término fijo de eterno consejo, ..." (Paraíso 33, vv. 1 ss).

Estas reflexiones, características de un enamorado de Jesús y de María como san Bernardo, siguen inspirando hoy de forma saludable no sólo a los teólogos, sino a todos los creyentes. A veces se pretende resolver las cuestiones fundamentales sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo únicamente con las fuerzas de la razón. San Bernardo, en cambio, sólidamente fundado en la Biblia y en los Padres de la Iglesia, nos recuerda que sin una profunda fe en Dios, alimentada por la oración y por la contemplación, por una relación íntima con el Señor, nuestras reflexiones sobre los misterios divinos corren el riesgo de ser un vano ejercicio intelectual, y pierden su credibilidad. La teología remite a la "ciencia de los santos", a su intuición de los misterios del Dios vivo, a su sabiduría, don del Espíritu Santo, que son punto de referencia del pensamiento teológico. Junto con san Bernardo de Claraval, también nosotros debemos reconocer que el hombre busca mejor y encuentra más fácilmente a Dios "con la oración que con la discusión". Al final, la figura más verdadera del teólogo y de todo evangelizador sigue siendo la del apóstol san Juan, que reclinó su cabeza sobre el corazón del Maestro.

Quiero concluir estas reflexiones sobre san Bernardo con las invocaciones a María que leemos en una bella homilía suya:  "En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres —dice— piensa en María, invoca a María. Que Ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón; y para que obtengas la ayuda de su oración, no olvides nunca el ejemplo de su vida. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta..." (Hom. ii super "Missus est", 17:  PL 183, 70-71).

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LA CONCEPCIÓN PAULINA DEL APOSTOLADO

Queridos hermanos y hermanas:

El miércoles pasado hablé del gran viraje que se produjo en la vida de san Pablo tras su encuentro con Cristo resucitado. Jesús entró en su vida y lo convirtió de perseguidor en apóstol. Ese encuentro marcó el inicio de su misión: san Pablo no podía seguir viviendo como antes; desde entonces era consciente de que el Señor le había dado el encargo de anunciar su Evangelio en calidad de apóstol. Hoy quiero hablaros precisamente de esa nueva condición de vida de san Pablo, es decir, de su ser apóstol de Cristo.

Normalmente, siguiendo a los Evangelios, identificamos a los Doce con el título de Apóstoles, para indicar a aquellos que eran compañeros de vida y oyentes de las enseñanzas de Jesús. Pero también san Pablo se siente verdadero apóstol y, por tanto, parece claro que el concepto paulino de apostolado no se restringe al grupo de los Doce. Obviamente, san Pablo sabe distinguir su caso personal del de "los apóstoles anteriores" a él (Ga 1, 17): a ellos les reconoce un lugar totalmente especial en la vida de la Iglesia. Sin embargo, como todos saben, también san Pablo se considera a sí mismo como apóstol en sentido estricto. Es un hecho que, en el tiempo de los orígenes cristianos, nadie recorrió tantos kilómetros como él, por tierra y por mar, con la única finalidad de anunciar el Evangelio.

Por tanto, san Pablo tenía un concepto de apostolado que rebasaba el vinculado sólo al grupo de los Doce y transmitido sobre todo por san Lucas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 1, 2. 26; 6, 2). En efecto, en la primera carta a los Corintios hace una clara distinción entre "los Doce" y "todos los apóstoles", mencionados como dos grupos distintos de beneficiarios de las apariciones del Resucitado (cf. 1 Co 15, 5. 7). En ese mismo texto él se llama a sí mismo humildemente "el último de los apóstoles", comparándose incluso con un aborto y afirmando textualmente: "Indigno del nombre de apóstol por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Co 15, 9-10).

La metáfora del aborto expresa una humildad extrema; se la vuelve a encontrar también en la carta a los Romanos de san Ignacio de Antioquía: "Soy el último de todos, soy un aborto; pero me será concedido ser algo, si alcanzo a Dios" (9, 2). Lo que el obispo de Antioquía dirá en relación con su inminente martirio, previendo que cambiaría completamente su condición de indignidad, san Pablo lo dice en relación con su propio compromiso apostólico: en él se manifiesta la fecundidad de la gracia de Dios, que sabe transformar un hombre cualquiera en un apóstol espléndido. De perseguidor a fundador de Iglesias: esto hizo Dios en uno que, desde el punto de vista evangélico, habría podido considerarse un desecho.

¿Qué es, por tanto, según la concepción de san Pablo, lo que los convierte a él y a los demás en apóstoles? En sus cartas aparecen tres características principales que constituyen al apóstol. La primera es "haber visto al Señor" (cf. 1 Co 9, 1), es decir, haber tenido con él un encuentro decisivo para la propia vida. Análogamente, en la carta a los Gálatas (cf. Ga 1, 15-16), dirá que fue llamado, casi seleccionado, por gracia de Dios con la revelación de su Hijo con vistas al alegre anuncio a los paganos. En definitiva, es el Señor el que constituye a uno en apóstol, no la propia presunción. El apóstol no se hace a sí mismo; es el Señor quien lo hace; por tanto, necesita referirse constantemente al Señor. San Pablo dice claramente que es "apóstol por vocación" (Rm 1, 1), es decir, "no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre" (Ga 1, 1). Esta es la primera característica: haber visto al Señor, haber sido llamado por él.

La segunda característica es "haber sido enviado". El término griego apóstolos significa precisamente "enviado, mandado", es decir, embajador y portador de un mensaje. Por consiguiente, debe actuar como encargado y representante de quien lo ha mandado. Por eso san Pablo se define "apóstol de Jesucristo" (1 Co 1, 1; 2 Co 1, 1), o sea, delegado suyo, puesto totalmente a su servicio, hasta el punto de llamarse también "siervo de Jesucristo" (Rm 1, 1). Una vez más destaca inmediatamente la idea de una iniciativa ajena, la de Dios en Jesucristo, a la que se está plenamente obligado; pero sobre todo se subraya el hecho de que se ha recibido una misión que cumplir en su nombre, poniendo absolutamente en segundo plano cualquier interés personal.

El tercer requisito es el ejercicio del "anuncio del Evangelio", con la consiguiente fundación de Iglesias. Por tanto, el título de "apóstol" no es y no puede ser honorífico; compromete concreta y dramáticamente toda la existencia de la persona que lo lleva. En la primera carta a los Corintios, san Pablo exclama: "¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?" (1 Co 9, 1). Análogamente, en la segunda carta a los Corintios afirma: "Vosotros sois nuestra carta (...), una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo" (2 Co 3, 2-3).

No sorprende, por consiguiente, que san Juan Crisóstomo hable de san Pablo como de "un alma de diamante" (Panegíricos, 1, 8), y siga diciendo: "Del mismo modo que el fuego, aplicándose a materiales distintos, se refuerza aún más..., así la palabra de san Pablo ganaba para su causa a todos aquellos con los que entraba en relación; y aquellos que le hacían la guerra, conquistados por sus discursos, se convertían en alimento para este fuego espiritual" (ib., 7, 11). Esto explica por qué san Pablo define a los apóstoles como "colaboradores de Dios" (1 Co 3, 9; 2 Co 6, 1), cuya gracia actúa con ellos.

Un elemento típico del verdadero apóstol, claramente destacado por san Pablo, es una especie de identificación entre Evangelio y evangelizador, ambos destinados a la misma suerte. De hecho, nadie ha puesto de relieve mejor que san Pablo cómo el anuncio de la cruz de Cristo se presenta como "escándalo y necedad" (1 Co 1, 23), y muchos reaccionan ante él con incomprensión y rechazo. Eso sucedía en aquel tiempo, y no debe extrañar que suceda también hoy.

Así pues, en esta situación, de aparecer como "escándalo y necedad", participa también el apóstol y san Pablo lo sabe: es la experiencia de su vida. A los Corintios les escribe, con cierta ironía: "Pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes. Vosotros llenos de gloria; mas nosotros, despreciados. Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos" (1 Co 4, 9-13). Es un autorretrato de la vida apostólica de san Pablo: en todos estos sufrimientos prevalece la alegría de ser portador de la bendición de Dios y de la gracia del Evangelio.

Por otro lado, san Pablo comparte con la filosofía estoica de su tiempo la idea de una tenaz constancia en todas las dificultades que se le presentan, pero él supera la perspectiva meramente humanística, basándose en el componente del amor a Dios y a Cristo: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Como dice la Escritura: "Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero". Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8, 35-39). Esta es la certeza, la alegría profunda que guía al apóstol san Pablo en todas estas vicisitudes: nada puede separarnos del amor de Dios. Y este amor es la verdadera riqueza de la vida humana.

Como se ve, san Pablo se había entregado al Evangelio con toda su existencia; podríamos decir las veinticuatro horas del día. Y cumplía su ministerio con fidelidad y con alegría, "para salvar a toda costa a alguno" (1 Co 9, 22). Y con respecto a las Iglesias, aun sabiendo que tenía con ellas una relación de paternidad (cf. 1 Co 4, 15), e incluso de maternidad (cf. Ga 4, 19), asumía una actitud de completo servicio, declarando admirablemente: "No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que contribuimos a vuestro gozo" (2 Co 1, 24). La misión de todos los apóstoles de Cristo, en todos los tiempos, consiste en ser colaboradores de la verdadera alegría.

PRETEXTO PARA ATAQUES A LA IGLESIA

El “caso Garatea” y la dictadura del relativismo

Martes 29 de mayo de 2012

Fuente: TRADICIÓN Y ACCIÓN

A pesar de ser un asunto exclusivamente interno de la Iglesia, la sanción disciplinaria impuesta por el Arzobispo de Lima a un conocido religioso de ideas revolucionarias despertó una reacción airada en sectores que poco o nada tienen que ver con el catolicismo. Aquí explicamos el motivo de esa reacción, y hasta dónde pretende llegar.


Intentan cohibir la libertad de la Iglesia

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El Papa advierte sobre la “dictadura del relativismo”.
Días antes de ser elevado al supremo Pontificado, en abril de 2005, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger advirtió sobre la nueva tiranía que amenaza al Occidente y al mundo: la “dictadura del relativismo”, generadora de inéditas formas de persecución contra quienes se adhieren íntegramente a la Fe y la moral de la Iglesia.

Un anticipo palpable de cómo podrá ser tal dictadura lo dio la semana pasada el extraño coro de protestas que se levantó, desde sectores laicistas o de izquierda, contra la decisión del Arzobispado de Lima de suspender la licencia ministerial al P. Gastón Garatea. Tal medida era perfectamente justificada, ya que dicho sacerdote había manifestado posiciones incompatibles con la doctrina y la moral católicas en temas cruciales.

Siguiendo las seculares y sabias normas de la Iglesia, inicialmente el religioso fue apercibido por la Autoridad eclesiástica, en forma personal y en varias oportunidades. Tras esas correcciones fraternas vino finalmente la sanción, por persistir en sus posiciones equívocas. Fue un desenlace lógico, justo y razonable. Pero lo que sucedió después ya no tuvo nada de lógico...

El “caso Garatea” es un tema estrictamente eclesiástico. La Iglesia es, como se sabe, una societas perfecta, es decir, una institución que contiene en sí misma todos los medios para alcanzar su fin, y es por tanto plenamente autónoma del Estado en cuanto a su constitución, doctrina y vida interna. Ella posee una autoridad espiritual propia sobre todos sus miembros, tanto sacerdotes como fieles, que le cabe ejercer libre de interferencias.

No obstante, la sanción eclesiástica al P. Garatea dio lugar a un espectáculo surrealista y bochornoso: un enjambre de personas manifiestamente ajenas a la vida de la Iglesia —izquierdistas de varios matices, anticlericales, ateos, personajes de la farándula, agnósticos, etc.—, a los que se sumaron teólogos de la liberación, se levantaron en bloque para cuestionar la sanción y atacar a la Autoridad religiosa limeña. Arrogándose el papel de jueces supra-eclesiásticos, esos partidarios de la “tolerancia” a todo y con todos sacaron a relucir una manifiesta intolerancia contra el legítimo ejercicio del poder eclesiástico. Y esto, únicamente porque el Arzobispado cumplió con su deber de proteger a los fieles contra un sacerdote que difundía claros errores. Incluso circularon mensajes recogiendo firmas a favor del P. Garatea: uno de ellos, publicado a dos páginas en un diario de izquierda, criticaba la sanción como “injusta”.


El cargamontón de los relativistas

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Un plantón frente a la Nunciatura Apóstólica, en apoyo al sacerdote rebelde reunió apenas unas decenas de personas. Pero para el izquierdista “La República” fue una manifestación “masiva”...
¿Pero quiénes son esos críticos? ¿Cuál es su autoridad moral? ¿Qué títulos poseen para señalar lo que es justo o injusto en la Iglesia? —Veamos: entre los firmantes figuran un veterano comunista, Javier Diez Canseco; varios agnósticos declarados, como el pintor Fernando de Szyszlo; un literato escéptico, Alfredo Bryce, acusado de haber plagiado más de 30 veces a escritores peruanos e hispanoamericanos; la feminista pro-aborto Rocío Villanueva; la también defensora del aborto, Magaly Solier; el marxista y fundador del Partido Socialista Revolucionario, Marcial Rubio (paradójicamente actual rector de la PUCP...); actores de teatro muy apartados de la doctrina católica, como Alberto Ísola.

Apoyaron asimismo al P. Garatea los caviarísimos Diego García Sayán (recordado por haber excarcelado a cientos de presos por terrorismo) y Roberto Dañino; la inefable alcaldesa de Lima Susana Villarán, partidaria de todas las causas revolucionarias, que irónicamente considera al sacerdote rebelde “un ejemplo de cristiano”; el ex-rector de la PUCP Salomón Lerner, quien presidió la abstrusa y desacreditada “Comisión de la Verdad” [1]; el sacerdote chileno P. Diego Irarrázabal CSC, relativista extremado, quien incluso declaró estarse “convirtiendo a otras formas religiosas. Yo practico el servicio a la Pachamama y hago la challa” [2]; el infaltable ex sacerdote y atizador de conflictos sociales, Marco Arana. En fin, la lista es larga; pero podemos apostar que quien se tome el trabajo de recorrerla no reconocerá en ella a ningún defensor de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, y sí a muchos defensores de posiciones frontalmente contrarias a la Fe católica.


Dime quién te defiende...

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Con tales personajes asumiendo la defensa del sacerdote en cuestión, ya se ve a qué corriente éste pertenece: “dime quién te defiende y te diré quién eres”, podríamos decir. Los antecedentes del P. Garatea lo muestran, además, alineado desde hace décadas con posiciones contestatarias a la Jerarquía de la Iglesia. Prototipo del “teólogo de la liberación”, fue dirigente del ONIS (Oficina Nacional de Información Social), que en los años 70 era “uno de los movimientos de sacerdotes de avanzada más conocidos de América Latina, junto con el grupo «Golconda» en Colombia o los Sacerdotes para el Tercer Mundo en Argentina”, señala el estudioso P. Jeffrey Klaiber S. J. [3]. Como se recuerda, de esos dos grupos surgieron los tristemente famosos “curas guerrilleros” Camilo Torres y Domingo Laín en Colombia, y Carlos Mujica y Antonio Puigjané en Argentina.

El ONIS del P. Garatea se caracterizaba, dice el mismo autor, por la nada sacerdotal “pretensión de comprender los grandes problemas socio-políticos mejor que los expertos y de ser los verdaderos intérpretes del sentir de las masas populares, y una actitud de desafío frente a la autoridad, que, en este caso, era la jerarquía eclesiástica” [4].

Ocultando estos antecedentes, y a falta de otra cosa para elogiar, los apologistas del sacerdote apelan al sentimentalismo y reivindican en términos líricos la preocupación de este por los pobres. ¿Pero qué revolucionario no invocó a los pobres como pretexto para sus perversos fines? Marx, Lenin, Abimael lo hicieron; ¡hasta el propio Judas, el traidor, lo hizo!; y “no porque él pasase algún cuidado con los pobres, sino porque era ladrón”, narra el Evangelio [5]. Pero lo que importa en el caso, y los panegiristas del P. Garatea eluden decir, es que —repetimos— el religioso infringió gravemente normas de la Iglesia, difundiendo ideas erróneas en materia moral, y recibió por ello una sanción justa y proporcionada.


* * *


En resumen, quienes atacan al Arzobispo de Lima por haber sancionado al cuestionado sacerdote, pretenden en el fondo cohibir la libertad de la Iglesia de ejercer su misión, y establecer así una nueva forma de dictadura, la dictadura del relativismo denunciada por Benedicto XVI. La hora de que los católicos unamos fuerzas para prevenirla y contrarrestarla está llegando.



Notas


[1] “Perú 21”, 18-5-2012

[2] DIEGO IRARRÁZABAL, Utopía autóctona, modernidad y evangelización, in “Tópicos ’90”, Santiago de Chile, N° 1, octubre 1990, p. 223.

[3] P. JEFFREY KLAIBER S.J., La Iglesia en el Perú, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1988. pp. 381-383.

[4] Idem ,Ibid. Destaque nuestro.

[5] Juan, 12, 9.


RESPALDO AL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI SOBRE EL CASO GARATEA

EL SANTO ROSARIO: CORONA DE ROSAS

Enviado por: AMERICA CATOLICA
Links de Videos: KROUILLONG

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La palabra Rosario significa "corona de rosas".

A finales del siglo XII, Santo Domingo de Guzmán sufría al ver que la gravedad de los pecados de la gente y decidió ir al bosque a rezar. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia hasta perder el sentido. En este momento, se le apareció la Santa Virgen con tres Ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas duras era el rezo de su salterio.

La Madre de DIOS en persona, le enseñó a Santo Domingo a rezar el Rosario y le pidió que propagara esta Devoción y la utilizara como el arma más poderosa contra los enemigos de la Fe.

Santo Domingo se dirigió en ese mismo momento a la Catedral de Toulouse, sonaron las campanas y la gente se reunió para escucharlo. Cuando iba a empezar a hablar, se soltó una tormenta con rayos y viento muy fuerte que hizo que la gente se asustara. Todos los presentes pudieron ver que la imagen de la Virgen que estaba en la catedral, alzaba tres veces los brazos hacia el Cielo. Santo Domingo empezó a rezar el salterio de la Virgen y la tormenta se terminó.

Santo Domingo fue el gran impulsor del rezo del Rosario y dedicó gran parte de su vida a propagar esta devoción entre personas de todos los ambientes sociales, en sufragio por las almas del Purgatorio.

También le pedía a la Madre de DIOS, de modo especial, por la santidad de todos en la Iglesia.

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Un gran Milagro.

El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos se enfrentarían a los turcos, quienes contaban con una gran superioridad de fuerza militar. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, la cristiandad podía peligrar y por esta razón pidieron la ayuda de DIOS a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el Rosario por la flota. En Roma estaba el Papa cuando de repente se levantó y anunció que la flota cristiana había sido victoriosa.

La Santísima Virgen María en Lourdes, en Fátima, en la Sallete, en Garabandal, etc., nos ha pedido que recemos el Santo Rosario diariamente para protegernos del maligno, para atraer bendiciones a nuestra persona, a las de nuestros seres queridos y para recordar y honrar a nuestro Señor Jesús.

El Rosario que consta de cinco Misterios para cada día, e inicias así persignándote:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Dices el Misterio y pide luz para que el Espíritu Santo ilumine tu alma.

Inicias cada Misterio, que son cinco, con un Padre nuestro y continúas con diez Aves Marías, mientras las rezas te imaginas la escena del Evangelio y participas como si fueras un personaje más, como si te teletransportaras y estuvieras ahí:

- En la gruta donde nació nuestro Señor.
- En el rio Jordán donde fue bautizado nuestro Señor.
- En las bodas de Caná;
- En el calvario junto a la Santísima Virgen al pie de la Cruz.
- En el momento de la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés, etc.

Al final de cada Misterio, rezas:

Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

¡Oh! Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu infinita Misericordia. Amén.

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos Gran Señora. Amén.

Al terminar los cinco misterios, rezas:

Por las almas del Purgatorio, por el Papa, por nuestra Iglesia, por los más necesitados.

ORACIONES

PADRENUESTRO

Padre Nuestro, que estás en el Cielo, Santificado sea Tu Nombre; venga a nosotros Tu Reino; hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del maligno. Amén

AVEMARÍA

DIOS te salve, María, Llena eres de Gracia; el Señor es contigo; Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y Bendito es el Fruto de Tu Vientre, Jesús. Santa María, Madre de DIOS, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

La Señal de la Cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en un solo Dios Padre todopoderoso.
Creador del cielo y de la tierra,
de todas las cosas visibles e invisibles.

Y en un solo Señor, Jesucristo.
Hijo unigénito de Dios.
Y nacido del Padre, antes de todos los siglos.
Dios de Dios,
luz de luz,
Dios verdadero de Dios verdadero.
Engendrado, no creado;
de la misma naturaleza que el Padre,
y por quien han sido creadas todas las cosas.
El mismo que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos.

Y SE ENCARNÓ POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO,
EN LAS ENTRAÑAS DE LA VIRGEN MARÍA
Y SE HIZO HOMBRE.

Fue también crucificado por nosotros
bajo el poder de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado.
Y resucitó al tercer día, según las Sagradas Escrituras.
Y subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre.
Y otra vez ha de venir con gloria
a juzgar a los vivos y a los muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y vivificador,
que procede del Padre y del Hijo.
Quien con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado,
el cual habló por boca de los profetas.

Y Creo en la Iglesia,
que es Una,
Santa,
Católica
y Apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para la remisión de los pecados.
Y espero la resurrección de los muertos
y la vida eterna del mundo futuro que ha de venir.

Amén.

El Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, DIOS y Hombre Verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de Vuestra Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Repetir Tres veces.

Ave María purísima.
R. Sin pecado concebida.
Sagrado Corazón de Jesús.
R. En Vos confío.

Es curioso ver el sufrimiento que hay en el mundo, el avance del maligno en la vida diaria, los problemas y necesidades que cada uno tenemos, sin embargo no rezamos el Rosario.

Recémoslo.

Bendiciones

.

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. (Efesios 6, 12)
"HACED LO QUE EL OS DIGA"

Carlos Osoro, + Arzobispo de Valencia
16.DICIEMBRE.2011


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En la Vigilia de la Inmaculada, comenté el texto de las bodas de Caná. Y algunos de los que asistieron me insistieron en que lo que había dicho allí lo pusiera por escrito. Quizá no vaya a decir exactamente lo mismo, pero sí que creo que en este tiempo de Adviento, proponer la persona de la Santísima Virgen María como modelo de quienes esperan al Señor es una gracia y una necesidad. Cuando estamos en el inicio del tercer milenio, en un momento crítico de la historia de nuestro mundo, donde los problemas y las necesidades de los hombres se multiplican, presentar a la Virgen María como la Madre que tiene un corazón que rebosa de amor, de ternura y de sensibilidad, que se nos manifiesta como una educadora que nos precede en el camino de la fe y nos indica cuál es el camino de la vida, es una gracia muy especial para todos nosotros.

La Virgen María nos convoca a todos nosotros a asistir a la fiesta que hay que celebrar en este mundo. Nuestro Señor viene para que los hombres hagamos una fiesta. Fiesta que no se puede realizar de cualquier modo. En ella tiene que estar presente Jesucristo para poder hacerla. Quizá, el drama más grande de esta humanidad es que a Él, a veces, se le elimina de esa fiesta. Entonces, no se puede realizar la fiesta o no sale de manera que todos los hombres puedan disfrutar de ese horizonte de paz y de amor que sólo Él instaura en los corazones. María es la primera en asistir a esta fiesta y la que está atenta a todas las personas y situaciones que hay en ella. Quiere que todos puedan vivirla y disfrutar de la fiesta. Se ha convertido en la primera misionera, en la que mejor nos dice y aclara cómo es posible celebrarla. Está atenta a nosotros, a todas las situaciones de los hombres. A esta fiesta acude su Hijo Jesucristo, que está presente en medio de todas las circunstancias de este mundo. Y en esta fiesta estamos los discípulos del Señor, invitados también. Pero es María la que nos convoca, la que presta atención a nuestras situaciones y la que nos advierte. Ella nos tiene mucho que decir.


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Impresiona ver a la Virgen María dándose cuenta de la situación por la que atraviesa esta humanidad: no tiene lo necesario para realizar la fiesta. El Evangelio nos dice que faltaba vino. Nos falta lo necesario para hacer la fiesta. Entre otras cosas, no tenemos generosidad; abundan los egoísmos; el vivir para nosotros mismos; el disfrutar a costa de lo que sea, incluso de denigrar nuestra dignidad de personas creadas a imagen y semejanza de